Uruguay / El jaque de la LUC

Una opinión personal

Primera de  una serie de notas sobre este tema 

1. Pegándole al bizcochazo del lado equivocado 

«Paro político». «Están contra el gobierno». «Para hacer una demostración de fuerza».

Estas han sido algunas de las balas disparadas por los voceros del gobierno, comenzando por el presidente, luego del paro general parcial del 15 de setiembre y su movilización.

Voy a empezar por lo último. Si alguien intenta una demostración de fuerza y le sale mal, resultaría ser una demostración de debilidad. ¿Qué tal fue en concreto en este caso, fuerza o debilidad? Si tanto les molesta el hecho, la pregunta se contesta sola.

Veamos eso de que el paro es contra el gobierno. Y de que el movimiento sindical va tras el Frente Amplio.

Ya en julio el diputado colorado Schipani le contestó al frenteamplista Nuñez, que había criticado la suba de los combustibles aplicando un mecanismo contenido en la LUC, diciendo que el FA había aprobado en el parlamento los artículos correspondientes, 235 y 236, de dicha ley.

No sería la primera vez ni la última en darse una situación parecida, el tema de los combustibles motiva cada vez más polémicas, pero otros parecidos también. Cada vez que el FA critica algún aspecto de la política del gobierno sus voceros señalan posiciones colaboracionistas previas del FA con éste, o bien políticas similares del gobierno previo del FA.  Por ejemplo, la comparación del contrato reciente con la empresa Katoen Natie, y el contrato del gobierno del FA con UPM.

Es casi imposible no encontrar, ante cualquier crítica del FA al gobierno, alguna respuesta de  «pero que hablan ustedes, si…». Ahora, el posible TLC con China ha puesto al FA en una extraña disyuntiva: si criticar al gobierno por ir a ese TLC, o reivindicar para sí haber iniciado ese camino.

La campaña de defensa de la LUC ya ha sido iniciada por el gobierno, por ahora es muy vacilante la respuesta de la campaña por la derogación. Todo esto viene mostrando crudamente las consecuencias de la política de «reducir el daño», que de hecho ha significado agravar el daño. El gobierno amortiguó apenas un poco el primer golpe pero lo dio y es muy fuerte, y de inmediato dio los otros apenas demorados un poco, de avances que continúan la LUC. La Rendición de Cuentas, el desmantelamiento del Instituto Nacional de Colonización, etc.

La otra cara de la misma moneda es la acusación oficialista de que la campaña del FA por la derogación parcial de la LUC es en realidad una excusa para recomponer la militancia y tener así una mejor posibilidad de volver al gobierno. Curiosamente y en espejo, algunos sectores de la izquierda extra-frentista que descartan la campaña contra la LUC, dicen lo mismo.

Es una curiosa acusación, acusar de lo bueno.

Ni bien se llegó a las casi 800 mil firmas dijo Mujica que «el militante de base nos caminó por encima», lo que muestra la mentira de las medias verdades, y la verdad de las medias mentiras. Porque para que el militante de base le pase por arriba al dirigente, es necesario que el dirigente, primero, se haya quedado estancado.

Entonces el FA, luego de gobernar durante 15 años para la colaboración de clases y la gestión del capitalismo, luego de la derrota y de año y medio de intentar conciliar ahora desde una «oposición de Su Magestad» portándose bien ante un gobierno abiertamente reaccionario, y cuando surge apenas un desborde desde la base, todo lo acotado y difuso que se quiera pero apuntando a una rebelión contra el ajuste capitalista, es que empieza a las cansadas su confusa dirección a tratar  de acomodar el cuerpo metiendo algún matiz de oposición tímida, parcial, a los tumbos y con un abanico de indefiniciones internas que no saben resolver.

Y relación de esta burocracia política con la burocracia sindical es exactamente al revés de lo que el reproche de la derecha dice. Y a veces lo dice al revés.

Obviamente no se trata de que el FA quiera arrastrar a los sindicatos y otras organizaciones sociales a la rebelión, quiere contenerlos, e incluso dicen eso expresamente y lo reivindican. Tampoco es que la burocracia sindical tironee al FA hacia la izquierda. La pugna interna estratégica sobre la LUC ha mostrado lo contrario. La dirección del Pit-Cnt ha usado la rebaja programática del FA para argumentar con eso su propia rebaja programática. Fue lo que se adujo para imponer por arriba el rechazo a la iniciativa contra toda la LUC, que eso era necesario para contar con el FA.

Y ahora el señalamiento desde la coalición reaccionaria gobernante es: pero ustedes se están contradiciendo con su política colaboracionista. ¡Están pasando ser opositores!

Vayamos poniendo los puntos sobre las íes uno por uno. El FA llegó al gobierno por medio de una transacción triple.

A las clases dominantes y su brazo armado les ofrecieron rebajar el programa a la mera gestión capitalista con algunas mejoras mínimas a la clase trabajadora, y no tocar la impunidad militar, a cambio de que esas mejoras fuesen aceptadas, lo mismo que su entrada al gobierno.

A las clases trabajadoras, les ofrecieron esas mejoras mínimas pero significativas en ese contexto de enorme penuria económica, a cambio de abandonar mayores pretensiones de cambios de estructuras o reformas más radicales.

Y al aparato frenteamplista, predominantemente de sectores medios, se le tiró la participación en el botín del aparato del Estado, a cambio de un total disciplinamiento vertical a los que tendrían la llave de la canilla. Eso reduciría a su ala izquierda a un papel decorativo. Y en algún caso más relevante como es el del MPP,  cooptarlo con un lugar de socio de primera línea.

Para que todo eso fuese posible era imperioso un elemento: rebajar totalmente el papel de los Comités de Base y transformar a la militancia en simple expectadora, y claque en algún caso. De ahí viene el término «foca» con el que la derecha más cavernaria empezó a calificar a esta militancia.

Entonces, el gobierno del FA fue un gobierno de gestión capitalista, incluyendo la profundización de la dependencia, el extractivismo, el aumento de la deuda externa, la privatización gradual de las empresas del Estado, la reforma regresiva de la educación, etc etc. No vamos a sobreabundar.

Para eso, la militancia para su casa. Como el «Felices Pascuas» de Alfonsín.

Pero ningún gobierno de gestión del capitalismo puede resolver los problemas estructurales del capitalismo. El Frente tampoco. Acabado el período del «viento de cola» en que la profundización de la dependencia pudo acompañarse con un cierto derrame de la captación local del excedente, las condiciones de ese «equilibrio Nash» se agotaron. La clase dominante pateó el tablero, ya no es negocio che.

Y se vio en la imperiosa necesidad de recuperar la gestión directa del gobierno a través de su aparato político tradicional. Para eso se necesitaron dos cosas.

Una, aprovechar la oportunidad que les daba el desgaste del FA en el gobierno ya con serios problemas. Aprovechar las fisuras abiertas en su base y en su implantación política popular con sus confusas variantes socialdemócratas, social-liberales, populistas, estalinistas en decadencia, etc. etc., y el fracaso inevitable de la compensación por goteo para contener la rebeldía popular cuando las gotas se agotan por la sequía del giro en la situación mundial y regional del capitalismo. Demasiado, para cualquiera. Para aprovechar ese vacío en la política frentista, la derecha armó a las apuradas una demagogia populista.

Y la otra, recomponer ese desvencijado aparato político tradicional, muy golpeado por la crisis vivida en los años anteriores, por las contradicciones entre los distintos sectores de la clase dominante y sus aparatos burocráticos de mediación, por todo su arcaísmo político. Los sectores orientados a una modernización de la política burguesa tienen una base muy débil y no han prosperado, los sectores más tradicionalistas son incapaces de ninguna renovación. Estos huecos pueden ser aprovechados por el fascismo emergente de Cabildo Abierto, que tiene que levantar una bandera populista… pero no muy populista. Y los socios menores son decorativos.

Esta debilidad de todos que se compensa porque es la debilidad de todos, es Uruguay. Es lo que ha sido siempre.

¿Y qué de una verdadera oposición a la política reaccionaria? ¿Qué tenemos?

Los intentos de política popular alternativa se han venido frustrando uno tras otro. Y debemos decir la verdad: Por el bloqueo que significa la política conciliadora y colaboracionista impuesta desde arriba por el aparato burocrático, sin duda. Pero TAMBIÉN por nuestra propia incapacidad, eso es clave. Por el predominio del sectarismo, el oportunismo «izquierdista», el fraccionalismo, el más estrecho dogmatismo.

Y en la campaña contra toda la LUC hemos visto en ese tema «un caso para una tesis», la Coordinadora contra toda la LUC. Nos ocuparemos de eso en una nota próxima de esta serie, no ahora.

Lo que sí corresponde señalar aquí es que dentro de esa brecha que lentamente se va abriendo entre la militancia de base de izquierda, los militantes sindicales y sociales por un lado, y el aparato burocrático por el otro, no ha habido en ese terreno ningún eje de acción que pueda decirse principal. Han habido muchas cosas, eso no.

Eso no, tal vez hasta ahora. Tal vez, ahora, tengamos un «eje candidato», un espacio de acción en que la militancia pueda salir de la casa, volver a las calles, y ya no en el ghetto de cada uno. Ocupar la calle principal.

Entonces, paro político.

Y así, de esa supuesta acusación resultaría entonces que ¡sí!, tenemos una política, y que es una política de oposición orgánica al programa de gobierno, pluralista, universal, activa, de masas, con los sindicatos organizados en la calle y puentes hacia distintos sectores de la ciudad y el campo. ¡Oh!

Digamos la verdad verdadera, no es TAAAAN así.

Pero gracias por el cumplido.

(Continuará)

 

Fernando Moyano

 

 

 

 

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