Ecuador y el Mundo. A 22 años de la muerte de Oswaldo Guayasamín

Su obra inmortal recuerda el compromiso por la emancipación humana

«Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el hombre hace en contra del hombre»

Con una inmensa producción creativa de miles de obras, la vida de Oswaldo Guayasamín, el «Pintor de Iberoamérica» terminó hace 22 años, el 10 de marzo de 1999 durante una visita a Baltimore  en Estados Unidos. Su obra magistral se encuentra en la Casa-Museo que lleva su nombre y en la Capilla del Hombre, tributo imperecedero dedicado a la Humanidad.

Cuadros, murales y esculturas organizadas estéticamente condensan la historia del dolor y el combate antiguo del ser humano por acabar con toda opresión.

«Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el hombre hace en contra del hombre», afirmó Guayasamín alguna vez. Y así está testimoniado en cada una de sus obras, cuyas reproducciones se encuentran en innumerables viviendas de quienes luchan por la emancipación social en todo el mundo.

Cada año en que se conmemora su fallecimiento, sus familiares e hijos brindan por él con un trago de vodka, su bebida preferida, al pie del Árbol de la Vida, que sembró en el patio de la casa y donde descansan sus restos, como lo pidió, en una vasija de barro.

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