Revista de prensa ALTERNATIVAS – ⭐-28/01/2022

1) Mèxico: Defensoras de cuerpos-territorios-tierra de mujeres rurales, indígenas

 

✴2) Fiscalía de Perú pide que no salgan del país los funcionarios de Repsol

 

✴3)La crisis en Ucrania en un par de imágenes

 

La pandemia capitalista y el Aprendiz de Brujo: el enemigo invisible

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Mèxico: Defensoras de cuerpos-territorios-tierra de mujeres rurales, indígenas, campesinas y sus entramados comunitarios

____MEX_Muj en resistencia

Cartel realizado por las mujeres organizadas de la región fronteriza en la acción que se realizó el 25 de noviembre de 2020. Autora: Diana Lilia Trevilla

Mèxico

 

En un rincón de la frontera se teje insurgencia. Territorios encarnados ante la (re)patriarcalización

 

 

Delmy Tania Cruz Hernández*

 

 

Resumen: Ante las inminentes amenazas de despojo y el incremento de violencias sobre los cuerpos-territorios-tierra de mujeres rurales, indígenas, campesinas y sus entramados comunitarios, hace seis años se comenzó un intercambio de diálogos y tejidos organizativos entre diversos colectivos de la frontera, mujeres de la Meseta Tojolabal de Chiapas (Comitán, La Trinitaria y Las Margaritas), con el fin de construir un repertorio de acciones y establecer diques para frenar la (re)patriarcalización del espacio social. El objetivo del artículo es iniciar la conceptualización del significado de territorio encarnado, categoría analítica que está elaborando el telar organizativo de mujeres diversas. Primero, delinearé el contexto fronterizo para enmarcar la (re)patriarcalización de los territorios que se despliega en ese rincón del sureste, caracterizado por economías de enclave que construyen geografías desiguales de riqueza e impulsan dinámicas de violencias. Después, analizaré los itinerarios, recorridos y estrategias que las mujeres organizadas de la frontera despliegan para ir enunciando lo que se atestigua como territorio encarnado.

Introducción

En uno de los lugares periféricos de la ciudad fronteriza de Comitán de Domínguez está el barrio de los desamparados donde se ubica la sede del Centro de Educación Integral de Base A. C. (Ceiba).

Ahí, antes de la emergencia sanitaria ocasionada por el COVID-19, solían reunirse cada mes cuatro colectivos organizados de la región fronteriza correspondiente al corredor Comitán, Chiapas- Huehuetenango, Guatemala para gestar organización y crear estrategias colectivas que vuelvan más visibles sus territorios. A partir de marzo los encuentros se suspendieron. Todo quedó paralizado. Pero cada colectivo se llevó a sus comunidades la semilla insurgente que ya estaba sembrada en cada una y uno.

En lugar de físicas, las citas de los colectivos comenzaron a hacerse por medio de plataformas virtuales. El aire estaba mezclado con un olor a incertidumbre. En las llamadas se escuchaban preocupaciones, temores, angustias por no saber el verdadero significado del virus y la implicación de un encierro. Las primeras reuniones llevadas a cabo por medio de Zoom se complicaron por la falta de medios materiales para hacerlas. Entonces, la vía fueron las llamadas telefónicas y de WhatsApp.

Durante los primeros meses del confinamiento, se mantuvieron las reuniones colegiadas. Pero después cada grupo decidió que esta vez la apuesta colectiva que se había construido tenía que encarnarse con más profundidad en el territorio.

Imagen 1: Rumbo a Ceiba en la urbe marginal de Comitán Chiapas. Autora: Delmy Tania Cruz Hernández.

Territorios (re)patriarcalizados en la frontera sur de Chiapas

Al tomar el camino viejo a Independencia, la primera foto que se encuentra al fondo del camino para llegar a la sede de Ceiba son dos minas de arena que antes eran cerros. El paisaje es gris. Un gran porcentaje de personas, la mayoría hombres, se han convertido en empleadores y trabajadores de bloques para la construcción porque el campo ya no les da sustento.

Las políticas neoliberales implementadas en las últimas cuatro décadas en México desplazaron a personas del campo que ahora realizan trabajos precarios en las urbes. Estas políticas estrangularon el espacio rural y sacaron al campesinado de la ecuación neoliberal (Cruz Hernández, 2019).

En particular en Chiapas, desde los años ochenta, el Estado reorientó la producción agropecuaria, al impulsar la ganadería y la agricultura de tipo empresarial (algodón, sandía, melón, caña de azúcar, soya, cacahuate, café, cacao, tomate). También promocionó la producción de monocultivos y expandió la economía extractiva de los recursos naturales (barbasco, madera, biodiversidad) (Olivera, et al., 2014: 96-98). En el corredor fronterizo, un claro ejemplo del desplazamiento de cultivos tradicionales (maíz y fríjol) a la agroindustria se observa en la carretera 190, que lleva de Comitán a Lagos de Montebello. Allí la compañía Agrocima[1] instaló decenas de invernaderos de tomate. Dos décadas atrás en ese ramal se cultivaba maíz para la venta entre comunidades en la región.

La misma senda que lleva a Ceiba da entrada a los ejidos de la llamada zona rural de Comitán. Antes de llegar a la parte campesina, como cinturón marginal, se ubican decenas de bodegas de autobuses de carga que trasladan mercancías por todo el país. En medio de los bodegones hay diversos bares de «entretenimiento» donde se venden bebidas alcohólicas a cambio de pasar un rato con mujeres. «Cuando comenzaron a funcionar las bodegas, se fueron instalando más y más bares».[2] Ello ha provocado el incremento de la presencia masculina en el espacio. «A los bares llegan de todo: soldados, campesinos, obreros que trabajan en la construcción y los choferes son los que más».[3] De acuerdo a un informe realizado por Sipaz en 2015, la ciudad fronteriza de Comitán se ha convertido en una de las rutas de paso más importantes de mercancías, personas, delincuencias, etc., y es considerada una de las urbes de la frontera más porosas por sus tramas delincuenciales. Estas no se perciben a primera vista y son poco abordadas por las autoridades, lo cual genera aires de impunidad en la región.

El corredor fronterizo Comitán, Chiapas-Huehuetenango, Guatemala se encuentra en dinámicas económicas de enclave. Se considera que un territorio es un enclave cuando se vuelve un paréntesis dentro de los Estados-nación con el fin de usar ese espacio social para generar dinámicas socioeconómicas que beneficien al exterior y debiliten la economía local (Pierri y Abramovsky, 2011: 155). La revitalización del concepto de enclave puede ayudar a comprender las situaciones de desposesión emergentes en Abya Yala en un contexto del capitalismo flexible que acorta distancias y acelera la rotación del capital (Harvey, 2004). Sin duda, en las economías de enclave se profundiza como en ninguna otra la reproducción asimétrica global (Falero, 2011) que deja detrás pobreza, desolación y corrupción (Serje, 2011).

Estas dinámicas socioeconómicas en la región se articulan al cambio de Gobierno en el país. Desde hace dos años, México está gobernado por un régimen de supuesta izquierda. Se observan cambios en el discurso y la superficie, pero la estructura desigual continúa. Las dinámicas clientelares y extractivistas son similares a las de décadas pasadas. Hoy día sigue vigente el interés por ampliar las zonas especiales en el sureste, impulsar megaproyectos como el tren bala en Yucatán como parte del complejo del Tren Maya, fomentar la minería a cielo abierto, ampliar la red de supercarreteras con el fin de dar paso a la recolonización de los territorios. Y en estas obras el Estado es el mediador (López y Rivas, 2020).

Para jugar su papel de mediador, el Estado ha creado instituciones que sirven como dispositivos de reproducción de la neocolonización, como el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI), que significa «el retorno al viejo indigenismo establecido por el régimen priista, clientelar y corporativo, que fue denunciado como política de Estado para los pueblos indígenas» (López y Rivas, 2020: 99).

El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) potenció la instalación de ciento treinta oficinas del INPI en todo el territorio mexicano. Las acciones de los funcionarios del INPI generan tensiones sobre todo en territorios donde se desarrollan procesos autonómicos profundos, como los espacios de vida zapatista, porque los agentes de esa institución actúan como intermediarios en conflictos ambientales entre pueblos indígenas y empresas trasnacionales.

Ante esta dinámica de mediación impuesta por el Estado, actores como el Congreso Nacional Indígena, el EZLN, así como diversas organizaciones de derechos humanos y movimientos sociales en defensa de los territorios, han planteado que los acosos a sus territorios y las tensiones entre ellos y agentes del Estado continúan incrementándose con las políticas impulsadas por el Gobierno actual (López y Rivas, 2020).

 

La guerra de baja intensidad en Chiapas… continúa

Para abordar la noción de (re)patriarcalización del territorio, en el contexto del sureste mexicano, es fundamental revivir el concepto de guerra. Parto de la premisa de que las políticas del Gobierno de AMLO están reforzando la desposesión por acumulación, que produce guerra contra lo vivo. Como bien se sabe, la guerra no tiene género neutro: ciertos cuerpos encarnan más que otros los procesos destructivos del modelo económico.

A finales de los noventa, el EZLN caracterizaba el neoliberalismo como una nueva guerra de conquista de territorios, una guerra en la que se da un proceso de destrucción/despoblamiento y reconstrucción/reordenamiento.[4]

La guerra es más cruenta y ha cobrado tintes distintos en América Latina. Poco a poco han entrado a la escena nuevos actores, como el narcotráfico, cuerpos de seguridad policial privados y paramilitares (Segato, 2017; Falquet, 2017). Lo que persiste es el ataque a las mujeres, los cuerpos feminizados y sus pueblos (Cruz Hernández, 2019). Se hace presente la «dueñidad», el acto de querer poseer los cuerpos de las mujeres, de los niños y niñas, de las feminizadas, algo atribuible al capitalismo patriarcal y colonial más feroz.

En el sureste mexicano, en especial en Chiapas, hablar de guerra no es nada nuevo. El asedio capitalista a los pueblos originarios es una constante cotidiana. En este rincón del mundo se vive una guerra de baja intensidad.

De acuerdo con la definición del concepto de guerra de baja intensidad de los militares estadounidenses, esta es la que requiere el uso de una fuerza mayor con el fin de combatir las revoluciones, movimientos de liberación o cualquier conflicto que amenace sus intereses (Pineda, 1996). La tesis central de la guerra de baja intensidad en Chiapas, que comenzó después del levantamiento zapatista, es declarar un proyecto de contrainsurgencia. El Estado entrena y arma grupos de las regiones para utilizarlos como choque de fuerza militar y mostrarse como inocente, pues se trataría de riñas intercomunitarias. La guerra de baja intensidad trastoca la vida cotidiana, las costumbres, las tradiciones, el arraigo a los lugares donde se nace, donde viven los antepasados y los dioses protectores y las esperanzas cíclicas de tener dónde alimentarse (Olivera, 1998).

Las mujeres están en la primera línea en esta guerra porque son las que defienden la reproducción de la vida social material y simbólica. Las mujeres y los pueblos organizados son el objetivo a atacar, puesto que se sabe que el daño se hace a los entramados comunitarios. Tomo el concepto de entramados comunitarios de Raquel Gutiérrez, quien los define como:

… múltiples mundos de la vida humana que pueblan y generan el mundo bajo diversas pautas de respeto, colaboración, cariño, dignidad y reciprocidad, no plenamente sujetos a las lógicas de acumulación del capital, aunque agredidos y muchas veces agobiados por ellos (Gutiérrez, 2011).

Estos entramados son complejas relaciones sociales que se empeñan en producir lo común; son procesos en devenir, articulaciones políticas, y están en construcción constante.

El ataque a los entramados comunitarios, generado por estos proyectos y políticas extractivas del actual Gobierno, construye territorios de injustica espacial, la cual afecta sobre todo a las mujeres que están creando estrategias organizadas para defender sus territorios. A esa desigualdad espacial el Colectivo de Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo la denomina (re)patriarcalización del territorio:

El entrelazamiento de las violencias patriarcales y coloniales relacionadas al actual ciclo de expansión de capital en el continente que incluye, por supuesto, la respuesta que las mujeres están dando en una lucha conjunta contra la territorialización de los megaproyectos, las formas neocoloniales del despojo de los espacios de vida y la reconfiguración del patriarcado colonial que requiere el modelo extractivista (Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, 2019: 35).[5]

En esta franja fronteriza se observa cómo las economías de enclaves, promovidas por la acción del Estado —y del mercado—, acentúan las desigualdades históricas al complicar la imbricación de opresiones de clase, raza y género en los territorios. Se entiende a los territorios no solo como espacios biofísicos y geográficos, sino también como espacios de vida sociales y corporales (Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismos, 2018; 2019).

La noción de (re)patriarcalización del territorio y sus cinco dimensiones (ecológica, cultural, política, económica, y corpoemocional)[6] nos recuerdan que el despojo sufrido por las mujeres que viven en entramados comunitarios se genera de manera multidimensional y que, al igual que el capitalismo se renueva ante cada crisis, el patriarcado y el colonialismo se reactualizan en los espacios de vida a través de la llegada de proyectos de desposesión.

Cuando estos procesos de despojo se despliegan, el control recae en los cuerpos de las mujeres indígenas, que viven en zonas rurales y campesinas: aumentan la militarización que las cerca, las violencias sexuales, familiares, comunitarias y estatales, la múltiple carga de trabajo familiar y comunitaria que muchas veces las priva de tiempo para el descanso y la organización.

Las mujeres organizadas hacen frente de manera colectiva a la embestida de la racialización geopolítica del capitalismo. Pero no para resistir, sino para construir, tejer y permanecer en sus espacios de vida, para hacer insurgencia. En la organización, se construyen agencias no para la emancipación de las mujeres, sino más bien para la defensa de los cuerpos-territorios-tierra.

El despliegue de la insurgencia femenina

«Las grandes transformaciones no empiezan arriba ni con hechos monumentales y épicos, sino con movimientos pequeños en su forma y que parecen irrelevantes para el político y el analista de arriba». Subcomandante Marcos, 2017: 275

En la sede de Ceiba, a orillas de la urbe marginal de Comitán, se ha construido desde 2015 una comunidad imaginaria compuesta por mujeres y hombres del Colectivo Colibrí que son parte del ejido de San José Yocnajab,[7] mujeres de los barrios de Sacsalum, Los Pocitos y La Pila del centro de Las Margaritas,[8] mujeres de origen chuj del ejido de San Nicolás Buenavista del municipio de La Trinitaria.[9] La unión de estos colectivos es lo que Mohanty (2020: 79) llama una comunidad imaginaria:

… se concibe como una construcción en devenir, que sugiere alianzas y colaboraciones potenciales a través de las fronteras divisorias […] lo cual se construye en bases políticas en lugar de bases biológicas o culturales […] no es el color, ni el sexo, lo que construye el terreno para estas comunidades, sino más bien los vínculos políticos que elegimos establecer en medio de y entre las luchas.

Sin duda, la expresión «comunidad imaginaria» constituye una definición política y no una noción esencialista.

Esta comunidad imaginaria, que nació de la voluntad política para construir territorios libres de violencia en la región fronteriza ante el asedio capitalista, colonial y patriarcal, desde 2015 reflexiona sobre los desastres ecológicos en su región, como la contaminación de los lagos, lagunas y ríos. Las mujeres de la comunidad de San Nicolás Buenavista ven con preocupación el cambio de color y de olor del agua del lago Encantada,[10] el más cercano a su comunidad y del que dependen para su consumo cotidiano. Las colibrís sienten que su territorio se enferma y ven con angustia la instalación de invernaderos a gran escala para la producción masiva de monocultivos en el ramal de Comitán hacia La Trinitaria. Con ello no solo se desplaza la agricultura local, sino que la biodiversidad del paisaje va dañándose.

Como conocen los muros a los que se enfrentan, las mujeres organizadas de la región han construido estrategias colegiadas para desplegar su lucha. En la actualidad encarnan formas de lucha para gestionar la subversión y reorganización de todas las actividades y procesos que garanticen la producción y reproducción material y simbólica de la vida social. Algunas trabajan en la salud de sus cuerpos-territorios-tierra; otras, en la prevención de violencias de género en sus territorios, y algunas más piensan en la posibilidad de gestionar aguas limpias para toda su comunidad.

Es necesario visibilizar los obstáculos que las mujeres organizadas tienen que eludir, subvertir y confrontar para llevar a cabo las tareas acordadas y reconocer las insurgencias colectivas que despliegan.

Tomo el término insurgencias como devenir, propuesta y posibilidad de descolonización del ser y el saber. Va más allá que aguantar y resistir, es construir y se lleva a cabo a través de la experiencia encarnada colectiva. Las mujeres del Colectivo Colibrí hacen insurgencia cuando se organizan para aprender de salud. Su primera acción es estudiar y preguntarse quién dañó el territorio y cómo se dañan los cuerpos. Después van reinventando y expandiendo su aprendizaje. Entonces, buscan la sabiduría en las plantas, pues dicen que una no se cura con la materia de la planta, sino con su espíritu. Esa sabiduría lleva a reflexionar sobre la importancia de mantener las plantas ancestrales vivas, para lo cual es indispensable conservar la salud de las lagunas y los ríos. Una planta nos puede abrir un mundo de posibilidades de acción cuando se reflexiona en colectivo, y así se puede mirar la grandeza en todo lo que se habita. Cuando las mujeres que defienden los territorios despliegan estrategias colectivas de insurgencia, los territorios van encarnándose de a poco.

Reflexiones finales

«Somos el reflejo de la tierra», dice Zeny, integrante del Colectivo Colibrí. «Si la tierra no está sana, nosotras tampoco. Por eso debemos preguntarnos si nuestra alimentación es buena —menciona Malena—. Pero alimentarse —explica— no es solo lo que comes, sino también cuánto ruido escuchas, con cuántos sabores saludables te alimentas, cuánto te alimentas por la nariz, qué hueles, qué paisaje entra por tus ojos».[11] Alimentar tu cuerpo es hablar del territorio mismo, porque él está en una misma.

Las corrientes de pensamiento feministas que se sitúan en Abya Yala enfatizan la relación intrínseca entre el cuerpo como territorio y el territorio como cuerpo. Ni el cuerpo ni el territorio existen sin la tierra. No basta con comprender el cuerpo y el territorio como escalas separadas, sino que es necesario analizar la relación de interdependencia que existe entre el cuerpo-territorio-tierra.

El territorio encarnado se da en tanto que el cuerpo es mediador porque percibe el territorio que habita; es decir, entender que el cuerpo es vehículo para comprender que el territorio habla con las aves, que la tierra sabe cuándo sembrar, que el cielo y las estrellas dicen la forma de la lluvia y que el río cuenta cuándo va a llover es la personificación del territorio en una misma […]. El territorio encarnado es poner al cuerpo (colectivo) en acción, porque es el cuerpo el que comprende las acciones del territorio y es el territorio el que le habla al cuerpo (Cruz Hernández, 2020b, 42).

El territorio es cuerpo colectivo. El territorio va haciendo cuerpos y los cuerpos simbolizan el territorio. En ese sentido es necesario comprender que los cuerpos están anclados en una historia y un contexto y situados en campos de poder. Los cuerpos feminizados que habitan entramados comunitarios están sujetos a su condición de género, clase y raza. Cuando esos cuerpos femeninos se organizan y despliegan estrategias de insurgencia para reespacializar la vida familiar y comunitaria, hacen grietas y van construyendo recorridos que les permiten reordenar y reajustar sus territorios para vivir bien. A esos procesos políticos de toma de conciencia y agencia colectiva los denomino territorios encarnados. Se encarnan a través de las acciones colectivas construidas de forma constante. Pero dichos procesos políticos solo pueden ser entendidos con una lupa que mire de cerca las experiencias cotidianas de la lucha organizada que tiene como fin sostener la reproducción social material y simbólica de los entramados comunitarios.

___Reuniones compañeras

Referencias

Cabnal, L., 2012. Acercamiento a la construcción de la propuesta de pensamiento epistémico de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala. Disponible en: https://entrepueblosvalladolid.files.wordpress.com/2012/10/feminismo-comunitario-lorena-cabnal.pdf, consultado el 23 de octubre de 2020.

Cabnal, L., 2018. «TZK’AT, Red de Sanadoras Ancestrales del Feminismo Comunitario desde Iximulew-Guatemala». Ecología Política, 54, pp. 98-102

Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, 2019. «(Re)patriarcalización de los territorios. La lucha de las mujeres y los megaproyectos extractivos». En: D. T. Cruz Hernández y M. Bayón (comps.), Cuerpos, territorios y feminismos. Quito, Ciudad de México Abya Yala y Bajo Tierra.

Cruz, Hernández, D. T., 2019. «Mujeres, cuerpos y territorios. Entre la defensa y la desposesión». En: D. T. Cruz y M. Bayón (comps.), Cuerpos, territorios y feminismos. Quito, Ciudad de México Abya Yala y Bajo Tierra.

Cruz Hernández, D. T., 2020a. «Feminismos comunitarios territoriales de Abya Yala: mujeres organizadas contra las violencias y los despojos». Revista Estudios Psicosociales Latinoamericanos, 3, pp. 88-107.

Cruz Hernández, D. T., 2020b. Nosotras como mujeres que somos: entre la desposesión, la insubordinación y la defensa de los cuerpos-territorios. San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Ciesas-Sureste (tesis de doctorado).

Falero, A., 2011. Los enclaves informacionales de la periferia capitalista: el caso de Zonamérica en Uruguay. Un enfoque desde la sociología. Montevideo, CSIC-Universidad de la República.

Falquet, J., 2017. Pax Neoliberalia. Buenos Aires, Madre Selva.

Gutiérrez, R., 2011. «Entramados comunitarios y formas de lo político». En: R. Gutiérrez, R. Zibechi, N. Sierra et al., Palabras para tejernos, resistir y transformar en la época que estamos viviendo. Ciudad de México, Pez en el Árbol.

Harvey, D., 2004. La condición de la posmodernidad. Investigaciones sobre los orígenes del cambio cultural. Buenos Aires, Amarrortu.

López y Rivas, G., 2020. Pueblos indígenas en tiempos de la Cuarta Transformación. Ciudad de México, Bajo Tierra.

Mohanty, T. C., 2020. Feminismos sin frontera. Descolonizar la teoría, practicar la solidaridad. Ciudad de México, CIEG-UNAM.

Olivera, M., 1998. «Acteal: los efectos de la guerra de baja intensidad». En: R. A. Hernández Castillo (coord.), La otra palabra: mujeres y violencia en Chiapas antes y después de Acteal. Ciudad de México, Ciesas.

Olivera, M., M. Bermúdez y M. Arellano, 2014. Subordinaciones estructurales de género. Las mujeres marginales de Chiapas frente a la crisis. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Derechos de la Mujer.

Palma, A., 1998. Gobierno de transición y resistencia civil en Chiapas. Ciudad de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia (tesis de licenciatura).

Pierri, J., y M. Abramovsky, 2011. El complejo sojero. ¿Una economía de enclave sui géneris del siglo xxi? Buenos Aires, Realidad Económica.

Pineda, F., 1996. «La guerra de baja intensidad». Revista Chiapas, 2, pp. 1-21. Disponible en: https://chiapas.iiec.unam.mx/No2-PDF/ch2pineda.pdf, consultado el 24 de octubre de 2020.

Segato, R., 2017. La guerra contra las mujeres. Madrid, Traficantes de Sueños.

Serje, M., 2011. «Los dilemas del reasentamiento. Introducción sobre los debates sobre procesos y proyectos de reasentamiento». En: M. Serje y S. Anzellini (comps.), Los dilemas del reasentamiento. Debates y experiencias de la Mesa Nacional de Diálogos sobre Reasentamientos. Bogotá, Universidad de los Andes, pp.17-42.

Servicios Internacionales para la Paz (Sipaz), 2015. Luchar con corazón de mujer. Situación y participación de las mujeres en Chiapas (1995- 2015). San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, Sipaz.

Subcomandante Marcos, 2017. Escritos sobre la guerra y la economía política. Ciudad de México, Pensamiento Crítico.

* Doctora en Antropología Social por el Ciesas-Sureste. Becaria del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y Centroamérica (Cimsur), en donde es asesorada por el doctor Gabriel Asencio Franco. Parte de su trabajo militante se desarrolla en el colectivo latinoamericano Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo y es cofundadora de la organización feminista comunitaria Mujeres Transformando Mundos.

[1] Empresa dedicada a la producción agrícola, fertilizantes, plaguicidas y semillas para siembra. Se instaló en la región a mediados de los noventa.

[2] Entrevista con Armando Rojas en septiembre de 2020.

[3] Entrevista con Eulalio Pérez en agosto de 2020, quien atendió uno de los bares de 2018 a 2020.

[4] Revísense las siete piezas sueltas del rompecabezas mundial: http://bit.ly/2LOLug4

[5] En este artículo no se hará referencia a las cinco dimensiones de la (re)patriarcalización de los territorios. Al respecto, véase Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, 2019.

[6] Se le pone el prefijo (re) porque se quiere dar cuenta de que las violencias patriarcales en el territorio, con distintos tintes, son un proceso de larga duración y han venido de la mano de la avanzada del capitalismo.

[7] San José Yocnajab es una de las trece comunidades del conjunto agrario de Santo Domingo Lopoj, que componen el cinturón rural de la ciudad fronteriza de Comitán de Domínguez.

[8] Las Margaritas es uno de los municipios de la región fronteriza de Chiapas. Las mujeres que participan pertenecen a las Comunidades Eclesiales de Base (CEBS). Desde 2016 han comenzado un movimiento popular de mujeres organizadas al interior de la parroquia de Las Margaritas, pero también se han comenzado a articular con mujeres de los barrios urbanomarginales del municipio.

[9] La Trinitaria es uno de los municipios fronterizos con mayor densidad poblacional. Una de sus características es que incluye un área natural protegida (Lagos de Montebello), una de las reservas con mayor biodiversidad del estado.

[10] El lago Encantada es uno de los siete lagos del Parque Nacional Montebello (Programa de Conservación y Manejo Parque Nacional Lagunas de Montebello, 2006).

[11] Conversaciones con miembros del Colectivo Colibrí en septiembre de 2020.

fuente: https://www.ecologiapolitica.info/?p=14491

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Fiscalía de Perú pide que no salgan del país los funcionarios de Repsol por el derrame

El Ministerio Público de Perú (Fiscalía) solicitó al Poder Judicial dictar impedimento de salida del país para altos funcionarios de la transnacional española Repsol por el derrame de petróleo ocurrido el pasado 15 de enero en el mar de Lima (centro).

“Ministerio Público solicitó al Poder Judicial el impedimento de salida del país para Renzo Tejada Mackenzie, jefe del Terminal Marítimo 2 de la Refinería La Pampilla – Repsol; Cecilia Posadas Jhong, gerente de Calidad de Medio Ambiente; y José Reyes Ruiz, gerente de Producción”, indicó la fiscalía a través de su cuenta en Twitter.
El Ministerio Público agregó que el pedido incluye al gerente general de la refinería La Pampilla, Jaime Fernández-Cuesta Luca de Tena.
Todos los funcionarios son investigados por el presunto delito de contaminación ambiental.
Fuente: Agencia

La crisis en Ucrania en un par de imágenes

Fuentes: Página/12

Los invito a mirar este mapa elaborado por la BBC. En él se comprueban los alcances de las mentiras en las que incurrieron los líderes de las “democracias occidentales” que cuando se desintegró la Unión Soviética le aseguraron a Mijail Gorbachov que “la OTAN no se movería una pulgada en dirección al Este.”

Lo que hicieron, en cambio, fue rodear a Rusia con 14 nuevos miembros de la OTAN, cercando a ese país desde el Báltico hasta el Mar Negro.

Qué países forman la OTAN

La OTAN fue creada en plena Guerra Fría (1949) y originalmente integraba a 12 países: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Dinamarca, Noruega, Luxemburgo, Islandia, Bélgica, Países Bajos y Portugal. En 1952 su suman Grecia y Turquía, y en 1955 la República Federal de Alemania. En 1982, traición de Felipe González mediante, España se incorporó a la organización. En 1999 se sumaron Hungría, Polonia y República Checa. En 2004 tuvo lugar la quinta expansión de la OTAN con la incorporación de Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania. En 2009 continúa el proceso con la entrada de Croacia y Albania; en 2017 lo hace Montenegro, en marzo del 2020, ya en plena pandemia, Macedonia del Norte. De este modo, esta benemérita organización tiene acorralada por completo a Rusia a lo largo de toda su frontera occidental, con la salvedad de Bielorusia y Ucrania.

Qué reclama Rusia

No hace falta ser un experto en cuestiones militares para calibrar los gravísimos alcances de esta situación y la amenaza a la seguridad nacional rusa. Por ejemplo, los misiles cargados con ojivas nucleares emplazados en Polonia y Rumania pueden alcanzar un objetivo como Moscú en 15 minutos. Los que se instalarían en Ucrania, en caso de que este país sea fagocitado por la OTAN, lo harían en tan sólo 5 minutos imposibilitando cualquier tipo de defensa. Por eso le asiste la razón al presidente Vladimir Putin cuando preguntó ¿qué es lo que no se entiende? La cuestión es la seguridad nacional de un país como Rusia, que ha sido agredido sin pausa en los últimos veinte años con sanciones económicas, diplomáticas, estigmatización mediática y amenazas de todo tipo, incluyendo una grosera campaña de difamación en contra de Putin y que ahora se exacerba con la crisis ucraniana.

Crisis, hay que decirla, inventada por las “democracias occidentales”, en realidad sórdidas oligarquías al servicio del gran capital y la industria armamentística de sus países, comenzando por Estados Unidos. Desgraciadamente la mayoría de los países europeos se han resignado a ser obedientes eunucos de los presidentes de Estados Unidos. Por eso callaron cuando en uno de sus discursos Putin se preguntó cuántas bases militares tenía Rusia en la frontera con Estados Unidos, sea desde el sur, México, o desde el Norte, Canadá. O cuántos portaaviones rusos estaban en frente a la bahía de San Francisco o en las inmediaciones de Manhattan. La respuesta fue contundente: ni una base, ni un portaaviones, ¡nada!. ¿Cómo justificar entonces tamaña asimetría, en donde una poderosa coalición de países tiene cercada a Rusia y el jefe de esta organización criminal (porque no hay otro modo de calificar a la OTAN), Estados Unidos a través de su presidente y sus líderes políticos, (que irresponsablemente están arrastrando a Europa a una posible guerra en donde ni uno de los millones de refugiados llegará a pedir auxilio a los norteamericanos pero destruirá el equilibrio social y cultural europeo) estimulan una espiral de violencia que pone en riesgo la paz mundial.

No hay justificación posible para esta agresión que impulsa Estados Unidos. Sólo la inocultable declinación de su poderío global es lo que lo lleva a apostar a una aventura militar en Ucrania –que podría desencadenar una confrontación termonuclear- con el estúpido argumento de que una guerra victoriosa le permitiría recuperar un liderazgo mundial erosionado irreparablemente y que sus líderes se resisten a admitir. Desgraciadamente el único estadista en este macabro juego es Putin; el resto, comenzando por Joe Biden y el payaso de Boris Johnson (siguiendo por los demás) son politiqueros de cuarta que irresponsablemente colocan al mundo al borde de un holocausto nuclear, como tantas veces lo ha venido advirtiendo Noam Chomsky.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/397854-la-crisis-en-ucrania-en-un-par-de-imagenes

La pandemia capitalista y el Aprendiz de Brujo: el enemigo invisible * **

Sociedad

Por Yago Franco

yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar

El Otro capitalista

He visto ayer (24-04-2020) imágenes de una multitud atropellándose para ingresar a un shopping en Santa Catarina, Brasil. Días después, centenares de contagiados. El afán de consumo, ligado al siempre más (consumo, producción, acumulación, experiencias, velocidad, etc.) de la forma de vida de las sociedades contemporáneas – que se corresponde con el magma económico, político, social y cultural capitalista – se expande como un virus y parasita a los sujetos, tal como se puede ver en el film “Parasite”..(1) Afecta a todas las clases sociales, hasta casi lograr – desde los años 90 en adelante – el desvanecimiento del antagonismo explícito entre las mismas. Casi.

Infecta y parasita lo más profundo de la psique humana, allí donde anida el rechazo a la incompletud debido al deseo de volver al estado originario del psiquismo, en el cual reina la omnipotencia. Al hacerlo, esta forma de vida logra que el sujeto desarrolle reflejos, automatismos: la pulsión descargándose en objetos – a los cuales el semejante puede pasar a formar parte – a partir de las señales emitidas por el Otro, las cuales son transmitidas en su discurso. Un discurso que empuja al consumo irreflexivo y vertiginoso.

La significación imaginaria social capitalista contiene un afán sin límites que hace que en distintos lugares del planeta se críen los animales en condiciones que favorecen el surgimiento de virus diversos, al inyectarles todo tipo de substancias para mejorar su rendimiento, velocidad de crecimiento y reproducción, etc. Esto sucede de la mano de la deforestación, la industrialización y la generación del calentamiento global, etc. (2)

Diversas voces alertan ahora acerca de que esta puede ser la primera de numerosas pandemias que recorran el mundo. La liberación irrestricta e irreflexiva de las fuerzas productivas orientadas hacia la producción y el consumo sin límites está mostrando sus resultados, dignos de los desvaríos omnipotentes de un aprendiz de brujo.

Franco «Bifo» Berardi exclama: “¡No podemos volver a la normalidad!”.(3) También dice que se trata de una buena ocasión para ir desarmando los automatismos impuestos por la forma de vida capitalista. Agrego: se trataría de aprovechar este momento de detención de la producción y consumo sin límites (4) que empujan a una vertiginosidad que impide la reflexión, al tenernos a todos aturdidos. Esos automatismos – diré – son producidos por la agitación cada vez mayor del mundo pulsional que impone el Otro. Tengo mis dudas acerca de que estos automatismos se detengan. Son una expresión de la pulsión de muerte. En todo caso, no alcanza con un virus para detener al capitalismo en su carrera mortífera; pero podría tratarse de una oportunidad, sobre todo si su presencia empujara a una apertura del pensamiento crítico en los sujetos y éstos se asomaran a visualizar su forma de vida y los estragos que ésta produce.

Los sujetos estamos socializados por un Otro que es una creación colectiva, anónima, que ordena modos de pensar, sentir, hacer, y desear, cuya función es homogeneizar la vida social. Tiene un discurso explícito y otro implícito para lograr su cometido. Si bien el campo histórico social es heterogéneo, en el Otro podemos apreciar que un sector (la clase dominante) se apropia de él y habla a través de él, aunque sin poder eliminar a los otros componentes de su discurso. Así, desde hace 500 años el que domina la sociedad es el Otro del capitalismo, siendo la burguesía la que se apropió de él y habla a través de él, sin poder acallar del todo las voces discordantes que emanan del colectivo.

Pero, ¿cómo es este Otro, cómo es su accionar? Observémoslo más de cerca:

Las voces del Otro

… El Otro actual te mira. Con su ojo de cíclope que se abre hasta el límite mientras inclina hacia atrás su cabeza y luego – volviéndose de golpe hacia delante – te clava su mirada. En el centro del ojo brilla el reflejo de las mercancías. Y sonríe, sonríe sardónicamente. Promete, ¡ordena!: si cumplimos Su deseo, promete amarnos en la medida en que gocemos consumiendo. Consumiendo todo, a causa de que todo es transformado en mercancía: y esa mercancía es el fetiche que oculta la falta que anida en el ser de cada sujeto. La falta originada en el sentido perdido: aquel que brilló en el origen de la vida psíquica en el cual el infans era el pecho, tal como Freud escribió el 12 de julio de 1938.(5)

Ese Ojo es el que brilla en las pantallas: Gran Hermano que nos mira. Creemos mirar, mientras en realidad somos mirados por ese brillo hipnotizador. ¡Brilla diamante loco! Las mercancías brillan en un fulgor que desmiente aquello que es nuestro imposible, esa completud imposible. Brillan, encandilan por la luz que emite ese Ojo y que las baña. Al brillar también encandilan a quienes las producen y consumen, haciéndolos invisibles unos para otros.

«Recuerda cuando eras joven

Brillabas como el sol.

Sigue brillando, diamante loco.

Ahora hay una mirada en tus ojos,

Como agujeros negros en el cielo».

Pink Floyd (6)

En ese vértigo, por un lado se oculta la falta, por el otro se recrea para seguir consumiendo; en ese vértigo encandilante y desorientador, con su brillo hipnótico, el Inconsciente se satisface fugazmente: no hay falta, la Cosa está ahí, colmándonos: somos el pecho, para luego perderse y angustiarnos y arrojarnos de nuevo a buscar lo que el Ojo nos señale. Estamos perdidos. Podríamos haber brillado como el sol pero nuestro brillo fue arrebatado por el ojo del Otro que nos lo devuelve hipnotizándonos. Se apropió de nosotros. Caemos en ese agujero negro, caemos infinitamente. Y caemos para ser escupidos y volver a caer.

El brillo del ojo del Otro produce también un tiempo escandido, apartado de la historia y sin futuro. Las cuotas, la vida en cuotas, hablan de un presente eterno lleno del goce en objetos, actividades y lleno de frustraciones por la obsolescencia calculada que nos lanza, a su vez, a nuevas incorporaciones. La pulsión gira y gira enloquecida. Está sin brújula, o tiene la brújula enloquecida.

El Ojo devora el tiempo. Su promesa/orden es lo que no tiene límites, hasta que la muerte, la pérdida, la catástrofe advienen y nos sumergen en un presente eterno. Como ahora en la pandemia.

No perdemos el tiempo: nos perdemos en este tiempo. Nos consumimos consumiendo lo que el Otro nos ordena. Lo que el Otro nos ordena y cómo nos ordena consumir. Haríamos cualquier cosa para satisfacerlo, para obtener su sonrisa.

Ha conseguido que en lo profundo de la psique se haya producido una compleja operación que impone una ecuación que dice que consumir compulsivamente es bueno y conduce a la felicidad. Lo que en esta época queda ligado a ser completo, completud que -a su vez- se significa como ligada a lo ilimitado. Si el sujeto consume ilimitadamente puede llegar a la completud. Claro que hay una trampa en todo esto: ya que si algo es ilimitado, por consecuencia lógica, la completud no es posible. Solamente en el campo de algo que es mensurable puede haber completud. Y, en la vida social – también en la consulta – , se observa en muchos sujetos un estado de insatisfacción y frustración casi constantes, ya que el Otro lo que les señala permanentemente es el estar en falta. Siempre falta algo para estar completo, pero puede adquirirse. Aunque producida la adquisición volverá a abrirse el circuito.

Sabido por todos es que para lograr Su cometido, que es producir y sostener esta forma de vida, es necesaria la explotación de la mayor parte de la humanidad para extraerle la plus valía, lo cual – en un solo movimiento – hace posible el sometimiento de la misma y el enriquecimiento de unos pocos, metamorfoseando a los ciudadanos en consumidores. La depredación medioambiental se hace inevitable… y ahora sabemos que el desarrollo de pestes también… Y además, en las últimas décadas la explosión del capital financiero (la llamada financiarización), de la mano de lo tecnocomunicacional, ha acelerado todos los ritmos: de producción, consumo, acumulación, crisis económicas, etc.

Malestares del Otro

Entonces, la pretensión de ser ilimitado es una trampa que en realidad consigue un estado de insatisfacción constante cuyos efectos son la hiperactividad, el insomnio, las patologías psicosomáticas, los estados de angustia sin objeto (a veces ligados a los llamados ataques de pánico), las anorexias y bulimias, las adicciones, la predominancia del acto, etc.(7)

Son la consecuencia de un empuje sin límites: eso es goce, goce mortífero. Si lo que se hace presente es el goce en lugar del deseo, estamos ante los estragos de la pulsión de muerte, en una sociedad en la que coexiste el malestar con lo que está más allá de éste. (8) Si el malestar tiene que ver con la renuncia, lo que se hace presente hoy es la exigencia de ninguna renuncia.

A la depredación medioambiental, social, y económica debemos sumar la psíquica. El psiquismo empobrecido es, al mismo tiempo, una suerte de daño colateral y asimismo una necesidad de este sistema para existir. Ahora, debido a la pandemia, sabemos que, claramente, debemos sumar a lo ya señalado la depredación de nuestra salud física.

Estamos tabicados y al mismo tiempo expuestos. El ojo del Otro y su brillo encandilante, y nosotros enceguecidos y tabicados. Podríamos haber brillado…

Se trata de destruir el Ojo y su brillo… Algo tenemos para aprender de Ulises, el astuto. Recordemos que para no ser engullido por el cíclope Polifemo –como lo hizo con dos de sus camaradas-, Ulises lo emborracha y entonces responde a su pregunta acerca de cuál es su nombre, que el mismo es Nadie. Y borracho Polifemo se duerme y Ulises destruye su ojo. Dolorido, al despertar llama a los otros cíclopes quienes preguntan por lo ocurrido, a lo que Polifemo responde que Nadie lo ha lastimado… Ulises y sus camaradas huirán riendo y Polifemo le pedirá a Zeus que lo castigue y así es como Ulises vagará por años hasta poder volver a Itaca. Tal vez sea preferible que la humanidad navegue un tiempo de incertidumbres a que continúe navegando en un océano mortífero para la mayoría.

Pero, ¿cómo detener al Otro del capitalismo? ¿Cómo evitar la destrucción del ecosistema planetario y la creación constante de una población sobrante(9) arrojada al abismo? ¿Cómo evitar la continuidad de una vida tomada por el vértigo, la insignificancia, el dominio de un pequeño sector de la sociedad sobre el conjunto con la mira en cumplir a rajatabla con el proyecto de desarrollo ilimitado?

Y de golpe… ¡¡STOP!!

Entonces, repentinamente… todo se detuvo. Un arma llamada o SARS-CoV-2 le puso cadenas al Otro, llevó a un mínimo a la producción y el consumo, dejando a los sujetos pedaleando en el aire al detenerse el reflejo capitalista. Para Bifo es una oportunidad para sacar partido de esta detención. Aprovechar el brusco y prolongado freno que impone la cuarentena (10). Se trata de no querer volver a la normalidad de esta forma de vida. Aquí y allá se clama “Tenemos que volver a la normalidad”. Pero, ¿a qué normalidad quieren volver los que dicen que quieren volver a la normalidad? Por empezar, toda normalidad es artificial, es creada por la sociedad, es arbitraria por lo tanto. No hay normalidad natural. ¿Se trata de volver a una normalidad que ha probado ser depredatoria, mortífera? Conviene pensarlo un poco, ¿no? Pero dicha normalidad capitalista es ya un imposible por el estrago económico que produce la pandemia. Ya no es posible que la forma de vida capitalista pueda volver a funcionar tal como la conocíamos. De mínima, por un largo tiempo.

Entraremos en una nueva fase cuando se clame por la vuelta a la vida habitual. ¿Pero cómo será esto? ¿Qué ocurrirá en los sujetos llamados a volver masivamente a sus lugares de producción y estudio? Ese será un momento clave. Porque se podría hacer un balance de los siglos de dominio del capitalismo y de los desastres que ha producido en la naturaleza, en la vida social, en el psiquismo y, ahora, en la salud. Esta es una novedad por quedar ligada a una pandemia: será imposible eludir que este Otro es el que nos ha enfermado, es el responsable de haberlo hecho con su quimera; para conseguir la cual ha infestado nuestra subjetividad y nos ha hecho caminar hacia el abismo. Que sigue estando allí y en el cual la humanidad toda puede caer si no se le pone freno.

Ningún enunciado -como lo ha sido el del “enemigo invisible”- debiera lograr que se desvíe la mirada del hecho que es el Otro quien ha impuesto esta forma de vida mortífera: ese es el verdadero enemigo invisible, gracias a la naturalización de esta forma de vida, que se pretende como la única posible.

No sabemos si esta pandemia hundirá a esta forma de vida, o bien, si ésta se hunde y -al hacerlo- arrastrará consigo a la humanidad toda. O si puede ser el punto de partida de un modo totalitario de vida con un enorme control sobre nuestras existencias con la excusa de combatir probables futuras pandemias, obligándonos a sobrevivir con lapsos de confinamiento que hagan imposible toda protesta, toda rebelión, produciendo un capitalismo renovado, tal vez hasta aliado del medioambiente, pegando una voltereta que lo haga caer parado.

Lo que es seguro es que nada será como hasta ahora y lo más probable es que asistamos a formas mestizas: intentos de control, descalabro económico, mayor lucidez en el colectivo social con la posibilidad de que éste rechace esta forma de vida, confinamientos que reafirmen dicho rechazo al sumirnos cada vez más en un posible estado de observación y que -de este modo- la reflexión y la rebelión cobren fuerza en las redes sociales y en las calles… con un psiquismo y una vida social por un lado dañadas por la pandemia y el confinamiento y, por el otro, enriquecidas – en buena parte de la humanidad – por haber tenido la posibilidad de pensar y reflexionar colectivamente, habiendo también hecho la experiencia de frenar la agitación pulsional alienante (11).

* Adelanto del libro Transfiguraciones. Psicoanálisis de la pandemia. Psicoanálisis en la pandemia

** Una primera versión de este texto fue publicado previamente en ¡STOP! COVID 19 ¿Volver a la normalidad?, editado por El Psicoanalítico en mayo de 2020.

1 Película de Bong Joon-Ho, 2019.

2 Ribeiro, S. en Korol, C., No le echen la culpa al murciélago, 03-04-2020, Buenos Aires, Página/12.

3 Berardi, F., El virus como metáfora y como agente material, en ¡STOP! Covid-19. ¿Volver a a normalidad?, 2020, El Psicoanalítico Ed., https://www.elpsicoanalitico.com.ar/volver-a-la-normalidad.pdf

4 Abril de 2020

5 Freud, S., Conclusiones, ideas, problemas, 1973, Madrid, Obras Completas, Biblioteca Nueva.

6 Pink Floyd, Sigue brillando diamante loco, en Deseo que estuvieras aquí, 1975, Harvest/EMI.

7 Franco, Y., Paradigma borderline. De al afánisis al ataque de pánico, 2017, Buenos Aires, Lugar. http://www.yagofranco.com.ar/paradigma-borderline.htm

8 Franco, Y. Más allá del malestar en la cultura. Psicoanálisis, subjetividad y sociedad, 2011, Buenos Aires, Biblos. http://www.magma-net.com.ar/mas-alla-del-malestar-en-la-cultura-presentacion-virtual.htm

9 Franco, Y. Población sobrante, en El Psicoanalítico N.º 27, 2016, Buenos Aires, https://www.elpsicoanalitico.com.ar/num27/clinica-franco-poblacion-sobrante.php

10 Decretada en Argentina el 20 de marzo de 2020 y que se prolongó casi hasta fin de año.

11 Claro que un enorme número de la población habrá caído en la pobreza y la indigencia sumándose a la ya existente, y la lucha por la supervivencia difícilmente pueda dejar en muchos sujetos el lugar para una praxis emancipadora.

Fuente: https://elpsicoanalitico.com.ar

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