Uruguay- Angie Oña: “El arte tiene un componente transformador imprescindible”

Fotos: Oriana Larrea Díaz.

ENTREVISTAS EN TIEMPOS DE LA COVID-19Angie Oña: “El arte tiene un componente transformador imprescindible”

Actriz, dramaturga, directora, clown hospitalario. Es directora y docente en la Escuela de Emociones Escénicas y Terapeuta en Descodificación Biológica, y contó a LA REPÚBLICA como la pasa hoy con la pandemia y sin teatros.

Escrito por María Rosa Carbajal

Egresada de la EMAD en 2004, agregó a su formación gran cantidad de talleres y seminarios de dirección, dramaturgia, técnicas actorales y expresión corporal bajo prestigiosos docentes de Uruguay y del exterior.

Por la obra siempre recordada “El auto feo”, autora, directora y actriz, obtuvo el Premio Florencio en la Categoría Revelación. Ha sido a partir de ese momento en varias ocasiones nominada y ganadora de este Galardón tanto en teatro para adultos como en teatro para niños y ha obtenido varias distinciones más.

Por su última labor actoral, en el año 2018 ganó el Premio Florencio en la categoría Unipersonal por la obra “Ser Humana” de su autoría, bajo la dirección de Freddy González.

Una actriz que sabe transportarnos por diferentes estados de ánimo con gran sutileza y fuerza a la vez. Dueña de una pisada escénica no siempre vista, un orgullo para nosotros contar hoy con sus palabras.

El 13 de marzo se paralizaron los espectáculos públicos, entre ellos el teatro, ¿cómo viviste esa noticia?

La paralización de los espectáculos públicos me pegó, en primer lugar, como espectadora. Freddy (mi compañero) estrenaba ese día. Por otra parte, con Ana Clara (mi hija) teníamos entradas para el Montevideo Rock al día siguiente. Esperábamos el evento con mucha ilusión. Había conseguido las entradas por trueque, luego de que estuvieran agotadas, y eso le daba un plus de alegría a la cosa. Fue un bajón. Particularmente no estaba trabajando en cartel (re-estrenaba recién en abril), pero pensar en colegas que tuvieron que suspender o que estaban a punto de estrenar (sobre todo) me rompía el corazón.
Cuando los días fueron pasando, y cuando los días siguen pasando, me resultó, y me resulta, todo cada vez más insólito.

¿Qué tenías previsto para esta temporada y como se recompone este tiempo sin actuar?

Bueno, se me suspendieron dos re-estrenos, dos estrenos, y un importante viaje a Bs.As., al Celcit (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral) donde iba a dar un taller de Sensibilidad Escénica y Estrategia Actoral, junto a funciones de SER HUMANA. Acá en Montevideo, en abril reestrenaba SER HUMANA y en mayo DOS DÍAS EN ROMA. En junio estrenaba PROYECTO PLOMO (una obra de teatro con estudiantes de la Escuela de Emociones Escénicas) y luego ONÍRIKA (una pieza teatral basada en la vida y obra de Emma Goldman que, en pleno proceso de escritura e investigación, en el contexto de la pandemia, entró en shock y está mutando indescriptiblemente).
La verdad es que este tiempo sin actuar, considerando en concreto las funciones que se perdieron, no se recompone. Lo bueno (o no tan bueno, pero cierto) es que todo esto le abrió aún más las puertas a una crisis personal, de oficio, y de sentido, que me interpela por todos lados y me invita a tomar decisiones importantes, a pesar de la incertidumbre.

Tú eres actriz, dramaturga, directora y docente, ¿cómo manejaste el tema de la docencia con la escuela de arte cerrada? ¿si usaste plataformas, los alumnos/as son igual de receptivos que en modo presencial?

En la escuela seguimos dando clases a través de zoom. En cuanto a la experiencia personal como docente te puedo contar que el grupo de Expresión Creativa (aunque sobrevivió con mucho amor) perdió prácticamente el sentido y tuvo un montón de bajas. Es natural que sucediera eso, pues el taller tiene un propósito vincular de presencia física fundamental. Ahora por suerte retomamos presencialidad y con ella el pleno disfrute del sentido del trabajo.
Con el taller de Estrategia Actoral fue distinto. Y aunque el teatro dejó de existir, pantalla mediante, pudimos aprovechar muchísimo la herramienta zoom para trabajar la sutileza del gesto, el monólogo interior y muchas otras cosas desde un primer plano cinematográfico. Otra cosa interesante sucedió al retomar los ensayos de PROYECTO PLOMO presenciales y con tapabocas (como si de entrenamiento con máscara neutra se tratase). ¡Se potenciaron los cuerpos y desenvolvieron muchos más recursos poéticos que en cualquier ensayo previo! Fue bello.

En la marcha del 27 de junio integraste un grupo con el cual recitaron el poema de Lorca “La cogida y la muerte “, es un grupo o un colectivo con raíces anarquistas. Cuéntanos un poco cómo surge.

El grupo surge a raíz de una necesidad personal de generar un colectivo de teatro anarquista, pero las personas que participaron en la marcha del 27 de junio no son todas anarquistas. Sí libertarias. Personalmente, hace algún tiempo, cuando decidí tomarme una pausa actoral que duró casi tres años (previo al estreno de SER HUMANA) pude replantearme unas cuantas cosas con respecto a mi pisada teatral. Las decisiones que tomé, y tomo, a partir de ahí, me perfilan cada vez más hacia el teatro comunitario, callejero, y la acción directa.
Actualmente el grupo está trabajando en su próxima acción.

¿Consideras que el arte puede cambiar el mundo o eso es utópico?

Primero que nada, considero que es necesario recuperar la utopía. No descalificaría nada por “utópico “. Pienso que urge que nos apropiemos de aquellas utopías que nos podrán activar e implicar amorosamente en nuestra construcción de realidad. En esta época donde cada vez menos se cuestiona al poder y cada vez más la gente delega el suyo propio en manos de sus “representantes “(estableciendo incluso lógicas de guerra hacia aquellas personas que sean parte de la “oposición “): urge la utopía, porque la realidad enfermó hace rato.
Yo no tengo dudas de que el arte puede cambiar el mundo. El arte tiene un componente transformador imprescindible. Nos interpela, cuestiona la realidad, propicia autoconciencia, interviene en nuestros procesos de subjetivación, nos vuelve menos dominables, más autosuficientes, aniquila prejuicios, expone problemas, expande la sensibilidad y le da, también, sentido a nuestra vida. El teatro en particular involucra a nuestros cuerpos en el colectivo, nos conecta, obligándonos a respirar la complejidad de las cosas, alejándonos de la vulgaridad binaria, ampliando nuestra mirada. El arte se desenvuelve cual proceso generador de otra realidad posible. Pero evidentemente no basta con todo esto para cambiar el mundo si se trabaja para una elite y/o bajo la lógica mercantil. Me pregunto si no será necesario que el arte tenga que poder romper los lazos con el capitalismo y con las esferas político-partidarias para hacerse cargo de sus verdaderas potencialidades. Es posible que la respuesta sea sí. Que el arte tenga que devenir activa militancia y empatizar mucho más con la gente, con una sociedad que lo necesita y que está en llagas. Si es que, de verdad, desde algún lugar, puede contribuir para sanar al mundo, supongo que va por acá. De otro modo se volvería un discurso romántico, nomás. Sinceramente no creo que promueva grandes cambios el arte que siga haciendo las paces con el capitalismo.

¿Por qué la apertura de los teatros queda para el final? ¿Será por aquello que al teatro no se lo calla porque es vida pura?

Una iglesia puede tener un aforo de 200 personas, en el ómnibus vamos como sardinas. Y todo es tan ridículo que no es disparatado pensar que hay un desprecio importante por parte de las autoridades en lo que concierne al arte teatral y al arte en general.
Los mecanismos de control pretenden generar cada vez menos encuentros humanos en contextos de libertad y hacer desaparecer la idea de apoyo mutuo. La pandemia les vino como anillo al dedo a sus propósitos.
“Al teatro no se lo calla porque es vida pura”, es verdad, y no se lo callará, aunque no se abran las salas. El teatro se filtrará en la vida como la vegetación se filtra en el pavimento. Y es hora de levantar nuevos escenarios (o viejos escenarios olvidados), porque el teatro tiene que ser capaz de inspirar a las personas, de contagiarnos ganas de cambiar el mundo y darnos la fuerza necesaria para desprendernos de tanta inercia. Y quizás el futuro del arte, como el de la vida, dependa mucho más de la acción directa (y del apoyo mutuo) que del capital. Ojalá le prestemos atención a eso.

Fuente: https://www.republica.com.uy

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