El Ministerio del Interior le declara la guerra a un barrio entero

Anoche, el Ministerio del Interior del Uruguay le declaró la guerra a un barrio entero del Oeste de Montevideo, apenas un par de horas después de que subalternos de Bonomi ejecutaran cobardemente, de siete tiros, a Sergio Lemos, culpable del delito de tener 18 años, ser laburante y buena gente y vivir en un contexto social de pobreza amenazada, encima, por la instalación de la brutal regasificadora para beneficio de Aratirí, esa multinacional que se ocupará de llevarse todo el hierro que hay en el subsuelo de Valentines, en Cerro Chato, aunque “Gas Sayago” signifique el riesgo seguro de impresionantes explosiones e incendios a muy corta distancia de una populosa zona costera de la capital y de la peligrosa refinería de ANCAP de La Teja.

No hay nada de exageración en lo dicho: a las 01:30 de la madrugada de este martes 5 de noviembre del año 2013, una horda desaforada y pizarrera de unformados desplazados en una docena de vehículos represivos, se retiró de Santa Catalina apretando gatillos y prometiendo volver, tras provocar a todo el barrio indignado por el asesinato, gritando un desgraciado oficialito a través de un megáfono: “Nos vamos, pero nos vemos pronto…”.

Esto ocurrió enseguida de haber sido lanzados dos camiones tipo “tanqueta” sobre una multitud de vecinas y vecinos, en su inmensa mayoría muchachada de la edad del asesinado, junto con el indiscriminado y abundante lanzamiento de granadas de gas pimienta, balas de goma y disparos al aire de balas de plomo.

Un alarde de superioridad, de omnipotencia, de inefable capacidad cavernícola, que, sin embargo, no pudo ocultar la verdad de la milanesa sobre la que mucha gente debería reflexionar cuidadosamente: la policía, con cola de paja, segura de que sin poder dar palos así nomás, no se atrevió a ingresar al corazón de Santa Catalina, a pie, un par de horas después del imperdonable crimen de Sergio Lemos. Le tuvieron miedo a un verdadero hormiguero enardecido de jóvenes –mujeres y varones- que salieron a la calle a prender fuego pedazos de lo que fuera, al grito estruendoso de “¡Justicia, Justicia!!!”…

Mejor dicho: le tuvieron miedo a entrar al barrio con todo el mundo en la vereda, sin poder seguir así nomás matando gente a diestra y siniestra, como saben hacerlo, cobardemente, parados en los pedales de un abuso policial que no es ni ajeno a las órdenes “superiores” ni al margen de la voluntad de un poder político que parece creer que la gente se autodeclarará “en prisión domiciliaria” y seguirá mirando las cosas con indiferencia, aunque nos maten a nuestros hijos en nuestras propias narices.

La guerra de Bonomi y sus cómplices, está declarada. Se la anunció a viva voz, tratando de amedrentar a una juventud a la que el poder odia porque sabe que es de donde podemos esperar algo de dignidad resuelta y hasta heroica, pues lo vivido en Santa Catalina entre el 4 y el 5 de noviembre, lo es. Heroica, enaltecedora, ejemplar, fue la reacción de la muchachada que, toda ella, recibió en sus cuerpos y sus almas, los siete tiros de la cobardía uniformada disparados sobre Sergio Lemos.

En Santa Catalina –sin localismo, sin algo de chovinismo de barra brava, sin nada parecido, hay que decirlo- el oficialismo y la oposición son responsables de otro abuso policial que no es fruto del descontrol padecido por algún ministro o pseudo ministro. En Santa Catalina, el poder está en deuda, y la juventud –esa juventud a la que algunos consideran guaranga, falopera y atorranta- se siente estafada, burlada, pisoteada, tratada como basura.

Capaz que un rápido procesamiento y un merecido encarcelamiento de los asesinos materiales directos de Sergio Lemos, atenúa la bronca… Capaz…

Pero se sabe que declararle la guerra a los pobres cuando estos parecen derrotados, es mucho más que jugar con fuego. Es avivarlo, encenderlo, alimentarlo, sin que después sus responsables puedan recurrir al discurso “humanista” y conciliador reclamando “tranquilidad” y respeto por las bondades de un sistema fundado en la prepotencia y el atropello pizarrero de los demasiado acostumbrados a ganar, casi siempre.

(Hace unos minutos, enchastrando con descaro, Bonomi dijo que Lemos estaba armado, y alguna prensa sugiere que todo este asunto tiene que ver con los siete procesamientos de ayer mismo, por “asonada”… Hay que ir sacando cuentas e ir descubriendo que el abuso policial no es sólo policial. Mientras tanto, varios gurises en Santa Catalina se curan con agua y jabón las heridas de las balas de goma y aguardan que sea liberado el muchacho al que detuvieron por pretender asistir al ejecutado).

Gabriel –Saracho- Carbajales, 5 de noviembre de 2013, Montevideo.-

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