A sus 202 años, que Marx no tenga razón esta vez

Una opinión personal

F. Moyano

«El proceso capitalista de producción, considerado en su interdependencia o como proceso de reproducción, pues, no sólo produce mercancías, no sólo produce plusvalor, sino que produce y reproduce la relación capitalista misma: por un lado, el capitalista; por el otro, el asalariado«. (El Capital, L.I, C.11)

Otro 5 de mayo, otro cumpleaños de Carlitos.

Todo ha cambiado y todo sigue igual. Todo sigue igual y todo ha cambiado.

Ya sabemos que todo ha cambiado, en primer lugar el enorme desarrollo de las fuerzas productivas en este tiempo, la acumulación de la riqueza y la capacidad de producirla, y ha cambiado la faz de la Tierra y la forma de vida, aun mucho más allá de lo deseado.

No ha cambiado sin embargo la estructura social básica, y la diferencia en la forma de apropiación y distribución de la riqueza. Por el contrario, se ha acentuado la desigualdad y con ello todas las formas superestructurales se corresponden con esa desigualdad, y la reproducen.

Todo sigue igual porque el mecanismo por el cual la relación social capitalista se reproduce a sí misma no ha cambiado en absoluto. Pero todo ha cambiado porque las condiciones para que esa reproducción se mantenga han llegado a límites extremos de tensión. La reproducción se mantiene, y al mismo tiempo se cuestiona a sí misma.

«Lo que es realmente posible –dice Hegel en La ciencia de la lógica-, ya no puede ser de otra manera; en estas determinadas condiciones y circunstancias no puede acontecer algo diferente».

No soy un experto en ese complicado filósofo, de modo que no me extenderé. Pero entiendo que se refiere a las categorías de realidad, posibilidad, necesidad y contingencia, y sus relaciones. Lo posible ya está en la realidad y en la necesidad. Y acá hablamos de necesidades contradictorias entre sí. La necesidad de reproducción de las relaciones capitalistas («volver a la normalidad») y la necesidad de llevar la explotación a extremos tales que la terminan subvirtiendo (la «nueva normalidad»).

Esto que dice Marx sobre la reproducción de la relación social capitalista, es luego de analizar un caso de la industria algodonera en Inglaterra en que los trabajadores habían sufrido despidos y pobreza extrema, no podían pagar los alquileres (de viviendas en que los propietarios eran los mismos patrones) y el Estado resolvió ayudarlos con subsidios. Dice Marx que a quienes se subsidiaba así es realidad era a los capitalistas.

¿Y a quiénes subsidian hoy los Estados en esta crisis-pandemia?

En Uruguay, desde la declaración de emergencia sanitaria son más de 100 mil los trabajadores que han entrado en seguro de paro, casi un 6% de la población económicamente activa. Paga el BPS, los patrones se ahorran esos salarios, y retrasan la decisión sobre la continuidad o no del vínculo salarial, según venga la mano. Uruguay solamente representa -a su manera- la tendencia mundial dominante.

Esta es la forma en que Marx plantea el concepto de ejército industrial de reserva:

“Pero si una sobrepoblación obrera es el producto necesario de la acumulación o del desarrollo de la riqueza sobre una base capitalista, esta sobrepoblación se convierte, a su vez, en palanca de la acumulación capitalista, e incluso en condición de existencia del modo capitalista de producción. Constituye un ejército industrial de reserva a disposición del capital…material humano explotable y siempre disponible… es necesario que se pueda volcar súbitamente grandes masas humanas en los puntos decisivos, sin que con ello se rebaje la escala alcanzada por la producción en otras esferas. La superpoblación proporciona esas masas.” (El Capital, L.I, C.23)

Punto decisivo sería hoy la atención de salud. Pero los servicios de asistencia de salud han sido largamente desmantelados para abaratar la fuerza de trabajo. De la misma manera las cadenas alimenticias han sido degradadas -al costo de ir destruyendo las barreras inmunitarias de los ecosistemas, abriendo el camino a las pandemias- en pos del abaratamiento de la fuerza de trabajo. La tendencia inherente de la explotación capitalista de la fuerza de trabajo cuestiona las posibilidades de reproducción de esa misma relación de explotación. El trabajador enfermo de una peste muy contagiosa no puede ser explotado en el hacinamiento como hasta ahora. La pandemia separa la fuerza de trabajo del trabajo.

Ya había adelantado Marx este problema en los Manuscritos económico-filosóficos.

“Tan pronto, pues, como al capital se le ocurre -ocurrencia necesaria o arbitraria- no existir más para el trabajador, este ya no existe para sí; no tiene trabajo alguno; por ende, ningún salario, y puesto que no posee un ser en cuanto hombre, sino en cuanto trabajador, puede hacerse enterrar, morir de hambre, etc…la economía política considera al proletario, es decir, a quien vive sin capital ni renta del suelo, pura y simplemente del trabajo, y de un trabajo unilateral, abstracto, exclusivamente como trabajador. Y esto le permite establecer la tesis de que se le debe procurar, al igual que a cualquier trabajo, lo necesario para poder trabajar. En los momentos en que no trabaja, no lo toma en consideración como a un ser humano, sino que deja que de ello se encarguen la justicia penal, el médico, la religión, los cuadros estadísticos, la política y las autoridades de beneficencia… Por lo tanto, las necesidades del obrero, para la economía política, se reducen a la necesidad de sostenerlo mientras trabaja y exclusivamente para evitar que la especie obrera se extinga”.

El crecimiento demográfico unido al desarrollo de la productividad del trabajo y la extensión del modo capitalista de producción al mundo entero, han modificado las proporciones en la distribución estructural cuantitativa interna de la clase trabajadora, y, por lo tanto, el significado del ejército industrial de reserva. El trabajador supernumerario ha pasado ha ser más que supernumerario. Así, han vuelto a escena planteos maltusianos escandalosamente reaccionarios como el de propiciar el contagio para buscar una «inmunidad de rebaño». No se han podido sostener.

Pero igual se llevan adelante en forma selectiva sobre los pueblos que son blanco del racismo sistémico; los pueblos originarios americanos, los negros norteamericanos, los gitanos, los palestinos. Allí donde no importa tanto «evitar que la especie obrera se extinga”. 

Esa contradicción entre tendencias opuestas de la misma realidad (reproducción o diezmado), es la base de la esquizofrenia política de determinados gobiernos: el uruguayo por ejemplo. Pero no nos podemos engañar. El asistencialismo es para tribuna. Lo que se aplicará será el programa de la reproducción de la relación de explotación, dentro del marco del ajuste y la superexplotación. La burguesía está demasiado impaciente en recuperar la «normalidad» en la tasa de ganancia.

¡Ah, pero el problema es que la tasa de ganancia es decreciente! Y esa es una tendencia del modo de producción capitalista. ¿Cómo hacemos?

«Marx ha muerto», hemos oído muchas veces. Por ejemplo, porque no se ha confirmado en la última época la tendencia al crecimiento de la pobreza absoluta (que es un hecho incuestionable el crecimiento de la pobreza relativa -que es lo que realmente señaló Marx, lo otro era situacional- se lo pasa por alto). Por ejemplo, porque no se ha confirmado en la última época la sucesión de crisis periódicas de ciclo «decenal» que señaló Marx.

¡Ah, pero ahora aparece una profunda crisis, doce años después de la del 2008!

Los muertos que vos matáis gozan de una molesta salud. El fantasma de nuevo recorre el mundo.

La crisis que ha disparado esta pandemia ya venía incubándose (para usar un término de uso corriente, hoy día). Es una crisis del lado de la oferta, una detención del proceso productivo, del proceso de explotación del trabajo asalariado, y del trabajo asalariado mismo. Y entonces, una de sus consecuencias que ya está a la vista es el crecimiento de la pobreza absoluta, que se superpone entonces al crecimiento de la pobreza relativa.

¿Qué podemos suponer que pase?

La «normalidad» de la explotación del trabajo asalariado se restablecerá. La relación social capitalista se reproducirá nuevamente. En qué condiciones, con qué límites y nivel de tensión, no lo sabemos. Podría hablar de «cambio de época», si ese término no hubiese sido demasiado desgastado por los «marxistas». («Entre los cuales -decía Marx- yo no me cuento»).

El hecho es que la época no cambiará mientras no la cambiemos. Esa crisis pasará. Después vendrá la próxima, veamos si para entonces… Ni como «ensayo general» nos sirvió esta, porque ni el guón tenemos, hay que escribirlo de nuevo. Y los elementos de la realidad están todos a a la vista.

Bueno… Si es necesario es posible (si entendí bien a Hegel).

F. Moyano
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