Dicen que el hombre es un bicho de costumbre, y vaya si nos acostumbramos rápido a una situación absolutamente terrible. Lejos quedaron aquellos días de cero casos positivos, hipótesis sobre la inmunidad uruguaya, teorías sobre el mate y la BCG, giras del presidente en medios internacionales, notas de países lejanos ponderando la respuesta uruguaya a la pandemia que nos hinchaban el pecho. Los números que el año pasado asociábamos a casos positivos hoy los asociamos a muertos. Después de una primera ola más pequeña, desde mediados de febrero la pandemia ha arrasado el país, imparable tsunami, y desde ese momento Uruguay no ha dejado de romper récords. Anestesiados, miramos en el informativo las cifras de muertos como quien ve los resultados de la quiniela.

Ajeno a las lecciones de otros países que han atravesado picos de pandemia y han logrado bajarlos (inserte aquí decenas de países posibles) con medidas para disminuir la movilidad (inserte aquí decenas de medidas posibles), despreciando los planteos del Frente Amplio, la Convención del Partido Colorado, legisladores de su coalición de gobierno, intendentes de su partido, su ministro de Salud Pública, la Universidad de la República, el Sindicato Médico del Uruguay, las sociedades médicas (inserte aquí decenas de sociedades médicas), descartando las recomendaciones del grupo de científicos que él mismo creó para asesorarlo, el presidente de Uruguay se mantiene firme en su estrategia basada en la “libertad responsable”.

Si 2020 fue un año signado por la ausencia del Estado para paliar la crisis económica generada por la pandemia, 2021 –y en particular este abril no blindado– se encuentra marcado por la ausencia del Estado para frenar al virus. Algunos verán un quiebre entre un año y otro, pero no lo es. Es una continuidad, la prolongación de una política, la radicalización de una ideología, la consagración de una forma particular de concebir una de las palabras más bellas del diccionario: la libertad.

 

Una desgracia: la muerte

Estamos viviendo el peor pico de la pandemia de covid-19 en Uruguay. Muy pocos países del mundo han tenido una situación tan grave como la que vive hoy el nuestro.

Si observamos los casos de covid-19, el promedio de casos diarios de la última semana ha sido superior a 3.000 personas, lo que nos ubica en el primer lugar en el mundo.1 Hace ya dos semanas que nos mantenemos en el primer lugar mundial en esta categoría. Sólo cinco países han registrado olas de casos de covid-19 tan altas como la uruguaya en toda la pandemia: Bélgica, Irlanda, Portugal, República Checa y Estonia.2

En cuanto a personas que están en CTI, el aumento de camas disponibles no ha podido evitar el colapso del sistema. Más de 500 personas se encuentran hoy en CTI con covid-19. En términos internacionales, los datos disponibles para Europa muestran que, con excepción de República Checa, ningún país europeo en ningún momento de la pandemia tuvo tantas personas en CTI como Uruguay hoy.3

En relación con los fallecimientos diarios, luego de superar el lunes a Brasil, Uruguay se encuentra y mantiene en primer lugar en América Latina. En el ranking mundial de fallecimientos, hace dos meses estábamos en el lugar 70; hace un mes en el lugar 46; hace dos semanas en el lugar 17; hoy estamos en el top 3. Hoy sólo existen dos países donde mueren más personas por covid-19 que en Uruguay: Hungría y Bosnia Herzegovina.

Una causa: la política económica

Mucho se ha escrito y dicho ya sobre la política económica de Uruguay durante 2020, y no será el centro de este artículo. Informes nacionales, internacionales, de la academia, de organismos multilaterales, la Universidad de la República, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el Fondo Monetario Internacional, el que usted quiera, todos, absolutamente todos, dicen lo mismo: Uruguay fue el país, por lejos, que menos recursos destinó a combatir la crisis económica generada por la pandemia. El que menos invirtió para frenar el aumento de la pobreza. Todos los demás, más o menos liberales, más o menos socialistas, con más o menos recursos, más grandes, más chicos, con más calor, con más frío, hicieron un esfuerzo fiscal mayor para proteger a sus ciudadanos y su economía.

 

En 2021 la historia se repite. El gobierno no está dispuesto a destinar recursos, en este caso para colaborar en la reducción de la movilidad. El presidente insiste con que no se puede, ubicando a Uruguay nuevamente en una posición extrema a nivel mundial. Sin embargo, hay una diferencia importante con respecto a 2020: la pandemia ahora sí ha cobrado vuelo desde el punto de vista sanitario. Vuelo histórico y mundial.

¿Desde qué lugar se sostiene aún la negativa de la política económica y la política sanitaria? Desde una épica: la libertad responsable.

Una épica: la libertad

Más allá de lo más o menos de acuerdo que uno pueda estar con las diferentes políticas desplegadas por el actual gobierno, independientemente de considerar si son mejores o peores, se puede identificar un hilo conductor que las sostiene retóricamente. Los gobiernos buscan estructurar sus medidas de política en torno a un relato: si la izquierda fundó la épica de sus gobiernos en la equidad, la derecha lo funda en la libertad.

“Dentro de cinco años, podrán evaluar los uruguayos nuestro desempeño. Estamos convencidos de que si al final del período los uruguayos son más libres, habremos hecho bien las cosas; de lo contrario, habremos fallado en lo esencial”.4 La libertad es la épica del gobierno.

“Estamos incorporando mayor libertad en la ley de inclusión financiera para darles opciones a las personas”.5 La libertad financiera es la épica de la modificación de controles de lavado de activos y evasión tributaria.

“En la medida en que tenés que garantizar la libertad del trabajador no huelguista y el acceso del empresario a la conducción de la empresa, la ocupación viola ese derecho”.6 La libertad de trabajo de los no huelguistas es la épica de la limitación del derecho de huelga.

 

“La obligatoriedad cede ante el principio de libertad de los padres”.7 La libertad de los padres es la épica de la suspensión de la educación.

“El presente Presupuesto Nacional, así como el plan general de la presente administración, tiene como uno de sus objetivos fundamentales generar mayores espacios de libertad a los uruguayos”.8 La libertad de los uruguayos es la épica del ajuste fiscal.

Ha pasado ya un mes desde que el presidente anunció en una conferencia de prensa, el 16 de marzo, las últimas medidas para enfrentar la pandemia. Luego de la pregunta de un periodista sobre si no deberían tomarse más medidas, el presidente sentenció: “Ya todo el mundo sabe lo que tiene que hacer y maneja sus propias perillas”.9 La libertad responsable es la épica del retiro del Estado frente al avance de la pandemia.

La situación en ese momento era la siguiente: 1.309 nuevos casos positivos, 143 personas en CTI y 15 fallecimientos diarios. El jueves pasado (último dato disponible al escribir este artículo) se informaron 4.412 nuevos casos positivos, 523 personas en CTI y 79 fallecimientos diarios.

Una salvación: la vacunación

La vacunación viene a buen ritmo en Uruguay. La gestión, encabezada por el secretario de Presidencia, aunque tardía, resultó exitosa en cantidad de dosis y cronograma de administración. Uruguay cuenta con casi 30% de su población con al menos una dosis de vacuna, ubicándose en el top 10 de los países con mayor avance de la vacunación (en países con más de 500.000 habitantes).

Varios intendentes han tomado medidas locales para disminuir la movilidad en sus departamentos. Son los casos de Paysandú, Artigas, Río Negro, San José, Salto y Rocha.

Los casos positivos eventualmente bajarán, los CTI se descongestionarán, las muertes por covid-19 cesarán. Volveremos a salir, a ir la escuela, a compartir el mate.

A fin de año se harán resúmenes de la pandemia en Uruguay. Algunos recordarán la gestión del gobierno del año pasado, ponderarán la vacunación, hablarán en términos acumulados en donde quizá (y ojalá) no estaremos en un mal lugar, dada la buena performance del país durante 2020. Y todo esto será parte de la verdad.

Pero este artículo se escribe a mediados de abril de 2021, en la angustia del pico máximo de la pandemia uruguaya, en una de las olas más grandes del mundo. En un momento en que el mundo ve sorprendido cómo un país pequeño al sur del sur, que fue ejemplo en 2020, se desbarranca sin que su presidente decida tomar ninguna medida adicional en el peor mes de la pandemia mientras su país se ubica vertiginosamente en los primeros lugares de los rankings mundiales de casos positivos, personas en CTI y fallecimientos por covid-19. Un país en el que el aparato comunicacional insiste en convencer a sus ciudadanos de que todo esto es culpa de ellos y sólo de ellos. Porque por supuesto que resulta irritante ver que algunas personas no respetan las indicaciones sanitarias, es cierto. En todos los países se ha puesto énfasis en lo clave que resulta el comportamiento individual para combatir la pandemia; en ninguno se lo ha usado como excusa para justificar la inacción estatal.

 

No es intención de este artículo buscar culpables. No sirve para nada, no hace retroceder el tiempo. Tampoco plantear que la situación actual fue premeditada: según su leal saber y entender, el presidente optó por un camino pensando que era el mejor para el país. Menos aún ir en contra de un necesario espíritu de unidad nacional que nos ayude a salir de la pandemia. Pero sí es importante, es fundamental, identificar cuáles políticas han servido, cuáles no, y cuáles han servido en un momento y no en otro. Los números hablan: la libertad responsable funcionó en 2020, y fracasó mortalmente en 2021.

Y esto es importante no sólo para evaluar el manejo de la pandemia, sino también el trasfondo ideológico y la retórica de otras políticas gubernamentales. Y su evaluación. En su discurso inaugural el presidente pidió que, al terminar su mandato, se lo evaluara atendiendo “si al final del período los uruguayos son más libres”. Es una buena consigna. Pero si la métrica de esta expansión de la libertad es esta libertad responsable, que no es ya sólo la libertad de mercado, o sólo la libertad individual formal, o sólo la libertad negativa, sino que se convierte en la libertad de los ciudadanos de enfrentar el mayor desafío sanitario de los últimos 100 años con un Estado que sólo observa, entonces estamos frente a una métrica espantosa de libertad. Un extremo que ni siquiera le hace honor al liberalismo como ideología política, filosófica y económica.

Si esta es la libertad que se propone, y es esta la libertad que se expande, entonces no se habrán “hecho bien las cosas” y se habrá “fallado en lo esencial”.


  1. Todas las referencias internacionales son extraídas de la página Our World in Data de la Universidad de Oxford. 
  2. Se excluyen países de menos de 100.000 habitantes como Andorra, Liechtenstein y el Vaticano. 
  3. Para Uruguay se toman los datos de CTI de la Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva. 
  4. Discurso inaugural de Lacalle Pou, 1° de marzo de 2020. 
  5. Jorge Gandini, 5 de junio de 2020. 
  6. Pablo Mieres, 18 de mayo de 2020. 
  7. Robert Silva, 3 de agosto de 2020. 
  8. Exposición de motivos del Presupuesto Nacional 2020-2024. 
  9. Luis Lacalle Pou, 16 de marzo de 2021.