Y Tampoco Soy «trotskista» pero Trotsky Tenía Razón. — FERNANDO MOYANO

 

Parece ser que, de a poco, las discusiones en Posta van tomando color y revistiendo mayor interés, nivel y profundidad. Esto nos alegra mucho. Sin duda se debe al esfuerzo de varios compañeros que aportan ideas diferentes pero fundadas.

 

Ahora tenemos una noticia buena y una mala, o un poquito mala. La buena es que Gonzalo Abella, que dijo que se iba mantener por fuera de estas polémicas hasta pasadas las elecciones, ha roto por suerte su voto de silencio y ha vuelto.

 

La mala, en nuestro criterio, es que ha elegido mal el objeto de su vuelta: atacar al voto en blanco.
Con tanto tema pendiente por discutir ¿vamos a gastar pólvora en eso? ¿Es el voto el blanco el enemigo para alguien? Pero bien, tomemos nota y veamos qué podemos hacer.

 

Nos referimos a su nota “Contextos diferentes”, en PP 1082. Sin duda yo podría decir lo mismo: Hay temas más importantes que la opinión de Gonzalo Abella sobre el voto en blanco. Sin duda los hay, y hablaremos de ellos. Pero hay en esta nota dos cosas que importan.

 

Trotsky y la guerra inter-imperialista

 

Gonzalo comienza su nota con una referencia a la posición de Trotsky al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando alertaba contra que, por combatir al nazismo, se dejase de combatir al imperialismo anglo-francés (EEUU aún no había entrado en la guerra).

 

Gonzalo toma distancia de este criterio, no sabemos por qué. Recuerda por ejemplo las manifestaciones de alegría popular en la Europa ocupada por los nazis cuando el desembarco en Normandía.

 

Realmente no sé qué tiene que ver eso con el voto en blanco, ni con la diferencia de situación política entre Chile y Uruguay (que es en lo que se basa su argumentación) y por qué trae ahora este asunto de Trotsky.

 

Pero me decidí a hablar de este tema porque, creo que de carambola ya que no le veo la relación dentro de su línea argumental, Gonzalo ha tocado uno de los problemas cruciales de nuestro tiempo.

 

Las citas de Trotsky pertenecen al “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial” de mediados de 1940. La frase que pienso que podría resumir la idea central de ese material (que no aparece entre las citas de Gonzalo) es:

 

La tarea planteada por la historia no es apoyar a una parte del sistema imperialista en contra de otra sino terminar con el conjunto del sistema

 

En función de eso, Trotsky rechaza la idea de hacer el centro de la estrategia revolucionaria en una alianza con los imperialistas francés e ingleses contra los alemanes, italianos y japoneses.

 

Cae por su propio peso que si mi país está invadido por un enemigo despiadado que asesina a mi gente a mansalva y mis fuerzas para combatirlo son insuficientes, y un enemigo de ese enemigo lo ataca con una contra-invasión, así sean los alienígenas, yo salto de alegría; después ajustaré los tantos con ese otro invasor, cuando toque.

 

Aquí en Montevideo también la gente salió a festejar multitudinariamente la liberación de París.

 

En ese tiempo, poco antes de ser asesinado por un esbirro estalinista, Trotsky, un poco obligado por las circunstancias, salía todos los días a opinar “sobre todas las cosas posibles y algunas más”.
En sus trabajos de esos años podemos encontrar de todo. El tiempo se encargó de demostrar que algunas cosas fueron verdaderas genialidades, y otras errores garrafales. Y nunca dejaron de ser ideas fecundas e inteligentes. Aun sus errores son instructivos.

 

Mencionaré solamente un error muy grave que cometió: Apoyar “con reservas” la invasión soviética de Polonia y Finlandia porque pensaba que “objetivamente”, aun con métodos equivocados, eso hacía “avanzar el socialismo” al expropiar a las burguesías de esos países.

 

Ni qué decir que se equivocó. Esas invasiones soviéticas realizadas en connivencia con los nazis, y esas expropiaciones verticales para imponer una explotación burocrática significaron un retroceso del socialismo.

 

Voy a poner un ejemplo para dejar muy claramente planteado mi punto de vista en un tema que puede ser polémico.

 

El gobierno soviético había derrotado militarmente unos años antes a un gobierno burgués en Ucrania, de paso desmanteló también un ejército campesino independiente, y “empujó un poquito” la instauración de un régimen soviético en Ucrania.

 

El estalinismo acentuó luego los aspectos más regresivos de esa situación ambivalente y eso pasó a ser un régimen burocrático de explotación de una “colonia soviética” como las que vendrían luego, mucho más provisorias, que mencionamos en Polonia y Finlandia.

 

Cuando los nazis invadieron Ucrania derrotando transitoriamente a los soviéticos, algunos sectores ucranianos lo tomaron al principio como una “liberación”. (Algo así como un “desembarco en Normandía” de los nazis contra los soviéticos); al poco tiempo comprendieron que estaban muy equivocados, los nazis no eran ningunos liberadores sino unos feroces opresores. Y la resistencia ucraniana se apoyó de nuevo en la URSS.

 

Terminemos de aclarar este punto.
Los bolcheviques cedieron Ucrania a los alemanes en la paz de Brest-Litovsk en 1918, y la recuperaron por la guerra en 1920. Quien firmó ese tratado representando al gobierno bolchevique fue precisamente Trotsky. Aclaremos también que en un principio Trotsky se opuso a firmar la paz con los imperialistas alemanes, tenía una posición intermedia entre las otras dos que tuvieron los bolcheviques, firmar la paz o continuar la guerra; el principal dirigente que defendió desde el principio la posición de firmar la paz con Alemania aun cediendo territorios fue Lenin.

 

Alemania invadió nuevamente Ucrania en 1939. Ucrania era “el granero de Europa”, por eso el interés alemán. Al principio, el mando militar alemán quiso restaurar en Ucrania la propiedad privada y devolver la tierra a los viejos terratenientes que habían sido expropiados por el Estado soviético. Pero Hitler los paró en seco

 

El interés de Hitler era ganar la guerra, y tenía claro que necesitaba la producción agrícola de Ucrania en cualquier formato. No le importaba en absoluto la propiedad privada capitalista en Ucrania, ni el interés de los burgueses ucranianos.

 

De modo que conservó sin tocar la estructura productiva agrícola que habían instaurado los soviéticos: granjas estatales de explotación intensiva del trabajo. Solamente sacó a los burócratas soviéticos y puso burócratas nazis, y todo lo otro siguió igual.

 

Podemos ver que tanto “socialismo” había allí

 

También podemos ver que el “apoyo incondicional” de Trotsky a la burocracia soviética fue uno de sus peores errores. No sé si Gonzalo estará de acuerdo conmigo en esto.

 

En cambio la posición que Gonzalo le critica fue uno de los mayores aciertos de Trostky en esos años de confusión y desconcierto en toda la izquierda del mundo. El tiempo le ha dado la razón abiertamente.

 

¿Qué fue lo que pasó? Como decíamos, en 1940 EEUU aún no había entrado en guerra, lo hizo a fines de 1941 y pasó a liderar el bando de “la democracia” imperialista, y logró la derrota de los imperialistas “totalitarios” que en gran parte se debió más bien al esfuerzo bélico soviético y también a la resistencia popular.

 

A partir de allí los yanquis instauraron su propio dominio imperial, se volvieron contra sus viejos aliados o semi-aliados de la URSS y los comunistas chinos que acababan de tomar el poder (en contra de las directivas de la URSS, digamos de paso)

 

Hoy, muchos llaman al actual dominio imperialista yanqui “el Cuarto Reich” porque recuerda en muchas cosas al imperialismo nazi.

 

Los imperialistas buenos resultaron ser tan malos como los malos. La masacre de Lídice por los nazis fue emulada por la masacre de MyLay por los yanquis. (Y digamos de paso: el régimen “nacionalista” sirio realiza hoy masacres semejantes de población civil para “escarmiento”)

 

La tarea planteada por la historia no es apoyar a una parte del sistema imperialista en contra de otra sino terminar con el conjunto del sistema”.

 

¡Si tendrá razón Trotsky!!!!

 

¡Claro que es absolutamente indiscutible que tenía razón! Y todas las circunstancias aparentes en que los imperialistas buenos podrían ser tomados como una opción preferible a los malos son una confirmación de esta idea que supo ver más allá de las apariencias, y más allá de los movimientos tácticos de circunstancia totalmente justificados, porque la guerra no es un campeonato de conductas químicamente puras.

 

La guerra es como la encina de Machado, “crece derecha o torcida / con esa altivez que cede / solo a la ley de la vida / que es vivir como se puede”.

 

La ley de la guerra es pelear como se puede; nadie va a estar reprochado (nosotros no, al menos) a los que están a punto de ser masacrados por unos imperialistas o unos “nacionalistas” si toman un arma de manos de otros imperialistas.

 

Y por eso mismo, porque hay apariencias complicadas, impresiones del momento, y alianzas momentáneas impuestas por las circunstancias, es que tiene mayor valor esta idea de Trotsky que supo ver más allá de todo eso.

 

Y habrá quedado claro que yo no soy “trotskista”.

 

La seguimos

 

Decíamos que este asunto de Trotsky y la guerra imperialista no tiene mucho que ver con el tema del voto en blanco en las próximas elecciones, que parece algo de gran importancia para Gonzalo Abella, tan importante que se decide a hablar ahora. (Obviamente, hay que hablar de eso, si es que tenés un interés electoral en el tema, ahora, no vas a hablar después de las elecciones).

 

Y aunque este asunto me parezca a mí como traído de los pelos y de refilón a la discusión presente, y no logro entender la conexión, me parece mucho más importante que ese tema del voto en blanco.
Y me parece que no estaría bien dejar pasar la oportunidad de aclarar la importancia que tiene.

 

Trotsky era un ser humano (aun siendo excepcional) y se equivocó fiero muchas veces. No es que nosotros seamos más inteligentes o cultos que él, eso es totalmente imposible. Es que el tiempo juzgó en temas complicados, y por eso podemos permitirnos nosotros hoy enmendarle la plana a un tipo como él.

 

¡Pero no vamos a tirarle piedras en uno de sus aciertos!

 

Ahora deberíamos continuar con el tema que tanto preocupa a Gonzalo: el voto en blanco

 

Pero ya hablamos demasiado por hoy. Mis disculpas a los lectores, queda para la próxima, prometo.

FERNANDO MOYANO

 

Tomado de postaporteñ@

Un comentario en «Y Tampoco Soy «trotskista» pero Trotsky Tenía Razón. — FERNANDO MOYANO»

  1. exelente tema y muy bien desarroyado . el voto en blanco o anulado ,somos personas k no keremos saber nada con el sistema,el palacio legislativo es una farsa.

    tabare.

    El 21 de diciembre de 2013, 9:31, Blog del semanario Alternativas – Por un

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