Meses atrás publicamos un texto llamando a una visión que analizara críticamente el estado de superpoblación y violencia que se viven dentro de las cárceles uruguayas y el estilo de difusión que “comunicaban¨ los medios oficiales de prensa. La conclusión final a la que queríamos llegar era que la violencia inherente a la vida dentro del estado y los sistemas capitalistas precisa de la cárcel y la injusticia para legitimarse y subsistir, que el delito y la prisión es producto de la desigualdad y el trato de por sí ya es deshumanizante, lo es en la forma que tenemos que vivir nuestras vidas en sociedad y muchísimo más dentro de los recintos penitenciarios y urge tomar acciones en colectivo para cambiar nuestra realidad y no volver nunca a hacer ejercicio de este tipo de violencia de la cual hace uso el estado y el capitalismo.

En esta oportunidad queremos corregir un error que cometimos a la hora de producir el texto y que no podemos dejar pasar, en primer lugar, para no caer en la trampa del lenguaje autoritario que está cristalizado en el imaginario de lo cotidiano, y segundo, en pos de la honestidad intelectual. Queremos también dar con esta posdata unos primeros acercamientos a un posicionamiento crítico del concepto de rehabilitación.

En la publicación original al cual este texto se refiere cometimos el error de decir, “Si alguien se tiene que rehabilitar aquí somos nosotrxs como sociedad” con una lectura inocente parecería no haber problemas, pero el asunto aquí es que el mismo concepto de rehabilitación nos molesta. ¿Por qué? Porque el concepto de rehabilitación pertenece al pensamiento y lenguaje del sistema penitenciario y de las instituciones autoritarias, entendemos que al utilizarlo estamos de alguna manera aceptando su legitimidad en el imaginario social y eso es algo contra lo cual combatimos. ¿Pero qué es rehabilitación? la rehabilitación es un concepto que presupone una forma natural de ser y quien debe someterse a ella es una persona desviada de las formas correctas, este supuesto es el que comparten todas las políticas “re” (rehabilitación, reinserción, reeducación) que funcionan dentro del sistema penitenciario y demás instituciones estatales y público-privadas que se encargan de enderezar a aquella persona que dentro del orden actual de las cosas pueda considerarse como un desviado.

Esta manera de pensar que nos trae el concepto “re” invisibiliza la realidad de la cuestión. Ya dijimos que el delito es un mecanismo legal para defender los intereses del capitalismo y que de las clases sociales que lo cometen, solo una recibe el peso de la ley. No es extraño oír que cuando alguien rico o que se dedica a la política comete un delito se diga que ha cometido un error, ¿pero porque a ellxs se les perdona y a lxs pobres no? la respuesta a nuestro parecer es que no hay verdaderos equívocos sino una violencia estructural que empuja a muchxs y conviene a unxs pocxs.

¿Pero qué quisimos decir con “rehabilitarnos como sociedad”? El origen del error no es lo que aquí interesa pero si prestan atención se darán cuenta de porque quien escribe cayó en tan terrible eufemismo y es que el concepto se confunde con lo que realmente quisimos decir, cambiar de perspectiva.

Creemos que es necesario que tanto los colectivos militantes como la sociedad de la cual son parte cambien su perspectiva respecto a la realidad de la cárcel y el sistema que lo engloba, para poder acercarse a combatir la injusticia desde su verdadera raíz debemos meditar sobre la esencia misma del delito y la legalidad, que son siempre herramientas de las cuales el poder se sirve para dominar y segregarnos, lejos de una inocencia que limite el diálogo y el autocuidado porque la cuestión que
posibilita al estado ejercer esta violencia recae es nuestra incapacidad actual para defendernos de todos los abusos (antes, durante y después) que somos capaces de cometer lxs humanxs entre nosotrxs y el resto de especies.

Terminado este texto solo nos resta decir que el tema está lejos de estar acabado porque esta es una cuestión que toca todos los aspectos de nuestra vida social e individual, esperamos en futuras publicaciones seguir aportando insumos a la discusión. Sin más que decir esperamos que esta posdata haya ayudado a pensar mejor la cuestión y que podramos encontrarnos prontamente en las calles.