Cultura – El asombro y la poesía

El asombro es condición para la poesía, afirma Eduardo Milán

El asombro ante la vida es una condición para experimentar la inclinación hacia el lenguaje poético, porque “si uno pierde la posibilidad de asombrarse ya no le queda nada” dice el poeta Eduardo Milán, nacido en Uruguay y residente en México. Publica una obra titulada “Salido”, a lo que atribuye significados múltiples, uno de ellos vinculado con la marcha al exilio en medio de la dictadura cívico-militar.

   “La poesía se muestra como asombro, primero”, y luego, “con la práctica, uno asume el asombro”, agregó el poeta nacido en Rivera, en 1952, quien advierte que “asombrarse no significa no pensar” pues “el asombro potencia el pensamiento”.

   Sobre el pasmo al ver un chajá -un ave que habita en Centro y Suramérica- del que habla en uno de sus poemas, expresó: “Un chajá es un ave que tiene un canto de una potencia trágica que parece la Antígona de las aves. Avisa del peligro con una potencia insólita para un ave pequeña”.

   Eduardo Milán salió al exilio en 1979, en medio de la persecución política desatada en el país por la dictadura cívico-militar, que tenía a su padre como prisionero.

   Con una extensa obra poética publicada principalmente en México, y también en España y en su país de nacimiento, Milán es asimismo ensayista y crítico literario. La colección Tierra Firme del Fondo de Cultura Económica publicó en 1999 en México una compilación titulada “Manto (poesía completa 1975-1997)”.

   Acerca de “Salido”, obra publicada por Mantarraya, Zócalo le preguntó si “salir” es una declaración de principios. Milán se abocó entonces a una explicación muy compleja.

   Salir, “dicho así como infinitivo, puede significar muchas cosas. Entre otras, en efecto, “estar salido” como una manera de estar ´’loco’, como un ‘estar fuera de la realidad’. Van Gogh estaría salido, al menos en la película de Julian Schnabel que vi; estar fuera de la jugada”.

   Prosiguió: “Yo aprendí con Maurice Blanchot (escritor francés, 1907-2003, NDR) que el afuera es el lugar del poeta. Pero ese estar fuera no es estar fuera de ninguna jugada, porque no hay ninguna jugada. Un afuera soberano, dueño de sí mismo… se es el lugar del afuera para Blanchot. No una metafísica, no una negación de la realidad común, lo que no quiere decir ‘verdadera’”.

   Sobre salir y “Salido”, Milán trazó también una vinculación con la dictadura uruguaya y el exilio: “En mi caso también existe una cuestión real. Yo salí obligado de Uruguay, no perseguido. Obligado, que no es lo mismo. No hay futuro bajo dictadura. Pero no hay absolutamente ninguna posibilidad de nada bajo dictadura y con un padre preso político. No hay futuro humano-derecho-habiente bajo ningún autoritarismo, aunque la realidad que estamos viviendo indique lo contrario”.

   Luego habló del “afuera, en el sentido en que vengo hablando, es condición de la poesía. Insisto en esto porque parece que uno está mitificando el tema. Uno está devolviendo dimensión real a lo simbólico, no está mitificando nada en ningún sentido de la palabra mito, ni en el peyorativo que se usa (‘es una mitificación’) ni en el histórico-real del discurso”.

   El reportaje completo, durante el cual Milán prosigue con definiciones abstractas, como cuando dice que “la poesía es el no-lugar del no-lugar de la literatura”, está disponible en este enlace:

https://www.zocalo.com.mx/new_site/articulo/sale-a-caminar-eduardo-milan-por-el-no-lugar-de-su-poesia


Idea Vilariño «es Montevideo y sus habitantes», dice Alfredo Fressia

La poeta Idea Vilariño “es Montevideo y sus habitantes”, dice el también poeta Alfredo Fressia, quien explica que hace más de medio siglo que tiene esa sensación y convicción, es decir desde el momento que conoció sus obras. Tanto tiempo después, y justo cuando en la capital uruguaya es recordada la poeta, Fressia sigue interrogándose “por qué sería ella esa especie de referencia identitaria de una ciudad que tiene fama de gris”.

   A la poeta se la identifica con la Generación del 45, que sin embargo “la reconocía más bien verde”, aunque Idea Vilariño “prefería los colores oscuros, es cierto”, y a la vez “hablaba de pasiones ardientes en las que se le iba la vida”.

   Vilariño nació en Montevideo el 18 de agosto de 1920, y es por el centenario que se anunciaron actividades de recordación de su vida y su obra. Alfredo Fressia, poeta, ensayista y traductor nacido también en la capital, en 1948, escribió una extensa semblanza, no asentada en la clásica enumeración de datos biográficos y literarios, sino jalonada por sus vivencias personales.

   Fressia fue en los 70 un activista de los derechos de los homosexuales y la dictadura que asaltó el poder en el país le quitó su trabajo como docente. Marchó al exilio a San Pablo, Brasil.

   En una nota en La Diaria, el poeta recuerda que “una vez, allá por los primeros años 70, su novio Jorge Liberati me llevó al monoambiente del palacio Salvo donde Idea había vivido, creo que hasta hacía muy poco; fuimos probablemente en busca de algún material que Liberati había olvidado. Me sentí violando una intimidad, traté de quedarme discretamente en la mínima antesala que precedía al departamento”.

   Relató que “el mito que corría entre los poetas jóvenes de entonces, según el cual Idea pintaba sus paredes de negro, estaba bastante próximo a la verdad, y como para marcar más la sensibilidad del visitante, la única ventana daba para la calle Andes, por la que no entraba, según observé, un único rayo de sol. Pero no pasaba de eso: un departamento oscuro, como hay muchos. Eso sí, el mito Idea ya había tomado cuerpo entre sus lectores montevideanos. Y como se sabe, los mitos viven para siempre y dicen verdades que no siempre comprendemos”.

   También evocó actividades docentes compartidas con la poeta. “Yo no conocía o no recordaba entonces su historia de amor con Onetti. A mis ojos, y exceptuada su severidad, nada la distinguía de la imagen media de una profesora de la enseñanza secundaria. Era una mujer más bien pequeña, bonita en su cincuentena, y además me resultaba simpática, muy locuaz en aquellas charlas. Por ejemplo, me contaba entonces sus problemas con las transcripciones de letras de tango”.

   En fin, resume: “Volvía a la casa de mis padres, donde vivía entonces, sin respuestas a la pregunta que sigo haciéndome 50 años después, a saber, de dónde sacaba yo esta certidumbre de que Idea era la ‘imagen trascendida’ de los montevideanos. Su erudito discurso tanguero no era por cierto suficiente para explicármelo”.

   Tiempo después, prosigue Fressia, compartió con ella una lectura que organizó la poeta Teresa Amy, y a la que asistieron entre otros Marosa di Giorgio, Orfila Bardesio y Roberto Echavarren.

   Escribe: “Idea llegó con su hermana Poema, y tensa tal vez a causa de la lectura, leyó su ‘Ya no será ya no…’ y un poema sobre el Che, es decir que fue esa noche más Idea que nunca. Había mucha gente, nuestro reencuentro quedó sólo en los saludos y el abrazo, y las dos hermanas se retiraron sin participar en las charlas que, con varias cervezas, siguieron a aquella especie de fiesta poética. No hubo nada que promoviera aunque fuera una anécdota, nada que respondiera a la pregunta que siempre me instigó”.

   Yendo al nudo de esa pregunta, que sigue haciéndose, el poeta sostiene que “tal vez colabore en el ‘mito Idea’, tan montevideano a mis ojos, la simplificación que las periodizaciones críticas hacen con las así llamadas ‘tres poetisas del 45’. Es una reducción, como corresponde a la intención pedagógica de esos relatos historiográficos, porque sin duda hubo otras poetas mujeres en el 45, pero cumple con la función de concentrar nuestra mirada sobre esas tres espléndidas creadoras”.

   “Efectivamente -continúa- la tríada incluye a Ida Vitale y Amanda Berenguer. Ida nos remite siempre a una imagen personal cosmopolita y crítica, también coherente con su obra, y a la absoluta perfección, casi excesiva a veces, en la construcción del poema. Pienso que Ida es estupenda y conmovedora cuando el texto abre alguna mínima herida en la pensada estructura poemática. Por su lado, Amanda es tal vez la poeta más seductora en su oficio, la que experimentó los límites del lenguaje, la que leía con su voz aguda, casi infantil, aquellos poemas que nos llevan a entrever la real unidad de su obra, paradójicamente tan variada, y tal vez la platónica unidad del mismo Universo”.

   Fressia insiste en La Diaria en que “nuestro mito urbano se concentró en Idea, lo sigo creyendo. Es el curioso destino de las obras poéticas, hechas en parte de mito, y un mito sobre el cual el poder autoral es casi nulo. El de Idea resultó para mí el más montevideano, una narrativa en que la mujer sufre y lo dice con la forma exacta”.

   Tal vez, considera, “la mesura formal, justamente, sea la pista que mejor explique su identificación con el espíritu montevideano, capaz de decir la pasión y la angustia en versos que se escanden en medidas clásicas. Es sólo una hipótesis para entender su mito, y no ignoro que la respuesta ha de estar en mi propia ‘imagen trascendida’ de Montevideo”.

   La nota completa, disponible en este enlace:

https://ladiaria.com.uy/cultura/articulo/2020/8/una-idea-de-montevideo/

A %d blogueros les gusta esto: