Revista ALTERNATIVAS-ūüíę-suplemento Cultura-‚≠ó -n¬į 688

‚ėÜ1) Las ¬ęCartas a un joven poeta¬Ľ de Rilke: un manual para la vida

‚ėÜ2) Luc√≠a Trentini, pasajera en trance creativo

 

 


Las ¬ęCartas a un joven poeta¬Ľ de Rilke: un manual para la vida

Rilke Alianza Cartas joven poeta.jpgPocos escritos resultan tan íntimos como una epístola. La carta es un medio de comunicación que dos seres establecen en torno a una existencia compartida a través de un papel que lleva en sí experiencias, secretos, misterios, verdades. Escribir una carta es abandonarse a un ritual en el que la confianza y el afecto que se siente por el destinatario motivan la necesidad de dar a conocer lo que pensamos, lo que sentimos, lo que tememos.

Esta tradición está en desuso o, por desgracia, se ha perdido, a causa del avance de las nuevas tecnologías como los teléfonos móviles, las redes sociales y otros medios de comunicación electrónicos, que han modificado para siempre el significado de íntima humanidad con que las personas se relacionaban, más que por la distancia, por la necesidad y el valor de expresar palabras que no corrieran el riesgo de ser llevadas por el viento, o propensas a la evaporación de su recuerdo en nuestra imperfecta y a veces traicionera memoria; son palabras pensadas y escritas con el propósito de permanecer conservadas en un papel para estar siempre al alcance de las manos y el corazón de su preciado destinatario.

Existen muchas correspondencias c√©lebres, admirables por su est√©tica, su profundidad o la importancia de su car√°cter para entender la vida de tal o cual personaje; es de esperarse que una persona consagrada a la escritura haya hecho de este medio una de sus alternativas ret√≥ricas. Tenemos as√≠ las cartas de Kafka¬†a su padre o a sus prometidas; las de James Joyce, dedicadas a su √ļnico amor Nora Bernacle; o las que reflejan la tormentosa relaci√≥n entre Verlaine y Rimbaud y otros distinguidos ejemplos, tan distinguidos, quiz√°, como las cartas que escribi√≥ el poeta checo Rainer Maria Rilke.

Es numerosa la correspondencia dejada por Rilke; a su amiga y musa, Lou Salome; a su amor de primaveras, Benvenuta; a su distinguido maestro el escultor August Rodin, y a su venerado Lev Tolst√≥i, por citar s√≥lo un pu√Īado de sus contactos epistolares. Sin embargo, las que escribi√≥ entre los a√Īos 1902 a 1908 remitidas al cadete y joven poeta Franz Kappus, publicadas por este √ļltimo veinte a√Īos despu√©s de la muerte de Rilke, quiz√°s sean las que merecen ser consideradas las m√°s representativas, ya que son, sin lugar a dudas, una ventana abierta a la esencia de su obra, sus ideales humanos, la espiritualidad de su ser, su respeto por la muerte, su culto a la soledad y sobre todo el significado de lo que es ser un artista y vivir para la poes√≠a.

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Kappus era un joven cadete de la misma academia militar a la que a√Īos antes perteneci√≥ ¬†Rilke. Un d√≠a, el mozuelo Kappus se encontraba leyendo un libro del poeta, y fue sorprendido por el capell√°n de la academia. √Čste, en cuanto oje√≥ el texto que el joven le√≠a y vio qui√©n era su autor, exclam√≥ sonriente y sereno: ¬ę¬°As√≠ que el cadete Rilke nos sali√≥ poeta!¬Ľ. La frase hizo saber a Kappus que su admirado autor hab√≠a residido en esa misma escuela. Una suerte de identificaci√≥n surgi√≥ entonces en el coraz√≥n del joven y sinti√≥ as√≠ el impulso de escribir a aquel hombre al que tan s√≥lo conoc√≠a a trav√©s de un par de versos, pero a quien le un√≠a todo un universo com√ļn. Qui√©n sabe cu√°ntas veces sopes√≥ el env√≠o de la misiva, que acompa√Ī√≥ de algunos poemas de su pu√Īo y letra. Aguard√≥ pacientemente, con esperanza, la posible respuesta.

Para su sorpresa, un d√≠a cualquiera, tras varios meses, recibi√≥ una carta cuyo remitente no era otro que el mism√≠simo poeta, quien desde Par√≠s le saludaba en t√©rminos de ¬ęmuy distinguido se√Īor¬Ľ. De esta forma dio inicio una relaci√≥n que durar√≠a alg√ļn tiempo, y que seguro fue determinante en la vida del joven con ambiciones de poeta y, por qu√© no, puede que tambi√©n en la de Rilke, cuyo joven remitente le supon√≠a un reflejo reminiscente, nost√°lgico, de esos d√≠as entre la pubertad y la adolescencia en la academia militar, en la cual, a pesar de detestarla, mantuvo una apropiada conducta y un buen desempe√Īo, mientras le acomet√≠a la a√Īoranza de convertirse en un cantor del silencio, un poeta. Tal y como lo reconoc√≠a tambi√©n en el joven que le escrib√≠a. Y ya desde la primera carta este divino pero humilde ejemplar humano, nos muestra los senderos de una vida que se vive con un solo prop√≥sito: hacer de la misma una obra de arte a trav√©s de nuestra mortal y aciaga pero digna y privilegiada condici√≥n humana.

Rilke inicia su carta, lo que retomará en otras sucesivas, abordando la esencia de las obras de arte. Resaltaba la imposibilidad existente de acercarse por entero a ellas, y de lo banal y hasta equívoco que resulta aproximase a una obra de arte a través de un lenguaje crítico. Por el contrario, Rilke invita a la sencilla y llana contemplación, a dejarnos maravillar por su misterio, tan hermoso como siniestro, y a encontrar un reflejo nuestro dentro de la obra misma, un eco de lo que somos allí en lo que vemos.

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Rilke compara la vida con la obra de arte, vislumbra en ambas algo indecible que escapa a cualquier intento de representaci√≥n y donde reside precisamente aquello que debemos develar a trav√©s de nuestra admiraci√≥n:¬†¬ęY m√°s inexpresable que cualquier cosa, son las obras de arte: seres llenos de misterio cuya vida, junto a la¬†nuestra, pasa, muere y perdura‚Ķ¬Ľ.¬†Buscar una opini√≥n o un consejo, una palabra ajena, m√°s all√° de las nuestras, es un error, pues precisamente aquello que nos deben mostrar las obras de arte no yace fuera, sino dentro de nosotros. En este sentido, s√≥lo queda una posibilidad en el ser humano para poder comprender su vida, y es la propia obra de arte: ¬ęAdentrarse en s√≠ mismo, escudri√Īarse¬Ľ.

¬ŅC√≥mo llevar a cabo este escudri√Īarse?¬†El poeta no s√≥lo nos sugiere c√≥mo, sino que adem√°s deja claro que √©sta es una disposici√≥n a la que debe recurrir innumerables veces todo aquel que aspira a vivir y que, adem√°s, desea hacerlo como artista. Si bien en sus cartas Rilke se refiere a la labor de ser escritor y hacer poes√≠a, estos principios son igual de aplicables a cualquier vocaci√≥n encaminada al arte. El epistolario bien podr√≠a llamarse ¬ęCartas al joven artista¬Ľ o, incluso, ¬ęCartas a la humanidad¬Ľ.

Esta b√ļsqueda introspectiva s√≥lo es posible ejecutarla, en compa√Ī√≠a de la soledad, de la aceptaci√≥n de nuestra condici√≥n vulnerable y pasajera sobre este mundo, en el que estamos rodeados de muchos pero, a la vez, irremediablemente solos, con la √ļnica garant√≠a de que pereceremos y, como recuerda Rilke en estas cartas y en otras obras, ¬ęA cada quien le aguarda una muerte justa, digna, hecha a su medida¬Ľ. Aceptar la muerte y la soledad son para Rilke los pasos fundamentales para alcanzar cierta armon√≠a con la vida y el complejo universo en que √©sta se encuentra atrapada. Pero este presidio no es abyecto ni l√ļgubre, sino todo lo contrario: es una oportunidad para alcanzar los mayores goces, entre ellos, la verdad, la belleza, el amor, la naturaleza o la divinidad, elementos que para Rilke encierran la meta de todo canto po√©tico y los privilegios a los que puede aspirar todo ser vivo testigo a lo largo de su historia.

Si su diario vivir le parece pobre, no le culpe a √©l. Ac√ļsese usted mismo de no ser lo bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues para un esp√≠ritu creador no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno, que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una c√°rcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta usted ninguno de los ruidos del mundo, ¬Ņno le quedar√≠a todav√≠a su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese c√°mara de los tesoros del recuerdo?

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El mensaje de Rilke es m√°s que claro: cada ser humano es el responsable de darle contenido a su diario vivir, y aunque no sea por entero due√Īo de los acontecimientos que le suceden, s√≠ lo es de la actitud con que los vive, y de la iniciativa con que se dispone a extraer lo mejor de tal o cual suceso, para revestir su propia existencia a trav√©s de las an√©cdotas que har√°n parte de su vida y que acabar√°n constituyendo parte de su memoria, ese otro asidero de nuestra individualidad al que podemos remitirnos para encontrar motivaci√≥n y sosiego, razones para seguir o lecciones para volver aprender. A pesar del semblante con que son reelaborados estos recuerdos y su influencia en nuestro sentir y proceder, somos nosotros en √ļltima instancia quienes decidimos cu√°les y c√≥mo emplearlos en nuestra cotidianidad.

As√≠, tras recomendar a Kappus la lectura de sus libros imprescindibles, las obras de Jacobsen e incluso la Biblia, contin√ļa ofreci√©ndole una desinteresada y afable c√°tedra sin √°nimos de d√°rselas de maestro. Rilke resulta tan bello y modesto como para decir que √©l ¬ęnada tiene para decir sobre c√≥mo vivir‚ÄĚ, como si¬†las preguntas que le dirigi√≥ Kappus en sus cartas se las hiciera al tiempo el mismo Rilke y, sin √°nimos de responderle definitivamente, escribiera una respuesta para su propio esp√≠ritu, reflejo difuso del joven cadete que aspira¬† a ser no s√≥lo poeta, sino un hombre tan grande como su destinatario.

En estas cartas Rilke se preocupa eminentemente por el necesario peregrinaje hacia la b√ļsqueda de nuestro centro, espacio casi metaf√≠sico que debe aspirar a encontrar todo el que desea convertirse en artista y, al fin, en persona, en humano consciente de s√≠. Pues es de este terru√Īo interior y personal√≠simo desde el que la subjetividad otorga la identidad a toda obra de arte y a la vida en general.

Rilke estuvo vinculado con la obra de Nietzsche y Freud, y en su respuesta a Kappus, durante la cuarta de las misivas, se percibe este doble semblante, en lo tocante a la b√ļsqueda de la armon√≠a a trav√©s de la propia esencia e idiosincrasia. S√≥lo transitando m√°s all√° de los lugares donde su raz√≥n le permite llegar (Nietzsche), le es posible al ser humano captar la magia del cosmos impregnada en todos lados. Por otro lado, asegura:¬†¬ęEl goce propio del sexo es una emoci√≥n sensual como el simple mirar¬Ľ, expresi√≥n que sin duda recuerda a Freud y sus condisc√≠pulos, cuando se refieren al goce humano como algo trivial, com√ļn pero sobre todo muy √≠ntimo, m√°s mediado por la subjetividad que por los mismos sentidos, por lo dem√°s enga√Īosos. Empero, es de resaltar que Rilke llega mucho m√°s lejos que los dos genios mencionados, pues m√°s que filosof√≠a po√©tica o psicolog√≠a rom√°ntica Rilke es poes√≠a pura, la condensaci√≥n de la palabra misma en un vidente tocado por el rayo de Apolo, cuya √ļnica misi√≥n no es otra que la de cantar a y transmitir lo inextinguible del universo, la muerte, el amor, Dios, los √°ngeles, la naturaleza‚Ķ

Tras su dulce elegía a Roma y rememorar la belleza de las ruinas nostálgicas, en la sexta de las cartas, fechada el 23 de diciembre de 1903, el poeta nos deja ver, una vez más, su más tierna y sincera humildad, y expresa a Kappus la empatía o comprensión que siente no sólo por su condición de joven cadete alejado de sus familiares, sino por su vida, por encontrarse en la plenitud de su existir, tan igual, solo y confundido, pero con tanto por hacer y descubrir, con toda una historia y un universo que han de convertirse en su porvenir.

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En esta misma carta aparece uno de los hitos discursivos más sentidos en la correspondencia con el cadete, así como también de la obra de Rilke: la imagen de Dios como un ser más allá de la comprensión pero no del sentimiento, una esencia delegada sólo al terreno de la reflexión, la soledad y el ensimismamiento más desinteresado. El Dios de Rilke tiene rasgos comunes con el Dios de Pascal o el de Spinoza, concebido como una esencia de la que emerge toda dialéctica, azar o causalidad: es la naturaleza detrás de la naturaleza.

¬ŅNo ve c√≥mo todo en cuanto acontece es siempre un comienzo?, y ¬Ņno podr√≠a ser esto el principio de √Čl, ya que todo comenzar es en s√≠ tan bello? Si √Čl es El M√°s Perfecto, ¬Ņno ha de precederle algo forzosamente menos grande, para que √Čl pueda elegir su propio ser de entre la plenitud y la abundancia? ¬ŅNo debe ser el √ļltimo para poder abarcarlo todo en s√≠ mismo? ¬ŅQu√© sentido tendr√≠a nuestra existencia si a quien anhelamos hubiese sido ya?

Rilke amor Alianza.jpgLa soledad es una auténtica entidad rilkeana que se respira como un vaho sutil, pero de notable importancia en toda la obra del poeta. Estas epístolas le acercan, pues, a un joven de intereses comunes con quien se siente identificado, un hermano necesitado, igual que él en su momento, de ayuda: un ser a merced del universo.

Tambi√©n se muestra Rilke visionario. En la s√©ptima carta, por ejemplo, se refiere a la condici√≥n futura del amor y al empoderamiento femenino, al hacer alusi√≥n al naciente feminismo que se empezaba a respirar en Europa y de las cuales su confidente y amante¬†Lou Salome o su buena amiga Marie Bonaparte¬†eran algunas de las principales voceras.¬†Rilke asegura que el hombre temer√° este reposicionamiento de la mujer, pero que, al final, √©ste ser√° (es) necesario e inevitable para que precisamente se logre ¬ęel amor de humano a humano, y no de var√≥n a hembra¬Ľ. Este √ļltimo, para Rilke, no es amor sino una suerte de convencionalismo que muchos repiten a ciegas tratando de encontrar en √©l un poco de sentido a su vida.¬† Sin embargo, Rilke deja claro que no hay nada m√°s absurdo que esto por cuanto precisamente el amor es algo supremamente √≠ntimo y que su prop√≥sito debe ser principalmente ese, subjetivarse, ser diferente, √ļnico. Un v√≠nculo interhumano irrepetible entre dos seres que se han encontrado para compartir sus soledades y revestir lo que hay de divino en el alma del otro. Por ello, Rilke recomienda a los j√≥venes no ser tan precoces en el amor y tratar de encontrarse un poco m√°s en su propia interioridad, en su inmanencia, antes de trascender hacia el/la otro/a, precisamente ¬†por medio del amor.

Desde Suecia escribe Rilke la carta fechada el 12 de agosto de 1904. Esta misiva es una de las m√°s profundas de las diez que comprenden el libro, y en ella el poeta, tal y como deja claro a su interlocutor, no busca consolarle ¬ęde sus m√ļltiples y de seguro intensas tristezas y angustias¬Ľ,¬†sino, por el contrario, explicarle lo importante que son para crecer y conocernos y lo ben√©fico que resulta abrigarnos con total silencio en ella para trocar en algo sublime aquello que en su comienzo parece ominoso.¬†Despu√©s de todo, si lo bello es el comienzo de lo terrible, ¬Ņno resultar√° lo siniestro s√≥lo un paso hacia lo sublime? Lo sublime que hay en nosotros y que s√≥lo puede ser purificado a trav√©s de la superaci√≥n de nuestros miedos, culpas y resentimientos ha de ser alcanzado a trav√©s de la aceptaci√≥n de lo nefasto y de lo abyecto como elementos inherentes a la existencia y, por consiguiente, como elementos necesarios para el devenir de cada ser humano.

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El poeta juzga como un mal proceder, como hace la sociedad, condenar la tristeza, la soledad, la pobreza o la angustia y lanzarlas al cofre de lo aciago y lo innoble. Al contrario, Rilke las considera sagradas, dignas de cierto culto personal, por cuanto en ellas precisamente tambi√©n se oculta alg√ļn misterio¬†que s√≥lo se puede descubrir en un momento determinado, tal y como el protagonista de ¬ęEl pozo y el p√©ndulo¬Ľ, cuento de Poe al que hace alusi√≥n Rilke.

Cuanto m√°s callados, cuanto m√°s pacientes y sinceros sepamos ser en nuestra tristeza, tanto m√°s profunda y resueltamente se adentra lo nuevo en nosotros. Tanto mejor lo hacemos nuestro y con tanto mayor intensidad se convierte en nuestro propio destino.

Es 4 de noviembre de 1904. Rilke a√ļn se encuentra en Suecia, donde escribe la novena carta al cadete Kappus. √Čsta, aunque corta, repasa algunas consideraciones que ¬ęel maestro¬Ľ ha legado al ¬ędisc√≠pulo¬Ľ en los dos a√Īos de su correspondencia. Una de ellas es la certeza de que s√≥lo lo arduo y lo dif√≠cil merece la pena ser vivido, s√≥lo lo que hacemos con esfuerzo y pasi√≥n deja en nosotros huellas perennes que forjan nuestro car√°cter y le dan contenido a nuestro existir. Vale la pena vivir, sentir y contemplar cualquier experiencia, siempre que el ser humano est√© dispuesto a esforzarse por aproximarse al misterio que esconden, interiorizarlo y, de esa forma, ir aproxim√°ndose a una paz interior que no teme la muerte y en armon√≠a con el universo. Para ello, Rilke le recomienda¬†dudar y hacerlo con amor, para educarse y edificar su ser. Al final de la carta, Rilke confiesa a su amigo que √©l mismo a√ļn se encuentra transitando ese camino, buscando alcanzar ese fin, dudando para crecer.

De nuevo en Par√≠s, Rilke escribe su √ļltima misiva. Es un d√≠a despu√©s de Navidad. Sin quiz√°s saber que ser√° la √ļltima carta que escriba al joven cadete, aprovecha para informarle de lo feliz que se encuentra por haberle sido √ļtil para la elecci√≥n de su futuro y para orientarse en el mundo, sobre c√≥mo sobrellevar la vida. Rilke concluye sugiriendo que el arte es un modo de vivir, y que no necesariamente significa hacerlo parte de una profesi√≥n o vocaci√≥n que aspire a adscribirlo a una t√©cnica o escuela. El arte es un oficio que puede habitar cualquier otro oficio, y Rilke se siente dichoso de que su amigo, el joven poeta Kappus, lograra comprenderlo.

En pocas palabras: me alegro, me alegro de que usted se haya salvado del peligro que representa el caer en todo ello y ahora viva en un lugar cualquiera, solitario y valiente en medio de una ruda realidad ¬°Ojal√° el a√Īo que est√° por llegar pueda mantenerlo y afirmarlo en ella!

Y así se despide Rilke, con el amor más trasparente y fraternal que puede sentir un mortal por otro, como un Virgilio que suelta las manos de Dante sintiéndolo a salvo y en el buen camino.

Este preciado documento epistolar, Cartas a un joven poeta, es sin lugar a dudas un manual para vivir, en especial en nuestros d√≠as. El amor, las relaciones humanas, la reflexi√≥n o la contemplaci√≥n est√©tica se han convertido en algo balad√≠, aparentemente importante pero por lo general insustancial, banal, carente de significado s√≥lido, tal como se√Īala el soci√≥logo Zygmunt Bauman en varios de sus textos. En una √©poca en la que contamos con todo tipo de artefactos y sustancias al alcance de nuestras manos para aplacar por momentos la angustia, la ansiedad, el dolor o la tristeza, Rilke nos dice con voz mesi√°nica que no debemos temer esos sentimientos infaustos y sombr√≠os, sino todo lo contrario, abrazarlos y hacerlos nuestros, con la misma entrega con que alzamos aquellos que nos llenan de j√ļbilo, puesto que lo funesto tambi√©n esconde algo valioso, resguardado cada uno en su hora m√°s silenciosa o su noche m√°s oscura. Rilke ofrece con sus palabras a Kappus una suerte de estrategias y principios aptos para sobrellevar el malestar cultural de cualquier √©poca, toda una gu√≠a fidedigna para hallarnos con nosotros mismos. Estas cartas no son para poetas, para artistas, para Kappus‚Ķ son mensajes eternizados legados a toda la humanidad, propicios para cualquier humano ¬ędemasiado humano¬Ľ.

Y es que, como dice el poeta:

Deje que la vida obre a su antojo. Créame: tiene razón la vida. Siempre y en cualquier caso.

 

Fuente:https://elvuelodelalechuza.com/

 

 

                   

 

Lucía Trentini.

Foto: Federico Gutiérrez

 

Lucía Trentini, pasajera en trance creativo

Actriz, directora, dramaturga, cantautora y escritora, Lucía Trentini transita con destreza por varias disciplinas artísticas. Durante su breve estadía en Uruguay, la diaria conversó con ella sobre sus innumerables experiencias on the road.

‚ÄúCuando saqu√© el pasaporte uruguayo puse ‚Äėartista‚Äô, pero la segunda vez la administrativa del Registro Civil me dijo: ‚Äė¬ŅC√≥mo vas a justificar eso?‚Äô. Hace unos d√≠as perd√≠ la c√©dula y tuve que hacer un tr√°mite en la seccional de Durazno, llegu√© y el polic√≠a me pregunt√≥ ‚Äė¬ŅOcupaci√≥n?‚Äô; ‚ÄėArtista‚Äô, le dije, me mir√≥, y despu√©s cuando veo el documento leo que puso: ‚ÄėEmpleada‚Äô‚ÄĚ. Trentini tampoco es ajena a la dificultad de definirse. Primero atina a responderse ‚Äúactriz‚ÄĚ pero despu√©s recuerda que tambi√©n dirige, canta y se desempe√Īa en otras √°reas art√≠sticas, por tanto en su curr√≠culum pone ‚Äúcreadora esc√©nica‚ÄĚ, aunque no la convence demasiado porque le suena rimbombante. Entonces, cuando al encargado del bar donde hacemos la nota le llama la atenci√≥n que le saquen fotos y le pregunta qui√©n es, ella responde que se dedica a la m√ļsica y el teatro.

Algunas semanas en Uruguay le bastaron para hacer nueve funciones de Criaturas dom√©sticas, una de sus creaciones m√°s recientes que estren√≥ en Espa√Īa durante la pandemia. Adem√°s, tuvo tiempo para actuar en siete funciones de Pecados capitalistas, dirigida por Marianella Morena, y brindar un par de recitales en los que comparti√≥ escenario con Melan√≠ Luraschi, primero en su a√Īorado Durazno y luego en Montevideo. Su actividad musical est√° centrada en la electrofolcl√≥rica, una propuesta que mezcla su gusto por sintetizadores y pedaleras de distorsi√≥n con otros instrumentos desenchufados entre los que se destaca el bombo leg√ľero que le fabric√≥ un uruguayo que conoci√≥ en Espa√Īa. Siempre en la b√ļsqueda de generar texturas sonoras, colchones donde zambullir su voz para interpretar composiciones propias o versionar cl√°sicos del cancionero latinoamericano, como ‚ÄúTonada de luna llena‚ÄĚ, de Sim√≥n D√≠az, y ‚ÄúVolver a los 17‚ÄĚ, de Violeta Parra. ‚ÄúMe gusta c√≥mo llega la palabra desde ese despojo, la guitarra la uso m√°s como instrumento de percusi√≥n; a la hora de componer el bombo acompa√Īa, conecta. Tambi√©n disfruto grabar el sonido de las cosas y despu√©s loopear; ahora que estuve en Durazno prob√© con unas copas de cristal de mi madre. Esos sonidos generan un viaje, una conexi√≥n‚ÄĚ, dice Trentini.

Lucía en el cielo con parlantes

Vive la m√ļsica como una experiencia liberadora por la soledad con la que encara la composici√≥n y los sentires que la inspiran. Es diferente al lugar que ocupa el teatro, y expresa lo dif√≠cil de su convivencia porque debe sostenerse econ√≥micamente como artista. ‚ÄúNo tengo que sacar videoclips obligatoriamente ni hay un sello corri√©ndome atr√°s. Trabajo en procesos de teatro agotadores y cuando terminan siento un vac√≠o gigante, pero ah√≠ est√° la m√ļsica. No es la explosi√≥n del teatro, que lo veo monstruoso, ca√≥tico y m√°s exigente porque generalmente produzco, dirijo y escribo las obras que hago‚ÄĚ, compara. Tambi√©n encuentra diferencias entre la inspiraci√≥n que la lleva a componer canciones que hablan de su intimidad y el proceso creativo teatral, donde le estimula una mirada m√°s social. Pone como ejemplo Criaturas dom√©sticas: ‚ÄúHabla de las diferencias sociales y la violencia. No quiere decir que las canciones no tengan eso, pero son m√°s po√©ticas, buscan otro lenguaje y parten de otras cosas‚ÄĚ.

La actualidad estuvo presente de una forma m√°s visible en Pecados capitalistas, donde actu√≥ como parte de un espect√°culo al que asisti√≥ un pol√≠tico como invitado a cada funci√≥n. Trentini siente que disfrut√≥ ser parte de la obra, pero le result√≥ dif√≠cil estudiar el perfil de los invitados, pensar las canciones que har√≠a y encontrar el momento para interpretarlas. Recuerda que cuando empez√≥ a estudiar Comunicaci√≥n, en la UTU, una de las carencias que ten√≠a era no estar tan atenta a la actualidad: ‚ÄúMe entero de las cosas que pasan y me preocupan, pero tampoco estoy muy pendiente. La gente que iba a la obra mayormente era por el pol√≠tico que les simpatizaba, y adem√°s los discursos eran muy pol√≠ticamente correctos. No iban a gritarle cosas al invitado, que podr√≠a ser una opci√≥n incluso m√°s divertida, generar tensi√≥n. Aunque estamos en un momento muy complejo y las redes habilitan una descarga del odio de formas incre√≠bles, creo que vamos perdiendo el di√°logo. Tenemos diferencias, pero ahora es radical‚ÄĚ.

Lo pol√≠tico se manifiesta de distintos modos en las obras de Trentini, incluso cuando comienza Las criadas y su personaje le abre la puerta al p√ļblico. Desde entonces, m√°s que romper la cuarta pared, propone un doble juego: ‚ÄúHacer part√≠cipes a quienes ven la obra da otra cercan√≠a, y tambi√©n les recuerda que son parte de esto en el teatro, pero tambi√©n en la vida‚ÄĚ, dice. El punto de partida de esta obra no tuvo que ver con la necesidad de abordar un tema, sino con el azar: ‚ÄúLa vida est√° llena de accidentes maravillosos. Cuando arranc√≥ la pandemia mucha gente se iba de Madrid, y una amiga me dej√≥ un bolso con el vestuario que hab√≠a usado en una sesi√≥n de fotos. Lo abr√≠ y eran 11 uniformes de empleadas dom√©sticas. Al principio los usamos con Gloria [Albalate] para cantar en la calle. Ah√≠ empezamos a trabajar en ideas sobre la obsesi√≥n por la limpieza y los accidentes dom√©sticos. Tambi√©n se daba una situaci√≥n especial en Madrid acerca del destrato a las empleadas que viv√≠an en las casas donde trabajaban‚ÄĚ. Al tiempo de elegir una locaci√≥n, fueron por los hoteles, que en ese momento estaban vac√≠os, y optaron por el s√≥tano, que les pareci√≥ ideal para estas mujeres que est√°n en un limbo.

El v√≠nculo con Las criadas (Les bonnes, 1947), de Jean Genet, lleg√≥ despu√©s, cuando la ensayaron con invitados y varios les hablaron de esa obra. ‚ÄúLa rele√≠, creo que la asociaci√≥n es porque son tres empleadas y tienen ese v√≠nculo con su ama, entre amor y odio‚ÄĚ, comenta. Para las funciones que hizo en Montevideo eligi√≥ Casa Caprario (Soriano 922), ubicada al lado de la sala Verdi y denominada as√≠ porque fue el hogar de Ernesto Caprario, donde se fund√≥ el Club Nacional de Football. Desarrollar las obras fuera de las salas de teatro no es su objetivo, sino el fruto de las necesidades de la propuesta y las posibilidades para concretarlas. Le recuerda la √©poca en que trabajaba con su colega Roberto Su√°rez: ‚ÄúNos citaba en una esquina, pasaba un cami√≥n y hac√≠amos la obra all√≠ como parte de los ejercicios. Despu√©s no es que me lo haya pautado, pero la necesidad a veces te lleva a las cosas‚ÄĚ.

Pongamos que hablo de Madrid

En octubre de 2018 se radic√≥ en la capital espa√Īola, d√©j√† vu de su arribo a Montevideo: ‚ÄúSe parece a irme de la casa de mis padres en Durazno, con 17 a√Īos, para vivir en un hogar estudiantil‚ÄĚ. Desde entonces pasaron otros 17 a√Īos aqu√≠, hasta su viaje a Espa√Īa: ‚ÄúDe nuevo, el anonimato absoluto y escuchar un mont√≥n para entender c√≥mo funcionan las cosas y qui√©nes son los directores que est√°n. Buscar espacios donde sentirme bien. Preguntarme qu√© hago ac√°, por qu√© quiero estar ac√°‚ÄĚ. Encuentra en Madrid una mayor cultura del ocio, que se reparte entre bares, conciertos, cines y teatros, incluso cuando dos de los tres a√Īos que lleva all√≠ los pas√≥ en pandemia. Parece un contexto adecuado para una prol√≠fica Trentini que durante el a√Īo pasado desarroll√≥ siete obras entre Uruguay, Espa√Īa, Colombia y Chile, aparte de varios recitales en Madrid.

Ni siquiera los primeros tiempos de cuarentena frenaron su productividad: aprovech√≥ esa √©poca emparedada para, entre otras cosas, escribir Imaginarios clandestinos (2020), donde incursion√≥ en el relato er√≥tico. Lo √ļltimo que escribi√≥ fue sobre su abuela y tom√≥ forma teatral en Popea, el silbido y los hibiscos, protagonizada por Paola Larrama y dirigida por Dahiana M√©ndez, como parte del ciclo por el mes de la mujer que se llev√≥ adelante en el museo Zorrilla durante marzo. Entretanto, contin√ļa su trabajo dramat√ļrgico con Salvaje, en coproducci√≥n con Track (una compa√Ī√≠a de las islas Martinica), y volver√° a los ensayos de Funeral de circo, que habla sobre artistas en decadencia. En setiembre estrenar√° Caricaturas en Barcelona, acompa√Īada por una orquesta de nueve instrumentistas con composiciones de Eduard Iniesta, basadas en la m√ļsica cl√°sica pero llevadas hacia lo contempor√°neo, no como un concierto sino como una aventura esc√©nica. Tambi√©n tiene prevista una residencia en Toledo (Espa√Īa) por un proyecto compartido con Morena y planea grabar nuevas canciones con el m√ļsico Agust√≠n Pardo, con quien trabaj√≥ en varias ocasiones y ahora se encuentra radicado en Hamburgo.

A d√≠as de regresar a Madrid, evoca aquella tristeza que sinti√≥ en las fiestas pasadas lejos de su familia y amigos: ‚ÄúHay algo con el invierno en el verano, la Navidad con el fr√≠o. Son √©pocas en que ando nost√°lgica, hago cierres‚ÄĚ. No tiene claro si se radicar√≠a definitivamente en Espa√Īa, pero s√≠ sabe que su objetivo es dejar de armar y desarmar valijas todo el tiempo. Cuando tiene margen para anhelar algo m√°s all√° de tanto proyecto a concretar en el corto plazo, sue√Īa con tener un espacio en Madrid y en Montevideo. ‚ÄúQuiero armar un estudio teatral para hacer investigaci√≥n, residencias y conciertos, aunque eso tambi√©n es como tener al enemigo en casa, porque al final uno se convierte en gestor y no tiene tiempo para otras cosas. Un lugar con entrepiso para mi cama y vivir en el teatro. Llevo tres a√Īos de un lugar a otro, cada vez que me voy es dejar un departamento, sacar la ropa del placard a la valija, y necesito un lugarcito donde guardar mis cosas. Tengo algo de unir gente, y un espacio permite acercar a personas de universos distintos, como la m√ļsica y el teatro, o invitar a artistas de otros lugares‚ÄĚ.

Fuente:https://ladiaria.com.uy/

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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