“Nada es más necesario y nada es más fuerte en nosotros que la revuelta», escribió Georges Bataille en 1952. «Ya no podemos amar nada, estimar nada, que tenga la marca de la sumisión”. Más de trescientos poemas nacieron con el estallido social en Chile y Colombia. El aumento del metro y la reforma tributaria fueron chispas que movilizaron a miles de jóvenes. Los poetas alzan la voz con la emoción de ser testigos del despertar social. Yo vengo a ofrecer mi poema. Antología de resistencia –que se presentará este jueves a las 21 en Facebook– reúne a los chilenos Raúl Zurita, Elvira Hernández, Óscar Hahn y Carmen Berenguer, los argentinos María del Carmen Colombo, Jorge Boccanera y Susana Cabuchi, los colombianos Juan Manuel Roca, Pablo Montoya, Ashanti Dinah Orozco y Fredy Chicangana, la venezolana Yolanda Patín, la nicaragüense Daisy Zamora, la estadounidense Margaret Randall y el congoleño Gabriel Mwènè Okoundji, entre tantos otros.

El libro -publicado por la colombiana Escarabajo Editorial en coedición con la argentina Abisinia- está dedicado a más de 330 líderes y lideresas sociales asesinados en Colombia en los últimos dos años; a Dilan Cruz y los manifestantes muertos a manos de la ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) y “a los jóvenes asesinados en pandemia por las fuerzas oscuras”. Eduardo Bechara Navratilova (Bogotá, 1972) poeta y director de Escarabajo, organizó la Primera lectura de poemas de resistencia a cielo abierto en Bogotá y se dio cuenta de que a partir de los textos enviados se podía construir una antología. Entonces convocó a otros dos poetas colombianos, residentes en Buenos Aires, Fredy Yezzed y Stefhany Rojas Wagner, para realizar la curaduría y selección. “Hoy, más que nunca, dado que la pandemia nos muestra que las clases subyugadas y vulnerables son aún más vulnerables, la poesía es ese vehículo mediante el cual el poeta se para en el margen, da una mirada a la sociedad y señala aquello que siembra larvas en el cuerpo moribundo de la bondad”, plantea Navratilova a Página/12.

“Si algo nos recordó la pandemia es que los seres humanos son tremendamente egoístas. Se salvan solo a sí mismos. Esto se pudo ver en el mundo. En Colombia terminó de exasperar la violencia, y vimos la muerte de decenas de líderes sociales, jóvenes y niños arrasados por la mano negra. Algo desolador. Y como contrapunto volvemos a la fuerza de la palabra que nos muestra el otro lado, el horizonte luminoso de la vida, aquel anhelo que también carga una fuerza terráquea y recuerda a las aves de una bandada por la que seguimos soñando en un océano fértil para todos. Esa es la verdadera resistencia: elevar siempre la voz”, agrega el poeta y editor colombiano.

Yezzed (Bogotá, 1979) confirma que los poemas marcharon en la calle primero y luego ingresaron al espacio íntimo del libro. “Algo teníamos que hacer desde la poesía. Se demostró que el poeta no es un privilegiado ratón de biblioteca, lo vimos en acciones puras y libres, lo vimos en un Raúl Zurita envuelto en la bandera de Chile en el estallido social de 2019. La poeta Elvira Hernández nos obsequió ‘Santiago rabia’ que se copió y distribuyó en la Plaza de la Dignidad. Yo mismo estuve, en mi tarea de activista por los Derechos Humanos, en Santiago por esos días, y lo que vi fue un acto poético, una poesía hecha entre todos”, recuerda el poeta colombiano que vive en Buenos Aires.

 

“Todo poema enciende un corazón y hace mella en el que quiere escuchar. Se viralizó la palabra. A pesar de la pandemia y un Estado represor, la poesía estuvo presente. Nos quitaron tanto, que nos quitaron el miedo a la muerte», explica Yezzed. «En Colombia fue una forma de apoyar reclamos postergados en contra de más de 80 años de gobiernos de derecha, indiferentes, corruptos y violentos. Las lecturas fueron una forma de protesta pacífica: la creatividad, la cultura y la imaginación fueron parte de la agenda cívica y social. La belleza no podía dar un paso al costado frente a tanto horror”. Rojas Wagner (Bogotá, 1994), poeta, novelista, artista plástica y editora, reflexiona sobre lo que puede aportar un poema. “Cuando ofrecemos un poema ofrecemos nuestro corazón con esperanza, como una pregunta que nos confronta. Si algo hace el arte es acercarnos como seres humanos en esta tarea de existir. Pensamos en la poesía como un motor de cambio que permite escucharnos los unos a los otros”.