Tentativas sobre la narración

 en Noticias del mundo

 

Por Mariano Carreras |

 

¿Cuál es el poder de la narración? ¿Para qué sirve contar una historia? Son algunas de las preguntas que surgen a partir de Noticias del mundo, la última película de Paul Greengrass, realizada durante el 2020 y estrenada en 2021, protagonizada por el experimentadísimo Tom Hanks y la jovencísima Helena Zengel. Es sabido que las obras de arte no responden de manera unívoca a los interrogantes que sugieren. Incluso pueden limitarse al momento interrogativo y no responder en absoluto. Lo cierto es que cuando arriesgan algunas respuestas, no lo hacen al modo de formulaciones traducibles en enunciados que clarifiquen y/o simplifiquen el mundo. Más bien habría que pensar en formulaciones tentativas, entre cuyas enunciaciones provisorias los espectadores podemos contrastar, jerarquizar, optar, discutir, realizar una serie de operaciones, en suma, que en definitiva nos convierten en lo que somos: intérpretes. En lo que sigue se intentará dar cuenta de algunas de las formulaciones tentativas que Noticias del mundo (News of the Word, 2020) podría suscitar, en torno de la pregunta por el valor de la narración en general, y de la narración cinematográfica en particular, en la conciencia de un hipotético intérprete del film.

Hace poco menos de cien años, en su ensayo “El narrador” (1936), Walter Benjamin se lamentaba por la devaluación que por entonces, desde su perspectiva, había sufrido la narración, práctica a través de la cual los seres humanos se han transmitido experiencias de boca en boca y de generación en generación, frente a la centralidad que durante el desarrollo de la modernidad habría adquirido una forma sustancialmente distinta de socialización de contenidos: la información. Para Benjamin, mientras que la narración tenía unapoderosa capacidad sugestiva, basada en la presentación “artesanal” y ambivalente de los eventos narrados, la información contextualiza el acontecimiento de modo tal que incluye siempre una explicación acerca del modo en que los eventos deben ser interpretados. Además, se desprende de algunos pasajes de su argumentación la idea de que la narración ha funcionado históricamente como un dispositivo de cohesión social ligado al espesor de la cultura popular; mientras que, en cambio, la información tiende a debilitar los lazos comunitarios, o, cuando menos, no los enriquece.

Lo interesante del caso es que, en Noticias del mundo, el capitán Jefferson Kyle Kidd (Tom Hanks) usa la información de los periódicos post Guerra Civil norteamericana para intentar soldar, a través de la narración, los fragmentos de una sociedad polarizada por los recientes enfrentamientos entre el sur esclavista y el norte que promovía el desarrollo industrial. La guerra ha llegado a su fin, pero el resentimiento del sur por la derrota sufrida y las dificultades del norte para imponer la ley del vencedor dan como resultado una situación de enorme inestabilidad. En términos de Benjamin, podríamos decir que el capitán aprende a seleccionar los contenidos y a producir afectos en el público a través de la entonación, los gestos y la mirada, y convierte en narraciones las que no son más que actualizaciones y curiosidades informativas. Así, las historias de los periódicos funcionarían en el film como el material con el cual el capitán construye escenas de lectura colectiva en las que un público agotado por el peso de su historia accede a relatos orales que les permiten reconocer sus propias heridas y el vacío anímico de una sociedad que no encuentra el modo de superar sus contradicciones.

Pero no todas las lecturas se orientan en el mismo sentido. La película despliega una serie interesante de opciones para pensar. En sus primeras presentaciones, el capitán selecciona recortes que ofrecen informaciones de indudable relevancia práctica: el hundimiento de un transbordador del río Rojo, la construcción de una vía ferroviaria a través de una reserva indígena, las enmiendas a la constitución que buscan garantizar la abolición de la esclavitud. Pero el público del sur no está preparado para digerir todos y cada uno de los núcleos informativos que les recuerdan la situación en la que se encuentran. Las noticias que el público necesita conocer para entender su posición en el desarrollo de la historia son frecuentemente las novedades que ese mismo público no quiere escuchar, y los gestos de resistencia violenta casi no requieren estímulo para traducirse en caos. Al promediar la película, la premisa que el capitán usa como introducción es significativa, y supone un aprendizaje en base a las experiencias previas: plantea que está allí para ofrecer «lecturas apropiadas» que les permitan olvidar sus problemas. La intención evasiva es evidente en la última escena de lectura, en la que el capitán cierra la historia de un entierro prematuro con un desenlace feliz y cómico a la vez. El relato se inscribe en el género periodístico de los faits divers, caracterizado por la búsqueda de captar grandes audiencias a través del amarillismo sensacionalista.

Si se quisiera transpolar al espacio de las narrativas cinematográficas ese pasaje que en las lecturas del capitán va de los textos informativos a las propuestas de evasión, podríamos pensar en la oposición entre cine documental y cine de ficción. El lugar común induce a considerar que mientras el documental implicaría la capacidad de recuperar tramas históricas soslayadas por la historia oficial, la ficción evasiva supondría la puesta en funcionamiento de un dispositivo de compensación emocional derivativo de las poéticas aristotélicas. Brevemente, y simplificando bastante las cosas, cabe recordar que, según Bertolt Brecht, las representaciones dramáticas de raigambre aristotélica buscan generar procesos de identificación y construyen narrativas que acentúan el componente emotivo en detrimento de la distancia crítica y racional. Sin embargo, Noticias del mundo parece sugerir que no siempre los materiales documentales reactivan núcleos ideológicos que valga la pena poner en agenda, y que las ficciones basadas en factores emocionales no necesariamente se agotan en el entretenimiento evasivo, puesto que también pueden atenuar las consecuencias disolventes de la polarización social y generar experiencias comunitarias alternativas.

Es clave la historia que el capitán decide contar en el condado de Erath, donde un caudillo que ha derrotado a los “indígenas”, «[se deshizo] de los mexicanos», ha sometido a los habitantes a trabajar para él en la sangrienta industria del bisonte y se ha convertido al mismo tiempo en juez y parte del lugar. El caudillo es el Sr. Farlay (Thomas Francis Murphy), y le exige al capitán Kidd que lea el Erath Journal, su propio periódico, donde aparece como el héroe que logró vencer la resistencia de los factores retrógrados de la región, en virtud de un progreso social a todas luces inconsistente. El capitán se somete a la exigencia de leer para los pobladores de Erath, pero en lugar de usar el diario del caudillo, les cuenta la historia de los mineros de Keel Run, diecinueve de los cuales murieron debido a un incendio provocado por un sistema de seguridad insuficiente, y los once que lograron sobrevivir se rebelaron contra los abusos de su patrón. «Keel Run es uno de miles de pueblitos de nuestro país que nació por el trabajo de muchos, pero que pocos disfrutan», dice el capitán en alusión a la historia de los mineros, pero con la clara intención de interpelar a los pobladores de Erath para que enfrenten a quien los somete y luchen por su derecho a una vida más justa.

Es realmente muy poco lo que el capitán lee del diario para contar la historia de los mineros. No es improbable que la historia sea una invención suya, fraguada para incidir en una situación que le resulta demasiado incisiva como para no tomar partido. Aún en el caso en que realmente hubiese extraído la historia del periódico, en lugar de leer textualmente el artículo, el capitán levanta la vista del papel y se dirige al público con sus propias palabras. Así, convierte la información en una narración oral que, si bien deja muy poco a la interpretación de la audiencia puesto que ofrece todos los elementos contextuales necesarios para comprender la historia de los mineros y para que los trabajadores de Erath confronten su propia historia, ciertamente genera un proceso de identificación que está muy lejos de resolverse en compensación emotiva y evasión. Las narraciones ambivalentes al estilo de lo que propone Benjamin tienen la doble virtud de reponer la opacidad del mundo y de invitar al espectador a completar con sus propias ideas aquello que la narración deja sin resolver. Pero hay circunstancias en las que una historia unívoca y sin demasiados matices tiene el poder de recordarnos el lugar que ocupamos en las contradicciones sociales que nos atraviesan y la responsabilidad que tenemos en la construcción de un destino colectivo.

Uno de los debates que recorren la historia del cine tiene que ver precisamente con la oposición entre las narrativas que tienden a la univocidad, donde las historias se orientan teleológicamente hacia un final que funciona como desenlace, y las narrativas ambivalentes, donde el despliegue de secuencias ambiguas frustra las expectativas de resolución final de la historia y en las que resultan preponderantes las evocaciones poéticas de los materiales visuales y sonoros. Pero siempre es posible recuperar ese debate no para confirmar la existencia de una dicotomía compuesta por dos tradiciones taxativas y excluyentes, sino más bien como una tensión que funciona en buena parte de las propuestas cinematográficas. Así, por ejemplo, en Noticias del mundo, es posible entender la secuencia de Erath de acuerdo con las premisas de las narrativas unívocas: en medio de los disturbios que desata el relato de los mineros, la pequeña Johana (Helena Zengel) mata al Sr. Farlay y clausura al mismo tiempo el derrotero y la historia de un déspota consumado. Pero esa misma secuencia se puede pensar también dentro de las coordenadas de las narrativas ambivalentes: la muerte del caudillo no nos dice nada acerca del destino de los pobladores de Erath, de quienes, en última instancia, no sabemos si serán capaces o no de traducir la agitación social en un orden comunitario distinto.

Uno de los hombres del Sr. Farlay, el joven John Calley (Fred Hechinger), le salva la vida a Johana después del asesinato del caudillo. Más tarde emprende la marcha junto con el capitán y Johana, hasta un punto en el cual sus caminos se bifurcan. En la despedida, el joven le pregunta al capitán cómo termina la historia de los mineros de Keel Run, puesto que los disturbios habían interrumpido el desenlace del relato. Pero las palabras con las que formula la pregunta son cuando menos desconcertantes: «Esos hombres atrapados en la mina, ¿sí vencieron al fuego y volvieron a casa?» La forma de la interrogación sugiere que John ha interpretado el relato de los mineros no como una expresión de la lucha de clases, sino más bien como una aventura del hombre contra las inclemencias de la naturaleza. La reacción del capitán Kidd es crucial: en lugar de corregir la interpretación por considerarla equivocada, le dice que los mineros efectivamente lograron hacer lo que él dice y le regala el periódico para que lo confirme con su propia lectura, aunque es muy posible que John todavía no sepa leer. La escena funciona como una incitación a la lectura y pone en discusión que haya relatos tan unívocos que impidan la elaboración de interpretaciones divergentes.

Es posible pensar Noticias del mundo como una reivindicación de la narración y de la lectura. «Cómprenle libros. Le gustan las historias», les dice el capitán a los industriosos tíos de Johana cuando ellos le ofrecen dinero por haber cuidado de la pequeña y haberse tomado el trabajo de llevarla con ellos. La respuesta del tío funciona como el enunciado en contra del cual se levanta el film casi como una bandera: «No hay tiempo para historias». En ese momento el capitán todavía no sabe, pero ya empieza a intuir, que la suerte de los tíos como nuevos padres de Johana se dirige al fracaso. Siempre hay tiempo para las historias. En cierto modo, el tiempo no es más que una serie indefinida de historias que podemos contar y escuchar, de formulaciones y de reformulaciones de experiencias sobre las que no siempre estamos de acuerdo, de interpretaciones unívocas y disidentes, de relatos que se ocultan en el pozo de los sueños individuales y de tramas que nos marcan para siempre como colectividad. Podemos cada tanto detenernos a pensar acerca de la necesidad de contar o de interpretar tal o cual historia, de acuerdo a las consecuencias que, un poco a ciegas, podemos sospechar. Lo que no podemos hacer es desestimar el hecho de que las historias serán contadas e interpretadas de todos modos, una y otra vez.


Mariano Carreras es docente de literatura, graduado en Letras por la Universidad de Buenos Aires.

 

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