Pandemia en Uruguay

El país que sirvió de ejemplo en la gestión de la crisis se ve obligado a extender cierres por un aumento exponencial de casos. El Gobierno se resiste a aplicar medidas más extremas que algunos expertos consideran cruciales.

 

 

 

 

Una ola marina la podemos caracterizar por su altura, su volumen, su duración, su velocidad. Los surfistas lo saben muy bien y buscan las mejores olas.

Una pandemia biológica es un fenómeno que se puede analizar desde muchas dimensiones: los aspectos sanitarios, socioeconómicos, políticos, psicológicos, etcétera. En este análisis, nos centraremos en las consecuencias de la pandemia en la salud humana. Consideramos una “ola” pandémica un aumento considerable en los valores de los parámetros que caracterizan al fenómeno: número de contagios, pacientes en CTI, muertes. En este análisis nos vamos a centrar en el número de muertes, que es el dato más confiable; dado que durante el transcurso de una ola de pandemia el número de contagios, medido como número de test positivos, está generalmente subvaluado; y el número de pacientes en CTI puede no muestrear el número de fallecidos fuera del ambiente hospitalario.

La ola en una pandemia la podemos caracterizar con parámetros similares a los de una ola marina: 1) la altura es el pico máximo de muertes en un día; 2) el volumen es el número total de muertes durante el desarrollo de la ola, lo que denota el daño producido; 3) la duración es el tiempo durante el cual el número de fallecidos por día excede cierto umbral.

Dada la variabilidad estadística que tiene el reporte de número de muertes por día, especialmente en el caso de países de baja población, se acostumbra a tomar promedios semanales. Para poder comparar los números entre diversos países, se considera la tasa de fallecidos por millón de habitantes.

A lo largo de este poco más de un año de pandemia, varios países han sufrido diversas olas, y han dado diferentes respuestas para poder mitigar los efectos.

Haremos un análisis comparativo de las diversas olas que transcurrieron en países de todo el mundo. Asumiremos una ola cuando el pico máximo de muertes en un día (promediadas en la semana anterior) supera las 15 muertes por millón de habitantes (m/Mh). La duración de la ola la definimos como el lapso durante el cual la tasa de fallecidos supera diez m/Mh. Para dar por concluida una ola, se toma en cuenta que no haya una brecha de más de cinco días consecutivos con valores por debajo de diez m/Mh. La gravedad de la ola estará dada por el daño producido, representado por el número total de fallecimientos durante toda la ola.

Por circunstancias que no se discutirán en este análisis, Uruguay está transcurriendo la primera ola recién avanzado el 2021. Las causas que explican los bajos números de 2020 requieren un estudio profundo que tome en cuenta las fortalezas infraestructurales preexistentes, lo que queda fuera del alcance de esta nota.

Vayamos al análisis de las olas. En la gráfica 1 se muestra las diez peores olas a nivel mundial, que corresponden a siete países: Eslovaquia, República Checa (2), Hungría (2), Bulgaria (2), Croacia, Uruguay (línea gruesa) y Portugal. La caracterización de peores olas toma en cuenta dos parámetros: la duración de la ola y el mayor daño causado. Por ambos criterios, las diez peores coinciden, aunque cambian levemente el orden.

Efectivamente, Uruguay está entre las diez peores olas a nivel mundial. A la fecha, Uruguay ocupa el octavo lugar entre las olas más largas y el noveno lugar entre las más dañinas (ver tabla). Pero a diferencia de las otras nueve, la ola uruguaya todavía no parece terminar. Para dar la ola por concluida debería haber menos de 35 muertes por día (durante cinco días consecutivos), y parecería que todavía falta mucho para que esto ocurra.

Desde el 15 de abril nos posicionamos en el segundo peor lugar a nivel mundial en tasa de muertes por millón de habitantes (detrás del gobierno de extrema derecha de Hungría); y a partir del 3 de mayo y hasta el presente ocupamos el poco honroso primer lugar.

En la gráfica 2 se muestra la evolución de las muertes en los países de América del Sur.1 No hay ningún otro país de las Américas2 en esta lista de peores olas; pero tampoco ninguno del resto de los países americanos llegó a un pico de tasa de muertes de 15 m/Mh. El pico de Uruguay fue de 18 m/Mh el 15 de abril. Ninguna de las más pequeñas olas en América del Sur ha sido tan dañina como la ola uruguaya.

En términos acumulativos, Uruguay tiene el décimo peor registro de muertes en 2021, y el segundo peor en las Américas, después de Brasil. Estamos cerca de alcanzar una muerte por cada 1.000 habitantes en 2021.

De los siete países que no pudieron controlar el desarrollo de una ola, cinco pertenecen a Europa del Este (Eslovaquia, República Checa, Hungría, Bulgaria, Croacia). Cinco de los siete países tienen gobiernos de derecha o centroderecha (Eslovaquia, Hungría, Bulgaria, Croacia, Uruguay), uno tiene un gobierno de centro (República Checa), y uno de centroizquierda (Portugal, el último en la lista de las diez olas más duraderas).

Si al finalizar la Semana de Turismo (4 de abril) se hubieran aplicado medidas restrictivas drásticas, se podría haber reducido el crecimiento de la ola, y se podrían haber evitado cerca de 2.000 muertes.

A nivel mundial, muchos gobiernos de derecha y centroderecha fueron reacios a tomar medidas de confinamiento que pudieran restringir la movilidad y reducir el desarrollo de una ola. En cambio, países de diverso signo como Alemania, Francia, España o los países nórdicos, mediante la aplicación de medidas de confinamiento intermitente, lograron limitar el desarrollo de la ola, sin que alcanzara gran altura y duración. Pero también lo hicieron varios países americanos, con gobiernos de signos diversos. La fórmula parece haberles funcionado.

¿Por qué es relevante estudiar el desarrollo de las olas en una pandemia?

El inicio de una ola es difícil de prever, pero luego de que la ola comienza a desarrollarse, su avance es bastante predecible. Como han mostrado varios estudios, existe una fuerte correlación entre la movilidad y el número de contagios y muertes algunas semanas después. Con los números de principios de abril, era previsible que, para avanzado el mes, el número de muertes se iba a disparar; y varios actores, incluido el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), advirtieron sobre el problema. El gobierno optó por no enviar un fuerte mensaje que limitara la movilidad, ni tomó medidas que facilitaran que la población pudiera llevarla a cabo. Las consecuencias están a la vista, y se miden en números de personas contagiadas (con sus secuelas posteriores) y de muertes.

Este análisis permite además hacer una estimación de la cantidad de muertes que se podrían haber evitado si se hubiera tomado medidas de restricción de movilidad cuando eran claros los indicios del desarrollo posterior de la ola. Si al finalizar la Semana de Turismo (4 de abril) se hubieran aplicado medidas restrictivas drásticas, se podría haber reducido el crecimiento de la ola, y se podrían haber evitado cerca de 2.000 muertes (suma de muertes diez días después del 4 de abril hasta el presente). Lo peor es que, de no haber un cambio drástico en las medidas de restricción de movilidad, seguiremos sumando contagios y muertes. Un claro indicio de que la situación puede empeorar o mantenerse establemente mal por varias semanas más son los números del 20 y 21 de mayo, cuando se registraron los máximos reportes del número de contagios (4.851 y 4.604, respectivamente), asociado con el aumento de movilidad de los primeros días de mayo. Como lo han señalado varios especialistas y con base en la experiencia de varios países, el nivel y el tipo de vacunación que tiene Uruguay no nos permite alcanzar aún una inmunidad de rebaño efectiva. Por tanto, la única alternativa para frenar esta ola es lo que han hecho varios de los países que pasaron por episodios similares: aplicar medidas de confinamiento para limitar el número de contagios. Portugal asumió esta política bastante avanzado el desarrollo de su ola, pero las decisiones de confinamiento impulsadas por el gobierno fueron las que permitieron frenarla. Sin cambios profundos en las medidas impulsadas por el gobierno, seguiremos subidos a la ola.

Uruguay pasó de ser “el mejor de la clase” en 2020 (por razones que habrá que analizar en otro momento), a que en 2021 nos mandaron para el fondo del salón.

Para concluir, volvamos a la analogía inicial. Una ola marina alta y duradera puede ser muy divertida de surfear; pero los uruguayos no hubiéramos querido que el mismo criterio se hubiera usado para enfrentar una ola de pandemia. Con decisiones a tiempo, la podríamos haber evitado.

Gonzalo Tancredi es investigador científico con experiencia en análisis y manejo de datos.


  1. Para evitar fluctuaciones artificiales por demoras en los reportes, se usó una ventana de suavizado de tres semanas. 
  2. Los países de las Américas incluyen a todos los países de América del Norte, Sur y Central y el Caribe. 

Fuente: https://ladiaria.com.uy/opinion/articulo/2021/5/de-las-peores-olas/

 

 

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