Uruguay – Basta de Impunidad policial.

A un año de que apareciera ahorcado en la Seccional 18va de la Costa: Basta de Impunidad.

El 21 de julio del 2019 a las 6 de la tarde, Pablo Pereyra, su esposa, embarazada, y su hija de 5 años, salen de un cumpleaños en Solymar. Camino a su casa, Pablo tiene una discusión con los policías de un patrullero, quienes deciden reducirlo, tirarlo al piso…

…y llevarlo detenido, con los llantos de su hija de fondo. “En un par de horas queda libre”, le dijeron a la pareja. A las 21 horas Johana, la hermana de Pablo, llama a la seccional, donde le explican que “tuvo un ataque” y fue trasladado al Hospitalito de la Costa.

Media hora más tarde, la segunda llamada fue respondida por el propio Comisario Aguilar, quien afirmó “Su hermano falleció, se ahorcó”. A partir de ahí, las declaraciones se empiezan a cruzar y las pruebas a encubrir.

La versión policial indica que Pablo se habría suicidado, con su remera, colgado de la reja de la celda. Los familiares fueron impedidos de ver la prenda, la celda, y cuando fueron a ver el cuerpo se encontraron con que en la morgue lo habían encintado hasta el rostro.

Horas más tarde, el comisario Aguilar fue trasladado. ¿Por qué? De inmediato se acudió a la Institución Nacional de Derechos Humanos, quien trasladó el caso a Asuntos Internos del mismo Ministerio del Interior.

Según supieron los familiares, las versiones de la comisaría, del PADO y del Hospitalito, al ser interrogados, están llenas de oscuridades. El abogado de los allegados decidió no continuar, viendo pocas probabilidades de éxito, y la fiscalía cerró el caso.

La familia viene denunciando, desde hace un año, por Verdad y Justicia. Está muy claro, comentan, que todos mienten.

La comisaría 18 es largamente conocida por episodios de maltrato y mal vínculo con la comunidad de los barrios de la Costa. Desde Reactiva hemos dado cuenta de sucesivos abusos a vecinos y liceales de la zona. En octubre del año pasado, decenas de amigos y familiares de Pablo…

…se movilizaron frente a la seccional. Todos aseguran que era un hombre feliz, que esperaba el nacimiento de su segunda hija, sin antecedentes penales, sin cuadros depresivos, sin motivos para decidir quitarse la vida. Los elementos son evidentes. A Pablo lo mató la policía.

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