Revista ALTERNATIVAS-⁂- n° 715⁂sup. cultura

Atípica y folclórica para la Cuenca del Plata

Meditaciones de un “jardín interior del que nadie está privado”

TRES POEMAS DE DELMA PERDOMO

 

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Julieta Laso en la Zitarrosa

Atípica y folclórica para la Cuenca del Plata

El sábado 2 de julio, Julieta Laso desembarcará en Montevideo para presentar Cabeza negra, su tercer disco solista desde que dejó la Orquesta Típica Fernández Fierro. Lo que puede esperarse de la velada es un show tan energético e inusual como ella misma.

Julieta Laso. DIFUSIÓN

En 2018 Julieta Laso tomó una decisión difícil: dejar de cantar en la mítica orquesta dirigida por Yuri Venturín e irse a vivir a Salta. Sin embargo, a pesar de dejar la Fernández Fierro, la Fernández Fierro no la dejó a ella. Ni cerca.

Aquella orquesta de tango nació haciendo lo que quería hacer: sus integrantes decidieron tocar a como diera lugar, fieles a lo que sabían. Así, este grupo de alumnos de la Escuela de Música Popular de Avellaneda arrastraba un piano con rueditas por las calles empedradas de San Telmo y se ponía a tocar en una esquina. Era 2001, el año de la gran crisis, y la Fernández Fierro –desprendimiento de aquella Fernández Branca con aliento a fernet– ensayaba sus piquetes tangueros en la calle Carlos Calvo hasta que venía la Policía. Por aquel entonces la voz era la de Walter Chino Laborde. Después fue la de Laso.

Venturín siempre dijo que había mucho de rock en la orquesta, pero no en la música. Estaba en la actitud (sin ir más lejos, para la tapa de su primer disco tiraron un piano de un puente), pero también en el ADN de sus integrantes, que se criaron con el tango, pero crecieron escuchando rock. Venturín afirmaba: «La Fierro, por supuesto, es un grupo de tango, pero aparecen cosas que son muy roqueras. Esto no habla de una fusión, sino de explorar lugares que, a veces, son comunes en los dos géneros».1 Por entonces, el tango no le movía un pelo a nadie. Pero la Fierro había venido a cambiar eso. «A esta altura quedó demostrado que el rock murió como hecho contestatario. Lo que queda, como contenido político fuerte, es lo que tiene para dar el tango. Como decía Celedonio Flores: lo único seguro es el tango, porque nunca consultó a Europa», decían.2

Laso entró a la Fernández Fierro en 2013, cuando Laborde se fue. Dice la leyenda que Venturín la escuchó cantar desde la casa de al lado, en la que vivía su novia, y la invitó a ser la voz de la orquesta. No se equivocó: tenía toda la impronta; era una especie de quimera entre Tita Merello y Joey Ramone. Laborde tardó en dar la explicación de su alejamiento, pero cuando habló, dijo una cosa que no importa mucho y dos bien importantes: la que no importa es que hubo un problema de dinero; las importantes, que Laso estaba bien de bien para el puesto porque pegaba con el giro oscuro que había dado la banda y porque era bien rea.3

Hace un tiempo, por alguna razón misteriosa, se puso de moda decir corte a como aviso de una inminente elipsis en el discurso. Como si la vida se tratara de una película que se pudiera cortar y pegar. Corte a, entonces, una película, Terminal Norte: el mediometraje sobre Laso que hizo Lucrecia Martel en Salta. Decir que Terminal Norte es sobre Laso es erróneo, pero nos permitirá ir adonde queremos llegar, que es al presente. En 2017 Martel terminó Zama y se puso a trabajar en un proyecto inusual: la puesta en escena de una ópera –Andrea Chénier– en el Teatro Colón. Un proyecto monumental que abordó con una mirada política y arriesgada, que se adivinaba, por ejemplo, en plantearse hacerla desde «el rechazo al amor romántico, por ser un amor de posesión, que tarde o temprano termina en violencia»,4 y en «la contratación de 300 figurantes de rasgos altiplánicos»5 (pero nunca sabremos qué habría hecho, ya que, lamentablemente, terminó renunciando). Un año después de este proyecto frustrado, finalmente Martel pudo unir su experiencia en el cine con la música dirigiendo Cornucopia, el espectáculo de Björk en Nueva York.

En medio, Laso renunció a cantar en la Fernández Fierro para irse a vivir a Salta con Martel. Allí las encontró 2020, el año de la peste. Con Martingala, su disco de 2018, Laso se había distanciado del tango para acercarse al cancionero popular argentino, camino que siguió recorriendo con La caldera. Pero cuando se despidió de la Fernández Fierro, Venturín la invitó a cenar y se prometieron trabajar juntos en el futuro. Y como son de cumplir, ese futuro llegó de la mano de Cabeza negra. «Yuri me propuso una formación muy particular, de cuatro bandoneones y contrabajo. Empezamos a buscar canciones nuevas y otras que escuchábamos en la infancia. Según Yuri, él eligió canciones que se parecen a mí. Yo elijo las canciones que me liberan de mí. Quizás es lo mismo. Yuri agregó el bombo y la caja cuando empezamos a ensayar. Nos salió un drama telúrico, con aires de misa pagana. En Cabeza negra el bandoneón resplandece con toda su potencia sonora. Hay voces de folklore, de tango, de milonga y de baguala. El sonido un poco distorsionado de los fueyes pone este disco en una zona rara. La música y el canto me ayudaron a reconciliarme conmigo y con las personas. De chica me frotaba la piel, porque pensaba que estaba manchada. Me peleaba con lo crespo de mi melena mestiza. Pero cuando canto, voy derecho para ese lado. Canto a esas manchas que, por suerte, no se borran», nos contó Laso.

En Terminal Norte se la ve en Salta durante la pandemia. Suelta. Afuera. Lejos de la urbe tanguera porteña. Allí se junta en tertulias musicales con otras mujeres y eso es lo que Martel registra: las coplas de Mariana Carrizo y Lorena Carpanchay –la primera coplera trans–, el noise rock de las integrantes de la banda Whisky y el trap de B Yami. Esas mujeres comparten la noche y la música, una música tan variada como ellas mismas. «Me tocó vivir el aislamiento cerca de la naturaleza y lo agradecí mucho. Creo que es un momento para salir de las grandes ciudades. Amo Buenos Aires, pero en el norte lo indígena está más presente en la cultura y eso es un aire fresco para mí. […] El de Salta es un fenómeno musical del que no sabemos nada en Buenos Aires. Hay muchísimos músicos, en géneros muy distintos, no solo folklore. Y hay muchas clases de cantos y modos de usar la voz», le dijo el año pasado a Página/12.6

Parte de eso es lo que se ve en Terminal Norte y también en Cabeza negra, que empieza con la poderosísima «Pregón» y su bombo legüero, que, junto con la voz de Laso, suena más peligroso para el statu quo que cualquier deathmetalero de 200 quilos invocando a los ejércitos satánicos en sueco. Sin embargo, cuando a continuación irrumpe el tango en «Fuga de ausencias», el bombo no se va. Y está muy bien, porque es originalmente una huella, y el tango es simplemente Buenos Aires, que siempre vuelve cuando juegan Laso y Venturín. Cabeza negra versiona artistas tan disímiles como Fito Páez, Horacio Guarany, Alejandro Guyot, Luciana Mocchi, Daniel Toro, Violeta Parra, Tape Rubín, Alfredo Zitarrosa y Palo Pandolfo.

«En este disco hay dos temas uruguayos: uno del gran Zitarrosa, “Canto de nadie”, y uno de Mocchi, “Ejercicio”. Mocchi es una artista de Montevideo que me gusta mucho cómo canta y escribe. Hay varios aciertos en las propuestas de Yuri, como “Canto de nadie”; “Mi mariposa triste”, de Daniel Toro, y “Llámame cuando amanezca”, de Horacio Guarany, que son canciones que quedaron un poco olvidadas y se suman a la mía, ya que me animé a escribir un pequeño pregón», relató Laso mientras preparaba su viaje a Montevideo. Y Martel, que la acompañó en la creación del disco, acota desde las notas del álbum: «Cabeza negra es una súplica gritada desde algún balcón desvencijado de Buenos Aires. En un barrio de la zona sur. Desde un puente sobre la autopista Ricchieri. No es un disco exactamente urbano. Es el arrabal de este continente. Buenos Aires creció con gente huyendo de la pobreza, migraciones internas y de países vecinos. En sus barrios se cruzan todas las tradiciones musicales de este continente. La ciudad no mira al río marrón, tampoco acepta su destino de toldería. Cabeza negra en cada canción suplica, no con sumisión, porque el sonido del disco es una amenaza. Es la liturgia de escuchar canciones de protesta como si fueran de amor». Seguramente no haya mejor definición que esa.

1. Julieta Barrera, «Orquesta Típica Fernández Fierro. La manera rockera de entender el tango», EFE, 29-X-21.

2. Karina Micheletto, «Una orquesta típica para la excarcelación del tango», Página/12, 18-III-04.

3. Mauro Apicella, «Las mil caras de Chino Laborde», La Nación, 23-VIII-15.

4. Luciano Marra de la Fuente, «La renuncia de Lucrecia Martel al Teatro Colón. Apuntes para una puesta imaginaria», Tiempo de Música, 17-XI-17.

5. Diego Rojas, «Todas las versiones sobre la renuncia de Lucrecia Martel a su regie en el Colón», Infobae, 28-XI-17.

6. Andrés Valenzuela, «Julieta Laso: “El tango siempre se filtra en mi voz”», Página/12, 14-X-21.

 

Fuente: https://brecha.com.uy/atipica-y-folclorica-para-la-cuenca-del-plata-julieta-laso-en-la-zitarrosa/

 

 

 

 

 

 

Alicia Jurado

 

 

Meditaciones de un “jardín interior del que nadie está privado”:  budismo, feminismo y ecología en Alicia Jurado. Primera parte

SONIA BETANCORT

 

El tiempo juega un ajedrez sin piezas

en el patio. El crujido de una rama

rasga la noche. Fuera la llanura

leguas de polvo y sueño desparrama.

Sombras los dos, copiamos lo que dictan

otras sombras: Heráclito y Gautama

Jorge Luis Borges, “Estancia el Retiro”,

dedicado a Alicia Jurado

A mediados de los años setenta del siglo pasado, una literata, feminista y naturalista argentina revisaba con fervor bibliografías francesas, inglesas e hispanas acerca del budismo. En su amplio piso de la avenida Santa Fe, en Buenos Aires, esa misteriosa mujer cuidaba con el mismo esmero de sus plantas y de su ecléctica biblioteca. Al tiempo, alternaba las vistas de su querida ciudad con las de tantas otras de América, Europa, África y Asia. Así dio con la “la aurora del mundo”, la India en la que confluyeron muchas de sus inquietudes, el oriente forjado por sus lecturas y sus viajes.

Su principal objetivo residía entonces en ser los ojos del titán de las letras hispanas que había intercalado, en una faceta algo desconocida por crítica y lectores, numerosos axiomas budistas en una de las más impactantes muestras de la literatura fantástica universal. El escritor del que hablamos, como puede intuirse, era Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) –prácticamente ciego desde los años cincuenta— y la colaboradora que leía y escribía, una ignota ecologista, feminista y notable escritora llamada Alicia Jurado (Buenos Aires, 1922-2011).

Fruto de esa amistad y de la pasión oriental compartida fue la publicación conjunta del libro Qué es el budismo (1976) con el que ambos entran en la historia de los estudios budistas. El investigador Peter Harvey ha definido este ensayo como “una extraordinaria obra de síntesis que abarca la totalidad del tema en menos de ochenta páginas”. Destaca el apelativo “extraordinario” y que, en efecto, nuestros autores logren una aproximación a la “totalidad” del budismo con un breve compendio donde erudición y fantasía acercan las claves de esa cultura al lector occidental. En la nota preliminar de la obra, Jurado firma una humilde declaración acerca de su tarea como colaboradora: “investigar y seleccionar material en textos más recientes, aportar algunos datos y sugerir modificaciones menores”. Sin embargo, un vistazo a los manuscritos y al texto final, el cotejo de algunas de sus publicaciones en prensa, sus experiencias como viajera e, incluso, algunas declaraciones de Borges, revelan la valiosa intervención de esta escritora e investigadora que, sin duda, debemos descubrir.

Alicia Jurado en su casa de la Avenida Santa Fe (Buenos Aires). Fotografía del libro Revisión del pasado (Elefante Blanco, 2001).

Autora de la primera biografía de Borges (Genio y figura de Borges, 1964), forma parte de esa nómina de mujeres hispanas opacadas o desconocidas que ofrecen una mirada erudita y viajera cuyo interés por las culturas orientales –principalmente, la India y el budismo— contribuyó a enriquecer muchos de los debates de las sociedades hispanoamericanas del siglo XX. En la discusión de la identidad argentina que a un tiempo rechazaba y asumía su naturaleza cosmopolita, Jurado proclamaba “el desgarramiento espiritual de no pertenecer por entero a un solo continente” [i]. De este modo, recurre a las huellas orientales como forma de interpelar las idiosincrasias argentinas. Las filosofías y culturas indias le ayudan a construir así una idea de literatura tan nacional y tan universal como los habitantes del país austral, ya que nos dice:

Tal vez el olvido de las diferencias locales –que subsistirán, naturalmente, para dar variedad y encanto al mundo- y el gusto de compartir la belleza y la verdad que nos pertenecen a todos, sean los pasos más eficaces para desviar esa agresión de tribu que nos ha condicionado desde mucho antes de la prehistoria.

Como puede observarse, nuestra escritora defiende la unidad de todas las culturas como impulso de una convivencia más pacífica. Dicho de otro modo, para esta literata, la diversidad local es bella y necesaria cuando dialoga con otros territorios porque reafirma nuestra semejanza universal y, con ella, un trato menos agresivo. Una convicción compartida con Borges, como demuestran estas declaraciones de los años ochenta: “hasta ser parte de un juego que deberá hacernos olvidar que somos orientales u occidentales, y que nos unirá a todos”, porque “quizás las fuentes de nuestra cultura sean varias”.

Portada de Qué es el budismo (Emecé, 1998)

No sorprende, por tanto, que la India y el budismo aparezcan en la vida y en la obra de Alicia Jurado con naturalidad, intercalados en su cotidiano, en vinculación con su condición de mujer, con su defensa del pacifismo y con su preocupación por la naturaleza. Afirmará, por ejemplo, con motivo de su viaje a India en 1976: “yo me sentí fraternalmente unida a esas gentes misteriosas y también intensa y puerilmente feliz”. Con esa emoción fraternal de fondo, lejos de ausentarla de las cuestiones nacionales, el budismo actúa como acicate de sus reflexiones sobre la emancipación histórica, la conformación de la ciudad letrada, los movimientos de liberación de la mujer, la responsabilidad individual de los ciudadanos o el falso progreso que pone en peligro la riqueza natural del continente americano.

Cuentos como los recogidos en Leguas de polvo y sueño (1965), ensayos como Vida y obra de W. H. Hudson(1971), memorias como Descubrimiento del mundo (1989) o artículos de prensa como los recopilados en su espléndido Revisión del pasado (2001) dan cuenta de esta encrucijada que la emparenta con otras coetáneas más o menos reconocidas –de Victoria Ocampo a Adelina del Carril o Carmen Dragonetti— y que de manera singular en Jurado construye una valiente intersección entre budismo, feminismo y ecología. En efecto, adelantándose a muchos debates que se dan en la actualidad, el acervo oriental de Jurado convive en armonía con un amplio conocimiento del feminismo que le vale para proponer el pacifismo, la compasión y la ética como soluciones al despiadado impacto humano sobre el medio ambiente y la propia especie.

Portada de Revisión del pasado (Elefante Blanco, 2001).

De su curiosidad heteróclita parte, precisamente, su indagación orientalista, extraída de estratos bibliográficos muy diversos. Caben en los anaqueles de su extensa biblioteca, tanto las obras sagradas como los estudios académicos, los apuntes de viaje o las obras literarias. El Dhammapada, por ejemplo, una de sus lecturas preferidas, se alterna con obras académicas de argentinos como Fatone o Dragonetti; con reputados orientalistas como Conze, Stein o Suzuki; con viajeros como Alexandra David-Neel o Paul Reps, con literatos como Kipling, Forster o Tagore; y con personalidades emblemáticas como Gandhi o Nehru. A través de esta expedición libresca, amiga de indagar en la sencillez de las costumbres, Alicia Jurado facilita, aclara y compendia conceptos clave de las tradiciones budistas. De este modo, axiomas acerca del amor, la disolución del sujeto, la irrealidad, la impermanencia y la sabiduría se intercalan en sus reflexiones feministas y ecologistas con naturalidad y arrojo.

Como paráfrasis de las ideas de Virginia Woolf, la escritora porteña invocó la necesidad de “estar libres de lealtades ficticias”, así lo anotó en “La mujer argentina frente a la Libertad” (1956). Esta sentencia actúa no solo como activación del nuevo paradigma de género sino también como tratamiento de una tradición identitaria que, mediante lo oriental, logró un ensanchamiento de la expresión literaria y cultural hispanoamericana. La impronta de la mujer en la esfera educativa y política, la defensa de la igualdad de género en la vida profesional, el aborto, o la convivencia, son examinados por la mente de Jurado con dedicación y empatía. En este marco, comienza sus reflexiones en la historia colonial:

mujeres de la América hispana […], de la libertad solo conocieron la palabra. […] El grito sagrado de nuestras patriotas bisabuelas solo tenía vigencia para elegir el color de sus vestidos y la composición del almuerzo del día siguiente, […] para qué se afanaban tanto por el triunfo de una libertad que les aprovechaba tan poco.

Como puede verse, crítica con un pasado que al ultraje de “la raza vencida e inferior” unía el “desprecio hispánico por la mujer”, se pregunta por la misión feminista que corresponde en la reconstrucción de su país.


[i] La mayoría de las citas de Alicia Jurado pertenecen, salvo cuando se indica otra cosa, a los artículos recogidos en su libro Revisión del pasado, publicado en Buenos Aires por la editorial Elefante Blanco en 2001.

Pueden leer la segunda parte de este artículo aquí

 

Fuente: https://espanol.buddhistdoor.net/

 

 

 

 junio de 2022

 

Pesares de este siglo

Qué congoja me causan las naciones
sometidas al yugo del tirano.
Siglos de lucha por quebrar su mano,
vivo recuerdo en letra de canciones.

Hoy funda el capital tiempos de bruma
para quien trota calles, no castillos.
Tiempos en vilo de quien busca fama
y aplaude al poderoso en los corrillos.

“La vida por salir en la pantalla”,
alto ideal que cultiva esta era
aun si el ejemplar no da la talla.

¿Dónde quedó el Quijote y sus quimeras?
¿Pesa su corazón más que una pluma?
Infeliz… pesa más su billetera.

***

Pacto

materia acri(sol)ada
la del lenguaje
sistema de señales
fuente del habla

mis manos lo moldean
mi pecho lo resguarda
igual que el alfarero
amasa el barro
masa leudando
en los poros redondos
de un redondo cacharro

el vocablo se expande
suma un molde plural
de múltiples sentidos
donde el alma dispone
el don de su latido

yo no creo el poema
ni el verbo que lo crea
el arte trae un viento
un huracán de fuerzas
pacto desde el origen
de armonías secretas

aceleran mi pulso
lápiz/pluma/ tableta
incitan mi deleite
en un festín de letras.

Del libro: Decir lo que digo.  Colección Devuelo, 2021.

***

Precepto

No tocarás el pan
con tus manos impuras.
Solo tendrás dos dientes
al final de tus días
irás por un mendrugo
de harina rubia, oscura
mixturada de fibra
ya blanca o sin blancura.

No tocarás el pan
con tus manos impuras.
En el horno que espera
con su boca candente
se elevará la masa
sin sal con levadura.
El horno maternal
tornará en buen bocado
el pan de la amargura.

No tocarás el pan
con tus manos impuras.
Mujer que solo sabe
de casa, mesa y cuna
un día darás pan
bendecido a los fieles
-desde un sacro sitial-
amasado con luna.

Del libro: Lunas de fuego. Antítesis Editorial,2016

 

Delma Elen Perdomo Deniz (Lavalleja, Uruguay)
Poeta, maestra, licenciada en Ciencias de la Comunicación Social

Egresó como Coordinadora de Talleres Literarios del Primer Centro de Formación de Coordinadores (“Quipus”). Participó en diversos Talleres Literarios, presenciales y virtuales. Concurrió al Taller de Música y Poesía, de la Facultad de Artes en la Universidad de la República. Integró varios Talleres de Teatro, Dramaturgia y Locución. Participó en Grupos de Lectura teatralizada, Expresión escénica y Performance.

Fue Correctora en el Departamento de Publicaciones del Consejo de Educación Primaria. Trabajó como Guionista para Radio y Televisión Educativa en el Depto.de Libretos y Guiones. Escribió Obras de Teatro para niños que durante diez años fueron – y aún son – representadas con éxito en el interior del país por el Grupo “Había otra vez”. Escribió dos obras de teatro para adultos, aún sin llevar a escena. Fue docente en la Universidad de la República y en otros entros de formación docente de diferentes materias vinculadas al periodismo radial, televisivo y la prensa escrita. Trabajó a través de Extensión Universitaria diversos proyectos vinculados a los medios de comunicación, sus géneros y contenidos, en departamentos del país.  Intervino en el proyecto“ Rompiendo Barreras», una xxperiencia radial de mujeres trabajadoras del medio rural uruguayo. Realizó investigaciones periodísticas, publicadas en revistas y periódicos de Montevideo y de otras regiones del país.

Publicaciones
El medallón de luna – Guía de juegos teatrales. 2006. Círculo Editorial, 2008.
Las peras del Olmo. Edit. Tradinco,  2008.
Versos de luna y sombra. Edit. Botella al Mar, 2009.
Catorce campanadas. Sonetos. Edit. Rumbo,  2013.
Lunas de fuego. Antítesis Editorial, 2016.
Decir lo que digo. Edit. Colección Devuelo, 2021.

Antologías colectivas
Integra numerosas Antologías Colectivas tanto en Uruguay como en el exterior: Argentina, Brasil, Mexico, Ecuador, Honduras, Perú, entre otros.
Publicación de ediciones bilingües en Brasil y en Italia.

 

Fuente: https://www.sabersinfin.com/poemas/poemas-para-reflexionar/30234-tres-poemas-de-delma-perdomo-pesares-de-este-siglo-soneto-pacto-y-precepto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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