Amarillo anaranjado

Una opinión personal.   

Fernando Moyano

“No preocupa enormemente el número. ¿Por qué? Por lo que le decía ayer a muchos colegas de ustedes, Uruguay está en plena actividad”, dijo el mandatario. “Si uno ve las gráficas que manejaban algunos miembros del GACH, están dentro de lo esperable cuando abriéramos el país”, agregó.
(27/11-Palabras de Lacalle, reproducidas por la prensa).

Quiero corregir la forma en que he estado manejando las cifras. El 20 de octubre Uruguay, según el «criterio Harvard», pasó de la franja verde a la amarilla. Es decir, el promedio de nuevos casos en una semana, por millón de habitantes, es igual o superior a 10. La franja naranja comenzaría en los 100 casos diarios (por millón de habitantes, promedio mantenido al menos una semana). Dentro de eso, me he estado refiriendo en estos días a los distintos «quintiles» de esa franja amarilla.

No es correcto. Es evidente que el criterio de  ponderación de estas franjas no es lineal sino logarítmico, y siendo coherentes. tendríamos dentro de la la amarilla diez sub franjas del 0 al 9 definidas por el primer decimal del logaritmo (de 1 a 2) de casos diarios promediales por millón de habitantes, en una semana. Esas sub franjas tienen entonces entre sí las siguientes fronteras escalonadas: 10, 13, 16, 20, 26, 32, 40, 54, 64, 80. Y por encima de eso, con 100, (log.decimal 2) entraríamos en la franja naranja

Escribo esta nota el 28 de noviembre. Ayer se batieron varios récord, hubo 185 casos y se alcanzó el promedio semanal de 118 casos diarios, 35 por millón. Ayer ingresamos en la 5ta sub franja de la amarilla. Teniendo en cuenta que la tendencia ascendente se ha mantenido firme en más de un mes podemos decir que ayer ingresamos en la transición a la naranja. El color que pusimos ahí arriba, #FFBE00, es el exacto punto medio entre AMARILLO y NARANJA. Donde comienza la quinta sub franja de la franja amarilla, tendiendo a naranja. Ahí estamos y contando. Es absolutamente evidente que esta tendencia no va a ser revertida en el corto plazo, por decir lo menos.

Y de ese día son las vergonzosas palabras de Lacalle, cuando ya hay 74 muertos, 21 muertos por millón de habitantes, y ya han aparecido casos de muertes sin comorbilidad, o sea sin dolencias graves previas que pueden haber contribuido a la muerte. La forma de entender las palabras de Lacalle, no se me ocurre otra, es: Que muera gente y que aumente pronunciadamente el número de contagios no preocupa enormemente. Que los empresarios dejasen de ganar, eso sí preocuparía. Más aún, dice abiertamente que esos números eran esperables cuando tomaron la decisión de mantener en plena actividad la producción económica que se basa en la explotación de los seres humanos, porque eso importa más que la vida de los seres humanos.

De modo que no esperemos que haya un replanteo fundamental de esa política. Todos tenemos que morir, y lo que importa no es que te mueras, lo que importa es que sigas trabajando para que se siga acumulando el capital. No hay que recargar de impuestos al capital ni aun en una situación de emergencia, importa más el lucro que la vida. 

Lamentablemente Lacalle no esta subvaloración de la emergencia, aunque por motivos diferentes. Alguno señalaba en mayo que las muertes eran «menos de una veintena». La Parca dijo «¿Hablan de mí?», y esa cifra está a punto de cuadruplicarse. Si bien en la primera etapa todas las muertes eran con comorbilidad, otras dolencias graves previas (¿con covid o por covid?) ya han aparecido muertes de quienes no padecían previamente ninguna dolencia grave.

¿Por qué ha pasado esto? Cualquiera puede entender que si en el primer período hubo una virulencia menor en el ataque del virus que entró al país el 6 de marzo, no se debió a lo que haya hecho un gobierno que asumió el 1 de marzo. Ese gobierno se atribuyó eso por su propia cuenta, y ahora culpa la la gente por haber supuestamente bajado los controles individuales, como si de eso se tratase, controles indiividuales. Aun en caso de sostener esa hipótesis absurda, la responsabilidad de esa actitud descuidada de la gente sería del propio gobierno. Salinas dice que Uruguay «es víctima del éxito«. Difícil de entender por donde se lo mire, pero en todo caso seríamos víctimas de la irresponsabilidad de quienes salieron a vender el buzón del pretendido éxito.

Uruguay pasó al principio por una etapa «verde» por: a) baja densidad de población: b) cierta estabilidad institucional y comportamiento racional de la gente; c) desigualdad social algo más moderada que en la mayor parte de la región. A esta altura es evidente que la desigualdad social pronunciada que impera cada vez más en el mundo capitalista es una base estructural para la debilidad ante las pandemias. Y por supuesto, coherentemente, los principales negacionistas son los defensores de la desigualdad estructural. Trump, Bolsonaro, Johson, Lacalle.

La pandemia tiene una causa de fondo y una coyuntural. La primera es la creciente destrucción del ambiente por la producción predatoria del capitalismo que rompe las barreras naturales de los ecosistemas permitiendo la difusión de patógenos que de otra forma estarían contenidos. Esto es consecuencia de la producción agroindustrial orientada a la maximización de ganancia («plena actividad», en nuestro caso primaria y dependiente), aunque una de sus consecuencias sea precisamente el deterioro de la calidad alimentaria, para completar el disparate. Hay al respecto muchos estudios concluyentes. Recomiendo todo lo que ha venido publicando por nuestra querida Monthly Review. Recordemos de paso que esta revista fue fundada en 1949 y en su primer número publicó el famoso artículo de Albert Einstein «Por qué el socialismo».

El factor coyuntural, obviamente, es la destrucción de los sistemas de salud por la privatización y considerar la salud como una mercancía. Y aquí es necesario un relevamiento concreto de la situación, por ejemplo ¿cómo ha incidido en la vulnerabilidad de nuestro sistema de salud, y por lo tanto en la ola de contagios, el pluriempleo de los trabajadores de la salud? ¿Y por qué ocurre el pluriempleo? Sobre eso no esperemos nada de los expertos del «grupo asesor científico honorario».

Dice ahora «el experto infectólogo Julio Medina advirtió que, a este paso, habrá al menos un fallecido diario por covid-19». Esa conclusión ya se podía sacar hace más de un mes. Es obvio que ya la habían sacado, pero tenían puesto el tapabocas.

Y hablando de tapabocas, es cierto que importa en algo el registro de lo simbólico, pero los racionalistas preferimos el registro de lo real. La represión real es la represión antisindical, contra los derechos de los trabajadores y los de las minorías. Bastante cosa tenemos para la rebelión real como para perder el tiempo con lo que no es real. La pandemia no es un invento, es real. El invento fue el «éxito uruguayo», hoy está claro que resultó irreal. 

Y para un posible futuro en lo que importa, le doy la palabra a Einstein.

—–

Y había escrito esto, pero llegaron las cifras al fin del día.

208 nuevos casos. El número de análisis fue sin embargo un poco más bajo. No es cierto que haya más casos detectados porque hay más análisis, hay más análisis porque hay más casos, no tienen más remedio que aumentar los análisis aunque se peleen por quén los paga. Otro muerto, van 74. 1251 activos, 15 en CTI. Todas las cifras empeoraron. Estyvimos varios díasn en 21 muertos y fracción por millón de habitantes, ahora es 22. Promedio diario última semana: 135, o sea 39.7 por millón. Si estábamos en la quinta sub franja ahora es casi la sexta. El color es apenitas un poco más naranja, ni se nota.

Ya se va a notar.

A %d blogueros les gusta esto: