El odio nos toca la puerta

 

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Psicólogos, psiquiatras y filósofos de todo el mundo participan en el libro El Odio y la Clínica Psicoanalítica Actual que presenta aquí la psicoanalista Carmen Gloria Fenieux. Destaca varias concepciones del odio relevantes para estos tiempos de crisis social, pandemia y crisis económica. Entre ellas, la mirada de Marie France Brunet para quien el odio es un “síntoma” presente en fenómenos como el femicidio, el racismo y el machismo y que las políticas fascistas y autoritarias han actualizado; y el argumento de Jean Luc Nancy, quien sostiene que pensar implica movimiento, mientras que el odio no se mueve: es un coágulo que impide el entendimiento y la comprensión y fácilmente desemboca en la violencia.

Odio es la palabra que convoca a los autores que escriben en el libro “El Odio y la clínica Psicoanalítica actual”. De distintas partes del mundo, psicoanalistas, filósofos y grandes pensadores contemporáneos del psicoanálisis aceptaron el desafío de contribuir y con ello matizar con sus propios colores   los diversos prismas del odio como concepto.  El odio, analizado como pulsión, sentimiento, emoción, logro, oportunidad, destrucción, muerte, coagulación, o como quiera que se le pueda considerar, es analizado por treinta autores quienes contribuyen a profundizar en su comprensión.

La sola palabra odio parece resonar en el cuerpo, impacta, se hace huella, no suena indiferente, tal vez porque nos remite a la complejidad y recovecos de la psiquis, vislumbrando algo del enigma de la existencia humana. Sin a lugar, el odio es un concepto clave hoy en día.

El estallido social de octubre de 2019 hizo evidente la necesidad de replantearnos en torno a los orígenes del odio, sus manifestaciones y su manejo. Las cifras de violencia fueron espeluznantes. Sólo para citar algunas: 31 muertes atribuidas a agentes del estado[1]y un número de civiles heridos en hospitales durante las protestas que alcanzan los 3.400, dentro de los cuales 359 corresponden a trauma ocular, varios de los cuales han perdido la vista[2].

Por otra parte, en los últimos meses, el mundo entero ha sido invadido por el COVID- 19 y con ello, comienzan a visualizarse violentas reacciones de odio. La pandemia en distintas partes del mundo ha generado la expulsión, discriminación y amenaza de los vecinos contra los trabajadores de la salud.  Más increíble aún, en Vallenar, según informó Emol se apedreó e intentó quemar la casa de una familia contagiada con COVID-19.  Es probable que en los próximos meses, cuando la gravedad de las condiciones de económicas y sociales se profundicen, la violencia recrudecerá. El odio nos toca la puerta y nos desafía a comprender sus orígenes para analizar cómo lo abordamos como individuos y como sociedad.

Sigmund Freud, al inaugurar la teoría psicoanalítica, analizó minuciosamente el concepto de lo destructivo en el hombre; enarboló nuevas concepciones y generó otras formas de relación y de comprensión de lo humano. Creó el concepto de inconsciente, represión, aparato psíquico, ello, superyó y concibió los sueños como articuladores de la mente, entre muchos otros conceptos. El mundo ha tomado estos conocimientos y los ha hecho suyos creando un nuevo lenguaje (Thomas Ogden, 2005) que genera profunda resonancia en la cultura occidental del siglo XX y XXI. En este proceso, Freud, tira el guante con el constructo teórico de Pulsión de Muerte[3] que aborda el innegable tema de lo destructivo en la especie humana. La pulsión de muerte, un concepto eminentemente especulativo y ligado sólo al psicoanálisis, “por ver hasta dónde llega” diría Freud (1920), tiene el objetivo, siempre imposible, de aprehender el complejo entramado de lo humano.

Considerando los difíciles momentos que viviremos como país luego del estallido social y de la pandemia ¿podrá el gobierno en sus políticas públicas no facilitar la escisión entre sanos y enfermos, pobres y ricos, débiles y fuertes, emigrantes y ciudadanos nativos, en tanto esta escisión genera y revitaliza el odio?

El libro El Odio y la Clínica Psicoanalítica Actual, entre otros apartados, se enfoca en el odio desde una perspectiva social. Sin temor a equivocarnos, podemos asegurar la irrevocable presencia de lo destructivo o violento a través de toda la historia de la humanidad. Las leyes y el orden social, tal como lo planteó Freud en “Tótem y Tabú” (1913) han surgido como un intento de delimitar las manifestaciones del odio y los procesos violentos sociales. Sin embargo, la brutalidad y las guerras parecen ser tan antiguas como la humanidad. Tal como lo plantea en el libro una de nuestras autoras Marie France Brunet, el odio surge como síntoma en el femicidio, el racismo, el machismo, el chovinismo, la xenofobia. El resurgimiento de regímenes fascistas y autoritarios en el mundo contemporáneo actualiza una estructuración política que se fundamenta y sustenta en el odio. Odio a lo distinto. Es claro que el otro en su diferencia nos asusta y a través de mecanismos inconscientes proyectamos en él, en el extranjero, los peligros que nos aquejan. Puede ocurrir, entonces la des-subjetivación y anulación del otro como una forma de destruirlo y sacarlo de su condición de sujeto. Ello implica una movilización inconsciente cuya fuerza se dirige a no dar espacio a la existencia del otro y de esta manera sentir que podemos controlar y alejarnos de lo que nos aterra.

Así, como defensa al miedo que genera el otro, surgen gobiernos cuya administración del odio, es una efectiva manera de conservar el poder y el control. El odio podría considerarse como respuesta al miedo a ser vulnerados en la propia identidad, a ser robados de nosotros mismos, miedo a no tener existencia, todo lo que se vuelca en el enemigo común.

El otro en su diferencia nos asusta y a través de mecanismos inconscientes proyectamos en él, en el extranjero, los peligros que nos aquejan.

Considerando los difíciles momentos que viviremos como país luego del estallido social y de la pandemia ¿Cómo el gobierno podría generar políticas creativas de integración, más que políticas basadas en la coacción, o en la exclusión? ¿Podrá el gobierno en sus políticas públicas no facilitar la escisión entre sanos y enfermos, pobres y ricos, débiles y fuertes, emigrantes y ciudadanos nativos, en tanto esta escisión genera y revitaliza el odio?

El odio en el decir de Jean Luc Nancy, uno de los autores que participan en el libro, supone significados cerrados. El odio está hecho de sentido coagulado. Pensar, razonar, elaborar, implica movimiento, cambio, ampliación de la perspectiva. El odio como coagulación no se mueve. Se solidifica e impide el pensamiento, el entendimiento y la comprensión, y con ello, es fácil que desemboque en violencia actuada.

Desde otra perspectiva, el odio también se aborda en este libro como un logro del desarrollo. Los autores que analizan el odio desde esta mirada lo entienden como parte inevitable del amor.  Este tipo de odio es aquel que aparece en la excitación, el que se moviliza en los músculos, en el triturar de la comida, en la decisión de ocupar un espacio en el mundo, odio que aparece en el acontecer constructivo/destructivo que permite la creación del mundo y que por ende, está íntimamente ligado a la vitalidad del vivir una vida creativa. Los autores en este apartado se refieren a aquel odio que se constituye como telón de fondo en la estructuración psíquica dándole profundidad y volumen a dicha estructura.

El odio dice Jean Luc Nancy, supone significados cerrados. Pensar, razonar, elaborar, implica movimiento, cambio, ampliación de la perspectiva. El odio como coagulación no se mueve. Se solidifica e impide el pensamiento, el entendimiento y la comprensión, y con ello, es fácil que desemboque en violencia actuada.

 

Desde esta perspectiva, el odio que ha tenido la oportunidad de ser elaborado facilita la diferencia con el otro. Es por ende un conflicto en el acaecer del ser en relación a otro ser, es decir el otro como un ser humano distinto perturba, moviliza con su sola existencia. Los autores dialogan en torno a la presencia del odio como la dialógica necesaria para la constitución de la separación con el otro.

La clínica psicoanalítica y el interjuego del odio en la transferencia y contratransferencia constituyen la quinta parte del libro. Es decir, aquí se aborda la temática de los sentimientos, emociones, recuerdos, sensaciones que se actualizan en el encuentro entre paciente y analista y cuyo análisis permite la comprensión del mundo interno y externo del paciente. A través de casos clínicos de trabajo con pacientes que actualizan lo violento, las autoras enfatizan la importancia de la contratransferencia como brújula en el trabajo analítico ¿Qué implica la actitud profesional? ¿Cuál es el límite frente al odio del paciente en su relación con el analista?

Consideraciones técnicas específicas en el tratamiento clínico del odio, tipos de intervención y conceptos teórico – prácticos, están representados en la VI parte del libro. ¿Cómo se genera un espacio analítico propicio para comprender y facilitar intervenciones terapéuticas iluminadoras del trabajo? ¿Cómo se genera un espacio que ayude al paciente a elaborar sus sentimientos y con ello propiciar su crecimiento emocional? Pareciera ser que como psicoanalistas y también a veces como individuos en la sociedad, tal como lo plantea en su texto Alejandra Rey, aprender a escuchar el silencio, desentrañar lo no dicho, lo oculto, lo sentido para quedarse en las señales del cuerpo, son herramientas esenciales en el entendimiento y así como en el trabajo del analista.

La relación del odio y el arte como expresión de lo sublime en lo humano y expresión de aquello que se palpa con el alma y los sentidos, está representado en la parte VIII del libro. La gran mayoría de las obras de arte requieren integrar en su concepción aspectos destructivos, oscuros, tal vez violentos. Si ello no está presente, es probable que ésta sea una producción ficticia y boba que no refleje la complejidad y lo ominoso como representación de lo extraño y sutil en lo humano.

Tal vez una adecuada manera de ligar los trabajos presentados en el libro “El Odio y la clínica Psicoanalítica actual”, es a través de la palabra intersticio (Rodrigo Rojas 2016, Thomas Ogden 2019, comunicación personal). El odio, como cualquier manifestación humana, cuando tenemos la oportunidad de elaborarlo, nos puede llevar a espacios infinitos de entendimiento, experiencia y crecimiento, lo que define un acontecer vitalmente impredecible. Por otra parte, podemos decir que el odio en su condición “tumoral”, es decir, como alteración patológica, constituye un límite a partir del cual no podemos seguir pensando, soñando o creando. Allí se instala una omnipotencia que niega la complejidad de lo verdadero.

NOTAS Y REFERENCIAS

Sigmund Freud (1920) Más allá del principio del placer. En Obras completas, Volumen 18, pp. 1 – 62. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Sigmund Freud (1913) “Totem y Tabú”. Obras completas. Volumen XIII, pp 1- 163. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Thomas Ogden (2005) “A new reading of the origins of object relations theory.  En This Art of Psychonalysis.  Editorial Routledge, New York.

 

[1] El Mostrador, 31 de enero, 2020.

[2] Según difusión en Twitter del Instituto Nacional de Derechos Humanos realizada el 6 de diciembre de 2019.

[3] Concepto límite entre lo anímico y somático que se contrapone al de Pulsión de Vida y que implica el empuje del organismo hacia un objeto y un fin que permitan la satisfacción.

Este artículo es parte del proyecto CIPER/Académico, una iniciativa de CIPER que busca ser un puente entre la academia y el debate público, cumpliendo con uno de los objetivos fundacionales que inspiran a nuestro medio.

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Fuente: https://ciperchile.cl/2020/05/18

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