Para Hobbes, la multitud es el enemigo del orden y del gobierno soberano. La imposibilidad de asirla, de ponerle nombre e identificarla, genera una fractura en el gobernar el territorio mediante el isomorfismo entre geografía y habitantes. Por su parte, para Paolo Virno, la multitud es una muchedumbre sin hogar: personas que no tienen ni un espacio de representación ni tampoco una adscripción fija a una forma de ser en el mundo. Son, se tienen a ellos mismos, al lenguaje, a las posibilidades innumerables de ser en el mundo, pero es imposible fijarlos e identificarlos.

En cierta medida, la multitud, como reza Heidegger, está arrojada al mundo. En este estar arrojado al mundo (Geworfenheit) se debe producir lo humano y la vinculación con el mundo mediante el cuidado. Este cuidado se da a través del autoconstituirse, como también mediante el dominio de la técnica. Técnicas que producen espacios para habitar, que regulan el mundo. En esto último, encontramos dos ideas claves en el proyecto fotográfico Rukos de Sebastián Donoso Larraín (Santiago de Chile, 1959).

Por una parte, se presenta la idea de una multitud sin domicilio, que debe cuidar el mundo, o trabajarlo para vincularse a él, mediante el desarrollo de técnicas que conquistan el espacio. Donoso aporta fotografías en blanco y negro que, a la vez, remiten a una forma de ver lo que él presencia, y establecen un itinerario de observación para quien revisa su trabajo.

Sebastián Donoso, de la serie Rukos. Cortesía del artista

Sebastián Donoso, de la serie Rukos. Cortesía del artista

Sebastián Donoso, de la serie Rukos. Cortesía del artista

Cómo se construyen o qué son estas viviendas y habitantes son preguntas desahuciadas de inicio por las imágenes, que dan paso a los temas nodales de la serie: el espacio y su conquista. En este trabajo, los rukos se escapan del miserabilismo que retrata lo abyecto, y se presentan oportunidades de ser, y dar orden a los mundos. El espacio abandonado, eriazo, des-gobernado, olvidado por el repertorio de lo residencial, permite nutrir formas de cuidar y producir humanidad a un costado. Los gestos del ingenio, la fuerza e impulsos desplegados por los albañiles se cristalizan en cuerpos arquitectónicos impensados, pero aparecidos y vívidos.

Por otra parte, en las imágenes se ve el rol metépsico de la arquitectura: dar formas al mundo por sobre imitar a este. Imágenes sobre imágenes se montan en los objetos retratados. Las fotografías son un medio cubierto de otros soportes materiales, sombras y lugares que no son para nadie lugar salvo para sus habitantes. Entre este juego de medios e imágenes, encontramos el plástico cumpliendo el rol y forma de una vivienda completa; rukos ajardinados con el árbol de una plaza pública, o casas que podrían ser objeto-arte, ya que están secundadas del Museo de Bellas Artes.

La multitud que se establece en imágenes escapa al solo hecho técnico material de las viviendas y permite ver intimidades. Intimidades que, con el cuidado mediante la técnica dada por el autor, exponen las formas de cuidado y soporte vital que cada una de las personas retratadas da a su vida. Estos retratos completan la invitación a ver eso que las viviendas a veces ocultan. La humanización de la arquitectura se da, para el espectador, bajo la mirada que mira de vuelta del habitante.

La ciudad, a su vez, no es el único espacio del ruko. Rukos rurales, rukos eriazos, rukos mínimos. Cuerpos arquitectónicos que aparecen según las necesidades y oportunidades, técnicas, destrezas y deseos del cobijo que tiene esta multitud. Una multitud que, al no tener un lugar en el cobijo del pueblo, ciudadanía o comunidad, se da a sí misma, un hogar, hogares y espacios.

Sebastián Donoso, de la serie Rukos. Cortesía del artista

Sebastián Donoso, de la serie Rukos. Cortesía del artista

Sebastián Donoso, de la serie Rukos. Cortesía del artista

De esta manera, el trabajo de Sebastián Donoso se compone a partir de fragmentos que proponen un orden a eso que aparece, y a la vez, desaparece dejando trazos. O esas vidas que se zurcen a sí mismas de los trazos de otros. El orden propuesto por las imágenes busca guiar la mirada otra de quien está del lado del espectador. Por su parte, la serie se ve potenciada en la exhibición gracias a un guion museográfico que abre con los rukos, para luego visitar a sus albañiles/habitantes.

El trabajo de Sebastián Donoso, desarrollado en cuatro años de derivas y constitución de vínculos y amistad, logra explorar a la multitud con la gracia de la cercanía. Las imágenes, si bien obras siempre abiertas, no buscan poner cercos ni intencionar una mirada diferente a la de la humanidad. La cercanía presentada muestra una diferente a la de la familiaridad, como eso que pertenece y tiene vínculos de parentesco.

Quizá la idea de la fotografía de Sebastián Donoso se parece a eso que Janet Carsten llama relatedness: las formas de interacción y vínculo que movilizan asociaciones más allá de lo que se da en la esfera privada, siempre abiertas y mutables. Una cercanía que facilita dar otro repertorio de identificación, tanto a los retratados, como al autor.