Chile / Dramático testimonio del nieto de un sobreviviente del genocidio Selk’nam

«Vivimos entre ustedes»: el dramático testimonio del nieto de un sobreviviente del genocidio Selk’nam

por

«Vivimos entre ustedes»: el dramático testimonio del nieto de un sobreviviente del genocidio Selk’nam
José Vásquez, o Xawqe Chokèn en lengua selk’man, contó la historia de su abuelo, Iones Koscpay –rebautizado como Carmelo Chogue– en una emotiva intervención ante la comisión de DD.HH. en la Convención Constitucional. Su abuelo sobrevivió al genocidio que comenzó a mediados del siglo XIX y se extendió hasta el siglo XX. Fueron miles los asesinados por ganaderos, que pagaban una libra esterlina por cada selk’nam muerto. «Fue capturado con su madre y sus tres hermanos en los campos de Tierra del Fuego, junto a otros hermanos de nuestro pueblo. Fueron deportados a la isla Dawson, a una misión salesiana en condiciones infrahumanas». Sobrevivió, se fue a Iquique, integró el naciente Cuerpo de Carabineros y trabajó en Santiago en la Empresa de Transportes Colectivos del Estado (ETC). «Mi abuelo era reservado. Nos protegió para que no se supiera que nosotros éramos selk’nam. Cuando era de noche, mi abuelo se paraba en la puerta de su casa, miraba el cielo, hacia nuestro territorio. El cielo, las estrellas y la luna son parte importante de nuestra cosmovisión. Él nos enseñó el significado de esos elementos de la naturaleza», recuerda. Hoy, su nieto lucha para que su pueblo sea incorporado a la Ley Indígena. «Es tan doloroso escuchar que estamos muertos. Duele, porque no estamos sujetos a los mismos derechos que el resto. Los selk’nam estamos repartidos por todo el mundo. Estamos vivos y presentes».

Fueron cinco minutos de video de una intervención ante la Convención Constitucional que se viralizaron. Visiblemente emocionado, el dirigente José Vásquez Chogue, secretario ejecutivo de la Corporación Selk’nam Chile, relató la historia de su abuelo, Carmelo Chogue, sobreviviente del genocidio que afectó a su pueblo, y donde reclamó para el mismo el reconocimiento del Estado.

Su participación fue parte de una intervención de media hora, donde además estuvieron la antropóloga Constanza Tocornal y Hemani Molina, presidenta de la corporación.

«Ellas prepararon la parte técnica, con una presentación. Son tiempos acotados, yo tenía solo cinco minutos. Al final, yo me dije: voy a hablar lo que mis ancestros quieren que yo diga, lo que ellos pusieron en mi corazón mientras yo iba hacia allá. Yo estaba en el Metro y sentí que era algo que ellos estaban poniendo en mí, que era difícil decir quién yo soy, porque el Estado no me reconoce», recuerda. «Pude decir lo que sentía, tanto a nivel familiar como por los que no podían estar ahí de nuestro pueblo».

Vásquez, de profesión ingeniero, es uno de los más de 65 descendientes directos de Carmelo Chogue que están repartidos en Chile y Estados Unidos.

«Por eso es tan doloroso escuchar que estamos muertos. Duele, porque no estamos sujetos a los mismos derechos que el resto. Los selk’nam estamos repartidos por todo el mundo. Estamos vivos y presentes, no solamente en Chile. Hemos tenido que migrar por motivos de subsistencia en este país», cuenta.

Creció escuchando que los selk’nam ya no existían y que lo que quedaba de ellos eran los utensilios que exponía el Museo Nacional de Historia Natural de la Quinta Normal de Santiago, que él mismo visitaba de niño. Una vez contó allí que él mismo era selk’nam. No le creyeron.

La historia de Iones Koscpay

Vásquez (Santiago, 1974) ha podido reconocer la historia de su abuelo a través de los años, entre otros, gracias al trabajo de su propio hermano, Héctor. Compartió con él en una casa familiar en Santiago Centro, en Brasil con Andes, y vivió hasta los 10 años con su abuelo, cuando falleció. Como su propio padre era transportista y estaba poco en casa, pasó mucho tiempo con Carmelo. «Era nuestro segundo padre, por eso el apego tan fuerte con él».

«Crecí con él, pude compartir con él. Le gustaba verme jugar a la pelota, salíamos a cortarnos el pelo o lo acompañaba a cobrar su jubilación», cuenta. «Mi abuelo siempre fue reservado. Nos protegió para que no se supiera que nosotros éramos selk’nam, por el miedo de lo que él pasó, del genocidio, de que nos pudieran dañar, de que nos pudieran matar». Además, por su origen, «su español no era claro ni perfecto».

«Lo que siempre mantuvo, cuando era de noche, era ir a la puerta de su casa, miraba el cielo, hacia nuestro territorio. El cielo, las estrellas y la luna son parte importante de nuestra cosmovisión. Él nos enseñó el significado de esos elementos de la naturaleza. La mujer luna y las estrellas representan a nuestros ancestros. Además tenía boleadoras, una honda». También tejía, trabajaba el cuero e incluso hacía ropa y zapatos para sus nietos.

El ingeniero supo de niño que era selk’nam. Cuando le preguntaban en la escuela por el origen de su apellido, respondía que era un ona.

«De niño siempre iba al Museo (de Historia Natural) y miraba los accesorios de nuestro pueblo… de lo que quedaba de mi pueblo… En una oportunidad, una persona del museo se acercó a mí y yo le dije que mi abuelo era un selk’nam, que estaba vivo y que vivíamos a muy pocas cuadras de allí. Pero no me creyeron. A lo mejor ese museo podría haber rescatado mucho más de nuestro pueblo, de nuestra cultura, si me hubieran acompañado, pero no lo hicieron. Me duele cuando hemos recibido invitaciones y podemos solo mirar las cosas que tienen guardadas, pero no las podemos ni tocar… la energía de nuestros ancestros, sus arcos, sus flechas, sus pieles, sus collares. Eso me duele mucho también».

 

 

El selknam Iones Koscpay, luego bautizado como Carmelo Chogue.

 

Gracias, entre otros, al trabajo del historiador español José Luis Alonso Marchante, que documentó el genocidio en sus libros Menéndez. Rey de la Patagonia y Selk’nam. Genocidio y resistencia, la familia de Carmelo se enteró, documentos mediante, que el nombre original de Carmelo fue Iones Koscpay.

«La foto de mi abuelo está impresa en libros de historiadores. Incluso está en un museo en Punta Arenas. Es parte de la muestra. En uno de los libros sale su nombre», cuenta.

El ingeniero presume que Koscpay y su familia, alrededor del año 1899, fueron víctimas de una tropa armada. Su padre «debe haber sido muerto, porque en este tipo de capturas en el territorio,los hombres eran asesinados, y también las mujeres mayores. Solo se trataba de conservar a las mujeres jóvenes y los niños».

«Fue capturado con su madre y sus tres hermanos en los campos de Tierra del Fuego, junto a otros hermanos de nuestro pueblo. Fueron deportados a la isla Dawson, a una misión salesiana. Allí fueron registrados. Los registros están en el Museo Salesiano Maggiorino Borgatello de Punta Arenas». Según el Registro Civil, Chogue nació en Porvenir, en 1904, «en Islugui, un lugar que no aparece en los mapas».

Así, Carmelo, junto a sus hermanos –Julio, Camilo y Juana-–y a su madre, Carmen, llegaron a una misión salesiana, siendo él un recién nacido. Allí se crió y fue «uno de los 25 sobrevivientes de la misión», ya que allí las enfermedades «y el trato inhumano que sufrieron» diezmaron a unos mil indígenas, selk’nam y kawésqar.

En 1911, al cierre de la misión, la familia es trasladada a Punta Arenas y Carmelo entregado en adopción a una familia de colonos, aparentemente de origen francés, que le legaron su apellido, Chogue García, tras ser bautizado como Carmelo. Su madre y sus hermanos, en tanto, son llevados al lado argentino.

 

 

Carmelo Chogue durante su servicio militar.

 

Servicio militar

Según los registros de su familia, Chogue cumple su servicio militar en Iquique, en el regimiento de Infantería Nº5, «Carampangue», tras lo cual se une al naciente Cuerpo de Carabineros, con el grado de cabo. Esta entidad daría origen a Carabineros de Chile en 1927. Cumplió servicio en la localidad de María Elena, en la actual Región de Antofagasta, pero tras unos años pidió su baja por sufrir asma y se trasladó a Santiago.

En la capital se integró a la Empresa de Transportes Colectivos del Estado (ETC), donde trabajó como cobrador y conductor de trolebuses. En una fuente de soda conoció a su mujer, Margarita Salazar, y tuvo a su única hija, Orfa Chogue, hoy de 85 años. Orfa tendría a su vez siete hijos, el menor de los cuales es José Vásquez.

Aunque durante algún tiempo Chogue mantuvo contacto con sus hermanos y su madre, finalmente lo perdió.

«Tratamos de ubicarlos, años después, mediante la Radio Portales, cuando uno escribía cartas para el reencuentro familiar». Pero ha sido en vano.

 

Chogue en su época en la empresa ETC.

 

Reconocimiento

Hoy el ingeniero Vásquez lucha por el reconocimiento de su pueblo. Ha asumido un nombre selk’nam, Xawqe Chokèn («arpón de fuego») y está orgulloso de ser uno de los que más se parece a su abuelo.

La corporación nació a partir de una reunión de descendientes selk’nam, gestionada por las redes sociales, de la comunidad Covadonga Ona, en 2018, donde hubo más de 200 personas y un «reencuentro» entre lágrimas.

Esa comunidad ayudó a la familia Vásquez Chogue a profundizar la búsqueda de sus orígenes.

«Queremos ser incorporados a la Ley Indígena, ser el undécimo pueblo indígena reconocido por el Estado. Es difícil, porque algunos políticos cuestionan nuestra existencia, nuestro linaje. Dicen que andamos buscando enriquecernos. Yo pido que me nombren un indígena rico o millonario, cuando son ellos los que se han enriquecido, miembros del Senado de Chile tienen partes de nuestro territorio, políticos de derecha y de izquierda que hoy gozan de la riqueza del territorio de nuestro pueblo, y que tienen en sus casas artefactos y reliquias de nuestro pueblo. No sé si lo guardan de trofeo o de adorno, pero así es la realidad hoy día. Y son ellos los que están truncando nuestro proceso de reconocimiento», acusa.

Vásquez señala que el Estado se niega a financiar un estudio que él mismo podría pagar con su 10% de la AFP. «Por eso digo que es irrisoria la cifra, se gasta en un almuerzo en La Moneda en una actividad política». Una negativa que además impidió que hoy tengan un representante en la Convención. «Ha sido intencional», critica.

Celebra, sin embargo, que a partir del estallido social ha habido una revalorización de los pueblos originarios, incluido el suyo. De hecho, hubo una figura de madera selk’nam, por algunos días, en la Plaza Baquedano (también conocida como Italia o de la Dignidad).

Por lo pronto, en sus hijas se transmite la herencia selk’nam. Así, «vemos que la herencia de nuestro abuelo va a continuar. Desde pequeñas les fui diciendo quién era mi abuelo, mostrando sus fotografías. Hemos podido decir a nuestros hijos quiénes somos». Su hermano Héctor le trajo de un viaje a Tierra del Fuego, además, un frasco con tierra. Así, «nuestra tierra siempre está con nosotros».

Fuente:  https://www.elmostrador.cl/cultura/2021/08/17/

A %d blogueros les gusta esto: