La bajante del Río Paraná es la más marcada de los últimos 50 años y no es causal, coincide con la crítica situación del calentamiento global por la acción del hombre confirmada ayer en el sexto informe del Panel de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU. Esta situación genera escenarios impactantes como el que se ve desde hace algunos días frente a la ciudad misionera de Montecarlo, donde por efecto de la bajante afloraron las formaciones rocosas conocidas como «Punta Mesco», a través de las que puede caminar el río y casi cruzar a Paraguay a pie.

Los vecinos de Montecarlo pusieron en evidencia las tristes imágenes de la sequía que afecta el caudal del río- que nace en la arrasada selva Amazónica- al subir a las redes sociales fotos y videos mientras caminaban por las rocas coloradas que estaban sumergidas bajo el agua frente a la isla Caraguatay.

Algunas de las imágenes fueron compartidas por el diario local Misiones Online, que también realizó un informe desde el lugar, mostrando el bajo caudal que separaba a la provincia Argentina de Paraguay.  «Si esto sigue así, lo que preocupaba a los vecinos de Montecarlo, se va a poder cruzar caminando (a Paraguay)», dice el periodista en el informe del medio local.

Las graves consecuencias de la bajante del Paraná

La bajante no es solo una imagen inédita para los habitantes de Montecarlo sino que pone en peligro la provisión de agua potable, el abastecimiento de agua de riego para los cultivos, amenaza la fauna ictícola, entre otros impactos graves sobre el ambiente y la vida productiva de la zona.

Esta situación la atraviesan todas las provincias de la cuenca del Paraná -Formosa, Chaco, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, Misiones y Buenos Aires- y obligó al gobierno Nacional a declarar la «emergencia hídrica» por 180 días el pasado 26 de julio. El viceministro de Ambiente,  Sergio Federovisky lo calificó como «un desastre natural», en diálogo con PáginaI12, y reconoció: «No es un castigo divino: el origen es socioambiental, está asociado a un modo de producción y consumo«.

El gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, también declaró la emergencia hídrica provincial el pasado 30 de julio por los efectos de la falta de lluvias en las principales cuencas de los ríos Paraná e Iguazú, que generó que comienza a abastecerse a las localidades ribereñas con camiones cisterna.

El Instituto Nacional del Agua (INA) advirtió que la tendencia descendente del río «continuará predominando en los próximos tres meses» y exigió «especialmente» atención a mantener «la captación de agua fluvial para consumo urbano».