Los sentidos del silencio II: Para enfrentar a los dueños del silencio.

Ya pasó el 21 de mayo. Llegó el 22 de mayo  y el juez Juan Carlos Fernández Lecchini, libera a Ricardo Zabala quién secuestró a Julio Castro y seguro fusiló o sabe quién fusiló al  maestro.

Es como dice Ledner  en su canción  EL INDULTO: Porque aun me duele el hambre de un nuevo cielo y porque tengo ganas de seguir creciendo/porque no habrá perdón/ porque no habrá consuelo/porque no hay abrigo que calme mi miedo/Porque después de tanto llorar los veo salir de nuevo…

Otra masiva, muy masiva marcha por los desaparecidos, da tristeza, porque más allá de todo lo que mueve este reclamo todo seguirá igual.

Por aquello que si no se cambia todo no cambia nada. Marchamos todos, todas, Familiares, Organizaciones Sociales, políticas y marchó Gorzy presidente del Comité Israelita, consagrado reaccionario criminalizador de la miseria y la protesta, Mujica, Topolanski y ¡¿Julissa Reynoso?!

Y tantos más.

Parada ahí, inmóvil, queda como oferta la tremenda dilatación en el tiempo de las búsquedas de enterramientos, el silencio, la ausencia total de justicia, la omertà, los archivos secuestrados y la espera.

Leo: «No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y, luego, se lo canaliza por medios que sólo llegan a ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva».

Esto sostenía Andrés Carrasco, el científico de la UBA que confirmó los efectos devastadores del glifosato, acompañó con su investigación a los pueblos fumigados y cuestionó que la ciencia esté al servicio de las corporaciones. Andrés acaba de morir, pervive, sin duda su ética.

Tal vez los DDHH también tengan que ser vistos como salud social. ¿No?

En la Omertà o ley del silencio, (ese hermético y consabido código siciliano) que prohíbe informar sobre los delitos que incumben a las personas implicadas, tal vez podamos hallar el sentido muy definido de ésta omertà.

En la práctica de la mafia siciliana, cuando se indagaban delitos graves las personas incriminadas, permanecen en silencio por miedo de represalias o por proteger a otros culpables. En la cultura de la Mafia, romper el juramento de omertà es castigable con la muerte.

Acá la impunidad se sostiene y ampara en una omertà paraestatal que mantiene en todos los términos el delito de desaparición como tortura sicológica. Como amenaza específica hacia todo el que es pobre o se rebele.

La omertà implica la prohibición categórica de la cooperación con las autoridades estatales que «supuestamente» investigan crímenes anteriores, de los cuales supuestamente se desvinculan.

Cada persona deber evitar interferir en el negocio de los demás y no debe informar a las autoridades de «un delito» bajo ninguna circunstancia. Aunque, este concepto para la mafia tenía muchas otras reglas, la omertà civil-militar de los que protagonizaron el terrorismo de Estado se basa sustancialmente en permanecer como cuerpo, petulante, vertical y corporativo.

Inalterable como los hábitos de la formación militar ortodoxa, mercenaria, bajo la obediencia debida.  Acatando las reglas de un existir bajo la absoluta dependencia de mandos y disciplinas que no se alteraran aunque marchen pueblos enteros.

¿No es hora de apostar a que sea la fuerza autónoma de la memoria sin presidentes ni senadores, sin sionistas ni embajadores para romper la omertà?

Lo que en su origen tuvo un significado de lucha contra siglos de opresión estatal y explotación del norte de Italia y la colonización extranjera del sur de Italia se ha transformado en una horrenda herramienta contra la lucha de los pueblos, una macabra conspiración contra la identidad de las luchas de generaciones enteras a las cuales la omertà confisca las verdaderas causas de la pelea emancipadora, tratando que junto con los cuerpos desaparezcan las razones.

Confirmando que nada escapa a la sociedad patriarcal; el origen de la palabra se remonta, a la palabra española hombredad (masculinidad), modificada después con la palabra siciliana para hombre, omu.

Entonces no está mal considerar a la  omertà como la logia ideológica que recorre a lo ancho y largo todos los estados para cometer las tropelías más bárbaras contra los que se rebelan.

Un principio básico de la omertà es que no es de hombres, no es «masculino» informar a otros los crímenes de lesa humanidad.

Si alguien dijera donde enterraron a Elena Quinteros y porque la desaparecieron, ante un juez sería un «soplón», un cascittuni (un informante).

Y si alguien hablara de los robos dejaría a la luz el enriquecimiento ilícito bajo la dictadura de los principales miembros, generales y torturadores, el robo de viviendas,  de tierras, las dadivas de los esbirros bajo el reacomodo del sistema capitalista.

Planteando con ello, una paradoja inviable: el propio sistema no fusila a quienes lo engendraron. Ellos no socavan su status quo.

Algunos creen que el silencio es solo, una respuesta pragmática basada principalmente en el miedo de los impunes. Es algo más.

Pues, entonces no hay nada que esperar. Nada. Hace ya mucho tiempo la paciencia está encallecida y ya no  constituye ninguna sabiduría. Acá está claro que los represores se complotan bajo la omertà con una línea de mando avalada por la extensísima complicidad de todos los poderes del Estado. Hoy gestionados por los ex compañeros de los desaparecidos.

Los que ayer sí, marcharon… algunos para mal lavar sus conciencias bajo el frío otoñal de esa intensa lluvia  montevideana, otros para sumar votos a otra campaña electoral exasperante.

Los que de verdad queremos justicia -la gran mayoría de los que marchan- ingenuos o no, crédulos o no deberemos rompen los límites de ese silencio.

La omertà predica: Que se calle. Que haga silencio. Que guarde silencio. Que guarde cordura.

Perdiendo en verdad la hermosa locura de vivir, de soñar ese otro mundo que la omertà quiere desaparecer de las cabezas y prácticas sociales.

Me prometí el año pasado escribir algo más del silencio, lo hice y lo guardé para mi reflexión  Tal vez las ideas tengan la capacidad de leudar… hoy vuelvo a esas líneas. Terminé aquella nota con esta frase: …Pensar cuál será la nota musical que le sigue al silencio, para derrumbar la muralla de la impunidad es la tarea…

Refrescando la memoria; estas han sido las consignas, de las marchas del silencio:

2do gobierno de Sanguinetti
1996: «Verdad, memoria y nunca más»
1997: «Queremos la Verdad»
1998: «La verdad nos hará libres»
1999: «¿Qué le falta a nuestra democracia?: Verdad».
Gobierno de Batlle
2000: «La verdad es posible y necesaria»
2001: «Sin verdad secuestrada, sin memoria prohibida»
2002: «Sin ocultamientos, ni amenazas; verdad, memoria y nunca más»
2003: «¿Dónde están? Hoy más que nunca, nunca más»
2004: «Verdad, Justicia, Memoria y Nunca Más. Por Michelini,       Gutiérrez Ruiz, Barredo y Whitelaw
Gobierno de Tabaré
2005: «Por los más de 210 detenidos-desaparecidos. Para el pasado, verdad; en el presente, justicia,    por siempre, memoria y nunca más».
2006: «Basta de Impunidad, Justicia para los crímenes de Lesa Humanidad»
2007 ¿Dónde están? La verdad sigue secuestrada. Nunca más terrorismo de Estado»
2008 «Exigimos verdad y justicia».
2009 «Elegimos: verdad, justicia, memoria y nunca más»

Gobierno de Mújica
2010: «Sin verdad y justicia no hay reconciliación».
2011: «Verdad y Justicia, derechos de todos, responsabilidad del Estado».
2012: «Los vamos a encontrar. Por un futuro sin impunidad, verdad y justicia»
2013: «En mi patria no hay justicia. ¿Quiénes son los responsables?»
2014: «¿Dónde están? ¿Por qué el silencio?»

Tal vez se pueda realizar un estudio a fondo de lo que implica esta conjugación en 19 años. Pero me voy a remitir al silencio una vez más.  Se propone el silencio para interrogar por qué el silencio… ¿es qué aún no entendimos el silencio del enemigo?

¿Para entender la desaparición torturante que mantiene el silencio impune propongo hacer silencio?

¿Son los desaparecidos un silencio? ¿Los silencia la desaparición o los vuelve alarido dentro de cada uno de nosotros/as? ¿Cómo se vive el silencio después de que recorres cuartel por cuartel, obispos y curas oficinas de ONU e aindamáis para buscar a tu hijo y ya pasaron tres, cuatro décadas? ¿Cómo se vive hoy la ausencia de tu compañero de ruta que tanto hace falta? ¿Cómo se sienten esos silencios?

Me siento, me ubico en la senda disruptiva, en la cual hay una confrontación constante contra la  adaptación, contra la conciliación con la impudicia de la tortura, con la naturalización de la represión de este gobierno y todos los gobiernos. Porque duela o no, todos  han sostenido, amparado la tortura en el tiempo; contra los pobres sin voz, contra familiares, contra los sobrevivientes del terrorismo de Estado y organizaciones en lucha.

Esta manera hegemónica de buscar a nuestros/as desaparecidas a través de un recurso que aún a 19 años propone el silencio sin fin, no es nuestra manera y también en este sitio disruptivo, de ruptura, hay sobrevivientes y familiares.

En esta sociedad silente, donde no se realizó ni un solo juicio al Terrorismo de Estado oral, público y por delitos de lesa humanidad seguir proponiendo el silencio parece por lo menos inconducente.
¿Es la sociedad  que ignora por qué el silencio de los impunes?
¿No sabemos que sabemos?
¿Quién o quienes desconocen que tenemos la total certeza de porque lo hicieron y quienes lo hicieron?
¿No habría que difundir más, mucho más, la certeza de que en algunos casos sabemos dónde y cuándo lo hicieron?
¿No tendríamos que  trasmitir desde la entraña de la memoria que se debe jerarquizar la palabra, el grito?
¿No deberíamos agitar el juicio social, aireando lo que muy bien silencian los juzgados?
¿No debería tener prioridad la condena social?
¿No es imposible la verdad si no se da la justicia?

Aceptar que sabemos quiénes son, que hicieron, que los asesinos tienen nombre implica condenar, enfrentar la política de conciliación y complicidad de estos gobiernos hoy.  Los responsables están no solo denunciados, sino ubicados.

Tenemos esta certeza: No dicen dónde están los restos porque son aún trofeos de los mercenarios y mandamases impunes de ayer y hoy amparados en la estrategia de la omertà. Los restos son sus salvoconductos y el garante, la esencia misma de la impunidad.  Posibilidad ésta, sostenida en base a los privilegios, económicos, jurídicos y culturales mantenidos por los cómplices de turno. El gran desafío es cómo hacer justicia. La estrategia sería debatir qué sociedad, qué justicia.

Se instala el silencio, porque este simbólicamente moviliza todo el haz de connotaciones, sugerencias y atavismos. Y como el poder social está estrechamente  asociado al derecho a hablar, a dejar hablar y a hacer callar, lo que sucede es que se auto convoca un amplísimo espectro que habilita a que marchemos los directos involucrados, los testigos, la iglesia y los cómplices de hoy se sienten convocados por el silencio propuesto porque en última instancia, se termina la marcha y no cambia nada. Todo ese extenso silencio no los incrimina, no los condena. Les cede espacio.

La anchurosa espera…el inmenso e inextinguible dolor por los detenidos políticos desaparecidos, convierte el silencio en homenaje mítico. Y  los homenajes pueden o no contener condena social y esa condena social se destiñe si en el mismo acto de silencio confluyen también los responsables civiles, los que encubrieron a los milicos, los que armaron los escuadrones de la muerte y los que hoy los amparan. En este sentido el silencio es opresor y es policlasista.

Por tanto;   la consigna es inquirir la nota musical que taladre ese silencio y desgarre la impunidad.

Desgarrar la impunidad, parándonos, partiendo de lo que ya se sabe exigiendo con fuerza justicia.

Para enfrentar a los dueños del silencio, a los impunes represores, a los que dieron las directivas, las órdenes y a los que los amparan. Y hay que quitarles «ese poder»: no impondrán el silencio en los espacios autónomos. No nos haremos eco de un legado de la impunidad.

Sigamos buscando los sentidos del silencio, para entender, para acercar, para derribar los mitos, como el de las unidades absolutistas que hegemonizan para seguir reinando.

Silencio puede decir: mutismo, afonía, mudez, sordina, callada, elipsis, mutis, sigilo, supresión, carencia, secreto, reserva, desaparición, huida, retirada, incógnito, aniquilación, escondido, disfrazado y mucho más. Muchas respuestas han estado ausentes durante décadas…y han ido (los estrategas de la impunidad)  imponiendo la desaparición de sonidos, de voces, de consignas. Eso les da un marco posible, un paragua muy amplio que no rompe. Que no taladra. Que no avanza. Queda en el dolor cáusticamente compartido con el hipócrita presidente Mujica y la primera dama, incluida la embajadora de los asesinos del mundo.

Se TORTURA, sí, a los familiares de los desaparecidos, a los gurises en el INAU, en Comisarías, en cuarteles y en la casa de los milicos. Desde que lo empezaron a hacer no pararon más. Los aparatos represivos enseñan y practican la tortura.  Pero se chista al que osa hablar. Se criminaliza al que levanta la voz. Se procesa y martiriza, se esclaviza a trabajadores de Sierra Leona, de Ghana bajo el designio del capital.

La oquedad, el  vacío, es la sustancia de este silencio político, que está muy lejos de ese silencio humano, llenito del dolor de los familiares. Y muy lejos también de ese silencio del indio, pintado  por Atahualpa Yupanqui; tan hondo, sugerente y lleno de dolorosa soledad: «Le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí. Que no se quede callado quien quiera vivir feliz. Un día monté a caballo y en la selva me metí y sentí que un gran silencio crecía dentro de mí.»

¿Cómo no tener rabia al silencio si el asesino de Julio Castro hoy volvió a su madriguera? Ahí lo iremos a buscar…los disruptivos, los descarrilados -y seguro seremos más- los que no nos bajamos  de la rebelión y los que nunca subimos al tren de la conciliación. La nota que le sigue al silencio ¿es la CONDENA SOCIAL?

Por Julio, por Elena, por Silvia, por el Chiquito, por León…habrá revolución!

Ir. 23/05/14

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