Revista ALTERNATIVAS -🌟- n° 710 —

✯1) Montevideo/ Construyendo aislamiento

✯ 2) Comida, hambruna y guerra

✯3) J. A. González Sainz, una invitación a tomarse la vida de otra forma

✯ 4) Éric Toussaint y la “odiosa” deuda Argentina

✯5) Chile. Conflicto Estado/Mapuche: girando en círculos por la eternidad

 

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Controversia sobre la propuesta de una isla artificial en Punta Gorda

Construyendo aislamiento

El gobierno nacional aprobó una propuesta para construir una isla artificial frente a Punta Gorda, en la que se edificarían 36 torres y un puerto deportivo. Para entender de qué se trata esto y qué implicancias tiene, Brecha consultó a los sociólogos Tejo Mattioli y Alfredo Falero; a Álvaro Moreno y Gonzalo Cortizo, de Miles de Ciudades (un proyecto audiovisual en temas de hábitat, vivienda y ciudad); a Verónica Pastore, magíster en ordenamiento territorial, y a la secretaria general de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, Stella Zuccolini. Los consultados coinciden en las dudas sobre la viabilidad del proyecto, las críticas a la forma en cómo se saltearon pasos administrativos, la preocupación por sus efectos ambientales y un empeoramiento de los problemas de segregación de la ciudad.

Imagen extraída del resumen ejecutivo de la empresa Navigant Group LLC. MVD360

 

La semana pasada, una nota del semanario Búsqueda dio a conocer la decisión del gobierno de declarar de interés y aprobar la inversión llamada MVD 360. En estos días, circularon el decreto del Poder Ejecutivo y un documento de la empresa, en el que se pueden ver unos renders junto a una breve explicación sobre el proyecto, las razones por las que se hace y los pasos a seguir. Aunque por el momento la única información sobre el tema está en estas tres carillas, ya hay bastante tela para cortar.

Falero reconoce que «lo que se conoce del proyecto es muy poco, pero las cifras son apabullantes. Si te dicen 2.000 millones de dólares de inversión y 4.500 puestos de trabajo, eso da para hacer un marketing muy fuerte. Siempre estos grandes emprendimientos se rodean de un gran marketing». Según Cortizo, «lo que le dio verosimilitud al asunto fue la firma del presidente, porque si esto salía como una propuesta sin ese documento, no valía la pena ni reflexionar al respecto. Parece algo totalmente descolgado de la realidad montevideana. Es una cosa fuera de contexto».

Pastore explica que al proyecto «lo presenta una empresa que explícitamente dice que es de reciente creación y que, cuando uno busca información sobre ella, encuentra que su dirección es un garaje en Miami. Eso llama la atención en una propuesta (esto es una propuesta, no un proyecto) de esta envergadura. No parece serio. La aprobación, con la firma del presidente, se apoya en los artículos 19 y 20 de una ley sobre incentivos para la construcción, que es la 17.555, y dice, básicamente, que cualquiera de las carteras puede declarar de interés y que el inversor se hace cargo de lo demás. Es una idea en bruto que se presenta con imágenes, de la que el gobierno dice “tengo interés en que esto se desarrolle”, sin tener un estudio de si es posible que se desarrolle. Tiene algo de cheque en blanco».

Mattioli explica que esta «es una más de las superinversiones que aparecen de la nada, y todo indica que esta, tal como apareció, desaparece. Te diría que esa gente no son inversionistas, sino que lo que buscan son inversionistas. Ellos consiguen el permiso del Estado uruguayo para construir esta locura, pero no tienen los 2.000 millones de dólares, y con el permiso se van a buscar quién puede invertir eso, porque tienen un Estado amigo que los banca. Es especulación inmobiliaria, de la más complicada que hay».

En cuanto a la viabilidad del proyecto, Pastore explica que aunque «se dice que entre 5 y 10 años podríamos ver las primeras construcciones, lo que yo me pregunto es qué tiempo lleva hacer el desarrollo del proyecto, los estudios ambientales, territoriales. Si uno mira las ciudades que trabajan en territorios artificiales que avanzan sobre el mar, piensa en Holanda, Japón o Emiratos Árabes (las islas Mapamundi, Palmera y demás), les lleva entre 5 y 10 años solo la consolidación de los pilotes para ir construyendo las islas artificiales. Son tiempos propios de las dinámicas marinas. Que te digan que entre 5 y 10 años vas a tener los primeros edificios es un horizonte temporal irreal». Falero advierte que «estas cosas pueden generar resistencias. Pienso en lo que pasó con la zona del dique Mauá y el tema del puerto. Las resistencias llevaron a que hubiera que dejarlo atrás. El proyecto de Buquebus en la zona de Capurro produjo una disputa entre los capitales logísticos y Buquebus, que hablaba del Puerto Madero de Montevideo. Los capitales se disputan entre ellos los usos de la ciudad. Eso quedó en nada porque el dragado hasta ahí era muy caro. Los proyectos pueden encontrarse muchos problemas. Me acuerdo del Plan Fénix, del que quedó una Estación Central cerrada y destruida, una pequeña estación de trenes que no sirve para nada, una zona franca, la torre de ANTEL y galpones».

Moreno especula que «si uno se pone en cabeza de promotor, generar una isla de esas dimensiones, con un puente de 450 metros, es todo bastante fuera de la escala montevideana y nacional. Digamos que alguien se hace cargo de todos los costos de la infraestructura, ¿cuántas personas podrían comprar los apartamentos de esas 36 torres? No es evidente que se puedan vender. Más en el contexto actual, en el que también hay varios emprendimientos que van hacia públicos similares, como +Colonia [un proyecto de ciudad privada cerca de la ciudad de Colonia] o proyectos de gran escala en Punta del Este. No queda claro que haya tanta demanda. Incluso no es claro que exista en Uruguay la capacidad de construcción de algo así. Tendrían que traer empresas internacionales. Con la construcción que hay ahora, están todas las empresas ya bastante a tope». En el mismo sentido, Pastore reflexiona que se proyecta que vivan allí hasta «unas 10 mil personas, y en el proyecto de Colonia hablaban de 30 mil, la pregunta que salta es: ¿quiénes? Porque Uruguay no tiene una tasa de crecimiento alto. ¿Estamos apostando a personas de otros países que vengan a vivir a Uruguay? ¿Por qué van a venir? Y si apostamos a eso, ¿les estamos construyendo ciudades para ellos y no integrándolos en nuestras sociedades? El caso de Colonia es extremo. Parece una extensión de la ciudad, pero cuando uno ve los videos de promoción en Argentina hablan de una ciudad para argentinos, que hasta tendrá sus propias reglas. Y esto es más o menos lo mismo».

CUESTIONES FORMALES

Zuccolini cuenta que en la discusión sobre el tema en la Comisión de Urbanismo de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay «nos sorprendió muchísimo que esta idea saliera del Ministerio de Transporte [y Obras Públicas (MTOP)], cuando es una acción en el territorio, con un impacto que, si se concretara, sería totalmente irreversible. Desde el punto de vista jurídico es algo inimaginable que se presente desde ese lado cuando la competencia la debería tener el Ministerio de Vivienda [y Ordenamiento Territorial] a través de la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial, o el Ministerio de Ambiente, o la propia Intendencia de Montevideo [IM]». Pero hay algunas vueltas de tuerca. Mattioli explica que «el ordenamiento territorial de los departamentos depende de las intendencias. El asunto es que esto está en el agua, y el agua depende del Ejecutivo y de la Armada. Pero tienen que construir un puente que los conecte con la tierra. Entonces no pueden saltearse la intendencia».

Pastore da más detalles: «De acuerdo al Código Civil, las islas de los cuerpos de agua navegables son de dominio público. Incluso el artículo 754 dice que las islas que se forman en cuerpos navegables pertenecen al Estado, y el 478 dice que las islas en cursos navegables son de dominio público. Entonces, esta inversión que va a hacer un privado no le va a pertenecer, por ley. No sé si son conscientes de esto, o se está haciendo caso omiso, o se está pensando definirlo de otra manera. Pero el Código Civil es muy claro. La ley 17.033, en el artículo 6, dice que la República Oriental del Uruguay tiene jurisdicción exclusiva en el establecimiento y el uso de islas naturales o artificiales. Las islas naturales o artificiales quedan bajo la jurisdicción del gobierno nacional. Eso quiere decir que si el gobierno nacional quisiera seguir con esto, podría decir que la isla se hace en forma inconsulta con la IM, pero el puente se apoya en territorio de Montevideo. Ahí vas a tener un tema de a quién corresponde dar los permisos. ¿Quién va a desarrollar y quién va a controlar las infraestructuras que se hagan? ¿Qué va a pasar con el saneamiento de esa isla? ¿Va a haber transporte público en esta isla? ¿Quién pone las normas?».

Para Mattioli, la construcción de esta isla iría en contra del plan de ordenamiento territorial de Montevideo de 1998, que «busca densificar las áreas centrales, tratar de frenar el crecimiento de la mancha urbana para mitigar la necesidad de inversiones en agua, en saneamiento, en desagüe, y el aumento del uso del automóvil. Es una racionalización de recursos. Esta idea va contra todo eso. Y contra los intentos de promover la diversidad social en los barrios. De hecho, cambia morfológicamente nuestra costa. Construye una isla con un solo puente de entrada, con 5 mil apartamentos y un puerto gigante, a lo Miami, de veleros. Montevideo ya tiene varios puertitos de veleros. ¿Eso da trabajo? ¿Cuál es el coste social de largo plazo? ¿Cuál es el coste ambiental?». Brecha consultó a la IM, desde donde se declinó hacer comentarios mientras no haya nada formal presentado en la IM sobre el tema.

IMPACTO AMBIENTAL, SEGREGACIÓN Y MODELOS DE CIUDAD

«Cuando uno ve el PDF de la empresa –explica Pastore– uno lee que MVD 360 es la construcción de una isla artificial, algo que, para empezar, no es normal en Uruguay. Esta isla, si uno lee el proyecto, tiene 36 hectáreas. Para hacernos una idea de su tamaño: eso en la ciudad equivale a un cuadrado de 7 manzanas por 7 manzanas. Está en frente a Punta Gorda: Punta Gorda mide 18 hectáreas, o sea que es el doble del tamaño de Punta Gorda. Podemos comparar con la isla de las Gaviotas, que tiene aproximadamente una hectárea de territorio. Eso te habla de la dimensión del objeto que se quiere construir. Nos dicen que va a tener 36 lotes para el desarrollo inmobiliario, en el render se ve un semicírculo lleno de torres de distinta altura, y que si uno hace un prorrateo entre el radio y la altura, algunas de esas llegan hasta los 80 metros, lo que no es nada menor. Hay que estudiar la afectación en el río, cómo esas dinámicas inciden en la costa, las implicancias ambientales de la construcción de la isla y del puente. El puente es un puente de 450 metros.»

Según Mattioli, este tipo de proyectos suelen venderse como ecológicamente sustentables, pero se trata de un «ecologismo absolutamente falso». «Esto puede vincularse a lo de Colonia, que es una ciudad privada. Colonia tiene 26 mil habitantes, esto tendría 30 mil. Te lo venden como ecológicamente sustentable, pero está en terrenos inundables. Van a construir una ciudad nueva para ricos cuando al lado hay una ciudad que tiene espacio, donde se puede construir, y eso va a ser ecológicamente mucho más sustentable. Lo hacés para ricos que van a vivir entre ricos. Ahí buena parte del negocio está en la recalificación del suelo, que sube varias veces su valor. El Estado recalifica de rural a urbano y sus dueños se hacen varias veces más ricos sin hacer nada. El gran negocio de los barrios privados es ese. Y después está el tema del miedo o la inseguridad, y de la distinción. En Maldonado se están construyendo un montón de proyectos de ese tipo. En Montevideo yo no creo que haya barrios privados. En Lavalleja, Soriano, Rivera hay proyectos. Uruguay no es la excepción, es algo que pasa en toda América Latina.»

En cuanto a los impactos sociales, Zuccolini reflexiona que «el tema más importante que hay que pensar sobre esta propuesta es el de la segregación social, que es la que nos causa tantos problemas de convivencia. Esto lo que viene a hacer es a reafirmar la segregación, de forma más potente. Es casi pensar en la Edad Media, cuando el señor feudal se hacía el castillo y afuera estaba todo el resto. Es una cosa inimaginable incluso en el marco de los compromisos internacionales que asumió el país, la Agenda 2030, el Hábitat 3, los Objetivos de Desarrollo Sostenible». En el mismo sentido, Pastore sintetiza: «Esto genera más problemas que soluciones. Este proyecto lo que hace es empeorar los mayores problemas que tenemos en la ciudad: la extensión de la ciudad, la segregación urbana y, por tanto, la difícil situación de su sostenibilidad, económica, social y ambiental. Eso más allá del disparate que parece ser el proyecto en sí».

El hecho de que se trate de una isla, para Falero, es interesante, ya que «hay una tendencia global a la generación de excepciones territoriales y a lo que se llama un urbanismo de insularidades. Y esto es literalmente una isla». Esto «tiene que ver con los procesos de segregación y separación que se dan a nivel urbano. En Uruguay la separación se ha hecho en forma relativamente cuidadosa. Los barrios privados son legales en Canelones, pero, por ejemplo, no están rodeados de muros, como sí lo están en Argentina. La separación se da por un tejido. Eso también pasa con las zonas francas. Si uno ve el Aguada Park o el World Trade Center Free Zone en Buceo, no se da cuenta de que son zonas francas si no le dicen, sin embargo son regímenes brutales de excepción territorial. En Zonamérica o Parque de las Ciencias tampoco hay muros, hay un tejido de separación y control de entrada y de salida. ¿Qué puede pasar con una isla como esta? Por ahora intervino el MTOP y más nadie; esto va a tener que pasar por la Junta Departamental. No sabemos mucho, pero si se llegara a concretar, uno supondría que habría áreas públicas, aunque controladas, vigiladas. Esto no es una sorpresa, porque hay formas de áreas públicas que son administradas, gobernadas, gestionadas por privados, un ejemplo de esto son los shopping centers. Después, si finalmente se concretara el proyecto, una cuestión a tener en cuenta en relación con estas formas de urbanismo insular es que se dan sociabilidades muy particulares. En los barrios privados esto está estudiado. Se crean relaciones entre personas de la misma clase. Acá se trata de varios edificios con muchos habitantes, un montón de gente, de clase alta, por supuesto con personal de servicio trabajando». Para Falero, este tipo de proyectos se relacionan con una «dinámica financiera asociada a flujos libres de capitales enormes. El capital financiero encuentra a nivel urbano formas de realización. Son formas que encuentra el capital a nivel global para rentabilizarse. No es la primera vez que lo hace en Montevideo. Se están construyendo muchos edificios sin gente adentro, lo que implica que lo que está en juego no es el valor de uso, sino la rentabilización del capital. Eso está muy relacionado globalmente a las crisis financieras, hipotecarias, etcétera. También en estos flujos puede estar involucrado el lavado de dinero». Según Zuccolini, el proyecto MVD 360 «desconoce absolutamente todos los procesos de participación y consideración de impacto ambiental y territorial. ¿Quién va a tener competencia sobre ese territorio creado? ¿Quién va a gobernar eso? Es tan ilógica la propuesta que no da ni para hacerle un análisis como corresponde».

Fuente: https://brecha.com.uy/

 

 

 

 

Comida, hambruna y guerra

Michael Roberts

Si algo demuestra que la hambruna y la inseguridad alimentaria son causadas por el hombre en lugar de debido a los caprichos de la naturaleza y el clima, es la actual crisis alimentaria la que está poniendo a millones de personas en todo el mundo cerca de la inanición.

La guerra entre Rusia y Ucrania ha puesto de relieve el desastre mundial del suministro de alimentos, pero esto se estaba gestando mucho antes de la guerra. La cadena de suministro de alimentos ha sido cada vez más global.  La Gran Recesión de 2008-9 comenzó a interrumpir esa cadena, basada en compañías multinacionales de alimentos que controlaban el suministro de los agricultores de todo el mundo.  Estas empresas dirigieron la demanda, generaron la oferta de fertilizantes y dominaron gran parte de la tierra cultivable.  Cuando estalló la Gran Recesión, perdieron ganancias, por lo que redujeron la inversión y aumentaron la presión sobre los productores de alimentos en el «Sur Global».

Las grietas en estos fundamentos del suministro de alimentos fueron acompañadas por el aumento de los precios del petróleo, la demanda explosiva de biocombustibles a base de maíz, los altos costos de envío, la especulación del mercado financiero, las bajas reservas de granos, las graves interrupciones climáticas en algunos de los principales productores de granos y un aumento de las políticas comerciales proteccionistas.  Este fue el «clima» alimentario en la larga depresión hasta 2019, antes de que llegara la pandemia.

Precios de los alimentos, combustibles y fertilizantes frente al crecimiento del PIB en los países de ingresos bajos y medianos, 2000-2022. FAO/FMI/Banco Mundial.

 

La crisis alimentaria después de la Gran Recesión fue relativamente efímera, pero fue seguida por otra explosión de los precios de los alimentos en 2011-12.  Finalmente, el «auge de las materias primas» terminó y los precios de los alimentos se mantuvieron relativamente estables durante un tiempo.  Pero la caída de la pandemia provocó una nueva crisis a medida que la cadena de suministro mundial colapsó, los costos de envío se dispararon y el suministro de fertilizantes se agotó.  El índice de precios de los cereales mostró que los precios alcanzaron su nivel de 2008 en 2021.

El mundo no se ha recuperado de los vientos de cola de la pandemia de COVID-19, la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. Y esto es en un momento en que muchas economías enfrentan grandes cargas de deuda en relación con el ingreso nacional.  África es la región más vulnerable. El norte de África es un gran importador neto de trigo, la mayoría de los cuales proviene de Rusia y Ucrania, por lo que se enfrenta a un crisis alimentaria particularmente aguda. El África subsahariana es predominantemente rural, pero sus crecientes poblaciones urbanas son relativamente pobres y más propensas a consumir granos importados.  Los agricultores en muchas partes de África son luchando por acceder a los fertilizantes, incluso a precios inflados, debido a problemas de envío y divisas. Los costos exorbitantemente altos erosionarán las ganancias de los agricultores y podrían reducir los incentivos para aumentar la producción, amortiguando los beneficios de reducción de la pobreza de los precios más altos de los alimentos.

Los países ya afectados por conflictos y cambio climático son excepcionalmente vulnerables. Yemen, devastado por la guerra, depende en gran medida de los granos importados. El norte de Etiopía es una de las regiones más pobres de la Tierra, que se enfrenta a un conflicto continuo y a una crisis humanitaria. Y Madagascar fue azotado por sucesivas tormentas tropicales y ciclones en enero y febrero, dejando su sistema alimentario roto. En Afganistán, las tasas de mortalidad infantil se disparan debido al colapso de la economía y los servicios básicos de salud. El PIB de Myanmar se redujo en un 18% después del golpe militar en febrero de 2021.

La guerra entre Rusia y Ucrania solo exacerbó este desastre de seguridad alimentaria y precios.  Rusia y Ucrania representan más del 30% de las exportaciones mundiales de granos, Rusia por sí sola proporciona 13% del fertilizante global y 11% de las exportaciones de petróleo, y suministros de Ucrania la mitad del aceite de girasol del mundo. En combinación, esto es un gran shock de suministro para el sistema alimentario mundial, y una guerra prolongada en Ucrania y el creciente aislamiento de la economía de Rusia podrían mantener altos los precios de los alimentos, el combustible y los fertilizantes durante años.

La invasión rusa de Ucrania ha enviado el índice mundial de precios de los alimentos a un máximo histórico. La invasión dejó inactivos los otrora ocupados puertos del Mar Negro de Ucrania y dejó los campos sin atender, al tiempo que frenó la capacidad de Rusia para exportar.  La pandemia continúa entorpeciendo las cadenas de suministro, mientras que el cambio climático amenaza la producción en muchas de las regiones agrícolas del mundo, con más sequías, inundaciones, calor e incendios forestales.

Millones de personas están siendo empujadas hacia el hambre de acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos.   Los considerados «desnutridos» aumentaron en 118 millones de personas en 2020 después de permanecer prácticamente sin cambios durante varios años.  Las estimaciones actuales ahora ponen ese número en unos 100 millones más.

Los niveles de hambre aguda, el número de personas que no pueden satisfacer las necesidades de consumo de alimentos a corto plazo, aumentaron en casi 40 millones el año pasado. La guerra siempre ha sido el principal impulsor del hambre extrema y ahora la guerra entre Rusia y Ucrania se suma al riesgo de hambre y hambre para muchos millones más.

La Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva: «Para varios países, esta crisis alimentaria se suma a una crisis de deuda. Desde 2015, la proporción de países de bajo ingreso en dificultades de deuda o cerca de ellas se ha duplicado, del 30 al 60%. Para muchos, la reestructuración de la deuda es una prioridad apremiante … Sabemos que el hambre es el mayor problema solucionable del mundo. Una crisis inminente es el momento de actuar con decisión y resolverla».  

Pero las soluciones convencionales a este desastre son inadecuadas o utópicas, o ambas.  El llamado es para que los «principales productores de granos» resuelvan los cuellos de botella logísticos, liberen existencias y resistan el impulso de imponer restricciones a la exportación de alimentos.  Las naciones productoras de petróleo deberían aumentar los suministros de combustible para ayudar a reducir los costos de combustible, fertilizantes y envío. Y los gobiernos, las instituciones internacionales e incluso el sector privado deben ofrecer protección social a través de alimentos o ayuda financiera.

Ninguna de estas propuestas está ocurriendo.  Las principales potencias capitalistas están haciendo muy poco para ayudar a esos países pobres con millones hambrientos y desnutridos.  A finales del mes pasado, la Comisión Europea anunció un paquete de ayuda de 1.500 millones de euros, junto con medidas adicionales, para apoyar a los agricultores de la UE y proteger la seguridad alimentaria del bloque . Los líderes del Grupo del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio pidieron medidas urgentes y coordinadas para abordar la seguridad alimentaria. Buenas palabras pero sin acción.

Una verdadera ayuda sería cancelar las deudas de los países pobres.  Pero todo lo que el FMI y las principales potencias han ofrecido es una suspensión del servicio de la deuda: las deudas permanecen, pero los pagos pueden retrasarse.  Incluso este «alivio» es patético.  En total, en los últimos dos años, los gobiernos del G20 han suspendido  $10.3 mil millones. Solo en el primer año de la pandemia, los países de bajo ingreso acumularon una carga de deuda total de 860.000 millones de dólares, según el Banco Mundial.

La otra «solución» del FMI fue aumentar el tamaño de los Derechos Especiales de Giro, el dinero internacional, que se utilizaría para obtener ayuda adicional.  El FMI inyectó 650.000 millones de dólares de ayuda a través del programa de DEG. Pero debido al sistema de «cuotas» para la distribución de DEG, las cuotas de DEG se inclinan desproporcionadamente hacia los países ricos: África recibió menos DEG que el Bundesbank alemán!

Las condiciones macroeconómicas ahora provocan disturbios alimentarios.  En un nuevo informe, titulado «Disminución en tiempos de conflicto.», la UNCTAD expuso los escenarios futuros.  Sri Lanka, cuya crisis de deuda lleva varios años gestándose, es una ilustración útil de la dinámica clave. Las remesas y las exportaciones colapsaron durante la pandemia, lo que también interrumpió el crucial sector turístico. La desaceleración del crecimiento tensó el presupuesto y agotó las reservas de divisas, dejando a Colombo ahora luchando por importar petróleo y alimentos.  La escasez es aguda. Dos hombres de unos setenta años murieron mientras esperaban en la fila para obtener combustible, Al Jazeera Informó. Los precios de la leche han aumentado y los exámenes escolares se cancelaron debido a la escasez de papel y tinta. Mientras Sri Lanka lucha por pagar los 45.000 millones de dólares en deuda a largo plazo que tiene, de los cuales más de 7.000 millones de dólares vencen este año, podría unirse a los países que han incumplido durante la pandemia, incluidos Argentina y el Líbano, este último muy dependiente de importaciones de trigo.

En lugar de aumentar el suministro, liberar las existencias de alimentos y tratar de poner fin a la guerra en Ucrania, los gobiernos y los bancos centrales están aumentando las tasas de interés, lo que aumentará la carga de la deuda de los países pobres hambrientos de alimentos.  Como he explicado en publicaciones anteriores y la UNCTAD está de acuerdo, las subidas de los tipos de interés de los bancos centrales no hacen nada para controlar la inflación creada por las interrupciones del suministro, salvo para provocar una recesión mundial y una crisis de deuda de los «mercados emergentes».

El aumento de las protestas y la agitación política preocupan más a las grandes potencias que a la gente que se muere de hambre.  Como dijo la Secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Janet Yellen: «La inflación está alcanzando los niveles más altos vistos en décadas. Los precios marcadamente más altos de los alimentos y los fertilizantes ejercen presión sobre los hogares de todo el mundo, especialmente para los más pobres. Y sabemos que las crisis alimentarias pueden desatar el malestar social».

En la década de 1840, cuando el capitalismo se convirtió en el modo de producción dominante a nivel mundial, Marx habló de un «nuevo régimen» de producción de alimentos industrial-capitalista, conectado con la derogación de las Leyes del Maíz y el triunfo del libre comercio después de 1846. Asoció este «nuevo régimen» con la conversión de «grandes extensiones de tierra cultivable en Gran Bretaña», impulsada por la «reorganización» de la producción de alimentos en torno a los desarrollos en la cría y manejo del ganado, y por la rotación de cultivos, junto con los desarrollos relacionados en la química de los fertilizantes a base de estiércol.

La producción capitalista de alimentos aumentó dramáticamente la productividad de los alimentos y convirtió la producción de alimentos en una empresa global.  A mediados de la década de 1850, estas tendencias ya eran evidentes: cerca del 25 por ciento del trigo consumido en Gran Bretaña era importado, el 60 por ciento de Alemania, Rusia y los Estados Unidos.  Pero también trajo crisis regulares y recurrentes de producción e inversión que crearon una nueva forma de inseguridad alimentaria.  El hambre y el hambre ya no podrían culparse a la naturaleza y al clima, si es que alguna vez pudieron.  Ahora era claramente el resultado de las desigualdades de la producción capitalista y la organización social a escala global.  Y son los más pobres los que sufren.  Karl Marx escribió una vez que la hambruna ‘mató a pobres demonios solamente’.

Y con la agricultura industrial vino la cruel explotación y el trato de los animales tanto como de los humanos.  Marx escribió en un cuaderno inéditocomo «¡Repugnante!» Alimentación en establos a «sistema de prisión celular» para los animales.  «En estas prisiones nacen animales y permanecen allí hasta que son asesinados. La pregunta es si este sistema conectado o no al sistema de cría que cultiva animales de una manera anormal abortando huesos para transformarlos en mera carne y una gran cantidad de grasa, mientras que antes (antes de 1848) los animales permanecían activos permaneciendo bajo el aire libre tanto como fuera posible, en última instancia resultará en un grave deterioro de la fuerza vital.

Esta es una crisis global y requiere una acción global de la misma manera que la pandemia debería haberse abordado y las necesidades de la crisis climática.  Pero tal coordinación global es imposible mientras la industria alimentaria mundial está controlada y es propiedad de unos pocos productores y distribuidores multinacionales de alimentos y la economía mundial se dirige hacia otra recesión.*

 

Fuente: Blog de Michael Roberts 

Tomado de: https://n0estandificil.blogspot.com/

 

 

J. A. González Sainz, una invitación a tomarse la vida de otra forma

Foto : J. A. González Sainz © J. Aspiunza-B /

X  EMMA RODRÍGUEZ

Es hora de “reconsiderar”, de “rehacer mejor la vida”. Quien lo dice, lo escribe, lo argumenta, es J. Á González Sainz en La vida pequeña, una entrega difícil de clasificar y por ello tan especial. Este compendio de búsquedas, de reflexiones, de meditaciones, que se subtitula El arte de la fuga, va directamente a la sección de joyas de mi biblioteca personal, porque es uno de esos libros que nos animan a no olvidar las cosas esenciales, que nos ayuda a afrontar la vida como “un continuo aprendizaje de la alegría y de la gratitud”.

El escritor parte de sus propias observaciones y experiencias, pero en sus deseos de huida, de silencios, de tiempos lentos, podemos reconocernos. Nos llega muy de cerca lo que nos cuenta y nos deslumbra la manera en que lo hace, desde la belleza de un estilo que se adentra en los fondos del corazón, que se eleva a través del lenguaje de la emoción, de la mirada lúcida, limpia de lugares comunes, de trivialidades. El presente es el lugar del que parte, un lugar del que huir con urgencia en busca de espacios al margen, espacios de la conciencia, de la intimidad, de la dignidad.

Artífice de libros de relatos y novelas que lo han convertido en autor de culto (Los encuentros, Un mundo exasperado, Ojos que no ven…) González Sainz (Soria, 1956), emprende en esta ocasión un trayecto de indagación detenida que tendrá continuación en otras dos entregas: El arte del lugar y El arte del instante. Una trilogía a contracorriente con la que hacer un llamamiento a la calma en medio de la aceleración de un siglo que nos arrastra, que nos enreda y desorienta con sus prisas, volcado en avances tecnológicos que siempre van por delante de las necesidades, de las capacidades de adaptación de las personas. ¿Cómo alcanzar el equilibrio y no perder el control? es la pregunta de fondo que late en esta obra llena de diálogos, pues el escritor entabla complicidades con autores de referencia, a la manera de quien emprende la caminata, el paseo, en buena compañía, admirando los paisajes abiertos de las afueras y de los adentros.

González Sainz parte de sus propias observaciones y experiencias, pero en sus deseos de huida, de silencios, de tiempos lentos, podemos reconocernos. lo que nos cuenta nos llega muy de cerca y nos deslumbra la manera en que lo hace.

La catástrofe, la pandemia que lo ha trastocado todo, aparece en la primera página de La vida pequeña y marca su rumbo. Es difícil sustraerse a un drama de dimensiones globales, históricas. Todos los libros que forman parte de este número de Lecturas Sumergidas están unidos por esta circunstancia. La necesidad de cambiar de vía, de rumbo, a partir de la constatación de nuestra fragilidad, es el motor que mueve a Remedios Zafra, a Victoria Camps, desde el ámbito del ensayo; también a Silvia Bardelás y a Hervé Le Tellier en el espacio de la ficción, a partir de la exploración del sentido de comunidad de la autora gallega; del vuelo de la imaginación del escritor francés, quien parte de una extraña anomalía para indagar en los modos de vida del ahora. González Sainz aborda la necesidad de cambio, de transformación, desde la intimidad, desde lo más próximo, desde el pensar y el pensarse, paso primordial para entender el momento que vivimos y la dirección que queremos tomar.

“Si esa vida que llevábamos antes era buena o dejaba mucho que desear, si era realmente mala o bien podía haber sido mejor con todo lo que teníamos, es lo que ahora tenemos ocasión de añorar o deplorar, pero sobre todo de pensar. De reconsiderar, de lleno y a fondo, a fin de poder reparar lo reparable, no solo del dolor y la angustia causados por la catástrofe sino también de nuestros hábitos y actitudes de hasta ahora. Sólo así, tratando de hacer de la necesidad de salir adelante tras el cataclismo la virtud de rehacer mejor la vida, de rastrear, con más olfato y clarividencia ahora, lo que en verdad es o podría ser la vida de la buena, podremos decir que, pese a todo y aunque todo haya sido mucho, no habrá sido quizá en balde”, reflexiona el autor en las páginas iniciales, fijando un propósito claro, esperanzador.

Reconsiderar examinar, recuperar la atención, pensar, aplicar otras perspectivas, enfoques, sistemas de medidas… Pararse, saber ver, escrutar, interpretar las señales, buscar…  He aquí los verbos, todos de intención, de acción transformadora, que dirigen el recorrido. González Sainz hace una invitación a adoptarlos como corriente, como viento, como impulso. Cuando pensábamos que estábamos a salvo de las grandes hecatombes colectivas, nos dice, el destino histórico nos ha dado alcance, nos ha atropellado, pero al mismo tiempo ha abierto una ventana de oportunidad, la de “darse cuenta” de lo que se tenía, de esa felicidad, dentro de lo que cabe, de la que se disfrutaba y de la que no éramos conscientes “porque estábamos aturdidos y ciegos, entontecidos de banalidad y narcisismo y desperdiciando siempre, desaprovechando atolondradamente, despilfarrando los años buenos y los buenos recursos, las energías y los esfuerzos”.

Pero “otro mundo nos aguarda tras esta esquina como siempre que ocurre una catástrofe”, señala el autor. “Ya veremos cuál”, indica, confiando en que las páginas de su libro puedan ser “útiles, acompañadoras, a que algo valgan para la tarea de reconstrucción del mundo, de desescombro primero de los cascotes de banalidad e inconsistencia que nos abruman y de reconstrucción después tal vez sobre otras bases”, voy leyendo.

Y mientras lo hago constato lo mucho que a mí me ha proporcionado esta entrega, lo muy identificada que me he sentido con su idea de “reconsiderar”, de cuestionar lo vivido, de volver a pensarlo todo, de “dar a las cosas el valor y la importancia debida”. De hecho, en ello estaba cuando llegó a mis manos. Estoy segura de que muchas personas estamos en ello, de ahí su oportunidad, su capacidad para atrapar una necesidad, un espíritu, un latido; para conectarnos a través de una sensación de vulnerabilidad que nos enlaza, que nos convierte en cómplices de las mismas exploraciones.

Confía el autor en que las páginas de su libro puedan ser “útiles, acompañadoras, a que algo valgan para la tarea de reconstrucción del mundo, de desescombro primero de los cascotes de banalidad e inconsistencia que nos abruman y de reconstrucción después tal vez sobre otras bases”,

Nos pregunta González Sainz dónde nos pilló la pandemia, con qué guerras interiores a cuestas (interesante ejercicio reflexionar sobre ello para identificar esencialidades). Nos cuenta que a él, siempre en tránsito, viajero por Europa, ocupado en impartir enseñanzas, en traducir otras lenguas y geografías, le pilló en Soria, de regreso a su tierra natal, en la pequeña ciudad a la que había vuelto para apartarse “en algo de los mundanales ruidos y las globales puñeterías”, movido por el deseo de buscar otra forma de tomarse las cosas, de hallar “una vida pequeña que lo volviera a conjugar todo, los tiempos y las personas, las acciones y las cosas, de otros modos posibles y con otras jerarquías de importancia”.

En esta entrega el escritor celebra lo pequeño, lo básico, pero no nos engañemos, sus propósitos trascienden esa esfera y sus búsquedas son complejas desde su primera capa de sencillez, ya que no hay nada más difícil hoy que saber ver dónde está aquello que realmente merece la pena, identificar los cauces de la alegría, del goce que brota de lo más profundo del ser, y que los ruidos persistentes, los reclamos publicitarios, el solapamiento de mensajes e imágenes, impiden percibir.

Muchas veces la grandeza, el descubrimiento, asoma tras lo más pequeño, tras la mirada que se detiene, contempla, es capaz de asombrarse. Muchas veces la belleza, el sentido, se encuentran tras el disfrute de un paseo, una conversación, un encuentro, un poema. González Sainz propone un cambio de vida, de rumbo, una recuperación de la espera, de la demora. Todo ello conduce al deseo de huida, a ese anhelo de abandonarlo todo y aparecer en un nuevo lugar, en un espacio renovado.

“Quien no haya sentido nunca un vivo deseo de escapar y dejarlo todo, de decir basta, se acabó, hasta aquí hemos llegado, y mandarlo todo y a todos a paseo, es que sencillamente ha perdido su más íntima capacidad de desear y ya no vale querer más que lo que el gran dispositivo del mundo le manda a desear”, señala. El ansia de fuga, de abandono de lo conocido, propiciado por las vueltas de un mundo que atosiga con su juego de intereses, de falsas intenciones, de disparates, de inconsistencias, es muy frecuente, pero pocas personas son capaces de realizar la escapada. Aquí, en este punto, La vida pequeña es cómplice de otra entrega a la que me he asomado con anterioridad en esta “Ventana” de Lecturas Sumergidas. Se trata de Pequeño elogio de la fuga del mundo, del sociólogo francés Remy Oudghiri, un paseo junto a distintas figuras relevantes, en su mayoría del mundo de la creación, también de la ficción, que sí se han atrevido a cambiar de rumbo.

“Quien no haya sentido nunca un vivo deseo de escapar y dejarlo todo, de decir basta, se acabó, hasta aquí hemos llegado, y mandarlo todo y a todos a paseo, es que sencillamente ha perdido su más íntima capacidad de desear y ya no vale querer más que lo que el gran dispositivo del mundo le manda a desear”.

Romper con todo (con las bullas, con las multitudes, con la invasión de noticias e imágenes, con las aceleraciones y agobios, con las falsedades, con las desazones, con las adicciones, con la tendencia a rentabilizarlo todo, con las amistades interesadas, con el exceso de conexiones…), y empezar de nuevo no es fácil, pero también es cierto que no siempre es necesario irse lejos, buscar geografías distantes. Se trata más bien de un nuevo estado del ánimo, de una variación del enfoque con el que nos enfrentamos a las cosas. J. Á. González Sainz lo explica esta manera tan inspiradora: “Lo que importa en principio es apartarse, poner tierra por medio, tiempo por medio, silencio, gratitud y silencio por medio y una antigua alegría para estar con lo que está y poder así empezar de nuevo en otro sitio a relacionarme de otro modo con las cosas como en las épocas de los inicios pero con un temple y una predisposición de entereza también en principio distintos”.

El autor alude al tan manido argumento de que “vivimos en el mejor de los mundos” y lo pone en cuestión, porque, como señala en uno de los puntos /capítulos de su obra –en total 61– estamos “rebosantes y faltos (jorobaditos)”. Estamos, sí, rebosantes de cosas, de tecnologías, de posibilidades, de fascinaciones, pero también de penurias. Y, al mismo tiempo, nos sentimos agobiados, abotargados, vacíos, sin resuello, tecleando todo el rato, “encerrados en una atmósfera extranjera de pantallas y pulsaciones”; opinando de todo, muchas veces sin saber si esas opiniones son propias o nos han sido inoculadas por la publicidad, por la propaganda.

¿Acaso la sobreabundancia de cosas, de palabras, no será debida a la “inmensa fragilidad de fondo”,? se pregunta el autor. Y argumenta que quien sale fuera de la “asfixia y el barullo” ha de enfrentarse a la intemperie, a un espacio de invisibilidad en el gran espectáculo del mundo. Tal vez en ese espacio, alejados de “los dispositivos de consecución y cálculo”, de las premuras por alcanzarlo todo de inmediato, sea posible recuperar los ritmos naturales del vivir, el sentido del tiempo, de los ahoras, de las esperas.

Son muchas las variaciones, los ramajes de esta obra que nos despierta, que nos levanta del sofá y nos invita a apagar el ordenador y darnos un paseo atento, contemplativo, por los alrededores y las cercanías de nuestras vidas. Se trata de levantar los ojos de la pantalla y recuperar la mirada asombrada, llamamiento que también hace Remedios Zafra en su ensayo Frágiles. Se trata también de liberar a las palabras de servidumbres y usos interesados, porque  “ya hemos agusanado tanto el lenguaje y lo hemos retorcido y ahuecado y empobrecido y utilizado tanto enteramente en vano y en falso que a saber ya si es o no de fiar”, apunta el escritor.

Lúcido, crítico, cínico, escéptico y a la vez esperanzado, se muestra J. Á. González Sainz en esta obra filosófica, lírica, volcada hacia los interiores y al mismo tiempo acogedora, en el sentido de abrazar sentires, desconsuelos, búsquedas. El análisis del hoy que se ofrece en La vida pequeña es demoledor, pero está muy próximo a la inquietud que tantas veces percibimos sin saber exactamente dónde están sus fuentes. Lo que la sociedad que habitamos valora no es la bondad, ni la belleza, ni la generosidad, ni la honradez, ni la decencia, ni la verdad. Lo que funciona es la falsedad, la apariencia, la arrogancia… En las páginas de las que os hablo se traza un certero diagnóstico de todo esto y duele, claro que duele, que incomoda, ser conscientes de todo ello, ponerle palabras, vernos dentro del juego, participando del mismo, o intentando salir de sus laberintos con esfuerzo, con dificultad.

“Distinguir lo mejor puede que ya no sepamos, lo peor no lo queremos ver o nos reímos sin ojos, a recordar lo crucial le hemos perdido el hábito o nos parece una pesadez, un aburrimiento, también hemos olvidado cómo orientarnos por nuestra cuenta y madurar un juicio propio cuesta o ni se nos antoja, de prever nos burlamos. ¿Ver?, ¿qué es ver si de verdad hemos perdido los ojos, si nos los hemos dejado en la luz de jauja que todo lo ve por ella misma?, ¿Si adocenadamente todo lo confiamos a las invenciones de la técnica que se ha puesto al mando de nuestras vidas y a la técnica del ardid contra toda moral?”, se plantea, nos plantea el escritor.

Por momentos tenemos la impresión de que somos señalados con enojo, acusados de seguir el ritmo que nos marca la actualidad sin rebelarnos, pero os aseguro que el efecto que provoca esta lectura acaba siendo motivador. Lo es porque nos enseña que es posible cambiar, reconocer, volver a empezar de nuevo una y otra vez, detenerse, decir basta, aprender cada día, por cuenta propia, ver lo extraordinario en lo ordinario. Todas son acciones que dependen de la voluntad. Dichosos si no la hemos perdido.

Por momentos tenemos la impresión de que somos señalados con enojo, acusados de seguir el ritmo que nos marca la actualidad sin rebelarnos, pero el efecto que provoca esta lectura acaba siendo motivador porque nos enseña que es posible cambiar.

La vida pequeña es una obra estimulante y me atrevería a decir sanadora, transformadora. Cuenta, como os decía, con 61 apartados, un largo trecho por delante de meditaciones, de propuestas. Me detengo en un capítulo, el 12, que me atrae especialmente y que alude a “los días buenos”. En él González Sainz se refiere a alguien que desapareció de su vida, no recuerda muy bien quién, pero que le dejó la siguiente frase: “En los días buenos, acuérdate de mí”.

Ese alguien sabía que “la mejor forma de permanecer vivo es que quien has amado de veras se acuerde de ti –te tenga presente– cuando está alegre, cuando hace bueno en su alma y está despejado y con luz”. A partir de aquí el autor nos incita a reconocer, a identificar, esos días buenos, a recordar con quiénes los hemos vivido y, sobre todo, qué es lo que hace buenos esos días, para que podamos aprovecharlo, recobrarlo y repetirlo una y otra vez. González Sainz nos dirige hacia “la experiencia de la alegría” en estas páginas que voy recorriendo, una experiencia que tan bien conocían los campesinos de antaño, acostumbrados a esperar y sacar el fruto de la tierra.

Nada que ver con la permanente inquietud, con el disgusto, con el tedio y la tristeza de fondo del presente, pese a sus bullicios, nos dice, recurriendo a Machado, uno de sus acompañantes en el trayecto, quien identificaba el peor de los males y al peor de los hombres malos, con la imagen de quien “en los días buenos va siempre cabizbajo”.

Son muchos los pasajes luminosos que nos ofrece esta obra que incita a aprovechar los momentos, a dejar de lado el desgaste de un vivir desde el descontento sin sentido, caprichoso. Huir, como señalaba antes, de lo que nos aturde e insatisface, no supone realizar travesías hacia lo lejano. En La pequeña vida se aborda otro tipo de viaje, de carácter interior. “Huir, huir de veras o al menos tratar de hacerlo no es consumir un producto; huir es huir de consumir las cosas y los ratos como única forma de relacionarse con ellos, e incluso huir de huir. Es una querencia, una inclinación o un temple, un sesgo, un ramalazo tozudo. No sé si una realización –no creo– pero desde luego una perspectiva, una baza, un tiento”, va argumentando el autor.

Y nos dice que, aunque pueda parecer una cobardía, algún tipo de deserción, huir hacia una vivencia más delicada, más lenta, más considerada y atenta a las relaciones, a las cosas del mundo,”no tiene por qué ser forzosamente renunciar a presentar batalla”; que, muy al contrario, puede suponer “una forma de entablarla mejor o llevarla quizá a un terreno menos desfavorable”.

«huir es huir de consumir las cosas y los ratos como única forma de relacionarse con ellos, e incluso huir de huir. Es una querencia, una inclinación o un temple, un sesgo, un ramalazo tozudo», Escribe el autor.

Hay momentos en los que González Sainz nos ofrece escenas de su propia vida, de sus huidas, de sus puntos de partida y de llegada a nuevos puertos; algunas de ellas abordadas desde el humor, desde el recurso al contraste, a la constatación de que en toda vivencia cabe la luz y la sombra, la belleza y la fealdad. Hay otras ocasiones en las que observa y aprende de los recorridos de personajes como Rousseau, Thoreau, Montaigne, capaces de apartarse para encontrar el sentido. Apartarse para crear de nuevo el asombro, para encontrar el camino, para alejarse de las políticas engañosas, para meditar despacio sobre los errores cometidos, para entender el proceso de crecer, para “desencasillarse” y “salir por cuenta y riesgo propios a la intemperie”, para “retirarse a la vida pequeña” y degustar “la heroicidad de la alegría”, de la alegría auténtica, no de la que se vende, sino de la que se eleva, de la que tiene que ver, como dice el autor, “con la gratitud, con la gracia, con recibir gracia y ser gratos, con donarla, con lo gratuito”.

Fotografía: Caminantes por Nacho Goberna

Queda mucho camino por delante en la intensa caminata que nos propone el escritor soriano. Los horizontes son amplios y abiertos. El silencio y la calma nos envuelven. Ya en el tramo final sentimos que merece la pena ser “buscadores de instantes”, que la vida plena consiste en aprovechar los momentos. Para terminar, os dejo con las palabras del autor y os digo que este es uno de esos libros que merece la pena tener a mano, en la mesilla de noche, para en momentos de zozobra abrir sus páginas y recordar lo que de verdad importa.

– “Pocas cosas como saber dar valor, como saber dar y experimentar el valor de lo que se recibe a diario, de lo que está ahí en cada instante por minúsculo que parezca o inadvertido  que pudiera pasar, para poder saber lo que es bueno, pocas cosas como saber apreciar cada cosa y cada rato de nuestro día a día, más en lo que es, en lo que trae y tiene en sí, con sus conveniencias e inconveniencias, con su realidad en esencia irrepetible, para saber vivir bien, para desbrozar y liberar de tantas rémoras como se nos van acumulando la “vividura” de cada uno de los momentos de nuestros días y adensarla y profundizarla, emplazándola en esa indispensable tensión de búsqueda de lo que es verdaderamente bueno y, asimismo, de la alegría de la gratitud”.

 

La vida pequeña. El arte de la fuga, de J. Á. González Sainz, ha sido publicado por Anagrama.

 

 

 

 

Entrevista

Éric Toussaint y la “odiosa” deuda Argentina

Fuentes: TeleSur

Éric Toussaint estuvo en Buenos Aires en los momentos previos y durante el tratamiento en el Parlamento de lo que ahora ya es un acuerdo firmado con el FMI. Vino a hablar de por qué no convenía firmar con quienes son la parte beneficiada de un endeudamiento delincuencial del país. Toussaint, nacido en Bélgica, es Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

Autor de varios libros sobre dicha temática, participó en varios eventos, de la mano de la Autoconvocatoria por la Suspensión del Pago de la Deuda, e incluso fue recibido y escuchado por parlamentarios del Frente de Todos. Como buen activista que sabe dónde pararse, participó en la gran movilización de masas realizada en la Plaza del Congreso.

Con Toussaint hablamos de sus razones y convicciones, pero sobre todo pudimos reafirmar que lo que ha hecho este gobierno, sus diputados y senadores será altamente perjudicial para el país.

-¿Qué primera impresión  le causa el hecho de la firma del acuerdo con el  FMI? ¿Por qué no tendría que haberse firmado?

-No había que firmar ese acuerdo con el FMI porque va totalmente contra el interés y la nación del pueblo argentino, es una deuda claramente odiosa.

-¿Por qué se afirma que esta deuda es odiosa?

-Hay dos condiciones para determinar el carácter odioso y nulo desde el punto de vista del derecho internacional, una deuda odiosa es una deuda contratada contra el interés del pueblo.

Por otro lado los acreedores y prestamistas lo sabían o podían saber, estas dos condiciones son plenamente reunidas en ese acuerdo con el FMI, porque es un acuerdo que permite al FMI recibir pagos de Argentina por un crédito anterior que otorgó a Mauricio Macri en 2008. Ese era un crédito en contra del interés de la nación Argentina que servía los intereses politiqueros de Macri apoyados por Donald Trump para tratar de mantenerse en el poder en las elecciones de 2019. También porque ese poder otorgado a Macri fue fugado masivamente por la clase capitalista argentina. Entonces,  ese  nuevo crédito del FMI va  a permitir a Argentina seguir pagando al FMI que otorgó una deuda odiosa a Macri, y por lo tanto, es una nueva deuda odiosa, porque es una deuda contratada para reembolsar otra deuda con la misma definición. Además, sabemos perfectamente que cada 3 meses una misión del FMI va a llegar aquí, a decir: «señores hay que hacer tal cosa para asegurar la sostenibilidad de los reembolsos, un monitoreo 4 veces al año», y sabemos cómo funciona el FMI con este tipo de delegación. Es una deuda odiosa porque no va a beneficiar al pueblo sino al propio FMI y a los tenedores de bonos y de la deuda argentina, que son fondos de inversión como Black Rock. Pero también a las clases capitalistas argentinas que invierten en bonos argentinos que compran en Nueva York.

El segundo criterio de la deuda odiosa son los prestamistas que lo sabían, en este caso es el FMI que dicta en que condiciones otorga el crédito y determina dicha condicionalidad contraria al   pueblo. Todo el mundo reconoce que habrá recortes para poder mantener el pago de esas deudas, por lo tanto, es claro que el gobierno como los parlamentarios que se dicen del lado del pueblo no podían validar tal acuerdo.

Estoy totalmente en contra de esa  política y por eso vine en el momento de las discusiones en el Congreso y de las movilizaciones, estuve en esas protestas porque son importantes y un buen ejemplo para los demás pueblos que resistieron. Como ustedes saben, está el caso de  Ecuador en septiembre/ octubre de 2009 y la victoria de ese pueblo contra el FMI y contra el gobierno de Lenin Moreno. O las movilizaciones en Líbano contra el FMI también en 2019/2020 y podríamos hablar de otros ejemplos porque son numerosas las movilizaciones populares internacionales contra los planes del FMI.

-El gobierno y sus diputados y senadores, en cambio, festejaron que esto haya sido aprobado diciendo que esto es lo mejor que se podía hacer porque sino podríamos entrar en el default. Nos decían que si no se paga “nos aislamos del mundo” y advirtieron la famosa muletilla que se utiliza siempre, la de que “llega el Apocalipsis”…

-Claramente debemos ubicarnos en el no pago de la deuda, incluso el repudio a la deuda porque si estamos convencidos del carácter ilegal e ilegítimo, odioso de la deuda, del crédito que va a otorgar el FMI al gobierno, si estamos convencidos de esto la conclusión es que hay que repudiar, no solamente suspender el pago. Declarar nula de manera soberana con argumentos jurídicos del derecho internacional y del derecho interno argentino para liberarse de esa deuda. Con respectos si tendríamos consecuencias, estas serían el inicio de la recuperación económica de la soberanía Argentina, poder como gobierno y pueblo adoptar una política económica realmente elaborada para satisfacer a las necesidades de los ciudadanos, tanto en medidas estructurales para liberarse del extractivismo, como de justicia social, aumentando los ingresos de las clases sociales populares. Podemos tomar el ejemplo del default de 2001. Gracias al default declarado por Rodriguez Sáa a finales de 2001 Argentina comenzó a recuperarse a nivel económico después de 33 meses de mala gestión económica con De La Rúa, el país tuvo una tasa de crecimiento del 8% mientras no pagaba una deuda de casi 60 mil millones de dólares. Estamos hablando ahora de casi el mismo monto de deuda que habría que denunciar. Porque cuando se decide no pagar la deuda estas ahorrando el dinero que se puede invertir en proyectos sociales, inversiones productivas o aumentar los ingresos que tienen un efecto multiplicador. Las clases populares que ven su ingreso aumentar lo gastan en el mercado interno y eso tiene un efecto multiplicador en término de crecimiento económico. Entonces, ya se demostró en 2002 y 2003. Para mí es escandaloso el discurso dominante de los medios de comunicación que no sacan lecciones de lo que ocurrió después del 2001 cuando estos mismos medios de comunicación ya habían dicho, que con la decisión del default se iba a entrar en un caos económico y no ocurrió.

-De hecho, muchos medios oficialistas sostienen las palabras del ministro de Economía y del propio presidente sobre “que se ha acordado lo menos malo”, y se afirman en la grave situación internacional derivada del conflicto bélico Rusia-Ucrania.

-Es todo lo contrario: en esta oportunidad, con la guerra en Europa y las mismas contradicciones que se dan entre potencias a nivel mundial sería muy difícil de parte de Washington, el FMI y la administración Biden, entrar en otro frente de confrontación. Biden necesita el apoyo de las naciones, en su orientación entonces no buscará más enemigos. Países como Argentina tienen que aprovecharse de esas situación cuando hay crisis internacional, por ejemplo voy a comparar con otra situación en los años 30 cuando hubo la gran crisis económica, hubo  suspensión masiva de pago de deuda internacional. Alemania suspendió los pagos en el 32′, Bélgica, Francia, Gran Bretaña, suspendieron los pagos a EEUU y luego siguieron 12 países de América Latina, incluido Brasil. Todos ellos suspendieron los pagos salvo Argentina.

La conclusión es que los países que suspendieron los pagos se recuperaron mucho mejor a nivel económico en los años 30 e inicios de los 40, y Argentina que siguió dócilmente pagando la deuda, por el bien del imperio Británico,  tuvo que esperar la llegada de Perón después de la Segunda Guerra Mundial para entrar en recuperación de la Soberanía económica. Cuando hay una crisis internacional es una oportunidad, claro, rechazamos la guerra pero al contrario de esa idea que todos los espacios van a cerrarse para Argentina, si se denunciara esa deuda el margen de maniobra para Argentina sería muy grande.

Además hay otro argumento ligado a la situación presente mundial para justificar y decir que no sería el caos la denuncia de la deuda con el FMI, es que los precios de las materias primas aumentan, es decir que el margen de maniobra del gobierno para aumentar los impuestos sobre las corporaciones extranjeras y el gran capital argentino que exporta materia prima, subiendo los ingresos fiscales por concepto de exportación. Con el crédito del FMI ese aumento de ingresos es utilizado para pagar deuda, y las divisas que llegan de las exportaciones van a ser desviadas para pagar a los acreedores. En cambio, si se está en suspensión de pago o en repudio a la deuda, esos ingresos que van a obtener los puedes invertir en el desarrollo económico. Eso ocurrió en Argentina a partir de 2003/2004 cuando aumentaron los precios de las materias exportadas por el país. Hay varios argumentos para justificar a nivel político, ético y moral que si se denuncia la deuda no tendríamos una situación catastrófica para la Argentina, si no todo lo contrario.

-Es notorio que la llegada al gobierno de de Alberto y Cristina Fernández despertaron muchas expectativas en amplios sectores de la población, pero al poco tiempo aparecía algo injustificable que fue y es el perdón a Macri y su mafia, que siguieron actuando con impunidad. Eso dio pie a pensar que existía un pacto de gobernabilidad, que ahora con la firma del acuerdo con el Fondo, coloca la guinda de la torta. ¿Qué reflexión le provoca esto de que en nombre del progresismo se termina pactando a la baja con la derecha que saqueó al país?

-El gran problema del progresismo de los 20 últimos años, es la repetición de la contradicción entre afirmar ser parte de un partido de izquierda con voluntad de romper con el neoliberalismo y con el sistema y llegar al gobierno con esa misión, y luego hacer lo contrario. Es decir, pactar con las clases dominantes, los partidos tradicionales etc. Eso no lo hizo Hugo Chávez, él rompió con todo esto, fue muy claro. Sin embargo, tomo otro ejemplo, como es el de Brasil con Lula. Yo acompañé desde su nacimiento al Partido de los Trabajadores, estuve en el primer congreso en San Bernardo y allí la bandera era contra la deuda y el pago, exigiendo un plebiscito popular. Luego, hay que acordarse cuando Lula en 2002 como candidato a la presidencia apoya un acuerdo con el FMI diciendo: «voy a mantener los acuerdos con el Fondo si soy electo presidente de Brasil». Eso fue terrible y colocó a la cabeza del Banco Central de Brasil a alguien de un Banco Norteamericano, el Banco Neón o de Boston, y como ministro de finanzas alguien ligado al modelo neoliberal, es decir esa repetición  provoca luego el voto hacia el candidato populista que se presenta como la ruptura con ese tipo de gestión. Por eso, Bolsonaro o Macri de alguna manera encuentran argumentos para ganar elecciones.

Entonces, la conclusión es que necesitamos gobiernos populares que implementen y respeten sus compromisos. En el caso de Fernández veo que una parte de la mayoría parlamentaria votaron en contra del acuerdo con el FMI, al menos ese sector abre una posibilidad hacia la izquierda. Pretendo ver el aspecto positivo. En lo negativo, el pacto de la derecha y la mayoría presidencial para validar el acuerdo, pero como dije también hay quienes votaron en contra del acuerdo, que sería la izquierda real en ese país que tiene futuro.

-Las feministas y disidencias señalan como consigna que “esta deuda es con nosotras” ¿Tiene una valoración de cómo puede afectar la deuda a las mujeres trabajadoras y campesinas empobrecidas?

-Totalmente de acuerdo con esa fórmula «esta deuda es con nosotras» por supuesto, porque la primeras víctimas son las personas y en general mujeres que se responsabilizan de alimentar, educar curar a sus familiares, y claro esos ajustes que exigen las misiones del FMI afectan y por eso no hay que validar el acuerdo.

Carlos Aznárez. Periodista argentino en medios de prensa escrita y digital, radio y TV. Escritor de varios libros de temas de política internacional. Director del periódico Resumen Latinoamericano. Coordinador de Cátedras Bolivarianas, ámbito de reflexión y debate sobre América Latina y el Tercer Mundo.

Fuente: https://www.telesurtv.net/bloggers/Eric-Toussaint-y-la-odiosa-deuda-Argentina-20220319-0001.html

 

 

 

 

Chile. Conflicto Estado/Mapuche: girando en círculos por la eternidad

 

 

 

El presidente lo dijo con todas sus letras al momento de explicar la instalación de un Estado de Emergencia en el Wallmapu: sabemos que este no es la solución de fondo.

Gabriel Boric se refiere a la decisión de insistir en la militarización del territorio mapuche que vienen imponiendo los poderosos desde hace ciento sesenta años por lo bajo.

Y tiene razón: la militarización de esas tierras no soluciona el largo conflicto que nace en el momento en que el Estado permitió, protegió y alentó la usurpación de tierras y el exterminio de no sabe cuántos niños, ancianos, hombres y mujeres  mapuche.

La pregunta cae por sí sola: entonces si la militarización no funciona, ¿por qué no se adelanta una estrategia que sí tienda a resolver de fondo ese conflicto? ¿Por qué se insiste en el abusado e inútil mecanismo de la represión?

Porque no es fácil cambiar un criterio que goza de la fuerza que impone la historia. Mal contada, es cierto, pero historia, al fin y al cabo.

Hacer lo que hay que hacer para resolver un conflicto centenario como este, pasa por tomar decisiones que serán rechazas por los sectores que históricamente han estado vinculados a la usurpación, al despojo y al intento de exterminar al pueblo mapuche.

Ha sido la oligarquía terrateniente, los millonarios de las ciudades y los sectores más recalcitrantemente derechistas, quienes se han opuesto a terminar con una injusticia de siglos. Más aun, fueron quienes la inauguraron y los que han hechos sus fortunas a partir de ella.

De modo que enfrentar un proceso que restablezca los derechos y haga justicia no solo impone saber con exactitud lo que se quiere resolver, sino que, además, tener la fortaleza para echarse encima una responsabilidad que un gobierno como el del presidente Boric no está en condiciones de asumir. No tiene manera de hacerlo, para ser justos.

Hace falta construir un aplastante mayoría a favor de esos cambios y perderle el miedo a los poderosos.

El pueblo chileno durante generaciones ha sido víctima de la versión tramposa de esa historia que ha puesto a los militares como los buenos representantes del Estado que han llevado desarrollo y seguridad a esas comunidades.

Y han sido los libros de lectura de las escuelas los que han mejor torcido la historia y la han contado llena de falsedades y mentiras, fantasías y silencios.

Y, cómo no, todo se ha justificado en los textos bíblicos que las decenas de nominaciones religiosas han abusado de la necesidad y abandono en quedó el pueblo mapuche luego de la usurpación, el despojo y el genocidio.

Soluciones de fondo solo serán en una estrategia de largo plazo en que, junto con medidas concretas, el Estado se haga cargo de poner las cosas en su lugar desde el punto de vista de la interpretación de la historia y de la educación de los súbditos.

Y no se trata de ir muy lejos en el tiempo para descubrir los mecanismos de despojo y persecución: esas cosas pasaron hace poco y siguen pasando.

Los apellidos y linajes que se robaron y siguen robándose esas tierras en muchos casos son los mismo que señorean hoy esos parajes como legítimos y, sobre todo, legales dueños. Y en otros casos, esas heredades ya han pasado de mano en mano, lo que no exime su origen en el más vergonzoso despojo.

Para enfrentar de verdad con soluciones de fondo, como avisa el presidente, se requiere una estrategia que supere los cuatro años de un gobierno. Se trata también de que los habitantes del país se empapen de la historia real que ha sido encubierta y sobre la base de la cual el Estado, por la vía especialmente de la escuela ha deformado según los intereses de los poderosos de siempre, aunque han dejado ciertas certezas: el mapuche es flojo, borracho y pendenciero.

Pero no solo se necesita un gobierno que tenga más votos y represente una gran mayoría, sino que debe agregar capacidades necesarias para impulsar soluciones efectivamente de fondo: así sea el primer centímetro de un camino de kilómetros.

Póngase sobre la mesa aquello que debe ser resuelto: la restitución de las tierras usurpadas: el retiro de las empresas forestales que han matado la tierra; el reconocimiento oficial como pueblo originario y anterior; propiciar desde el Estado un proceso hacia una real autonomía: que impulse el Estado la restitución de la real historia del pueblo mapuche desterrando las versiones mentirosas y afirmadas en supuestos racistas y falsedades, entre otras reivindicaciones.

Entonces volvamos a las palabras del presidente Boric: esta -la represión y militarización- no es la solución de fondo. Y es cierto.

Pero no es menos cierto que este gobierno y su relativo apoyo ciudadano, su exigua y justa mayoría, con las dubitaciones de sus principales personeros y la variopinta mezcla de orígenes políticos en su gestión, que en un momento llenó de expectativas a la gente, podría poner la primerísima piedra para que otros hombres superen este momento gris y amargo de nuestra historia.

Esconderse en la imposibilidad de soluciones de fondo es esconderse del peso de la historia por temor y no porque no se sepa lo que hay que hacer y cómo empezar.

Mientras no haya un gobierno con gónadas suficientes y necesarias para mostrar un camino, seguiremos girando en círculos por los siglos de los siglos.

 

fuente:  https://kaosenlared.net/chile-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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