Uruguay: Panorama pasado el puente

Fernando Moyano

“… y ahora comprueban con tristeza que la burguesía ya no los necesita”.  Rosa Luxemburgo

En Uruguay hay elecciones cada cinco años, un proceso continuado que dura 10 meses y este caso se ha alargado a 14 por la pandemia. En julio hay elecciones internas de los partidos. En octubre las parlamentarias junto con la primera vuelta de las presidenciales, y la segunda en noviembre. El parlamento asume en febrero y el nuevo presidente en marzo. En mayo, las elecciones departamentales y municipales. Esta vez se postergaron, fueron el 27 de setiembre. En todas salvo en las internas el voto es obligatorio.

Luego de quince años, tres períodos consecutivos de gobiernos del Frente Amplio y primera vez en la historia de un gobierno de izquierda, el FA pierde las elecciones el año pasado. Sacó 40% en octubre siendo el partido más votado pero los partidos de derecha reunieron en conjunto una cómoda mayoría parlamentaria y se unieron en una “coalición multicolor” para llevar a la presidencia al candidato del P.Nacional “blanco” Luis Lacalle, que obtuvo un 49% en noviembre. Daniel Martínez,l FA, llegó al 48. Hubo un aporte extra-FA de uno cada cinco votos y la mayoría final multicolor fue muy ajustada.

Cabildo Abierto es un partido nuevo, integrante de esa coalición, con gran peso de militares y liderado por un ex comandante en jefe del ejército en el último período del FA, Manini. Ocupó el tercer lugar en la coalición, muy cerca del segundo, el Partido Colorado, uno de los históricos fundadores. CA es fascismo emergente.

Hay una izquierda fuera del FA, pequeña, dispersa y fluctuante. Su principal expresión electoral y parlamentaria fue hasta ahora Unidad Popular, tenía un diputado y lo perdió en noviembre. Y hay varios pequeños grupos por el voto en blanco o anulado. De octubre a noviembre ese voto se redujo a la mitad, volcándose gran parte al candidato del FA.

El nuevo gobierno confirmó rápidamente las previsiones negativas con una avanzada sobre la clase trabajadora. Aprobó una Ley de Urgente Consideración (abusando de un dispositivo previsto para situaciones excepcionales) para implantar un avance represivo y punitivista, expansión militar, medidas antisindicales, privatizaciones, y todo un programa regresivo. Algunos puntos del proyecto original fueron abandonados o moderados para avanzar con menos resistencia. La bancada parlamentaria del FA cree haber obtenido esas rebajas como un logro en la negociación, en realidad es el regateo acostumbrado. La pandemia (que podría justificar una ley urgente) ni figuró en ese proyecto, el gobierno tomó medidas improvisadas e inconsultas sin siquiera medir si están o no dentro de sus facultades constitucionales. Y el salto de calidad en la política represiva se hizo en los hechos y en paralelo, sustentado en la LUC o no. Desbordes policiales cotidianos, y también acciones violentas de particulares, amenazas, persecuciones. Y una ofensiva cultural reaccionaria para recuperar el terreno avanzado por la cultura progresista propia de la época. La pandemia aceleró y e parte encubrió el aumento del desempleo y la precarización. Es solamente por las ventajas comparativas estructurales de Uruguay (menor grado de desigualdad social, mayor estabilidad institucional, sistema de salud pública algo más robusto) que la pandemia acá ha golpeado menos. El gobierno se negó de plano a gravar el capital.

Más o menos es ese el panorama con el que llegamos a las elecciones departamentales y municipales de setiembre. Pongamos primero sobre la mesa las principales preguntas sobre las que ese evento podría darnos alguna luz.

¿Por qué ocurre ese retroceso del FA y su desplazamiento del gobierno? ¿Cuál es la correlación de clases y los principales escenarios de la lucha? ¿Qué significado y alcance tiene la ofensiva burguesa? ¿Hay peligro de fascismo? ¿Por qué ha fracasado también la izquierda extra frenteamplista? Si se podía tener antes de pasar el último puente electoral una idea general de la situación, podemos ver si este evento confirma o no nuestras hipótesis, y hasta qué punto. Y mirar para el futuro.

Los límites de la estrategia “progresista” de la cúpula del FA en el gobierno en estos 15 años han sido los conocidos de cualquier socialdemocracia reformista (mínimamente, en este caso) dentro de los marcos del capitalismo. Todo proyecto socialdemócrata que busque aprovechar una circunstancia de mayor holgura en el dominio de clase de la burguesía dependerá de esos límites coyunturales. Más en Uruguay, periferia de periferia, capitalismo de débil desarrollo sin industria de base, dependiente de las exportaciones primarias, y mercado interno pequeño.

La coyuntura que permitió un gobierno del FA en 15 años estuvo apoyada en esos ejes estructurales. La crisis provocada por la política neoliberal de los 90 trajo un gran desgaste de los partidos políticos burgueses tradicionales, en especial el P.Colorado que estaba a cargo en ese momento. Esto contribuyó a abrir el paso a un gobierno del FA. Pero para ello esta fuerza política se adaptó a su rol de gestión del capitalismo, completando lo que venía gestándose desde años atrás: regresión programática abandonando siquiera decorativamente cualquier perspectiva anticapitalista, eliminación o coptación de las expresiones internas de una izquierda radical o semi radical, rebajar el papel de los Comités de Base como núcleos de militantes, inserción social y forma de democracia interna, y centralización burocrática y vertical del FA como fuerza política. Un aspecto muy vergonzoso de las «horcas caudinas» que aceptó pasar la cúpula frentista para llegar al gobierno es el pacto con los militares garantizando la impunidad de los crímenes de la dictadura, salvo unos poquitos casos testimoniales con castigos acotados. Y ahora esas claudicaciones son usadas por el nuevo gobierno para desviar la atención sobre su propio avance militarista.

Esta política de colaboración de clases fue en su momento, tolerada por la burguesía y aceptada por los trabajadores que también venían afectados por la crisis. Tuvo además su explicitación ideológica en el «progresismo» como planteo del capitalismo mejorado.

El FA tiene como base social dos apoyos principales. Su electorado mayoritario son los trabajadores, sectores sociales activos y pobrerío del país. Pero su aparato político y elenco se nutre de los sectores medios, profesionales, burocracia estatal. En un país de débil desarrollo capitalista estos sectores necesitan más aun el paraguas del Estado, y el estilo político que resulta podría llamarse «sociolismo». Funciona en tanto, además de la tolerancia de los de arriba, tengan los de abajo y los del medio un punto de encuentro entre programas diferentes, los de abajo que quieren un cambio estructural y todavía no pueden, los del medio que quieren una mejora parcial y todavía pueden (o podían).

La política «progresista» del gobierno del FA trajo una mejora parcial de corto y mediano plazo a cambio de un mayor debillitamiento estructural a largo plazo. Aumentó la dependencia, deuda pública, primarización de la economía, extractivismo, extranjerización de la tierra y la industria, producción agrícola contaminante y forestación predatoria. El aumento de las exportaciones al mercado chino y otros permitió una mejora por derrame hacia algunos sectores populares. A su vez el control de los sindicatos por una burocracia políticamente afín permitió un mejor control de la negociación salarial y otras mejoras de condiciones de trabajo, pero también hubo conflictos agudos y se recurrió a la represión. También grandes avances en la agenda de derechos de la mujer y las minorías. La atención a los sectores carenciandos tuvo una expansión asistencialista que luego, al agotarse, abrió el espacio al populismo de derecha.

El fin de la bonanza en las exportaciones primarias precipitó las cosas y tiró abajo el pacto social más o menos implícito y más o menos explícito, un «equilibrio de Nash» entre las dos clases sociales polares. Los partidos burgueses tradicionales se repusieron algo, reordenaron sus acuerdos con las cámaras patronales, con los militares, con los medios de prensa privados, y se preparó la ofensiva para desplazar el gobierno del FA, que a su vez fue incapaz de cualquier renovación. Su política viene dictada por la lógica de las conquistas parciales: conservar lo que se pueda y no arriesga una confrontación.

Vamos ahora a los resultados de las departamentales y municipales del pasado 27 de setiembre. El FA tuvo un 43% en todo el país conservando con facilidad Montevideo y su vecino Canelones, y en Salto, pero perdió tres departamentos, incluyendo algunos enclaves históricos de la izquierda. Los multicolores sumaron un 53 con un predominio neto del PN. CA cayó abruptamente cuando se presentó como tal, pero en algunos lugares votó dentro del PN en alianza con algún sector. La UP desapareció casi con un 0.3% sin ser sustituida por ninguna otra expresión de izquierda. Y algo así sumaron entre todos los demás chiquitos. La pugna interna del FA en Montevideo fue bastante triste, una disputa cupular sin bases ni programas ni ideas. Y estas son las conclusiones que nos parecen resultantes.

  1. La regresión política multicolor se consolida, se agudiza el golpe contra los sectores populares y la represión. Por ahora el fascismo explícito avanza lentamente, no es la opción principal pero tampoco se deshecha, está en la vidriera por un posible futuro.
  2. El FA confirma su lento declive, se acentúa la lucha fraccional por el control de los sectores del aparato del Estado que se han conservado, las bases están de adorno, no hay autocrítica. La política predominante es la de «oposición leal» conciliadora. PERO YA NI PARA ESO LOS NECESITA LA BURGUESÍA.
  3. La izquierda extra frentista, al menos en sus formas políticas hasta el presente, está desapareciendo. La declinación del FA en un escenario de recrudecimiento de la lucha de clases debería ser su oportunidad. Pero la realidad es: cuanto mejores condiciones tenés peor te va.

Salta a la vista el vacío de representación política de los sectores populares. Sin embargo, la actividad social se ha venido recuperando luego del bajón de la pandemia. Se ha vuelto a las calles, y resulta evidente el neto predominio allí de los más jóvenes.

Para enfrentar a la LUC está planteada la idea de convocar a un referéndum revocatorio, lo que implica una campaña de recolección de firmas y una movilización y trabajo político sostenido durante un año al menos. En un primer momento el FA intentó esquivar ese camino, o proponer solamente una revocación parcial, de algunos artículos. Esto es lo que le dicta su política conciliadora intentando evitar una confrontación mayor. En la dirección del PIT-CNT, convención sindical que agrupa a prácticamente la totalidad de los sindicatos de trabajadores, predomina el oficialismo frentista más craso, de modo que se insinuó allí una actitud parecida. Pero paso a paso ha cobrado cuerpo en sindicatos importantes la iniciativa de ir por un referéndum revocatorio total. Desde un comienzo muy tímido y vacilante, la propuesta ha crecido. El PIT-CNT participa a su vez en la Intersocial, junto con un amplio abanico de organizaciones sociales, donde la hegemonía del ala la derecha del FA es mucho más problemática. La decisión final se tomará el 17 de octubre.

Además de la lucha contra la LUC hay numerosos conflictos, incluyendo la movilización ambiental contra la instalación de la nueva planta de celulosa en el centro del país, que se articula ahora contra el trazado del ferrocarril que unirá la panta con el puerto de Montevideo atravensando varios pueblos y ciudades partiéndolos por la mitad con enorme inseguridad, y costos que asumiría el Estado. A su vez está planteada la batalla contra los recortes presupuestarios, la reforma regresiva de las jubilaciones, el incremento de los gastos militares, la acentuación del punitivismo, la reforma regresiva de la educación, y una larga lista. En muchas de ellas, el gobierno del FA siguió políticas parecidas a la del gobierno actual, aunque es evidente que este último está dando un salto de calidad.

En la muy pequeña izquierda anitcapitalista independiente se ha repetido una vez más la confusión entre el principal rival político (la socialdemocracia) y el enemigo mortal en avance (la reacción descarada y el fascismo). Es un viejo comportamiento sectario en la izquierda, con ejemplos históricos muy claros de terribles consecuencias. En este punto nuestra conclusión es: el instinto de clase hizo que las masas rechazasen esa «enfermedad infantil», de ahí el fracaso de esa pequeña izquierda independiente.

Y es a ese panorama global al que nos referimos como VACÍO DE REPRESENTACIÓN. No es una «crisis de dirección» en el sentido en que una vez fue usado el término. No lo es, porque esas posibles direcciones alternativas ya tuvieron su oportunidad y la han perdido, o ni siquiera figuraron. Es una crisis de ideas y de prácticas. La izquierda necesita repensarse y reconstruirse, no habrá una cosa sin la otra. También aquí el supuesto conocimiento previo y su práctica acendrada son el «obstáculo epistemológico».

Condiciones para un nuevo sujeto político hay. No es fácil. Hay algo de tiempo, no mucho.

Octubre de 2020

F. Moyano – https://n0estandificil.blogspot.com

Nota de último momento. El 6 de Octubre la Mesa Nacional Representativa del PIT-CNT resuelve encaminar hacia el referéndum revocatorio de la LUC, aunque la resolución todavía es ambigua en cuanto a si se impulsará la revocación total o parcial.

Complemento:

Marcha de de la Diversidad, 25 de setiembre, centro de Montevideo. Los actos de la campaña electoral de todos los partidos, todos juntos, no llegaron a la décima parte de esta marcha dos días antes de las elecciones (celebración de la diversidad sexual y las minorías étnicas)
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