Revista ALTERNATIVAS-✯- n° 701- suplemento Cultura

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✬2)  Cristina Peri Rossi recibió el Premio Cervantes

3) Chile- el caso de la Red de Trabajadoras de las Danzas

4) La ilusión del encuentro amoroso

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Cristina Peri Rossi recibió el Premio Cervantes, su discurso fue leído por Cecilia Roth

 

La escritora uruguaya radicada en Barcelona, España, Cristina Peri Rossi fue laureada con el Premio Cervantes de Literatura. La actriz argentina Cecilia Roth recibió el galardón en nombre de la escritora, de manos del rey Felipe VI y la presidenta regional de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y procedió a la lectura de su discurso. “A veces me ensombrece el ánimo el miedo a que la maldad y la violencia sean en realidad una constante de la existencia humana, y la lucha entre el bien y el mal se eternice, o sea ridiculizada”.

 

La ceremonia de la entrega del máximo premio a las letras en castellano se realizó este viernes 22 de abril, en la Universidad de Alcalá.Peri Rossi, quien tiene 80 años, no pudo asistir por razones de salud. En su nombre, la actriz argentina Cecilia Roth recibió el premio y dio lectura a un discurso escrito por Peri Rossi.

Peri Rossi nació en Montevideo en 1941. Además de escritora, es traductora y activista política.

Ha escrito novelas,  ensayos, poesía e, incluso, ejerció el periodismo. En octubre de 1972 se exilió en España. Sin embargo huyó a París con la ayuda de su amigo el escritor argentino Julio Cortázar, cuando en 1974 el gobierno español colaboró con el gobierno de facto uruguayo para negarse a autorizar de nuevo su pasaporte español. Dos años después retornó a España donde obtuvo la nacionalidad española. En 1985 se le otorgó nuevamente la nacionalidad uruguaya.

Discurso

He aquí el discurso completo de Peri Rossi, leído por Cecilia Roth

Nací en Montevideo, Uruguay, en el año 1941, es decir, cuando desgraciadamente Europa estaba en plena Guerra Mundial. A la izquierda de mi casa vivía un viejo zapatero remendón, judío polaco, milagrosamente escapado de la masacre; y a la derecha, un adusto músico alemán con un parche negro en un ojo. Cuando le pregunté a mi madre, maestra de escuela obligatoria, laica, gratuita y mixta, por qué el judío y el alemán no se saludaban me respondió: “en Europa se habrían matado”. Mi padre, nacido en el campo, que había emigrado a la capital seducido por lo que el tango llamado “las luces del centro” me dijo algo muy sencillo: “Europa no existe. ¿Has visto en el mapa algún lugar que se llame Europa?” No había. Cuando pregunté por qué la llamaban Segunda Guerra Mundial me explicaron que apenas veinte años antes había sucedido la primera. También en el barrio había muchos exiliados españoles porque además de una guerra cuyos motivos yo no conocía, en España había una terrible dictadura que había matado a miles y miles de personas y hecho huir a otras miles. El mundo parecía un lugar muy peligroso fuera de Montevideo. Pero la biblioteca de mi tío, funcionario público, culto, gran lector y ferozmente misógino me permitió conocer que siempre había sido así. Desde los orígenes, desde los tiempos bíblicos o desde los griegos y troyanos. Los motivos de las guerras parecían siempre los mismos: el ansia de poder y la ambición económica. Algo típicamente masculino.

Tres libros leídos muy tempranamente me conmocionaron: El diario de Ana Frank, La madre de Máximo Gorki y Don Quijote de la Mancha. Este último, con un diccionario a mi lado. Fue el más difícil de leer y el que me provocó sentimientos más contradictorios. No había leído nunca un libro donde el autor declarar que su protagonista estaba loco, pero a la vez, me emocionaba que su propósito fuera deshacer entuertos y establecer la justicia, cosa que me parecía harto razonable dado el estado del mundo y de mi propio barrio, donde muchas vecinas venían a contarle a mi abuela, una viuda que había criado a siete hermanos huérfanos y a tres hijos -también huérfanos- que sus maridos borrachos las golpeaban o se jugaban el escaso dinero en los caballos o se iban de putas y maltrataban a sus hijos. Cómo deseaba yo que apareciera entonces Don Quijote con su flaco Rocinante a salvarlas de los golpes y del maltrato. Por otro lado, mi abuela me hacía recordar al Ama, porque pensaba que leer mucho llevaba a perder el seso y a cometer locuras, aunque yo no creía que los esposos de esas mujeres maltratadas leyeran mucho y esa fuera la causa de su violencia.

Yo misma me irritaba cuando Don Quijote confundía molinos con gigantes, y llegué a pensar que Cervantes en realidad ridiculizaba a su personaje para probarnos que la empresa de cambiar el mundo y establecer la justicia era un delirio. Hasta que en los capítulos XII, XIII y XIV del libro me encontré con el relato y el discurso de Marcela.

Marcela es codiciada y asediada por los hombres por su belleza y por su riqueza. La acusan de ser la culpable del suicidio de Grisóstomo, al que se negó, y en un sorprendente discurso rechaza a los hombres, al matrimonio y a las relaciones de poder entre los sexos: reclama su libertad, y para eso se aísla de la sociedad y se refugia en el campo, como una pastora más. “Yo nací libre y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos”, dice Marcela. Como Helena, en la Ilíada, maldice el día en que nació, o como en Eurípides, Helena se rebela contra la sociedad que considera la belleza como único atributo de la mujer.

De este modo, Cervantes desacraliza la belleza como atributo femenino, y convierte a Marcela en una heroína trágica: para conservar su libertad frente a los hombres que quieren poseerla y dominarla, renuncia a la vida social, aislándose del mundo, huyendo de los hombres. Por supuesto, esta heroína, posteriormente, sería calificada de histérica, frígida y neurótica al no asumir el rol que le asignaba la sociedad patriarcal.

La comprensión que manifiesta Don Quijote hacia un personaje femenino real, me hizo pensar que la locura puede ser un pretexto de exclusión de aquellos que esgrimen verdades incómodas, lección que evidentemente aprendí, pagando un precio muy elevado, hasta el día de hoy, pero si volviera a nacer, haría lo mismo.

Mi tío, que era buen lector cervantino, no me habló nunca de este pasaje, del mismo modo que me advirtió que las mujeres no escribían, y que cuando escribían, se suicidaban, como Safo, Virginia Woolf, Alfonsina Storni, y otras.

Yo también tuve claro, como Marcela, que en una sociedad patriarcal ser mujer e independiente era raro y sospechoso. Cuando el jurado (al que agradezco el honor de este Premio) enumera los motivos por los cuales me lo ha concedido, habla de una firme y completa vocación literaria, pero también reconoce una lucha por los valores humanos tantas veces vulnerados por el poder político o cívico militar. Tuve que exiliarme de la dictadura uruguaya porque, como Casandra, había advertido y denunciado su llegada, y como castigo, mis libros, y hasta la mención de mi nombre fueron prohibidos. Salvé la vida milagrosamente y vine a parar a España, donde otra feroz dictadura oprimía la libertad. Convertí la resistencia en literatura, como hicieron tantos exiliados españoles, y en lugar de renunciar a la sociedad, como Marcela, desde mis libros, desde mi vida he intentado como doña Quijota ‘desfazer’ entuertos y luchar por la libertad y la justicia, aunque no de manera panfletaria o realista, sino alegórica e imaginativa. No necesitamos duplicar la realidad, sino ironizar o interpretarla, como hiciera Jonathan Swift, por ejemplo. La literatura es compromiso ya lo dijo Jean Paul Sartre y compromiso es todo, desde un artículo contra Putin o un homenaje a las mujeres violadas y martizadas en Juárez, hasta los relatos de Cortázar. ¿No es compromiso satirizar, por ejemplo, los excesos de la técnica, el morbo de los platós de televisión o los ritos festivos de los fanáticos del fútbol? Tan compromiso como escribir un poema lírico que exalta el deseo entre dos mujeres o entre un hombre y una mujer. La imaginación también es compromiso cuando no anticipación. Yo no he sido cronista de la realidad, me he sentido muchas veces como Casandra, en la Eneida, vaticinando un futuro y unos peligros que pocos veían. Pero no concibo una literatura solemne. La vida puede ser una tragedia, un drama, pero se puede ironizar y satirizar sus hábitos y sus costumbres, como hizo Pessoa con su poema “Todas las cartas de amor son ridículas”. Sí, y además, son dulces o crueles o amorosas o denigrantes.

El siglo XX empezó casi con una guerra mundial y terminó con otra local, la de los Balcanes, e hizo escribir a Paul Valéry una definición clarividente: “La guerra es una masacre de personas que no se conocen en beneficio de personas que se conocen, pero no se masacran”.

A veces me ensombrece el ánimo el miedo a que la maldad y la violencia sean en realidad una constante de la existencia humana, y la lucha entre el bien y el mal se eternice, o sea ridiculizada, como ocurre en el mismo libro de Cervantes. Pero cuando escucho el aria de Sansón y Dalila, ‘Mon coeur s’ouvre à ta voix’, cantada por Jessye Norman, o ‘Je suis malade’ por Lara Fabián, o ‘Algo contigo’ por Susana Rinaldi, recupero una parte de la fe en el bien.

Mientras algunos se dedican fanáticamente a hacerse ricos y a dominar las fuentes del poder, otros, nos dedicamos a expresar las emociones y fantasías, los sueños y los deseos de los seres humanos.

Escribí en un poema: “Los antiguos faraones / ordenaron a los escribas: / consignar el presente / vaticinar el futuro”. Creo que ese sigue siendo el compromiso del escritor, sin ninguna solemnidad, y con sueldo escaso. Y con humor, como cuando escribí este breve poema: “Podría escribir los versos más tristes esta noche, / si los versos solucionaran las cosa”.

Podría escribir los versos más agradecidos esta noche, y cumpliría con mi obligación de escriba, aunque los versos no salvarían a los que mueren por las bombas y los misiles en la culta Europa.

Leyendo libros, ya sean de Luis Cernuda o de César Vallejo, confirmé lo que me decía mi madre: a medida que más sabemos menos sabemos, por eso la virtud cardinal es la humildad. Confirmé, también, que la literatura responde a la enseñanza evangélica: “Hablo en parábolas para que los que quieran entender entiendan”. Yo también escribo en parábolas.

Como escribí en un poema:

Las palabras son espectros, piedras, abracadabras

que saltan los sellos de la memoria antigua.

Y los poetas celebran la fiesta del lenguaje

bajo el peso de la invocación. Los poetas inflaman las hogueras

que iluminan los rostros eternos de los viejos ídolos.

Cuando los sellos saltan el hombre descubre

la huella de sus antepasados.

El futuro es la sombra del pasado en los rojos rescoldos de un fuego venido de lejos, no se sabe de dónde.

 

 

 

 

De feminismo y la organización: el caso de la Red de Trabajadoras de las Danzas

 

Surgió en medio del estallido social y, en pandemia, se transformó en un tejido capaz de socorrer a sus integrantes. Hoy, ante el Día Internacional de la Danza, mira de forma crítica esta fecha y dice que es importante descolonizar la disciplina.

Abril Becerra

abril 2022
red

 

 

 

La ilusión del encuentro amoroso

Escrito por Florencia González

La ilusión del encuentro amoroso

El discurso amo que ordena a gozar

La época está impulsada por un discurso amo que ordena a gozar. Si no te hace feliz, no es amor: modo en el que se instala un superyo épocal. Junto a Esteban Espejo ubicamos, al menos, cuatro de esos discursos actuales: amor útil, amor que fluye, amor saludable, amor libre. Pero ¿se puede plantear al amor en estos términos? ¿Es concordante, armónico, saludable el amor? ¿Dónde está el amor? ¿Quién lo tiene? ¿Se tiene el amor?

Hacer la pregunta ya tiene un impacto –me atraviesa una carcajada–, es gracioso sostener la creencia salubrista del amor y, a la vez, ¿quién no querría sostener la ilusión de que esto sea posible?

No hay que tomarlo tan a la ligera. Los sujetos vienen a la consulta enfermos de amor, juran que el amor les ha hecho un daño, un perjuicio, incluso creen que el daño es irreversible: “es el fin”, “me quiero morir”, etcétera. Al transitar un primer tiempo de devastamiento, pedir auxilio y ayuda para esa cura del amor, viene luego otro tiempo donde se busca algo bien parecido a la calma, la armonía, a la concordancia, al encuentro, a lo saludable. Es importante destacar que hay algo de lo amoroso que genera cierta tranquilidad, apaciguamiento, incluso una sublimación. Aun así, vivir en un estado de armonía constante es una práctica imposible para el ser parlante.

Vamos, junto a Lacan, a revisar rápidamente el discurso de uno de los integrantes de El banquete, Pausanias, quien diferenció dos órdenes del amor donde se dirá que la clave será saber bien a cuál de estos dos amores hay que alabar. No hay, dice él, Afrodita sin Amor, ahora bien, “hay dos Afroditas.”[1]Una será la Afrodita Urania y la otra es la Afrodita Pandemia (o Venus popular).

Lacan entiende el discurso de Pausanias como un análisis más de tipo sociológico, como de “observador de las sociedades”. Pareciera que todo se basa en las diferentes posiciones que existen en el mundo griego respecto al “amor superior” que queda asociado a los que son más fuertes y vigorosos, más ingeniosos, saben pensar, etcétera. Este “amor superior” desde el discurso de Pausanias que retoma Lacan queda del lado de la Afrodita Urania. O sea, pasando en limpio, el que piensa es fuerte, vigoroso, etcétera, va a alabar al “amor superior”.

Así, se podría suponer que entonces, el que no piensa, ni es fuerte, etcétera, va a alabar al amor de la Venus, una Venus popular. Quedan así divididas las aguas entre los que tienen y los que no tienen.

Planteando que sus dichos contienen cierta ambigüedad, Lacan interroga a Pausanias cuando dice: “¿Dónde se sitúa la virtud, la función del que elige?”y podríamos agregar aquí ¿es al nivel de la superioridad intelectual la elección amorosa? ¿dónde quedaría lo pulsional para tal caso?

Parafraseando a Lacan, la idea que propone Pausanias es como decir: para amar hay que hacer una alabanza y dependiendo a quién alabes (Afrodita Urania o Afrodita Pandemia –Venus–) es como te va a ir en el amor. Si elegís bien, hay punto de encuentro. Suena, casi casi, a una promesa de felicidad.

Aquí nos adentramos en la lógica del “intercambio”, ya que en la pareja amorosa el primero se muestra capaz de una contribución cuyo objeto es la inteligencia y todo el campo del mérito (para los griegos saber, pensar, vigor, fuerza, etcétera). El segundo tiene la necesidad de ganar educación a un nivel elevado. Entonces esto pareciera estar en el plano de una adquisición o un provecho, donde –supuestamente– se producirá el encuentro de esa pareja amorosa en un estado “superior”.

Se encuentra entonces que todo el discurso de Pausanias se elabora en función de una cotización de valores. “Se trata ciertamente de adquirir tus fondos de inversión psíquicos”, ironiza Lacan.

Pausanias agrega que habrá que imponer reglas severas al desarrollo del amor, al cortejo del amado, y siguiendo la lectura lacaniana que no malgasten sus fondos en “jovencitos que no valgan la pena”. Cualquier parecido con lo que las madres dicen a sus hijos no es pura coincidencia, los discursos que se elaboran en El banquete sobre el amor son de mucha actualidad y atraviesan aún nuestra época.

A su vez, Pausanias deja en claro que quienes no se ordenan alabando al amor superior se desordenan y son “salvajes, bárbaros”, dejando a todos aquellos que alaban a la Afrodita Pandemia –Venus– del lado de lo animalesco.

Este concepto del amor es bastante actual. La cuestión del intercambio, el merecimiento, la creencia de que en el amor la relación con el otro es el valor. Eso que vale y que yo merezco define al amor. Lacan lo dice así: “Pausanias (…) nos explica hasta qué punto el amor es un valor (…) al amor se lo perdonamos todo.”[2] Y este perdón no es por solidaridad, ni por ser un buen samaritano, ni por poner la otra mejilla como Jesús, sino porque en ese amor tengo mis fondos de inversión psíquica. Como pasa con la bolsa y los mercados. Y es que, en el amor, como sabemos, se trata de alguna otra cosa, que tal experiencia del amor, como la que propone Pausanias, que hay que dirigirse al “tener” (saber, status, fuerza, etcétera), del “valor de cambio”, de exaltar cuestiones morales, el amor educador siempre es un señuelo y que al final ese señuelo deja ver lo que es.

Si revisamos la poesía, las canciones, nos encontramos siempre con que el amor toca el cuerpo, como un flechazo de cupido. Como dice Calamaro No se puede vivir del amor pero tampoco se puede vivir sin él. Ya sea sufriendo por amor o encandilados por él, nos encontramos vivos. Angustia de separación, ansiedad frente al deseo del otro, “me clavó el visto”, “no me responde”, “¿me quiere?”, etcétera.

Entonces podríamos decir que el amor no fluye, ni es armónico, ni es un bien de intercambio. En cuanto sostengo la ilusión de que hay armonía deja de haber relación sexual, en cuanto sostengo la creencia de que el amor tiene que fluir, me hago rígido y me alejo de algo parecido a la fluidez… En definitiva, los discursos sobre el amor que propone la época, a modo de una posverdad, tocan el cuerpo en su vertiente opuesta a la que pregonan. Lo tocan angustiando desde un super yo que ordena el modo de gozar –siempre tan singular– de cada uno. Y allí encontramos esas frases “Si duele no es amor”, “El amor tiene que fluir”, “Ese no te conviene”, etcétera.

No hay garantías en el amor, Lacan lo dijo parecido: “No hay relación sexual”. Sostener la creencia de que en este universo existe un ser (otro) que tenga mi media naranja (y si aparece la media naranja, viene mordisquada o chupeteada), y, aún más, de que si yo sé elegir bien ese otro va a proveerme un estado de pura felicidad (merecimiento), es una exclusiva posición infantil. De todos modos, que esto no nos aleje de la ilusión, retomando a Calamaro, Algún lugar encontraré.

Florencia González es psicoanalista e investigadora UBACyT. Fragmento del texto “¿Dónde está el amor?” de su libro Lo incierto (Ediciones Paco, 2021).

Notas:

[1] Lacan, J. (2011). El seminario VIII: La transferencia. Bs. As: Editorial Paidós. Pág. 67.

[2] Ibid, Pag. 71.

Fuente: https://www.desdeabajo.info/cultura

 

 

APARTE «Esto es Uruguay, lo que ves es lo que hay» Película completa uruguaya.

 

 

 

 

 

 

 

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