MEMORABLE DISCURSO DEL PEPE EN LA ONU

ESTÁ PINCHADO

Soy del Sur, vengo del Sur, porque el Sur también subsiste.

Mi país se encuentra doblando la esquina, como quien va cuesta abajo. Es el de la cola de paja, no sé si lo ubican.

Está pegadito, como un tapón, a Brasil y Argentina (a los cuales seguramente ubican).
Su historia es una historia de gente carnívora que, tras un siglo de enfrentamientos fratricidas, terminaron creando la única oficina pública del mundo con ínfulas de república: la República Oriental del Uruguay. Conjuntamente inventamos la social-democracia, que les queda poncho.
O, mejor dicho: que les queda sobretodo.

Fuimos la Suiza de América, pero después que el Estado uruguayo se hizo cargo de los ferrocarriles que nos dejó el Imperio Británico se nos atrasaron los relojes y nunca llegamos en hora a ningún lado.

El país se nos llenó de vías muertas. Y las que todavía no estiraron la pata, están moribundas.
Lo que pasó fue que ganamos en Maracaná y entonces nos echamos a dormir la siesta en los laureles, chupando mieles amargas y funestas, añorando un pasado en el que los términos de intercambio nos favorecían. Finalmente, despertamos

 Después, aprovechando nuestras inclinaciones nostalgiosas, inventamos la noche de la nostalgia. Pero esto ya es cosa del consumismo de este mundo globalizado en el cual vivimos actualmente.

Mi historia personal, que bien poco importa pero igual se las voy a contar, se reduce a esto: algunas cosas que recordar no quiero.

La historia de un nabo que como tantos otros quiso cambiar el mundo, persiguiendo el sueño de una sociedad libertaria y sin clases, en lugar de dedicarse al cultivo de las hortalizas, que en mi país se da muy bien, sobre todo en el mencionado rubro nabícola. Es brava la competencia porque el mercado es chico y nabos es lo que sobra, pero pa ir tirando da.

De todos modos, y pese a nuestras metidas de pata juveniles, estamos a punto de lograr una sociedad sin clases. Sin clases, sin profesores y sin alumnos.

Mis errores son hijuelos bastardos de un tiempo ya ceniciento. Un tiempo que, como todo en mi país, parece que no termina nunca de pasar.
Es por eso que a veces me pego en las que te dije, gritándome: ¡A dónde fueron a parar mis energías, Utopía!

Ahí es cuando la Lucía me sacude, despertándome de esa pesadilla recurrente que me persigue como un rencor. Son sueños rotos, y alguien tiene que pagar los sueños rotos.
Aunque sea donando el sueldo, lo cual algún dividendo da, no vayan a creer que no. Fíjense que hasta para Premio Nobel me han propuesto.

No es pa todos la bota e potro, aunque en mi país naides es más que naides. La única excepción a este principio igualitario es que algunos son más nabos que otros.

Eso sí, no ando cobrando cuentas, ni mirando p’atrás, que eso de tener los ojos en la nuca no es de gente que vaya p’adelante.
Por el contrario, me angustia el porvenir que no veré (pese a tener los ojos en la frente), y con el que me comprometo como me comprometí cuando la Utopía era un sueño y no una pesadilla.

Hoy, aparte de parar la olla, la primera tarea es salvar la vida, y por eso hay que abrirle las porteras a los transgénicos, a los agrotóxicos y a todo aquello que hace de nuestro medio ambiente algo más respirable.

La  vida debe ser sustentable, cosa de que no se nos venga al suelo. Porque no sé si ustedes saben que para vivir como Dios manda hay que respirar aire puro, como bien dice nuestro compañero Tabaré, y por eso la campaña contra el tabaquismo, de la que él es un verdadero adalid, un paladín y un cruzado.
Un candidato natural que la única estupidez que cometió fue decir que yo decía estupideces.
Pero bueno, eso es hojarasca pasada y no nos vamos a andar pasando cuentas. Por encima de todo están los intereses del pueblo.

Como les dije, yo soy del Sur, y si vengo retrasado es porque cargo sobre mis lomos a millones de compatriotas de esos que habla Galeano en Las venas abiertas de América Latina, no sé si lo leyeron. Se los recomiendo.

Cómo no me van a proponer pa Premio Nobel, si cargo con las culturas originarias aplastadas, con los restos del colonialismo en Malvinas, con los bloqueos inútiles y tristes a Cuba, con la vigilancia electrónica hija de las desconfianzas que nos envenenan, a países como Brasil (nada menos).

Cargo con la necesidad de defender la Amazonia, UPM, Montes del Plata, Aratirí. ¡Qué quieren!

Es demasiado para un veterano por demás baqueteado y que ya está de  vuelta de tantas cosas.
Si hubiera sabido que el cargamento era tan pesado, no agarraba la changuita de la Presidencia ni mamado. La gente no entiende que el Pepe no es el Papa

No me canso de repetirlo: toy contra el consumismo. Hemos sacrificado los viejos dioses por el Dios Mercado. Y la Diosa Marca.

Y toda la liturgia, que viene a ser la remarca de los precios. Nos inmolamos graciosamente en aras del consumismo. ¿Tengo razón o no tengo razón? ¿Somos o no somos nabos? Claro que somos

. Y no solamente somos, sino que podemos volver a serlo. El hombre, ta visto, no sólo es iluso sino que es un bicho porfiado. No sólo tropieza una y mil veces con la misma piedra sino que se da de guampas contra la pared que él mismo ha levantado. Digamen si no tengo razón.

Parecería que hemos nacido para consumir, consumir y consumir, corriendo detrás de la zanahoria que nos promete la felicidad.
Si seremos nabos, mismo: creer que la felicidad está en una zanahoria por el simple hecho de que te la vendan etiquetada en ese Templo de la era globalizada que es el supermercado.

Y claro, como ahí no está, entonces sobreviene la frustración, la pobreza y la autoexclusión. Porque no es que haya exclusión: lo que hay es autoexclusión. Los que no quieren comprar auto se excluyen a sí mismos, y claro, así no tienen con qué correr detrás de la felicidad.

Y después se quejan.
Los uruguayos somos así. Nos gusta quejarnos, tirados panza arriba, mirando pasar las nubes. Aparte de los uruguayos, el Uruguay es un lindo país pa invertir.
Los que antes tenían problemas por esto, ahora están con el gobierno, así que por ese lado no hay peligro de que se les pongan palos en la rueda a los inversores extranjeros.

Dentro del retraso hemos avanzado, sí señores. Si antes -pongamos por caso- ustedes paseaban por las calles de la capital (llamada Montevideo), seguramente verían muros pintados con la leyenda Yanquis, go home. Ahora podrán ver, en cualquier momento, pintada la leyenda Yanquis, welcome.

Que no sólo suena parecido sino que siempre sonó en inglés. No sé si me entienden.

Y la verdá de la milanesa, ya que tocamos el tema, es que si queremos ser felices como un norteamericano medio, necesitaríamos tres planetas, así que por ahora al menos la felicidad no pasa de ser una Utopía.
Una Utopía de proporciones galácticas, lo que la hace todavía más utópica.

Menos mal que tenemos a la NASA ocupándose de que ese problema quede solucionado en un futuro que esperamos no esté muy lejano.

No me cabe la menor duda de que la humanidad conquistará otros planetas, porque como ya dije el hombre es un bicho porfiado, y ya desde que era un cavernícola miraba p’arriba, soñando con las estrellas.

Así que no es de dudar de que un día tengamos tres planetas pa poder vivir como los norteamericanos medios. Eso sí, debemos andarnos con mucho ojo, no sea cosa que dejemos al planeta Tierra hecho polvo. Y después andá a quejarte a la ONU o al Tribunal de La Haya.

Tamos p’al derroche y el despilfarro, eso ni que tal vez. Arrasamos las selvas verdaderas, dejando brutos buracos, p’arrancarle minerales a la Pacha Mama, y todo ¿pa qué?
Pa levantar una selva de sociedades anónimas, pa pior de cemento. Que de tanto cemento ya parecen cementerios.

Enfrentamos al sedentarismo con caminadores, al insomnio con pastillas, a la soledad con electrónica (excepto en el caso de las ceibalitas, que son pa que los gurises aprendan)…

Y ni hablemos del porro, porque eso lo vamo a charlar con Soros, que es un capitalista en serio, y además debe haber probado la maruja.

La política, eterna madre del acontecer humano, quedó engrillada a la economía y al Mercado. ¿Madre o nodriza? Pucha, aura que lo pienso…

Bueno, sea como sea, el asunto es que ta engrillada. Más o menos como la justicia, pobre, que además está vendada.
O vendida, como corresponde a un mundo en que todo se vende y todo se compra, como ya lo dijo el genial Discepolín.

¡Qué tiempos aquéllos! Eran otros tiempos: tiempos de capitalismo, de imperialismo, de corporaciones multinacionales, de soberanía nacional, de subdesarrollo, en fin, aquellas locuras juveniles.

Pero los tiempos cambian: ahora son tiempos de globalización, de consumismo, de marketing y de diversificación de la matriz productiva.

Es que si no diversificamos estamos fritos.
Hay algunos papas fritas que tan con la ecología, preocupados por la conservación del canto de los pajaritos y bobadas por el estilo, y no se dan cuenta que hay que diversificar. Se quedaron en la época de Hernandarias, se quedaron.

No se han dado cuenta de que lo moderno es la minería, como bien lo saben, desde hace quinientos años, los indiecitos de Bolivia y del Perú. Lo que pasa es que nosotros venimos atrasados  porque nos creímos aquello de que éramos europeos -la Atenas del Plata, la Suiza de América-, y a la final éramos latinoamericanos nomás.

Si algo nos faltaba para latinoamericanizarnos era, justamente, la minería. Así que por este lado le vamos a dar la mano al indio, como cantaba el Flaco Viglietti. Después dicen que no somos de izquierda…

De todas estas cuestiones vamo a conversar un poco con Rockefeller, a ver si podemos negociar lo innegociable. No hay por qué escandalizarse: es parte de la Historieta  Humana, que tanto te dice una cosa como te dice la otra.
¿Nunca leyeron Cómo leer al Pato Donald? Yo lo leí, cuando andaba clandestino y de pistola al cinto, y ahí aprendí cómo hay que tratar con el Tío Rico McPato

. Es fácil: nosotros les damos nuestros ahorros y él los atesora, ley de la acumulación mediante.
Como lo de “atesorar” ellos lo llevan en el ADN, ¿pa qué nos vamos a poner a pelear con las determinantes biológicas que son tan poderosas?  Que atesoren ellos, que de eso saben un kilo y medio.

Es lo que digo del hierro: ¿pa qué queremos tener ese tesoro, ahí enterrado? ¿Pa estar sentados encima, mirando a las vacas pastar, como quieren los ambientalistas?

¡No señor! Debemos permitir que lo extraigan y lo atesoren, porque eso es ley de la vida, y como ya dije, nosotros estamos a favor de la vida.

Todo, todo es negocio. Y no importa si es un mal negocio, lo que importa es que hay que negociar.
Ya lo dijo Teodoro Roosevelt: El negocio de los americanos son los negocios. Por algo están donde están

. Y como nosotros somos tan americanos como ellos, no tenemos más remedio que negociar. Y como no miramos p’atrás no nos vamos a andar cobrando deudas del pasado, como bien dijo nuestro compañero Tabaré, que bien leído lo tiene al Fukuyama.

El hombrecito de nuestro tiempo deambula entre financieras y el tedio rutinario de las oficinas atemperadas con aire acondicionado.

O sea que ya no somos aquella triste oficina pública del país de la cola de paja, sino que ahora, por lo menos, tenemos aire acondicionado.
O sea, que no estamos tan mal.
O tal vez sí… perdonen, se me perdió el hilo de lo que quería decir. Con esto de tener que decir una cosa y también la otra a veces se me enriedan los cables.

El hombrecito -y, ¿por qué no?, también la mujercita- siempre sueña con la libertad y con la casita en la playa.

Siempre sueña con concluir las cuentas, hasta que un día el corazón se para… y hay que enchufarle un marcapasos. Es lo que les decía de la política y los políticos: nos han enchufado un marcapasos.

Es por eso que mientras el corazón nos habla de la nación, el marcapasos nos hace abrir las fronteras a todo lo que venga; mientras el corazón se inclina hacia el socialismo, el marcapasos nos conduce de una oreja hacia el capitalismo en serio; mientras el corazón se conmueve frente a la naturaleza, el marcapasos nos incita a abrirles los brazos a la forestación indiscriminada y a la megaminería.

¡Qué se le va a hacer!
El corazón tendrá sus razones, pero el que manda es el marcapasos.
Y andá a lamentarte al cuartito del fondo. Eso sí, ojo con lo que hacemos en el cuartito secreto, porque por ahí pueden volver los que te dije, y ahí sí que se pudre todo.

Más claro, echarle agua: el mundo requiere a grito pelado reglas globales que respeten los logros de las ciencias que abunda pero no gobierna para el bien.
Y el que no oye ese grito, o es sordo o es nabo.
¿Ta claro? Hay que dejar de hacerse los sordos. Y el que no oye que se compre un audífono.

Sería imperioso lograr grandes consensos para desatar solidaridad hacia los más oprimidos, castigar impositivamente el despilfarro y la especulación. Ayudar al Mundo Pobre, creando bienes útiles contra la pobreza mundial.
Y como esto es imperioso, nada más lógico que recurrir al Imperio, que de esto algo sabe.

Ya lo conversaremos con Soros y Rockefeller. Algunos mangos para iniciar la campaña contra la pobreza, seguramente conseguiremos.

En lugar de andar haciendo guerras resultaría más redituable volcar un neokeinesianismo útil de escala planetaria para abolir las vergüenzas más flagrantes del mundo.
Esto del neokeinesianismo lo digo para aquellos que en los años 60 nos acusaban de mesianismo.

Pa que vayan llevando. Lo de Marx estará muy bien, no soy quien pa discutirlo. Pero es del siglo traspasado. Lo de Keynes, en cambio, es apenas del siglo pasado.
O sea: es más moderno.

Claro, lo de Fukuyama es más moderno todavía, pero el problema es que no termino de tragarme eso del fin de la historia. La verdá, no sé muy bien cómo termina esa historia.
Voy a tener que conversarlo con Tabaré.

Ni los Estados nacionales grandes, ni las transnacionales y menos el sistema financiero, deberían gobernar el Mundo Humano. ¡Y yo qué sé quién tendría que gobernarlo!
Si fuera creyente, diría que el Espíritu Santo, pero el creyente es el Cuqui Lacalle y ya ven cómo le fue: la Providencia le dio la espalda y a mí me puso la Banda Presidencial.

Si no es el Espíritu Santo, será la Alta Política entrelazada con la sabiduría científica (Truman y Oppenheimer, por ejemplo). Esa Ciencia exenta de bajos apetitos, como el lucro, y que sólo se ocupa del porvenir.

La inteligencia y no el interés al timón de la nave. Pero dejemen que divague un poco; total, no cuesta nada y además todos sabemos qu
e esto es pura ilusión, que nada de esto pasará. Ni nada parecido. Seguiremos, como siempre, poniendo nuestra inteligencia al servicio de nuestros intereses.
Y el que no lo entienda no es por iluso (que eso estaba bien cuando nosotros queríamos cambiar el mundo), sino porque es nabo nomás.

Por un tiempo se formarán acuerdos más o menos regionales construyendo parapetos proteccionistas detrás de un mentiroso Libre Comercio (como los Te Lo Compro, por ejemplo).
Crecerán ramas industriales y de servicios dedicadas a salvar el medio ambiente.

Y así nos consolaremos, mientras el sistema financiero continúa acumulando. Seguirán las guerras y los fanatismos, hasta que la naturaleza haga inviable esta civilización.
¿O era al revés? Bueno, no importa: sea como sea, algo va a ser inviable. Eso se los doy firmado.

Vuelvo a repetir: la crisis ecológica del planeta es consecuencia del triunfo avasallante de la ambición humana.
También lo es su derrota, por impotencia política de encuadrarse en otra época que sin conciencia hemos construido
. Por eso daremos el visto bueno al pedido de UPM de aumentar su producción de pasta de celulosa, lo que nos permitirá encuadrarnos más conscientemente.

A cambio, le exigiremos que vigile mejor sus efluvios contaminantes. Yo te doy pero si tú me das. Así de simplota es la cosa.

No podemos manejar la globalización porque nuestro pensamiento no es global, no sabemos si es por una limitante cultural o llegamos a límites biológicos.

La codicia que tanto empujó al progreso material, técnico y científico, paradojalmente nos precipita a un abismo brumoso. Pero no debemos confundir estos abismos y estas brumosidades con los agujeros y los polvos propios de la megaminería, ya que todo eso no es más que el precio que hay que pagar para poder desarrollarnos, y a partir de la consiguiente acumulación de capital, construir el socialismo.
La gilada todavía no se ha dado cuenta de cuál es la estrategia.

Pero el hombre propone y Dios dispone.
Parece que las cosas toman autonomía y someten a los hombres. La autonomía de las cosas es cosa funesta, sí señores.
Sobre todo la autonomía de las multinacionales, acostumbradas a someter Todo a sus intereses corporativos.

A ver, a ver, ¿era esto lo que yo quería decir? Pucha digo, a veces se me tranca el marcapasos y el corazón me hace decir cualquier cosa.

Ustedes perdonen, esto es consecuencia de los límites biológicos. Además son medio calentón y vuelta y media ando diciendo inconveniencias.

¿Qué es el Todo para nosotros?
La vida global del sistema Tierra, incluyendo la vida humana con todos los equilibrios frágiles que hacen posible perpetuarnos.
La Nada vendría a ser todo lo contrario.

Por otro lado, las repúblicas nacidas para afirmar que los hombres somos iguales, que naides es más que naides, que sus gobiernos deberían representar el bien común, la justicia y la equidad, muchas veces se deforman y caen en el olvido de la gente corriente que, por lo general, anda corriendo detrás del mango, o ahorrando para pasar las vacaciones en la casita de la playa.

Solemos cultivar arcaísmos feudales, cortesanismos consentidos, diferenciaciones jerárquicas, que sacaban lo mejor de las repúblicas y colocaban lo peor de las  monarquías.
Estamos en la prehistoria, y por eso, cuando la política fracasa, nos despeñamos en la guerra.
Aunque también se da el caso de que cuando la guerra se pierde, nos empeñamos en la política.

El hombre es así, porfiado. Conocemos en nuestras soledades lo que es la guerra. Por eso ahora tamos en la política.

Las instituciones mundiales de hoy en particular vegetan a la sombra de las disidencias de las grandes naciones, y como éstas quieren para sí retener poder, bloquean en los hechos a la ONU, la desarraigan de la democracia planetaria y le cercenan a la historia el germen de un acuerdo mundial para la paz.

Ya que hablamos de vegetaciones y de gérmenes podríamos ver si a través de Monsanto solucionamos este problemita. No caben dudas de que Monsanto, al menos, piensa en términos globales.
Y eso es lo que necesitamos: pensar en términos globales. En una palabra: no ser tan pelotudos.

A título de ejemplo: los uruguayos participamos con 13 a 15 % de nuestras FFAA en las Misiones de Paz. Llevamos años y años, siempre estamos en los lugares que nos asignan, sin embargo donde se decide y reparten los recursos no existimos ni para servir el café.
Ya sabemos que para servir el café hay otros con una tradición de servidumbre que tal vez nosotros no tenemos, pero nosotros también tenemos derecho a servir un cafecito de vez en cuando, ¿no les parece?

Ya bastante derecho de piso hemos pagado, como para ser ninguneados de esa manera.
En esto tampoco naides debería ser más que naides, y sobre todo si estamos empeñados en ayudar a los que son menos que naides, como esos pobres haitianos, sin ir más lejos.

Porque si no, estamos siempre en las mismas, y eso no puede ser. ¿Para qué tantos sacrificios, entonces?
¿Para tener derecho a estar en este recinto sin estar obligado a usar corbata?

La especie debería tener un gobierno para la humanidad que supere el individualismo y bregue por recrear cabezas políticas que acudan a la ciencia y no sólo a los intereses inmediatos. No importa que la ciencia nos haya atomizado: la  ciencia es la ciencia. En mi país, por ejemplo, está el ingeniero químico Sto
lkin que vuelta y media me anda escribiendo, de manera metódica y detallada, sus razones para oponerse a la megaminería. Y yo leo lo que él escribe.
Pero el asunto no es que el científico acuda al político, sino exactamente al revés, porque la ciencia será la ciencia, pero la política es la madre de Todo, por muy engrillada que la tenga la economía.

Con talento y trabajo colectivo el hombre puede hacer verdear a los desiertos, llevar la agricultura al mar, la megaminería a los campos de pastoreo; en fin, hacer lo que se le antoje, etcétera, etcétera…

Es posible arrancar la indigencia del mundo y marchar a la estabilidad, es posible que el futuro lleve la vida a la galaxia y el hombre, animal conquistador, continúe con su inclinación antropológica, pero… necesitará gobernarse como especie o sucumbirá.
Alguna especie de gobierno vamo a tener que inventar, entonces.

Quedan, por lo tanto, avisados.

Por la copia:
                    Mate Amargoso

posta – postaporteñ@ 

 

(la imagen la agregamos nosotros, ALTERNATIVAS)

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