Las elecciones generales en Bolivia: entre las sombras del fraude y el golpe

Por Orietta E. Hernández Bermúdez

En las próximas horas el pueblo boliviano decidirá en las urnas el destino del país. Los comicios tendrán lugar en un ambiente de creciente tensión e incertidumbre. Desafortunadamente, las probabilidades de la ocurrencia de un fraude por parte del gobierno de facto o un golpe de Estado para arrebatar la victoria al Movimiento al Socialismo (MAS) son elevadas.

Existen demasiadas coincidencias y similitudes con el escenario del 20 de octubre del 2019. En aquella ocasión, el sitio web Behind the Back Door sacó a la luz una información detallada sobre el golpe que se gestaba. En los últimos días, el periódico de Reino Unido The morning Star advirtió sobre los planes de militares bolivianos para sabotear las elecciones. Esta información fue ampliada en el portal Kaosenlared.net, a partir de documentos filtrados que fueron proporcionados por la redacción de la Red de Comunicación Popular REDCOM. Así como en el 2019, se hizo pública una lista de nombres y acciones coordinadas, esta vez, para sumir al país en una situación de caos, violencia e inestabilidad y forzar la postergación de las elecciones.

Nuevamente se conoce que se preparan los grupos paramilitares La Resistencia Juvenil Cochala, La Resistencia KM Cero y la Unión Juvenil Cruceñista, convocados por los Comités Cívicos, para contrarrestar “los actos violentos de los partidarios del MAS”. Todo parece indicar que puede repetirse el guión del pasado año, cuando estos grupos quemaron instituciones, agredieron a las mujeres de pollera y desconocieron los resultados de las elecciones alegando la ocurrencia de un fraude monumental por parte de los masistas.

En esta ocasión, la violencia se ha anunciado desde el propio gabinete de facto. El ministro de Gobierno Arturo Murillo admitió que ha comprado armamentos “para defender la democracia al precio que sea”. De acuerdo con los registros del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), con este fin se emplearon 850 mil dólares en el 2019 y alrededor de 15 millones de dólares en el 2020. Tal y como sucedió en los días previos a los comicios anteriores cuando los Comités Cívicos de Santa Cruz y de la Paz anunciaron que no reconocerían los resultados de las elecciones, Murillo ha dicho públicamente que no le entregará el país al MAS.

La historia se repite también con la labor de los medios de comunicación y redes sociales que han mantenido su alineación con la derecha. Ahora, como en el pasado, con el apoyo de algunas empresas encuestadoras han alimentado la narrativa de la segunda vuelta, mostrando resultados que minimizan la intención de votos a favor del MAS. Notable trabajo en este sentido ha hecho la Empresa CIESMORI, cuyas encuestas siempre han otorgado al MAS alrededor de 10 puntos menos. En los últimos días, se ha conocido que esta empresa autorizada por el Tribunal Supremo Electoral para realizar encuestas tiene contrato sin licitación con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) por un millón de dólares, de ahí que no debe asombrarnos que devuelva estos favores aupando a los candidatos de la derecha.

La totalidad de las encuestas realizadas en Bolivia durante el 2020 ha marcado como tendencia al MAS a la cabeza de la intención de voto. La derecha, que ha fracasado con sus disímiles estrategias para proscribirlo, se sabe perdedora y por eso anda desesperada y frustrada tratando de impedir esa victoria. Aun cuando no es posible determinar con exactitud cuál será su plan, numerosas señales nos llevan a pensar que un fraude para forzar la segunda vuelta puede estar entre las salidas que están preparando.

Es extremadamente sospechoso que Salvador Romero, el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), sea amigo personal de Carlos Mesa, además de haber sido designado por la autoproclamada Jeanine Áñez. Como si estas razones fueran pocas, Romero tiene probados vínculos con el Departamento de Estado norteamericano y la Agencia Central para el Desarrollo Internacional (USAID).Cables de Wikileaks revelan además su estrecha relación con Philip Goldberg, el embajador expulsado de Bolivia en el 2008. Otro dato igual de alarmante es su participación en el golpe de Estado contra el expresidente Manuel Zelaya en Honduras.

El peligro del fraude aumenta si tomamos en cuenta que el Sistema de Difusión de Resultados Preliminares (DIREPRE), nuevo método de conteo de votos que implementará el TSE, no incluirá las fotografías de las actas electorales. Esta condición impedirá que los ciudadanos y delegados de la prensa puedan corroborar los resultados de la mesa electoral que aparecerá reflejado en la base de datos. Con el nuevo sistema lo que se conocerá es el cómputo general del colegio y no de cada una de las actas.

Para completar este preocupante panorama, sólo nos queda añadir dos cuestiones:

  • La primera, serán los policías y militares –los mismos que formaron parte del golpe al gobierno de Evo Morales y que han respaldado en estos 11 meses al gobierno de facto– quienes custodiarán y trasladarán las papeletas y las actas electorales.
  • La segunda, la desprestigiada Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo cuestionable informe de auditoría al proceso eleccionario del 2019 concluyó que hubo fraude, no sólo regresa como observadora, sino que lo hace con el mismo equipo.

Si el fraude no logra materializarse, es muy posible que la derecha opte por el golpe de Estado. En ese caso, vale la pena recordar que no existe ningún decreto que exima de responsabilidad a los militares que reprimen a su pueblo. Por otra parte, a diferencia del pasado año, numerosas organizaciones internacionales han manifestado su preocupación ante la posibilidad de un desenlace violento, dadas las numerosas críticas de la comunidad internacional al gobierno de Jeanine Añez por la violación de derechos humanos y los métodos autoritarios.

En esta ocasión, los movimientos sociales han demostrado que han renovado su capacidad de movilización. Las acciones durante los primeros días del mes de agosto, con la instalación de los 150 puntos de bloqueo, hecho sin precedentes en la historia del país, dejaron claro su disposición de recuperar y defender el proceso.

Bajo estas condiciones, cabría preguntarnos: ¿Estarán dispuestas las Fuerzas Armadas y la Policía a masacrar al pueblo? ¿Se arriesgaría la derecha boliviana, asesorada por Estados Unidos, a instaurar abiertamente una dictadura militar sangrienta al estilo de décadas anteriores, que rompa con las reglas democráticas aceptadas mundialmente?

La victoria del Movimiento al Socialismo en primera vuelta daría al pueblo boliviano la posibilidad de emprender el camino de la recuperación de la economía bajo la conducción de Luis Arce Catacora. Si por el contrario, por cualquiera de las vías, Carlos Mesa resultara presidente, la ingobernabilidad está garantizada, pues de acuerdo con los resultados de las últimas encuestas el Movimiento al Socialismo ganaría en 6 de los 9 departamentos logrando de esta forma entre 18 y 20 senadores de un total de 36. Por otro lado, regresaría la inestabilidad social y económica con las protestas sociales y la aplicación de políticas neoliberales.

Lo que se decida en Bolivia en unas horas no sólo influirá en el destino de su pueblo y la recuperación de la Revolución Democrática Cultural, una victoria del MAS significará un importante impulso y aliento para los pueblos de la región, que mantienen la lucha por la justicia y la democracia.

cubadebate.cu/opinion/2020/10/17/las-elecciones-generales-en-bolivia-entre-las-sombras-del-fraude-y-el-golpe/#.X4tI_UHPxdg

Dos proyectos históricos se enfrentan en Bolivia

Por Oscar Rotundo | Fuentes: Rebelión

La usurpación del poder en Bolivia a manos de los golpistas civiles y militares, en octubre del año 2019, hizo que el país retrocediera en los ámbitos, económicos, sociales, políticos y legales, haciendo de esta nación, un lugar impredecible y lleno de incertidumbre. La manipulación política a través de los medios de información, la represión y la corrupción escandalosa en el manejo de los recursos del Estado, agravaron la sostenibilidad de la administración de facto. A semanas, de las tan temidas elecciones, la dictadura hace agua por todos lados, mostrando la desesperación de los que saben que su hora ha llegado y que la voluntad popular los pondrá en el sitio que corresponde.

No Fue por un capricho del destino, que las elecciones en el Estado Plurinacional de Bolivia, se realicen en el mes en el que se conmemora el “Día de la Descolonización”; fue por la determinación del pueblo movilizado, que dijo basta a las excusas y piruetas de la clase política que descaradamente pretendían continuar en el gobierno, más allá de la Constitución, más allá del estado de derecho y pasando por encima de la democracia que ellos dicen profesar.

La realidad ha quedado reflejada en la vida de los bolivianos, en estos largos meses de dictadura, la visión del manejo de la cosa pública que tienen estos delincuentes devenidos en administradores, es que el Estado, es bueno cuando sirve para sus negocios.

En once meses de gobierno se han denunciado 48 casos de corrupción, entre los que se encuentran casos de nepotismo, cometidos por Añez, Murillo y demás funcionarios del ejecutivo, tráfico de influencias, hasta los 4 casos de Entel, 7 de YPFB, compra y desaparición de respiradores, insumos médicos, compra de gases lacrimógenos y más.

Pero el último gran negocio, lo ha propiciado el flamante ministro de economía Branko Marinkovic, con prontuario de fácil acceso a través de los medios independientes de comunicación [1] quien ha tenido la brillante idea de conseguir una millonada de dólares, para “satisfacer las necesidades populares”, cuando restan días para la culminación de su vínculo con el Estado.

En noticia, publicada por el diario La Razón el 8 de octubre [2] de este año, el ministro Marinkovic expone su logro con un detalle, bien llamativo “Para evitar al Legislativo, controlado por el MAS”; o sea, la separación de poderes y la democracia republicana que tanta libertad les da a estos ciudadanos ilustres, no concibe que otra fuerza política controle uno de los poderes del Estado, entonces decide saltarse la Constitución; una vez más.

El Gobierno logró en Washington que el Fondo Monetario Internacional (FMI) cambie la figura de crédito por “intercambio de divisas” para que los $us 330 millones comprometidos sean utilizados de forma directa”“Con el FMI hemos llegado a un acuerdo para que esto no sea un préstamo, el dinero que viene se va a hacer como un intercambio de divisas que no necesita pasar por el Congreso”. Sería importante saber en qué parte, de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia, dice que, un funcionario del poder ejecutivo posee la facultad para “realizar un «Intercambio de divisas»” ¿sin control alguno?, y aclara, que se trata de una compra-venta “(Foreign Exchange) o FX, son las operaciones con moneda extranjera y consiste en la compra de una moneda y la venta de otra de manera simultánea, de acuerdo al portal es.bforex.com”, o sea, que se trata deuna operación de comprar-venta con el oro de las reservas del Estado para obtener dólares, que seguramente, “en forma directa”, tendrán el mismo destino de los 48 casos denunciados.[3]

La bancada del MAS en el Legislativo, ya adelanto que descarta viabilizar la operación con el FMI, por considerar entre muchas razones, que no se siguió el protocolo que debería tener una medida de tanta importancia, en la cual se habría tenido que adjuntar el contrato, condiciones de financiamiento y garantías, además de otros requisitos, para ser asumido por el Estado.

Es llamativo, que el candidato Carlos Mesa y el resto de la partidocracia, que pretenden llegar a la presidencia y al legislativo, no digan una palabra sobre esta burda maniobra que perjudica al Estado y al pueblo boliviano.

Es que, en realidad, todos estos títeres electorales, representan al mismo proyecto histórico, un proyecto llegado de Europa hace más de quinientos años y que se expresa constantemente en el desconocimiento del sujeto político y social del estado profundo boliviano, expresado en su más de cuarenta etnias nativas y que conforman la mano de obra explotada e invisibilidad por una casta que solo piensa en el saqueo y en la imposición de una cultura capitalista, ajena a los valores y tradiciones del pueblo boliviano.

Vale recordar las tristes jornadas vividas en el año 2008, cuando esta misma gente, que hoy pretende llegar al poder, quería dividir al Estado Plurinacional; La división del país que están impulsando los «autonomistas» de Santa Cruz es no sólo geográfica, sino también étnica, enfrentando a los «cambas» orientales con los «collas» occidentales. Sorprende la virulencia con que desde las páginas de El Deber se glorifica a los «cambas de pura cepa» y se exhorta en términos de «Fuerza, cambas» al tiempo que se trata a los indígenas de «raza maldita», y en la plaza 24 de setiembre se gritaba «Evo Cabrón», con alusiones a su madre.

La división es también por sectores sociales. Los líderes «autonomistas» pertenecen a la más rancia oligarquía. Branko Marinkovic, vocero del Comité Cívico, es un gran terrateniente y miembro de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz, del Banco Económico y de la Cámara de Exportadores. Es accionista de la compañía de Transportes de Hidrocarburos Transredes, cuyo 50% pertenece a Enron y Shell y opera gasoductos y oleoductos de 6 mil kilómetros. Esta empresa acaba de ser nacionalizada por el gobierno. Según el viceministro de Tierras Alejandro Almaraz, Marinkovic se vio beneficiado en cinco ocasiones sucesivas por cesión de tierras estatales en la zona de Laguna Corazón. Estos son los intereses que se mueven detrás de la proclamada «autonomía» de la región de la «media luna»”.[4]

Bien vale, recurrir a las consideraciones científicas sobre estos fenómenos político – sociales racistas, para entender cómo se tratan de justificar desde los sectores propietarios, el saqueo y la explotación que desde hace centenares de años se vive en el mal llamado tercer mundo y en especial en el Tawantisuyo. [5]

Hay cuatro criterios principales, generalmente aceptados, que definen y circunscriben conceptualmente el racismo. El primero es la creencia de que los seres humanos se dividen fundamentalmente en “razas”. Y, en consecuencia, se atribuye al factor “raza” una importancia antropológica decisiva. El segundo atañe al hecho de asignar a las “razas” características inmutables y de creer que los caracteres transmitidos hereditariamente no son solo los rasgos físicos, sino también ciertas aptitudes y actitudes psicológicas, que son las que generan las diferencias culturales que se pueden apreciar. En tercer lugar, se trata de la creencia de la existencia de una jerarquía entre “razas”, y de que alguna, o algunas de ellas, superiores a las otras. En último lugar, la persistencia en entender la mezcla de “razas” como un proceso de degeneración de las “razas superiores” (Caballero Jurado, 2000: 95) [6]

Esta revisión de larga duración del concepto “raza” deja claro un hecho irrefutable: no puede sostenerse la existencia biológica de la “raza”; esta es un constructo socio-histórico que está atravesado no solo por el miedo al otro o una mirada “altércida”, sino también por relaciones de dominación y de poder. Pues “raza” fue, para los que la construyeron (los europeos), un instrumento eficaz para deshumanizar a los “Otros”, sobre todo a los negros y a los indígenas, inferiorizándolos y denegándoles el acceso al saber y, por ende, al poder”, expresaría Max Hering Torres en su revisión histórica.

La oposición y aversión sistemática de parte de estos sectores tradicionales desde la llegada de la república, al gobierno de Evo Morales en su momento y a la posibilidad de que nuevamente los sectores populares lleguen al gobierno, no se fundamenta en que hayan tenido, durante la gestión del presidente aymara, un daño económico; al contrario, la expansión económica de Bolivia durante esos años fue histórica, con un gran incremento en las ganancias de los sectores oligárquicos y un ascenso social nunca visto en sectores postergados por décadas.

La contradicción, entre la construcción de un Estado Plurinacional de bienestar que represente a las mayorías populares y una república liberal dominada por una casta, es antagónica y atemporal.

Las pretensiones jerárquicas de las minorías, están pasando a la historia, como también está demostrándose que las recetas capitalistas de subsidios a los centros de poder mundial, mediante los famosos organismos de créditos interminables, como el FMI, el Banco Mundial y demás instrumentos para la expropiación usuraria de los pueblos, son inviables.

Cuando Jeanine Añez, Arturo Murillo Prijic y Branko Marinkovic, llaman a votar por Carlos Mesa, lo hacen porque comparten la misma visión sesgada de la historia, el mismo fundamentalismo ideológico y la aversión política por lo popular, a lo que despreciativamente consideran “populismo”.

El voto del domingo 18 de octubre, será la herramienta para que millones de bolivianos decidan en las urnas, o el reencause a la senda del futuro con justicia social, o el retorno a un pasado racista, excluyente y de miseria y despojo, tanto de los recursos naturales como de la identidad étnico-cultural.

Las posibilidades están en manos del pueblo, porque más allá de cualquier trampa electoral o acción represiva, solo el pueblo salvara al pueblo.

Notas

[1] https://corruptosbol.blogspot.com/2016/05/panama-papers-capitulo-bolivia.html

[2] https://www.la-razon.com/economia/2020/10/08/marinkovic-logra-que-el-fmi-cambie-figura-de-credito-de-us-330-mm-para-eludir-al-legislativo/

[4]https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=374610&SEO=presumen-fuga-a-ee.uu.-de-embajador-boliviano-vinculado-a-escandalo

[4]https://www.lr21.com.uy/mundo/309959-la-balcanizacion-de-bolivia

[5] https://info.caserita.com/Organizacion-Social-de-los-Incas-a309

[6] Revisión histórica del concepto de “raza” en Max Hering Torres y Peter Wade. http://www.revistas.unam.mx/index.php/antropologia/article/view/56605

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