Alberto Fernández: un discurso contra los pueblos originarios que atrasa 150 años

El presidente de Argentina realizó importantes declaraciones invisibilizando la larga historia de los pueblos indígenas en el actual territorio argentino.

Hernán Perriere

Hoy en día el actual territorio de la Argentina está integrado por 38 pueblos o naciones indígenas dispersas en todas las provincias. Se hablan 36 lenguas originarias. El año 2019 fue declarado como el año de las lenguas indígenas. Cerca de un millón de personas se reconocen pertenecientes a distintos pueblos originarios. Sin embargo, el presidente expresó en una importante reunión internacional con la comitiva española: “los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva pero nosotros, los argentinos, venimos de los barcos”. En un intento de obsecuencia presidencial el diario Página 12 alude semejante declaración a la estrofa de Litto Nebia de quien el presidente es un admirador. Podría haber citado otras.

“Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”

Distintas investigaciones arqueológicas describen que hay ocupaciones tempranas en el actual territorio argentino desde hace 15 mil años en la meseta central de la Patagonia y 11 mil en el noroeste. Las pinturas rupestres de la llamada “Cueva de las Manos” que constituyen un bien patrimonial mundial están datadas en 9 mil años antes del presente. Desde estas fechas más “antiguas” se plantan los colectivos indígenas para reclamar sus derechos territoriales.

Luego la dominación colonial, con sus transformaciones a lo largo de más de 300 años de conquista y colonización, se sustentó sobre la expoliación de los territorios de los pueblos originarios. Estos fueron usurpados, sus cuerpos colonizados, asesinados, esclavizados y evangelizados. Un plan genocida que se articulaba con explotación de las riquezas americanas y el establecimiento de lazos coloniales.

Luego del proceso independentista, durante el siglo XIX en Argentina el Estado convirtió “la lucha contra el indio” en una gran empresa de conquista y expoliación que puso las bases de la conformación de la gran propiedad latifundista, pilar del “modelo primario-exportador” junto con la dependencia del imperialismo británico. En la década de 1820 se impulsaron expediciones militares contra las comunidades indígenas en los actuales territorios de la provincia de Buenos Aires. Son conocidas las “campañas al desierto” impulsadas por Rosas y su articulación política con los “indios amigos” a los que intentaba controlar. Hasta la década de 1870 las políticas contra los indígenas quedaron bajo las orbitas de las autoridades provinciales que utilizando distintas estrategias militares combinadas con pactos y acuerdos con las etnias, fueron preparando el terreno para la política centralizada genocida impulsadas por Roca con el aval de los poderes legislativos del Estado.

La “conquista del desierto” avanzó contra las etnias originarias de la región pampeana y patagónica. Un tiempo después se decretará la “conquista del chaco” impulsada por Victorica. A la par de estos avances, se fortaleció el discurso de “civilización vs barbarie” y en este sentido se impulsaron diversas políticas para atraer la inmigración europea tal como queda expresado en el preámbulo de la constitución de la Argentina. Hasta los primeros años del siglo XX, las políticas migratorias fueron vistas como positivas. Luego los sectores de trabajadores migrantes organizados en diversas federaciones obreras comenzaron a ser reprimidos cuando impulsaron importantes huelgas.

Según expresó el presidente en un tweet, en “las primeras décadas del siglo XX, recibimos a 5 millones de inmigrantes que convivieron con nuestros pueblos originarios” una gran mentira. Los pueblos originarios fueron masacrados, encarcelados, llevados a campos de concentración, sus familias fueron desmembradas, les hijes vendidos, se formaron reducciones, fueron “prisioneros de la ciencia”.

Durante el siglo XX las políticas represivas hacia los pueblos indígenas continuaron. Las políticas del Estado argentino marcaron una línea de continuidad que atraviesa a los gobiernos radicales y peronistas. Sólo a modo de ejemplo, en 1924 bajo el gobierno del radical Alvear se produce la matanza de Napalpí en Chaco. Allí fueron asesinados 200 indígenas que se negaban a seguir siendo explotados en las fincas de algodón de los grandes terratenientes.

Durante el peronismo en 1947 los Pilagás fueron masacrados en Formosa por la Gendarmería Nacional mientras el entonces presidente, Juan Domingo Perón, daba un discurso en la Real Academia de Letras con motivo del 12 de Octubre de ese año, defendiendo la conquista y la avanzada española sobre territorio americano.

Los Pilagás pedían el pago en tiempo y forma de su trabajo realizado en campos azucareros. La mayoría de ellos trabajaba en el Ingenio San Martín Tabacal conocido por los ritmos de explotación a los que eran sometidos por su dueño Patrón Costas. El pueblo Pilagá fue perseguido y masacrado en el transcurso de un mes en los alrededores del pueblo Las Lomitas.

Continuidades: “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”

Aun bajo el ropaje de la interculturalidad y los discursos decoloniales se les siguen negando a los pueblos originarios sus derechos elementales. Además de las represiones y desalojos, los pueblos originarios sufren la desnutrición que lleva a que mueran niños y ancianos por enfermedades evitables, en un país que exporta millones de toneladas de alimento. Fueron los principales perjudicados con la pandemia se Covid 19 como describen diversos estudios realizados por universidades públicas y el Conicet.

En los 10 últimos años, y sólo a modo de ejemplo, la represión hacia las comunidades originarias se mantuvo. En el año 2010, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner en Formosa asesinaron al qom Roberto López y Eber falcón. Otras víctimas indígenas fueron asesinadas por patotas que defienden el feudo peronista de Insfrán y al agronegocio.

La represión desatada contra los pueblos originarios durante el gobierno de Cambiemos, generó la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado que apoyaba la lucha mapuche en tierras de Benettón y de Rafael Nahuel que defendía el territorio junto a su familia.

Estos ejemplos ponen en claro la continuidad de la política represiva del Estado argentino en función de asegurar la tierra en manos de los grupos capitalistas nacionales y extranjeros, mantener los negocios del monocultivo de la soja, la megaminería y el saqueo de los recursos naturales. Una vez más, es necesario apoyar a las comunidades originarias, su resistencia y lucha para mantener viva la pelea por sus demandas históricas, su cosmovisión y autonomía.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com.uy

 

 

El europeísmo colonial de Alberto Fernández y el origen del movimiento obrero

Las declaraciones de Alberto Fernández sobre el origen de ultramar de los argentinos invisibilizan a los afrodescendientes y la usurpación y el genocidio de los pueblos originarios. Pero también oculta a los inmigrantes que dieron origen al movimiento obrero argentino en pos de reivindicar la colonización.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Viernes 11 de junio | 10:18

Los dichos de Alberto Fernández sosteniendo que los argentinos descendemos de los barcos, son una muestra de la tilinguería porteña que reconoce a Buenos Aires como una ciudad “europea” y no como parte de la América avasallada por la colonización española primero y el sometimiento del imperialismo. Al carácter racista de los dichos se suma el negacionismo de la usurpación y el genocidio de los pueblos originarios como bien subrayó el dirigente del PTS en Jujuy Alejandro Vilca. Las palabras del presidente, dichas para congratular al jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, ubican a Fernández en la misma sintonía de Mauricio Macri cuando, frente al regente Juan Carlos, hablaba de la angustia de los patriotas por declarar la Independencia.

Queriendo corregir sus dichos ante la crítica, el mandatario argentino, que expresamente había asociado el europeismo a la llegada de los españoles, recordó la oleada inmigratoria de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX. El problema es que de los barcos de los colonizadores nació lo que en el siglo XIX se constituirá como la oligarquía argentina y en los barcos de la inmigración llegaron los precursores del movimiento obrero argentino, a los cuales el peronismo históricamente intenta invisibilizar.

La oligarquía con olor a bosta y sangre

La ciudad de Buenos Aires que aspiraba a ser la París de América del Sur y despreciaba a los pueblos originarios y afrodescendientes, tiene su origen en los barcos donde arribaron los colonizadores y los habitantes de España que vinieron en el siglo XVIII a hacer fortuna. Como escribió Félix Luna: «Es absurdo hablar de aristocracia en la Argentina. En las grandes familias porteñas, basta trepar un poco el árbol genealógico para topar con el abuelo contrabandista o bolichero». Es decir que los pioneros de la oligarquía criolla eran aventureros y advenedizos sociales que tramitaron su abolengo comprándolo en las Cortes del rey, para dar alcurnia a sus familias.

Esta clase social se hizo de la propiedad de la tierra a partir de la Ley de Enfiteusis en 1826. Fueron las llamadas familias “patricias” quienes llevaron adelante la extensión de la frontera ganadera hacia el territorio controlado por los Pampas, primero y hacia la Patagonia más tarde, iniciando el genocidio sobre los pueblos originarios y sobre los gauchos a quienes empujaron a una proletarización forzada.

La mal llamada “conquista del desierto «encabezada por Julio Argentino Roca entre 1878 y 1885 significo la usurpación de 10 millones de hectáreas que se repartieron entre 343 propietarios. Esta misma oligarquía exterminó, junto al Imperio de Brasil, y como agente de los intereses británicos, al hermano pueblo del Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Hacia 1880 la oligarquía conformará lo que el historiador marxista Miliciades Peña denominó como el “paraíso terrateniente”.
La “europeización” que el jefe de gobierno del Frente de Todos reivindicó ante el mandatario de “el reino de España”, es la que representaba la oligarquía.

El movimiento obrero: afrodescendientes e inmigrantes

La oleada inmigratoria que alentó la oligarquía para conseguir mano de obra, permitió el arribo a Buenos Aires de los pioneros del movimiento obrero, anarquistas y socialistas, que, junto a los afrodescendientes son los que darán origen a la extraordinaria historia de lucha y organización de la clase obrera argentina.
En la segunda mitad del siglo XIX, al calor de la inmigración se forman las primeras sociedades de socorro mutuo, dando lugar a las primeras sociedades de oficio. En 1857 se funda el primer sindicato de la historia argentina que fue la Sociedad Tipográfica Bonaerense. Su declaración de principios sostenía que se organizaba “con el propósito de defender los intereses de los trabajadores gráficos, promover el adelanto del arte tipográfico y proteger a los que necesitaban auxilio justo” y en 1871 establecen relaciones con la Asociación Internacional de Trabajadores, más conocida como la Primera Internacional. En 1858 se fundan los primeros periódicos obreros del país dirigidos a los afrodescendientes. El periódico El Proletario. dirigido por Lucas Fernández, tenía por lema “Por una sociedad de la clase de color”, uniendo la cuestión racial y de clase en sus objetivos. En 1878, la Unión Tipográfica realizará la primera huelga organizada de trabajadores en el país.

En 1882 se funda el Club Vorwäts que es el primer grupo socialista que se organiza en Argentina impulsado por los inmigrantes alemanes que tenían vinculación directa con el Partido Socialdemócrata Alemán y participaron en la fundación de la Segunda Internacional. En 1890, bajo la influencia del alemán Germán Ave Lallement, se funda el primer periódico socialista argentino, El Obrero. Mientras que, en 1886, bajo la influencia de Errico Malatesta, quien también funda el sindicato de panaderos, se edita la revista anarco-comunista La Questione Sociale, dirigida a los obreros italianos. En 1896 se funda el Partido Socialista y en 1901 la primera central sindical del país que será la Federación Obrera Regional Argentina de tendencia anarquista y en 1902 la Unión General de Trabajadores de los socialistas.

El 1° de mayo de 1890, unos 3000 manifestantes protagonizan el primer acto del 1 de mayo en nuestro país en Plaza Lorea. De aquel acto el diario la nación dijo “había en la reunión poquísimos argentinos, de lo que nos alegramos mucho”.

El movimiento obrero que en nuestro país fue fundado por afrodescendientes e inmigrantes anarquistas y socialistas, protagonizó grandes batallas de clase como la huelga de los inquilinatos, las huelgas del Centenario, la Semana Trágica o las luchas de los obreros patagónicos, entre otras, contra el régimen de la oligarquía argentina.

Europeísmo colonizante y las ideas de la lucha de clases

Escribió Osvaldo Bayer que el movimiento obrero de los orígenes busca ser borrado de la memoria histórica de nuestra clase: “La historia del movimiento obrero en sus comienzos está a la altura de las luchas del proletariado europeo. Pero se la ha silenciado. Aparece sólo en libros de investigación. No se la recuerda. Cuando propusimos un conjunto de personas que se llamara “Víctimas de la Semana Trágica” a la plaza donde estaban los establecimientos Vasena, donde había comenzado la cobarde represión de enero de 1919, de inmediato el metalúrgico Vandor solicitó que se llamará “Martín Fierro”. Y así fue llamada. Del pasado no se habla. El movimiento obrero empezó en 1945.

No es de extrañar. El peronismo surgió expropiando la fuerza política de la clase obrera y tratando de borrar su historia. Su objetivo era salvar al país burgués y la oligarquía de una potencial amenaza revolucionaria. Eva Duarte de Perón sostuvo que en el movimiento obrero anterior al peronismo era organizado por “Los malos dirigentes, los falsos dirigentes, los que habían aprendido la lección en libros extraños o en tierras extrañas no desperdiciaban la ocasión de agitar a sus compañeros. Ante las escasas realidades que podían ofrecer y ante la larga espera de las promesas no cumplidas, el camino más fácil era incitar a la rebelión y a la anarquía (…)”. Libros y tierras extrañas son para el peronismo los que jalonaron la lucha de clases que iniciaron los hijos de los esclavos y los inmigrantes desarrapados. El peronismo es la argentinidad rigiendo en las filas obreras. El discurso contra el zúrdaje y el trapo rojo de los burócratas sindicales se encuentran contenidos en las palabras de Evita.

Alberto Fernández reivindica el “europeísmo” colonizante, racista y oligárquico e invisibiliza a los pueblos originarios y el gauchaje masacrado, así como denigra a los afrodescendientes. El peronismo oculta al movimiento obrero que bajo de los barcos trayendo las ideas de la solidaridad de clase, la organización, la lucha de clases, la democracia obrera y la revolución, como forma de conquistar la emancipación social. Las palabras de Alberto Fernández representan a una clase responsable del vasallaje y el sometimiento nacional.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com.uy

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