El anarquista que acuña monedas digitales

André François McKenzie /Unsplash

 


 

 

Escondida en una casa vieja de la colonia Del Valle hay un nodo de verificación de bitcoin. Aquí se gesta una resistencia ante los bancos y al sistema monetario. Con ella, buscan devolver el control de las monedas a la gente y quitárselo a los gobiernos del mundo.

Texto: Arturo Contreras Camero

Fotos: André François McKenzie / Unsplash y Arturo Contreras

 

A mitad de la colonia Del Valle hay una casa que pareciera olvidada. Su fachada de los años 40 con el tiempo se diferencia de los modernos edificios de departamentos que la rodean. Pocos lo saben, pero por este punto rebotan los datos de miles de transacciones valuadas en millones de dólares.

En esta casa hay un nodo verificador de la criptomoneda más famosa del mundo, el bitcoin.

Desde Casa Patricio, Alberto García Grillesca lleva una resistencia contra el dinero fiduciario, el dinero tradicional que todos conocemos. Es socio de la editorial Minerva. En este lugar se llevan a cabo cineclubes, conciertos, conferencias, se reúnen intelectuales a trabajar, se gestan esfuerzos editoriales, muchos de ellos impulsados por la el manejo de una plataforma de criptomonedas.

Casa Patricio se llama este lugar que él mismo describe como un laboratorio cultural. Es el centro de una resistencia anarcocapitalista, término que asume el propio Alberto. Es una declaración a todos los sistemas monetarios del mundo, que reclama el control del dinero, secuestrado por los bancos centrales de todos los países del mundo.

“Lo hacemos porque no queremos ser víctimas de una cultura de políticas financieras dictadas por los bancos”, dice mientras toma un café en las cuartos de esta casa, transformados en improvisadas galerías de arte.

Según explica, bitcoin quita a los terceros: los bancos centrales, el monopolio de confianza del dinero. Esto gracias a la tecnología blockchain, un protocolo digital que garantiza la autenticidad y la no duplicidad de archivos digitales, en este caso, de una moneda digital estigmatizada alrededor del mundo.

El juego de la confianza

Para entender la lucha de Casa Patricio es necesario desenmarañar la cadena de bloques –Blockchain en inglés– la tecnología que permite la existencia del bitcoin.

En términos generales, Blockchain es una red de registro distribuido que descentralizar los procesos de certificación en el mundo digital. Cuando realizas una compra por internet tu banco respalda la transacción, da la certeza de que el dinero con el que estás pagando existe. Blockchain elimina la necesidad de este intermediario mediante sus sistema de verificación distribuido.

Para certificar que un registro nuevo se añade a la cadena, es necesario que miles de computadoras alrededor del mundo, al mismo tiempo y sin advertencia previa, verifiquen la autenticidad del bloque. Los bloques que se van añadiendo son bitcoins nuevos, mientras que las transacciones se registran con cambios en los bloques que necesitan ser aprobados por la misma red de computadoras.

Es como si uno le pidiera a miles de personas que levantaran el dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo al mismo tiempo, y, sin ponerse de acuerdo, todas lo hicieran en el mismo sentido.

«Blockchain no se puede cambiar. Elimina los hackeos«, asegura Alberto.

Distribuir, el fundamentos del internet

«Cuando se crea internet, en los 90, con él viene de la mano la era global. Uno es lo otro, al parecer», explica Alberto Grillesca. Desde entonces se detonó un intercambio de información masiva que significó un botín para algunas corporaciones.

«Pensaron algo como: todo ese intercambio lo ponemos en una red, y ya chingamos. Eso es el establishment» continúa Alberto sobre el desarrollo del internet y lo que la mayoría de las personas entiende como la red mundial.

«Inmediatamente, a la par, como en una fábula, surgieron otros cabrones que decían no. Si tú controlas la red, controlas toda la información, de todos. Es entonces que se creó la red Dos”.

Esta red Dos también es conocida como la Deep Web, o la Dark Web. La red profunda u oscura, en donde toda la información está resguardada con criptografía. Estos últimos nombres son producto de la campaña de descrédito del establishment, según asegura Alberto. Parte de esta campaña es la fama que tiene esta red de ser un lugar donde se trafican armas, se mueven drogas y se venden personas.

A manera de apología, Alberto asegura que esto pasa tanto en la red Dos como en el mundo real, y comprueba una de las reglas que ya son normalizadas en las redes sociales: lo que pasa en ellas es solo un reflejo de lo que pasa en el mundo no digital.

“Si tú quieres que te controlen, está bien, pero yo me voy a ir para acá”, explica sobre la red dos, que dice, más allá de los mitos es un espacio más libre.

Lo mismo pasa con la moneda bitcoin, cuyas transacciones se llevaban a cabo principalmente en esta red Dos.

“El dinero (ya sea bitcoin o efectivo) es como un cuchillo. Lo puedes usar para cocinar o lo puedes usar para matar a alguien. Después de todo, es una tecnología que nació junto con el lenguaje, que existen desde los Sumerios».

Minar es como un juego

En el momento de redacción de esta nota existían un total de 18 millones 182 mil 175 bitcoins en el mundo. Sin embargo, esa cifra aumenta hora con hora, pero está a punto de llegar a su fin, pues, según las reglas a partir de las que fue creada, solo existirán 21 millones de monedas de estas.

Cuando esta moneda fue lanzada, poco después de la explosión de la burbuja inmobiliaria que provocó la crisis económica de 2008, se estableció que existiría un número determinado de monedas. También se estableció la manera en que se generarían.

Como el oro, bitcoin se mina, pero en vez de que necesite desgajar un cerro completo y triturar toneladas de piedra. Este tipo de minería necesita poder de procesamiento computacional. Alberto lo describe como un juego, en el que existe una serie de piezas que hay que acomodar. Quien las acomode primero, es acreedor de un bloque de bitcoins.

Para acomodar las piezas se necesita una cantidad increíble de procesamiento computacional. Por ello actualmente existen granjas de minado, cuartos con cientos de miles de computadoras intentando resolver un solo acertijo. Estas granjas consumen una gran cantidad de energía eléctrica, por lo que suelen estar en lugares muy fríos. Por la política de subsidio de energía eléctrica de Venezuela, muchas de estas granjas empezaron a existir en ese país.

En sus inicios no era así, la minería de bitcoin era un problema un poco más sencillo de resolver; al grado que era usado en internet como una moneda de juguete usada en plataformas de videojuegos masivos en línea. Se usaba para comprar poderes nuevos o equipamiento más avanzado, cuando su valor era cercano a los céntimos de dólar.

Alberto García Grillesca. Foto: Arturo Contreras

Anarquía monetaria

La creación del internet marcó el inicio de la soberanía económica.Era cuestión de tiempo, dice García Grillesca e inmediatamente hace referencia Joseph Stiglitz, premio nobel de economía de 2001. Él consideró la necesidad de una moneda mundial que no perteneciera a ningún gobierno y que se pudiera regular a sí misma.

Así pasa con los bitcoins, que gracias a la tecnología de Blockchain y a la escasez que existe, son un bien que podría sustituir al dólar como moneda hegemónica. “No sé si le quita soberanía al gobierno”, responde Alberto. “Pero lo que sí, es que le quita poder al gobierno y te lo entrega a ti”.

Por la forma en la que está creada, no hay una manera en la que alguien pueda quitarte un bitcoin sin tu permiso. La única manera en la que podrían dejar de existir, es que se acabara el internet, pero eso no pasará nunca, jura.

Lo que permite bitcoin, en otras maneras, es quitar el control de las monedas a los bancos centrales, quienes determinan cuántas unidades de cualquier moneda existen, así como su valor y respaldo. Cosas de la que prescinde la moneda digital.

“Es una red en la que solo hay usuarios. No hay un banco central”, dice Alberto. Incluso, el grupo de personas que lo crearon, que adoptaron el sobrenombre de Satoshi Nakamoto (algo así como llamar a un colectivo Juan Pérez), ya no existe.

“Es algo que se puso en funcionamiento y ya no hay nada más qué hacerle”.

García Grillesca asegura que el dinero es una tecnología tan vieja como el lenguaje. La idea de que un gobierno deba controlarlo es tan ridículo como que el gobierno de un país quisiera controlar la lengua que hablan sus habitantes, y prohibiera ciertas palabras según su conveniencia.

A pesar de ello, a nivel mundial, han habido intentos de regular la moneda, como China. Este país intentó desestabilizar el mercado a través de una estrategia en la que empezó a acaparar monedas digitales para después saturar el mercado. No han sido efectivas.

Actualmente es imposible determinar cuántos nodos de verificación existen, como el que mantiene Casa Patricio. Tampoco cuántos usuarios de la moneda existen. De alguna manera es como si Bitcoin viviera en los nodos verificadores de todo el mundo, sin necesidad de un departamento central, o de un Big Brother que lo controle.

Un nodo es símbolo de convicción

Alberto asegura que no tuvo otro motivo para crear un nodo de bitcoin más que su entusiasmo y amor propio al proyecto. “No te da ningún beneficio”, aclara. “Solo te da mayor credibilidad ante la comunidad. Es una cosa de cultura, como de credo”.

Además de ser capaz de sostener una moneda que no necesite un control central, la cadena de bloques aún tiene un potencial que apenas se está iniciando a explorar. Minerva, la editorial de García Grillesca, planea implementar un cifrado basado en bitcoin para asegurar la cantidad de libros de una edición y darles un cierto valor coleccionable.

O que una obra de arte de las que venden en Casa Patricio pueda tener un certificado inviolable e inclasificable en línea. También podría usarse como un sistema de votación directa, que reduciría el esfuerzo en el recuento de los votos, facilitaría la prevención de fraudes y reduciría el costo de un comisión.

Fuente: https://piedepagina.mx/

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