🌾Relatos por el Monte🌾

Yo era una niña de trenzas mal armadas y siempre en patas, mi abuelo pasaba por casa, generalmente los domingos y nos decía: “vamos a juntar jarilla y pescar mojarras” y así la banda de tres nietos se subía en la parte de atrás de su auto, entre sanguchitos y algun jugo esos de sobrecito llegábamos a los lugares mas recónditos del norte cordobés, escalábamos alguna sierra, inventábamos aventuras, descubríamos morteros o pictografías que mi abuelo se encargada de dejarnos en claro la importancia de proteger y de “no decir nada para que no lo explote el turismo”, saliamos “todo’ rraspado’” por el monte tupido que tanto caracteriza mi infancia, un monte de sierras bajas, cañadones profundos, mucha espina y seca, el viento que tendía a arremolinarse en el encuentro del arriba y el abajo, palma caranday y obvio Jarilla. Jarilla que mi mamá hervía y con esa agua me dejaba el pelo brillante para cada evento especial: Misa, comunión o cumpleaño’.
Desde el viernes mi infancia esta en llamas, desde el viernes mi infancia no para de arder y no logro encontrarme, cuando los lugares donde encontraba la felicidad mas plena fueron reducidos a cenizas no encuentro lugar al cual aferrarme, no hay colorcito a algarrobo recién rebrotado rodeandome, ese colorcito que me recordaba lo necesario de lo cíclico, lo necesario de mirar pa’ arriba y pa’abajo, de plantar las patas bien firmes para poder recorrernos, no están esas florcitas rojas con el nectár dulce pequeñas que decoraban mis tortitas de barro.
El fin de semana presencié la identidad prendida fuego, fuego que es avaricia, indiferencia, fuego que arrasa con los modos de vida de muchisimos campesinos y campesinas que son parte del monte. El fuego es voraz, pero la especulación es el peor mal que nos atraviesa.
En medio de las corridas, del fuego por todos lados, de la muerte acechando vi a un puñado de locos y locas insistiendo con la vida, vi un puñado de locos y locas corriendo y dándolo todo para salvar un Taku tata con ese verde tan particular con la que los pinta la primavera, vi un puñado de gentes proponiendo vida, ante tanta muerte, vi lágrimas recorriendo sus mejillas ante la impotencia de tanto contrafuego descontrolado, tanta desolación y ví como esas lágrimas se convirtieron en agua para regar la tierra tan dolorida, para que de pronto sea abrazo, encuentro, sonrisa, comunidad, que sea solidaridad, puerta abierta.
Ante tanta muerte, insistimos con la vida.
No queda más que ser ave fenix y resurgir entre las cenizas de la muerte, el fuego sigue, el dolor también, el olor de las cenizas se cuela por la nariz y el dolor se nos instala en el cuerpo, sólo nos queda el encuentro, el abrazo y lo colectivo. No me queda más que agradecer a quienes abrazaron este monte, siempre agreste, pinchudo, bajo y seco y lo hicieron suyo, lo defienden como suyo. No van a poder avanzar sobre el amor, ese territorio nos pertenece, ese territorio es nuestra mayor arma.
Relato de la Negra Euge Brigadistas. 
Gracias Asamblea Ambiental San Marcos Sierras Brigada Chiviquin y demás brigadas…
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