Revista de Prensa ALTERNATIVAS

1°)Los de abajo, sin estrategias y confundidos

2°) Brasil – Tensión en el aire

3°) Uruguay / Gabriela Jiménez presentando «También llueve». (video)

 

Los de abajo

Raúl Zibechi        Análisis y Noticias

Brzezinsk, ex consejero de Seguridad Nacional de Carter, enfatiza que 20 por ciento de la población mundial es suficiente para sostener el sistema económico y que 80 por ciento restante no tendrá ni empleo, ni oportunidades, ni futuro. Una dificultad mayor para actuar conjuntamente, que divide profundamente a los movimientos y organizaciones, proviene de la izquierda, que quedó atrapada en el binomio dictadura o democracia, apoyando siempre al “mal menor”. Más allá de cuántos sean los verdaderamente empeñados en superar este sistema, lo que parece decisivo es avanzar hacia autonomías territoriales donde ejercer autogobiernos, capaces de crear mundos nuevos. Su multiplicación, será por contagio.

El 80 por ciento, sin estrategias y confundido

Raúl Zibechi

La Jornada

Un año después del alzamiento zapatista, durante el Foro sobre el estado del mundo (State of the World Forum) en San Francisco, en 1995, miembros destacados de las élites globales comentaron las estrategias que vienen diseñando.

Como se sabe, porque el tema ha sido difundido en libros y en muchos medios, Zbigniew Brzezinski (ex consejero de Seguridad Nacional del gobierno del presidente de Estados Unidos Jimmy Carter e ideólogo del neoliberalismo) expuso su idea, la Sociedad 20-80, que se ha convertido en paradigma de las clases dominantes, aunque se niegan a repetirlo por razones más que obvias.

Enfatiza que 20 por ciento de la población mundial, es suficiente para sostener el sistema económico y que 80 por ciento restante no tendrá ni empleo, ni oportunidades, ni futuro. El primer sector es el que participa de los beneficios del sistema: consumo de calidad, sanidad y educación privadas y empleos en empresas de alta tecnología.

Los de abajo, ese inmenso 80 por ciento, consumen comida chatarra, llenan la panza, pero no se alimentan, son adormecido con entretenimientos que los aturden y les impiden comprender lo que sucede alrededor. Los de arriba leen libros y periódicos, asisten a universidades, viajan y tienen capacidad de ahorro. Los demás sólo miran televisión, telenovelas y partidos de futbol.

Bzrezisnki acuñó el término tittytainment (pechos más entretenimiento, en el sentido del adormecimiento de los bebés cuando son amamantados), para dar cuenta de cómo tratan a las mayorías del sistema-mundo.

Hasta aquí un panorama bastante conocido de lo que sucede en el mundo actual, digamos posterior a la implosión de la Unión Soviética. Se pueden discutir los porcentajes (20-80 o 30-70), pero parece fuera de discusión que el mundo está dividido en estos dos sectores: los que sostienen el sistema y los descartables.

El problema principal, es el que apunta Carlos Fazio con base en el análisis del sicoanalista Mattias Desmet (https://bit.ly/3K26qK6). Encuentro que el llamado grupo disidente debe ser bastante inferior al 30 por ciento que se menciona en el artículo. Ojalá seamos 10 por ciento, pero me parece inconducente detenernos en la cuestión de los porcentajes.

El tema central es si hay posibilidad de unirnos, como apunta Fazio, y cuáles son las dificultades que enfrentamos para hacerlo. Entiendo que hay varios problemas a superar, tanto estructurales como culturales.

La primera dificultad son las naturales diferencias del sector antisistema, destacando las sexuales y de género, las contradicciones y desencuentros entre generaciones, las de color de piel, geografías y culturas, que dificultan la creación de un nosotros, una identidad colectiva o, en su lugar, espacios de confluencias entre diferentes y diferencias.

En segundo lugar, entre quienes nos definimos anticapitalistas no tenemos consensos antipatriarcales y anticoloniales, por lo que el machismo y el racismo siguen provocando escisiones y rupturas. Conozco unos cuantos colectivos que han quebrado, literalmente, por la actitud machista de algunos integrantes.

La cultura política estatista o estadocéntrica, es la tercera dificultad a superar. No podemos pasar por alto que la adhesión a las políticas sociales –como expresión de la cultura estatista– sigue siendo mayoritaria en el campo del 80 por ciento, entre los de abajo. Por el contrario, la tensión por la autonomía y el autogobierno son minoritarias, aun entre movimientos que trabajan en esa dirección.

Sin poner nombres, conocemos importantes movimientos de pueblos cuyas comunidades sobreviven del cultivo de drogas, lo que contradice brutalmente los objetivos trazados, ya que los convierte en rehenes del narcotráfico y, por tanto, de grupos paramilitares y del propio Estado.

Sin embargo, una dificultad mayor para actuar conjuntamente, que divide profundamente a los movimientos y organizaciones, proviene de la izquierda. Una parte central del entretenimiento aturdidor es el sistema político, el circo electoral: pan y circo, decían los romanos, que hoy podemos traducir como políticas sociales y campañas electorales.

La izquierda de arriba, la electoral e institucional, es parte central del entretenimiento que ofrece el sistema, con su promesa de renovación cada cuatro o seis años, apelando al mismo marketing que se usa para vender jabones. Profesa la cultura del consumismo que caracteriza al capitalismo y ha secuestrado la política electoral.

Esta izquierda quedó atrapada en el binomio dictadura o democracia, apoyando siempre al mal menor, aun sabiendo que de ese modo no se puede construir nada distinto.

Más allá de cuántos sean los verdaderamente empeñados en superar este sistema, lo que parece decisivo es avanzar hacia autonomías territoriales donde ejercer autogobiernos, capaces de crear mundos nuevos. Su multiplicación, será por contagio.

 

Raul Zibechi

 

 

 

Tensión en el aire

Fuentes: Página/12 (Argentina) [Imagen: El presidente Bolsonaro en el Fórum Moderniza Brasil – Ambiente de Negócios, el 15 de diciembre de 2021 en São Paulo. Créditos: Isac Nobrega/PR. Agência Brasil]

La primera quincena de este 2022 en que habrá elecciones en Brasil trajo clarísimos indicios de lo que se puede esperar de parte del tenebroso gobierno ultraderechista de Jair Bolsonaro, el peor presidente de la historia de la República: un fuerte aumento de la tensión ya existente.

Y eso, en todos los sentidos y direcciones. La pandemia se incrementó de manera violenta a raíz de la expansión de la nueva cepa de Covid-19, que no se hizo más fatal por una única razón: el alto porcentual de brasileños que, pese a las acciones negativas del gobierno, recibieron las dosis completas de inmunizantes (alrededor de 68 por ciento de la población).

Los datos oficiales siguen boicoteados por el ministerio de Salud. Nadie sabe al cierto cuántos son los infectados. Pero hospitales públicos y privados informan que, de los internados, al menos el 80 por ciento no fueron vacunados. Y el peso de esa constatación cae sobre el presidente que desprecia la inmunización.

La economía sigue arruinada y sin perspectivas de salida a la vista, la destrucción de todo lo que fue construido a lo largo de las últimas muchas décadas sigue a todo vapor, la miseria crece frente a la inercia criminal del gobierno, inversores extranjeros huyen de Brasil como el Diablo huye de la cruz.

Peor aún, lo que se vio en esta primera quincena del año de parte de Bolsonaro insinúa claramente que la campaña electoral ya en marcha será de las más tensas y violentas de la historia reciente.

Sin excepción, todos los sondeos y encuestas de opinión pública indican que el ex presidente Lula da Silva supera al actual por miles de millas marítimas de distancia. Claro que faltan ocho meses – casi una gestación – para las elecciones, pero sobran señales de que son altas las posibilidades de que Lula vuelva a la presidencia en la primera vuelta.

También muestran que los que se proponen como “tercera vía”, es decir, ni Lula ni Bolsonaro, no logran despegar y siquiera llegan a un 10 por ciento de las intenciones de votos. El actual mandatario mantiene, por ahora, alrededor de 25 por ciento del electorado, y se confirma que un 15 por ciento son seguidores radicales.

¿Es suficiente? No. Quizá para llegar al balotaje, pero no para ganar. Entonces, ¿cuál la opción del ultraderechista y desequilibrado Bolsonaro para invertir semejante cuadro negativo? Radicalizar más y más.

Por esos días iniciales de un año decisivo él mostró con cuáles armas pretende dar combate. Volvió a atacar con violencia a los integrantes del Supremo Tribunal Federal que, a su vez, participan del Tribunal Superior Electoral; volvió a mencionar el atentado que sufrió en 2018 acusando a su autor – considerado mentalmente irrecuperable por la Justicia– de pertenecer a un partido de izquierda, y volvió a denunciar que las elecciones que lo llevaron al despacho presidencial fueron fraguadas para obligarlo a competir la segunda vuelta cuando, según él, ya había ganado en la primera. Miente y comete crimen electoral, pero insiste e insiste.

Volvió a acusar el actual sistema de no ser “auditable”, cuando todas las pruebas técnicas y científicas indican lo contrario. Reforzó la distribución de miles de millones a congresistas que por ahora se muestran leales a él, mientras insinúa que cuenta con pleno respaldo de las Fuerzas Armadas para impedir “el retorno de la amenaza comunista” que querría transformar a su tan amada patria en una nueva Venezuela o en una nueva Argentina. Pero los militares tratan de emitir señales de que se alejan de él cada vez más.

Ya empezó a incrementarse la ola de falsas noticias distribuidas por las redes sociales a través de mecanismos controlados por su hijo Carlos, el concejal de Río de Janeiro que vive en Brasilia, mentiras generosamente financiadas no se sabe por quién (y quien sabe no lo dice). Al mismo tiempo, se fortalecen los incentivos a los bajos rangos de las Fuerzas Armadas, de las policías y de los “milicianos”, sicarios que se extienden por todo el país, para que incrementen su ya pleno respaldo a Bolsonaro. Todo eso quedó claramente demostrando en los primeros movimientos del ultraderechista en este principio de año.

Nada indica que será suficiente para invertir el actual cuadro. Pero seguramente será eficiente para aumentar la tensión cada vez más. Hasta qué punto, imposible saber por ahora.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/395645-brasil-tension-en-el-aire

 

 

 

 

Uruguay                       Cultura:

Gabriela Jiménez presentado También llueve. Espacio Cultural Churrinche, Aiguá. diciembre 2021

 

 

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