Crítica de la cultura uruguaya: un ojo extranjero experto

ENSAYO

Jorge Helft, uno de los nombres clave en la promoción de la cultura mundial en las últimas décadas, nos envía estas observaciones, fruto de su gran conocimiento y larga experiencia comparada.

Por Jorge Helft, desde París

Para llegar adonde deseo llegar, mencionaré al comienzo que mi país de origen, Francia —con el cual he mantenido fuertes lazos familiares y culturales, a pesar de que su gobierno me haya castigado sacándome la nacionalidad y anulando mis documentos personales, simplemente porque a mis 6 años, con mi familia debimos huir para evitar ser sistemáticamente asesinados—, más allá de tener una de las administraciones más ricas del mundo, comete muchos errores, duplicaciones, enormes despilfarros, y tiene grandes contradicciones. Según mi opinión, dos de los principales motivos de esto son el hecho de la absurda dicotomía izquierda/derecha, y la verbosa discusión estéril con largos textos que significan poco, porque cuanto mayor es el empleo de conceptos turbios, cuyo significado es difícil comprender, menos entiende el lector hacia dónde va el autor.

Para ir a lo práctico, me referiré a mis propias experiencias. Conozco parte de la vida cultural uruguaya desde larga data. A partir de nuestra instalación en Montevideo he aumentado considerablemente mis contactos con sus administradores culturales. Me falta recorrer muchos kilómetros para tener un panorama más cabal de lo existente y de cómo se aprovecha para que sirva y se luzca de la mejor manera, y cuento con que durante mi próxima estadía (muy postergada debido a la epidemia de COVID–19) podré conocer y discutir con el nuevo Ministro de Cultura, el Director de la Biblioteca Nacional, y tantos otros.

El punto de partida, es decir la cultura misma, su historia, sus protagonistas, sus actores actuales en el Uruguay, son fantásticos. Los medios económicos disponibles para que se difunda y para que luzca en su justa medida, por su parte, son insuficientes. Sin embargo, gracias al empeño y a la inteligencia de unos pocos se logran muchas maravillas. Un pequeño ejemplo es Opera Jóven donde el talento, el entusiasmo y el trabajo permiten presentar óperas – una de las formas musicales mas complejas – mucho mejores y a una fracción del costo de lo que en los últimos años nos brinda el Teatro Solís.

En estos años he sido testimonio de gestiones culturales ejemplares. En primer lugar, trabajé muy intensamente con el Museo Nacional de Artes Visuales, su director Enrique Aguerre (conservado por la nueva administración) y todos sus colaboradores. Mi opinión es óptima, y ya conocía ampliamente los méritos históricos de esta institución dirigida durante 37 años por la misma persona, Ángel Kalemberg, uno de los historiadores de arte más prestigiosos de toda América Latina. Nada de izquierda/derecha. Sólo talento, conocimientos, mucho trabajo y resultados.

También tuve el enorme placer de conocer mejor la Escuela Nacional de Arte Lírico, a su directora Raquel Pierotti y a buena parte de sus colaboradores. Otra enorme satisfacción. Una directora del mas alto nivel internacional cuyo desempeño no ha tenido ni la repercusión ni el apoyo institucional que merece tener. No obstante, durante la época del Frente Amplio consiguió mudarse a una sede más adecuada a su magnífica gestión. Gracias a la ENAL, el Uruguay tiene hoy varios cantantes de excelente nivel. Si cabe una crítica, es que la dirección debe tener mas autoridad para ser más exigente y rigurosa con sus propios alumnos, porque para lograr que una institución gratuita rinda los frutos que el medio espera de ella, debe premiar pero también castigar. Es inaceptable que los alumnos falten a clase porque llueve, aunque somos conscientes de que la asistencia es algo difícil de exigir en una sociedad en la que los alumnos avanzados deben tener un empleo (cuando no dos) para sobrevivir, aparte de las horas de dedican a su estudio. Sin embargo, lo cierto es que las exigencias formales son parte de la llave del éxito. Ignoro cuál será la política del nuevo gobierno con relación a la ENAL, pero aseguro que su potencial es enorme, su estructura como institución es sólida y que es una flor que merece ser regada y cuidada. Pocos países pueden decir lo mismo.

Seré mucho mas crítico con relación al SODRE. Cuando llegamos en 2016, la orquesta y el ballet contaban con directores del más alto nivel internacional. Era un lujo para el Uruguay poder contar con ellos. Es de conocimiento público el descalabro que ocurrió con la dirección estelar del ballet por parte de Julio Bocca. Después de dos clarísimos planteos por encontrarse con inaceptables condiciones de trabajo, Bocca se fue. Creo que a su alejamiento —muy lamentado por cierto por gran parte del público— no se le dio la importancia que tuvo. El hecho fue culpa de los responsables nombrados por el Frente Amplio y significó un enorme paso hacia atrás que fue mundialmente comentado. Teniendo el privilegio de contar con el talento y los conocimientos de una figura como Julio, es poco menos que criminal dejarlo ir.

Estoy convencido de que los responables de tal hecho no tomaron en cuenta el daño que le hacían a su país. Considerar que Julio cometía un error al ser exigente es también una incogruencia absurda total. No se logra transformar una compañía de ballet como la que existía sin exigencias, sin rigidez, sin disciplina. Más allá de eso, consiguieron un reemplazante de lujo. Contra viento y marea, Igor Yebra pudo sostener las maravillas que Julio había logrado y triunfar con nuevas obras. ¿Qué explicación puede tener haberlo perdido? Este último hecho es responsabilidad del gobierno actual. ¿Tiene alguna explicación? ¿Proponen alguna solución coherente? Por ahora parece otro error gigantesco.

Y si miramos del lado de la orquesta, parecería que encontramos un error similar. ¿Cuál puede ser el motivo, la excusa, para haber dejado alejarse a Diego Nasser? Pienso que los responsables no evalúan lo logros obtenidos durante su gestión. 

He oído que “tenía problemas con algunos músicos de la orquesta”. ¿Qué director de orquesta no los tiene? Aquí también se trata de exigencias, de rigor, de disciplina. Hemos observado que Diego cubrió ciertos puestos con músicos extranjeros. Un aporte necesario. Sabemos que algunos músicos lo consideraban demasiado autoritario. Debería ser una alabanza: los que decidieron no renovar su contrato, sean de izquierda o de derecha, ¿escucharon su Mahler? ¿Hubo en la historia reciente de la orquesta algún director que obtuviera mejores resultados? ¿No fue suficiente que la orquesta del SODRE pareciera por primera vez en mucho tiempo una orquesta sinfónica en serio? A mí me enseñaron que “los pingos se ven en la cancha”. 

Por otra parte el bochorno que malogró la presentación de “Tristán e Isolda”, un desafío ideado por Nasser, es totalmente inaceptable. No me importa si los (ir)responsables son del Frente o de la conducción actual. Pero tales manoseos son nefastos. Pienso que los culpables ni se dan cuenta del daño que le ocasionan al país.

Al igual que en el MNAV, en la ENAL, en el ballet, en la orquesta, lo que más cuenta son los resultados.

¿Sabrá el gobierno actual mejorar notablemente la gestión del Teatro Solís? Aquí tiene terreno para lograr resultados mucho más concretos que los obtenidos durante la gestión del Frente Amplio. Para empezar, se nota que hay demasiados empleados que no hacen nada. Ese mismo defecto existe en el SODRE, pero es aún más notorio en el Solís. No puedo opinar sobre teatro, porque vi poco, pero la parte musical y operística ha sido un desastre. 

Sabemos que Uruguay no está en condiciones de competir con los grandes teatro del mundo y nunca vamos a pretender que intente hacerlo, pero es su obligación utilizar el dinero público en la mejor forma posible. 

Las dos últimas óperas que presenciamos (Rigoletto y Werther) fueron de un nivel inaceptable. Es bueno saber que la falta de recursos no puede jamás justificar estos fracasos, que se deben a incompetencia. De qué tipo, no lo sabemos. Intereses creados, falta de capacidad organizativa, pésima elección de los intérpretes. Me permito emitir estos comentarios adversos después de haber presenciado más de 1.240 funciones de ópera desde 1949, de tener suficientes conocimientos de música, de voces, de puestas en escena y de los numerosos problemas inherentes a la ópera como para emitirlos. Pero eso no es lo peor: en estos pocos años como lo he dicho, he visto ópera en Montevideo de mucho mejor nivel, con menos recursos pero con profesionalidad. Con creatividad. Con arte.

Hago votos para que los administradores culturales actuales (y me da absolutamente lo mismo en este sentido que sean de derecha o de izquierda) tengan éxito. Que sepan elegir sus colaboradores por sus antecedentes profesionales y no por sus preferencias políticas, fijar sus objetivos y encaminar sus instituciones para lograrlos. Y, sobre todo, que se pueda ir más allá de la dicotomía izquierda/derecha, para poder apreciar los logros y criticar los defectos.

Todo lo que digo viene motivado por un sincero, y creo que demostrado, deseo de colaborar. Al llegar a Montevideo, en 2016, ya tenía fuertes lazos y gran admiración por el mundo cultural uruguayo. Basado en mi optimismo, pensé que encontraría un terreno fértil para llevar a cabo proyectos y propuestas en artes visuales y en música (también tengo gran interés por la literatura, pero he tenido menos participación activa en ese sector que en los otros dos). Mi único objetivo es aportar ideas y experiencia. Todas mis propuestas son sin fines de lucro. Todo mi trabajo – como en el caso de la exposición Picasso – es gratuito. Es un lujo que me puedo dar a los 86 años.

Fuente: https://extramurosrevista.org/una-mirada-experta-sobre-la-administracion-publica-de-la-cultura-en-el-uruguay-contemporaneo/

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