LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES

Pensaba escribir unas líneas recordando a Elena Quinteros, como todos los años en la fecha de su secuestro. Pero las noticias de estos días me obligan a mucho más… se han divulgado cosas que duelen y que irritan.

Duele conocer el ínfimo porcentaje de jóvenes que sabe lo que ocurrió en nuestro país durante la pre–dictadura y el gobierno de facto. Duele escuchar a la mayoría decir ante cámaras que «no tiene idea».

Irrita oír las respuestas prefabricadas de los cadetes militares, todos con la misma expresión almidonada, afirmando que «no tienen conocimiento». Irrita leer las declaraciones del represor y torturador Nino Gavazzo en la página de Internet de sus adeptos, ultrajando la memoria de María Almeida de Quinteros, una mujer que dedicó su vida a la lucha por desenmascarar las acciones aberrantes de él y tantos de sus pares. Irrita la atención mediática que se le otorga a las falsedades hipócritas.

Entonces  ?dolorida e irritada?  revuelvo mis archivos, rescato información fehaciente y aquí la vierto. Para que se enteren los que la ignoran. Para que recuerden los olvidadizos. Para que se traguen la lengua los difamantes. Para que la memoria desplace al olvido. Para que nuestra historia reciente se despoje de falsedad:

RECORDEMOS LOS HECHOS, ACTUALMENTE DEMOSTRADOS

28 de junio de 1976. La maestra Elena Quinteros   ?prisionera política militante del partido Por la Victoria del Pueblo?  logra escapar de su custodia y entra al predio de la embajada de Venezuela en Montevideo pidiendo protección (asilo político). Las fuerzas represivas uruguayas irrumpen en los jardines de la embajada  (territorio venezolano) y se la llevan por la fuerza.

28 de junio de 1976. El embajador venezolano se presenta en la cancillería uruguaya.

28 de junio de 1976. La cancillería venezolana informa del incidente al embajador uruguayo en Venezuela Dr. Julio César Lupinacci, quien llama por teléfono al ministro Dr. Juan Carlos Blanco y se entera que investigan el hecho los ministerios del Interior y de Defensa Nacional

29 de junio de 1976. El embajador de Venezuela, Dr. Julio Ramos, dirige al ministro de Relaciones Exteriores Dr. Juan Carlos Blanco, la nota que expresa:

«Tengo a honra dirigirme a Vuestra Excelencia con ocasión de manifestarle que ayer 28 de junio (de 1976) me presenté ante esa Cancillería, en donde fui recibido de inmediato por el señor Vice Ministro, doctor Guido Michelín Salomón, con el objeto de elevar ante Vuestro Ilustrado Gobierno mi protesta porque acababa de ser violada la Sede de la Misión que represento, a la cual penetró un agente de seguridad civil, para por la fuerza, atrapándola por los cabellos, sacar a una dama que venía a solicitar asilo diplomático.

Tal actitud no pudo ser impedida por ninguno de los funcionarios Diplomáticos de esta Embajada debido a la violenta acción del agente mencionado y de otros que se presentaron en el automóvil VW Nº 714, siendo tan salvaje su actuación que incluso maltrataron de un codazo al Consejero Frank Becerra.

Tan flagrante violación de nuestra soberanía no tiene para mi Gobierno otra reparación que la inmediata entrega de la mencionada señora

Al expresar a vuestra Excelencia las seguridades de mi más alta y distinguida consideración, apreciaré urgente respuesta a la presente comunicación.» (firma el embajador Julio Ramos)

1 de julio de 1976.Nuestra cancillería emite al embajador de Venezuela la nota respuesta firmada por el subsecretario Dr. Guido Michelín Salomón que expresa:

«…Tanto en la visita que el suscrito en su calidad de Subsecretario de Relaciones Exteriores y el Director para Asuntos de Política Exterior, Embajador Doctor Álvaro Álvarez tuvimos oportunidad de hacerle en su residencia el 29 de junio por la tarde, como en la que vuestra Excelencia tuvo a bien realizar al Señor Ministro de Relaciones Exteriores Doctor Juan Carlos Blanco en su despacho en la mañana de ayer correspondiendo a la invitación de que fuimos portadores; mi gobierno puso en conocimiento de vuestra Excelencia por nuestro intermedio el resultado de las diligencias practicadas por las autoridades competentes, al que me acabo de referir, y nuestra mejor disposición para continuar las mismas a fin de obtener resultados concretos.

Mi país  ?respetuoso del ordenamiento jurídico internacional al que presta pleno acatamiento?  ha puesto y pone un especial celo en el estricto cumplimiento de las disposiciones internacionales vinculatorias relativas a un instituto tan humanitario cual es el del asilo, que nuestra doctrina jurídica nacional reafirmada por la inalterable e invariable posición de mi gobierno, considera por sobre todo un derecho de la persona humana.

Antecedentes tan claros y conocidos, de la doctrina y de la acción de mi país en la materia, no desmentidos jamás en los hechos, deben ser elementos de juicio suficiente para alejar del ánimo de vuestra Excelencia toda sospecha o duda en cuanto a que mi gobierno pudiera asumir la actitud que se describe para impedir el ejercicio del derecho de asilo.

Por último, deseo expresar a vuestra Excelencia el pesar de mi Gobierno por sucesos tan lamentables, así como su firme propósito de no ahorrar esfuerzos para obtener cuanto antes el esclarecimiento de los mismos que han motivado la nota a la que tengo el honor de dar respuesta

Hago propicia la oportunidad para reiterar a vuestra Excelencia las seguridades de mi más alta consideración.»(firma el subsecretario Guido Michelín Salomón)

1 de julio de 1976. El embajador Julio César Lupinacci, arriba a nuestro país en horas de la mañana, como surge del télex remitido por nuestra Cancillería a nuestra Embajada en Venezuela el mismo 1 de julio.

2 de julio de 1976. El embajador de Venezuela Julio Ramos entrega a nuestra cancillería la nueva nota dirigida al ministro Dr. Juan Carlos Blanco, que se transcribe:

«Señor Ministro: Tengo a honra dirigirme a Vuestra Excelencia con ocasión de notificarle que el Gobierno de mi país en el deseo de cooperar con vuestro ilustrado Gobierno en la localización inmediata de las personas que motivaron el incidente ocurrido el día lunes 28 de junio en la sede de la Misión Diplomática que represento, me ha instruido para solicitar de Vuestra Excelencia que a la mayor brevedad gestione de las autoridades competentes la identificación de la señora Elena Quinteros de Díaz, de 31 años de edad, de profesión Maestra de escuela y de la cual  ?según información obtenida por esta Embajada?  su familia reside en la calle Los Yockys(sic), Urbanización El Hipódromo.

Igualmente apreciaría que un señor apodado Cacho, quien  ?según confirmación del señor Comisario, Jefe de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, Pablo O. Fontana Zunino, es funcionario del Servicio de Información e Inteligencia?,  se presente a esta Misión a fin de aclarar, ante cualquier duda, acerca de la identidad, tanto de la dama sacada del jardín de la sede de mi Embajada, como de la persona que cometió tal tropelía.

Al anticiparle las gracias a Vuestra Excelencia por la atención inmediata que dé a la presente comunicación, hago propicia la oportunidad para reiterarle las seguridades de mi más alta y distinguida consideración.»(firma el embajador Julio Ramos)

2 de julio de 1976. El memorando secreto   El Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Juan Carlos Blanco, ordena al director de Política Exterior (Asuntos Políticos) embajador Álvaro Álvarez, al vicecanciller Dr. Guido Michelín Salomón y al embajador en Venezuela Dr. Julio César Lupinacci; la confección de un «memorando» (rotulado como «Secreto») sobre la «conducta a seguir frente al ‘caso Venezuela’ desde el punto de vista de las relaciones internacionales».

Se resuelve elevar el memorando al Consejo de Seguridad Nacional (COSENA)  ?que el ministro integra?  para que dicho órgano de facto decida sobre el «caso Venezuela», y las alternativas de «entregar o no entregar a la mujer»

Así se decidió la suerte de la maestra Elena Quinteros y la consiguiente ruptura de relaciones entre Uruguay y Venezuela, por lo que resulta primordial conocer las partes más salientes del referido memorando:

«a) No entregar a la mujer.

No puede persistirse en la posición de alegar que la acusación venezolana carece de elementos de juicio ante las determinaciones concretas de datos contenidos en la última nota de Venezuela.

Este género de alternativas, si bien tiene la ventaja de no entregar la prueba de un acto ilícito y de evitar cualquier tipo de declaración de la misma en nuestra contra, tiene las siguientes desventajas:

1) determinaría seguramente el rompimiento de relaciones diplomáticas con Venezuela, a estar a las declaraciones públicas del Presidente Carlos Andrés Pérez, con las consecuencias diplomáticas, políticas y económicas consiguientes previsibles e imprevisibles a corto, mediano y largo plazo.

2) Deterioraría aun más la imagen del país lesionada por la campaña internacional que es de conocimiento determinando pronunciada mengua de nuestra ‘credibilidad’ como país serio.

3) Se nos presentaría como violadores de instrumentos internacionales vigentes, sobre todo en institutos tan universalmente sensibles como la inmunidad e inviolabilidad de las Misiones Diplomáticas y tan caras a América como el asilo.

4) Determinaría la apertura de una brecha en nuestra posición internacional frente a los esfuerzos para el aislamiento de nuestro país con seguras consecuencias en el campo político y económico.

5) Traería de otros países una actitud cuando no hostil, reticente con consecuencias imprevisibles en los diferentes campos de las relaciones internacionales, con especial incidencia en los países occidentales.

6) Daría políticamente la razón a la campaña internacional que soportamos.

7) todo lo antedicho repercutiría necesariamente en los Organismos Internacionales de que somos parte, predisponiéndolos para una acción concreta en contra nuestra».

«b) entregar a la mujer.

Tendría las siguientes ventajas:

1) evitar el rompimiento de relaciones diplomáticas con Venezuela y todas las consecuencias y problemas conexos.

2) Ratificaría nuestra posición de cumplidores fieles de nuestros compromisos internacionales, y sería una consecuencia natural de lo expresado en nuestra nota.

3) Constituirá una posición explotable internacionalmente a nuestro favor».

Pero a su vez las siguientes desventajas:

1) Apareceríamos haciendo la entrega bajo presión de Venezuela.

2) Reconoceríamos la comisión de un acto ilícito y tendría que afirmarse la sanción de los responsables.

3) La mujer podría hacer declaraciones en nuestra contra.

4) Los elementos anteriores podrían ser explotados contra nosotros».

Después de tan «cristianas» reflexiones, Blanco señala que:

«A)Las señaladas desventajas serán relativas, ya que sus efectos podrían ser neutralizados en gran parte mediante un acuerdo con Venezuela sobre la base de la entrega de la mujer, especialmente enfatizando el hecho de que el acto ilícito fue cometido por funcionarios de jerarquía menor.

B)El acto de entrega de por sí, en la explotación pública de imágenes, constituye en todos los campos un elemento altamente positivo».Y concluye, «En base a lo expuesto, nos inclinamos por el género de alternativa basado en la entrega». (fechado el 2/7/976)

Y así el documento pasó al Consejo de Seguridad Nacional (COSENA), con las «sugerencias» de los firmantes (es regla protocolar que al superior no se les indica ni se le advierte, solamente se le sugiere)

Entonces, con la colaboración invalorable de los firmantes de ese memorando brutal, el COSENA decidió el destino de Elena Quinteros. Resolvió declarar personas no gratas a los diplomáticos venezolanos «por intromisión en nuestros asuntos internos», agraviar al gobierno de ese país y provocar la ruptura de relaciones diplomáticas.

6 de julio de 1976.  La nota de agravio enviada por nuestra Cancillería:   «Tengo el honor de dirigirme al Señor Embajador para poner en su conocimiento que mi Gobierno ha decidido declarar personas no gratas a Ud. y al Consejero de esa Misión Diplomática Señor Francisco Ricardo Becerra, acordándoles el plazo de 72 horas a partir de la hora 9 a.m. del día de la fecha para hacer abandono del territorio nacional. Las razones que motivan esta decisión de mi Gobierno se encuentran desarrolladas in extenso en la nota No. 64/76 del día de la fecha que en forma simultánea se entrega al Señor Embajador y de la que surge claramente que tanto Ud. como el referido funcionario han violado flagrantemente la soberanía nacional y lesionado gravemente la dignidad del pueblo y Gobierno uruguayo.»

6 de julio de 1976.El gobierno venezolano, entonces, rompe relaciones. «…mi Gobierno me ha ordenado participar al Uruguay, por el alto conducto de Vuestra Excelencia, su decisión de suspender las relaciones diplomáticas entre ambos Gobiernos, a partir de la presente fecha.» «…El Gobierno de la hermana República de Colombia ha aceptado hacerse cargo de los intereses venezolanos en el Uruguay y de los cinco asilados que actualmente se encuentran en esta Embajada de Venezuela.» (firma el embajador Julio Ramos)

LA LUCHA DE TOTA

Desde el día de la desaparición de Elena, su madre María Almeida de Quinteros, apodada «Tota», nunca descansó en su búsqueda. Su vida cambió. Jamás se había imaginado la lucha que iba a emprender para saber dónde estaba su hija.

Pero el 7 de enero de 2001, esta incansable activista de los desaparecidos que también fue Presidenta de la Junta Departamental de Montevideo, falleció a los 82 años de edad.

Tota murió sin tener noticias de Elena. Su hija tenía 31 años y era maestra titulada, aunque no ejercía por habérselo impedido las autoridades dictatoriales.

Así escribió Kintto Lucas su Adiós a Tota Quinteros:

«¿Dónde está el olvido? ¿Quién habla de esperas? / Que aquí yo la busco sea como sea / adiós al cansancio, adiós a los años / adiós las mentiras, adiós los engaños»

Los versos de Rubén entran por sus oídos, por su mente, por su piel, andan por todos los rincones de la casa, por todas las esquinas del barrio, por todos los barrios de su Montevideo, por cada lugarcito de un país que espera… Los versos entran como hace tiempo, se pasean por su pensamiento, y se hacen amigos de los recuerdos que, son como imágenes en la mirada, son gorriones que quieren volar

Ella piensa en la vida caminada, que es como pensar en Elena, que es como pensar en la bruma que invadió el país, que es como pensar en tantas sonrisas que se marcharon, tantos corazones, tantas miradas

Y piensa cuando la guerra civil española, cuando París fue bombardeada, cuando el mundial del 50, cuando su casamiento, cuando Elena se hace maestra, cuando las marchas, cuando los enfrentamientos con la policía, cuando el país comienza a caerse, cuando llegan los uniformes

Y piensa cuando corría 1976  ?tiempo del no se puede decir, no se puede reunir en las esquinas, no se puede… ?  cuando Elena queda tras los fierros, cuando ya nadie da razón de su paradero…

Y piensa cuando empezó a caminamundear por su hija, que en realidad era por todos los hijos… Cuando crece, cuando florece, cuando remonta de sus cacerolas, cuando se hace madre de muchos…

Y piensa, cuando la huelga de hambre por la amnistía general… cuando cada viernes, junto a las otras madres, en la Plaza Libertad, mantiene la foto de Elena. Cuando otros versos se hacen mundo en el aire Montevideano:

«Volverá la alegría / a enredarse con tu voz. / A medirse en tus manos / y a apoyarse en tu sudor. / Borrará duras muecas pintadas / sobre un frágil cartón de silencio / y en aliento de murga saldrá: / a redoblar, a redoblar, a redoblar muchachos la esperanza / que su latido insista en nuestra sangre para que esta nunca olvide su rumbo. / Porque el corazón no quiere entonar más retiradas».

Y piensa, sigue pensando… como quien no quiere dejar de lado los pedacitos de recuerdos que lleva a cuesta, y se acostumbra a quererlos y derramarlos una y otra vez entre la gente… La vida y la memoria siguen caminado juntas…

María Almeida de Quinteros. Más conocida como Tota, nació en 1918, en un barrio de Montevideo de origen obrero. Se casó a los 26 años y tuvo una hija a la que dio el nombre de Elena.

A pesar de la humildad del hogar, con el apoyo de sus padres Elena siguió los estudios de maestra. Allí comenzó su pelea por una educación mejor, pero un régimen autoritario se iba imponiendo, y llegó la dictadura…

En 1976 Elena Quinteros fue detenida y torturada. Intentando escapar argumentó un supuesto contacto con un compañero en un lugar cercano a la embajada de Venezuela. Hasta allí la condujo el personal de inteligencia. Elena saltó el pequeño muro y se introdujo en la embajada. Sus custodias corrieron atrás. Los funcionarios de la embajada pelearon para que no la sacaran de territorio venezolano, los policías forcejearon y se la llevaron. Después nadie dio razón de su paradero.

Allí comenzó el trajinar de Tota en busca de su hija. Luego de un intenso caminar denunciando la realidad que vivía el país durante la dictadura, regresó a Uruguay en 1984. Pero el autoritarismo todavía no se terminaba. Junto a otras madres de desaparecidos formó el Comité de Familiares de Desaparecidos, y realizó (a pesar de sus 66 años) una huelga de hambre pidiendo la amnistía para los presos políticos y el regreso a la democracia.

En 1989 se eligió concejal de Montevideo, y allí comenzó otra lucha, caminando barrio por barrio, juntándose a los que no tienen casa, a los desocupados, saliendo a las calles con la gente, siempre dispuesta a recibir el reclamo de los habitantes de la ciudad y brindarles ayuda.

Hoy sigue buscando a Elena, todos la seguimos buscando.

Kintto Lucas

EL RESARCIMIENTO

El tiempo ha pasado. Tota ya no está y aun se oculta el lugar donde fue sepultada Elena. Pero la Justicia se hizo cargo de Nino Gavazzo, de Juan Carlos Blanco y otros más… hasta que poco a poco, irán cayendo todos

QUIÉN ES QUIÉN

El Ministerio de Relaciones Exteriores  ?como todas las instituciones durante la dictadura?  tuvo los mandos civiles bajo órdenes castrenses. Los funcionarios con cargos de autoridad que no lo aceptaron ¡se fueron!, dejando atrás sus redituables veleidades cortesanas en pro de una discreta paz interior.

Juan Carlos Blanco

 Era subsecretario de José A. Mora Otero y al fallecer éste, asumió como ministro en 1972. Fue un títere más del autoritarismo militar… pero eso no le quita culpa. Estuvo en conocimiento total de los hechos y los aceptó. Ni se le pasó por la cabeza renunciar a su cargo y es más… Parece estar convencido todavía  ?y hasta orgulloso?  de haber cumplido con su deber. ¿Ante quién?, está por verse. Sólo me constan dos modelos que orientan su vida: el catolicismo y la masonería.

Julio César Lupinacci

Sin defender al ministro Blanco, digo lo que sabemos perfectamente todos los que estuvimos en Cancillería en tiempos de dictadura: el civil que daba las cartas era él… sin estampar firmas incriminatorias.

Y continuó su carrera ascendente en el Servicio Exterior uruguayo a la vuelta de la democracia. El presidente Lacalle lo designó embajador ante Chile, el presidente Sanguinetti lo designó embajador ante Argentina y el presidente Batlle lo designó embajador ante el Vaticano.

Y allá le dieron «una buena acogida» (parafraseando al Arzobispo uruguayo Nicolás Cotugno), proponiéndole «un buen acuerdo» entre Uruguay y el Vaticano para «defender con rigor y promover con constancia aquellos valores que dignifican la existencia humana».

No le pesó al Papa el historial de represor, ni el fervor ultraderechista, ni le molestó que fuera masón… ni otras cosas… Vio un católico recalcitrante y fanático… y no hubo mejor credencial.

Después, como broche de oro, Julio César Lupinacci se jubiló por límite de edad y fue asesor del ministro de Relaciones Exteriores Didier Opertti sobre temas del Tribunal Penal Internacional

En el interrogatorio de marzo de 2002 negó ser uno de los verdugos de Elena Quinteros responsabilizando totalmente al ministro Blanco. Es curioso que no realizara acción judicial alguna por difamación o injurias, ante la divulgación de su nombre como violador de los derechos humanos.

Álvaro Álvarez. Autoritario, soberbio y despreciativo

Ultraderechista nato, durante la dictadura se movió más cómodo que nunca. Ignoro si pudo haber favorecido a alguien más que a sí mismo y no sé de nadie que lo apreciara.

Cuando declaró en el juicio le cargó el fardo al ministro Blanco  ?al igual que Lupinacci?  y negó la responsabilidad que indiscutiblemente también tenía.

El 19 de abril de 2005 murió sin pagar sus deudas a los 74 años. Hubo una única y escueta participación en la página de obituarios del diario El País… todo dicho.

Guido Michelín Salomón

De perfil bajo y poca resonancia en su accionar, como la mayoría de los viceministros de Cancillería. Llega «de afuera» (cargo de confianza) al asumir J. C. Blanco en 1972. A fines del 76  ?cuando mandan a Alejandro Rovira de la cartera del Interior a «poner orden» por todo este asunto y otras cosas?  Michelín desaparece de escena, tan discretamente como había llegado.

Poco hay para decir sobre él, salvo su apoyo incondicional al ministro Blanco y la conocida «plana mayor» de aquella época. Así lo demuestra su actitud con el embajador venezolano y su aporte para la confección del memorando.

Hay sin embargo un hecho jugoso, poco conocido para la gente ajena al Palacio Santos. Fue el año del golpe, cuando el Goyo Álvarez pisaba fuerte desde el cuartel. Tal vez por desconocimiento del ambiente en que estaba inmerso, Michelín no tuvo en cuenta que allá las paredes oyen, y lo que recogen se esparce como reguero de pólvora, por lo que llamamos «radio pasillo».

Así fue que emitió un comentario sobre la virilidad de don Gregorio, que si bien se comentaba por ahí, dicho por un jerarca tomaba otro cuerpo y forma. Y el Goyo se enteró… el alcance de «radio pasillo» le daría envidia a cualquier emisora real.

Fue así que una tarde, paró una camioneta del ejército en el repecho de Cuareim, y por esa puerta entró el Goyo fusta en mano, secundado por dos milicos armados. Atravesó el patio empedrado y subiendo la escalera, irrumpió en el primer despacho del «patio del angelito»: la Subsecretaría.

Adentro, arremetió a fustazos contra Michelín, a la vez que lo insultaba a voz en cuello. Según cuentan los que presenciaron todo, a pesar de protegerse agachándose detrás de su escritorio, unos cuantos fustazos se llevó. Descargada su ira, el Goyo «se despidió» de su víctima con una frase que los funcionarios usamos jocosamente durante mucho tiempo:
«Y no se te ocurra mandarte a mudar. Acá te quedás, porque es acá donde yo te necesito». Y aunque con ganas de irse, se tuvo que quedar, nomás.

En su declaración subraya la negativa de las fuerzas armadas y policiales de tener implicancia en el incidente, diciendo: «no dudábamos de lo que la embajada venezolana nos transmitía, pero chocábamos contra una pared, una negativa total».

Hoy pertenece a la gobernación del Rotary, como Instructor Distrital. Su responsabilidad en los hechos también quedó demostrada, pero hasta ahora y por este caso, el único recluso sigue siendo el ministro Blanco.

EL JUICIO AL CANCILLER Y EL FALLO DEL JUEZ CAVALLI:

Los vistos y considerando del fallo comienzan señalando que «De autos surgen elementos de convicción suficientes para entender que el Sr. Juan Carlos Blanco Estradé está incurso como coautor, en un delito de Privación de Libertad muy especialmente agravado pues el hecho obedece a móviles políticos o ideológicos.

La participación del indagado fue la de coautor pues hubo una cooperación directa en el período de la consumación. Como se dijo antes, se trató de una cooperación material, al llevar adelante, como cabeza de la Cancillería, un plan para distorsionar los hechos, negando la realidad»

Luego menciona el expediente administrativo de la Cancillería, el interrogatorio de Blanco y la prueba testimonial aportada al caso, y la reunión que Blanco mantuvo en el Ministerio de Relaciones Exteriores con el subsecretario Guido Michelín Salomón, el asesor de la Cancillería Álvaro Álvarez, y el embajador de Uruguay en Venezuela, Julio César Lupinacci.

«En esa reunión, se dispone por el canciller la realización de un memorando a presentar a autoridades del gobierno analizando las ventajas o desventajas de la entrega de quien identifican como ‘la mujer’. Luego de detallar cada una de ellas, culminan por recomendar la entrega y sugieren la explotación publicitaria de ese acto»

«Debe decirse que existe semiplena prueba de estos hechos, en el sentido que el Sr. Blanco, como canciller de la República, estaba por demás enterado de la denuncia de secuestros, detenciones y desaparición de personas en el Uruguay

El entonces canciller, sabía perfectamente la discordancia entre las afirmaciones de quienes ejercían el mando y lo que se denunciaba en el mundo, más precisamente, en una serie de naciones de fuerte tradición democrática

En otras palabras, sabía por fuentes que van más allá de la ola de rumores que sacudió Montevideo en aquellos días sobre el terrible destino de la Sra. Quinteros (hecho notorio), que el mundo entero sostenía la verdad que a lo largo de los años se fue confirmando, hasta ser ratificada por el propio Sr. Blanco en esta indagatoria: la desaparición forzada por los órganos de represión de la Sra. Quinteros»

«A pesar de las manifestaciones del indagado en el sentido que ni sospechaba que la Sra. Elena Quinteros hubiera sido detenida por funcionarios uruguayos, si se aprecia el texto del memorando, se verá que de ningún modo pensó de esa forma»

Efectivamente, en el mismo se decía: «No puede persistirse en la posición de alegar que la acusación venezolana carece de elementos de juicio ante las determinaciones concretas de datos contenidos en la última nota de Venezuela»

Cavalli hace referencia a la actitud que tomó y la que debió tomar el ex canciller, lo que parece trasladable al resto de concurrentes a la reunión donde se decidió sobre el destino de Elena Quinteros:

«Se considera que la realidad que asumió, la que puede asumir hoy y la que debió asumir siempre (Blanco), es que los mandos de la época habían procedido a la detención de la maestra y para ocultar el error debían negar que la tenían y hacer desaparecer cualquier rastro de ella»

«Dos vías tuvo el Sr. Blanco para elegir. La que optó fue cooperar a propagar la verdad formal que se le decía, colaborar con los captores e instruir al cuerpo diplomático para que salieran al mundo a decir que quienes mentían eran los funcionarios extranjeros»

En ese sentido Cavalli agrega que«otro acto que supuso la colaboración con las personas que privaban la libertad de la Sra. Elena Quinteros lo constituye el libramiento de un comunicado de prensa el 6 de julio de 1976, por el cual el Ministerio de Relaciones Exteriores a su cargo, desvirtuaba hechos y atribuía responsabilidad en el episodio al embajador venezolano Ramos

Lo más relevante para el caso desde el punto de vista penal, es que la colaboración antes detallada, practicada en el Uruguay de 1976, suponía además, echar la suerte de la Sra. Elena Quinteros hacia un final presumiblemente trágico».

El Juez Cavalli dictó sentencia… y fue tratado de «caballo» y de «burro» en el editorial del matutino El País:

«Esta desdichada sentencia jamás hubiera sido dictada por Armando Tomassino, por su tío Julio César de Gregorio, por Álvaro Macedo, por Francisco Gamarra, por Julio Guani ni por Pablo de María. Pero sí fue dictada por Eduardo Cavalli. Un juez cuyo apellido nos hace recordar la célebre anécdota parlamentaria de Emilio Frugoni, cuando le dijo al diputado Carvalho que le sobraba la ‘r’ que le faltaba a su colega Buranelli…».

El extenso documento en que se basó el juez Cavalli para sentenciar a Juan Carlos Blanco, contenía también un análisis de la responsabilidad penal de Álvaro Alvarez, Julio César Lupinacci y Guido Michelín Salomón; demostrando su colaboración con el procesado.

Pero esa será otra historia, si es que se registra en hechos, y en vida de los tres que quedan. Porque todos estos personajes  ?no sólo el ex canciller?  incurrieron en «crimen de escritorio», decidiendo quién vive y quién muere desde un elegante y cómodo sillón, sabiendo perfectamente que Elena Quinteros estaba en poder de las fuerzas represoras

La desaparición forzada es un delito de lesa humanidad. No proscribe. Sólo hace falta tiempo para que todos y cada uno de los responsables por Elena y por todos los torturados, muertos y desaparecidos; salden su deuda con la sociedad

Es curioso el vuelco que tienen ciertos acontecimientos con el transcurrir del tiempo. Los mismos mentores del Plan Cóndor son los que hoy desclasifican sus archivos y aportan datos esenciales para la inculpación de sus antiguos protegidos

¿Quién lo hubiera dicho…? Más bien que es algo lógico; es el histórico proceder del gran hermano del norte: primero te ayuda, después te usa y por último te escupe.

Dicen que la mentira tiene patas cortas… pero no tanto, si es capaz de dar zancadas de más de treinta años. Y que la justicia es ciega… pero esta buena señora tiene ojos, aunque los use para mirar para otro lado cada vez que puede… y mientras nadie la acorrale

Por Elena, por Tota, y para todos quienes no sabían de ellas más que lo que fue  ?y es?  «conveniente» divulgar; quise expresar aquí todas las certezas que conozco  ?las recabadas y las propias?  y, como homenaje a su memoria, poner los puntos sobre las íes.

Elizabeth Oliver de Abalos

Con información de archivos del PIT/CNT, El País, La República, Correo Socialista, Equipo Nizkor y Associated Press.

eliza@montevideo.com.uy

http://blogs.montevideo.com.uy/elizaymiguel

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