Revista ALTERNATIVAS – ⭐ – n.° 720

La importancia estratégica de la agricultura urbana- Raúl Zibechi

Ex-asesor de Trump John Bolton admite haber “ayudado a planear golpes de Estado”

Panamá al borde de un estallido social

Hay gente con hambre

El calor y la sequía hornean el mundo. Gracias, Cambio Climático

 

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La importancia estratégica de la agricultura urbana

Raúl Zibechi

La agricultura urbana suele ser visualizada como la hija menor de los grandes monocultivos que sobre utilizan agrotóxicos y depredan los bienes comunes. En el imaginario de muchas personas, las huertas urbanas son casi un pasatiempo de hippies y de adultos mayores, sin la menor repercusión en la producción real de alimentos que, en esa mirada, provendrían siempre de las grandes plantaciones.

Nada más alejado de la realidad. El Worldwatch Institut difundió un trabajo en 2011, en el que asegura que entre el 15 y el 20% de los alimentos que consumimos a escala global, provienen de la agricultura urbana. Más aún, algunos analistas comienzan a hablar de “campesinado urbano” al referirse a las personas que cultivan en las ciudades.

El censo agrícola de 2006, en Brasil, indica que en el municipio de Río de Janeiro (donde viven unos 6 millones de personas), existen 1.055 establecimientos agrícolas de los cuales 790 están basados en la agricultura familiar. El colectivo Minhocas urbanas (Lombrices urbanas) de la ciudad de Rio, integrado por nueve investigadoras comunitarias de la favela Maré, trabaja junto a la Articulación de Agroecología de Rio de Janeiro en la identificación de espacios de agricultura urbana pero también de ferias agroecológicas1.

La preocupación del colectivo está centrada en la soberanía alimentaria en las favelas, los barrios más pobres de la ciudad. Pensar la soberanía alimentaria desde la periferias urbanas, y no a escala del Estado y la nación, impone otra lógica y modos de abordar la alimentación sana. En general, en las periferias los alimentos a los que tienen acceso los sectores populares son de muy baja calidad, con demasiado contenido de harinas y ultraprocesados, y pocas verduras y frutas.

En Ciudad de México, el Centro de Estudios Casa de los Pueblos (CECAP) destaca que la ciudad cuenta con 765 mercados y 3.150 tianguis, que generalmente funcionan una vez por semana en las calles de barrios y colonias2. De acuerdo con un estudio de la FAO de 2017, citado por Fernando González, existen unas 3.586 chinampas activas en la zona lacustre de la ciudad, que abastecen de hortalizas y verduras a la urbe. La FAO las considera como un sistema importante del Patrimonio Agrícola Mundial.

En la ciudad argentina de Rosario, hace más de 34 años se lleva adelante una experiencia de agricultura urbana que comenzó en 1987 y se expandió durante la crisis de 2001 con más de 700 huertas comunitarias. En el año 2002, se firmó un convenio con las instituciones estales que consolidó las huertas urbanas como política pública.

De esta manera consiguieron la tenencia segura de la tierra y mayor estabilidad para quienes cultivan. Eso facilitó que se abrieran ferias francas como espacios de circulación, de generación de ingresos y de intercambio, siendo gran parte de su producción y comercialización de carácter agroecológico. En el programa participan más de 120 familias que venden su producción en las ferias y 2.500 familias que producen para consumo propio, a la vez que participan 40 escuelas y se cuenta con siete parques-huertas3.

También en Argentina, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) organiza a más de 22 mil familias que producen alimentos, nucleadas en grupos de base en periferias urbanas. Se dedican a la producción frutihortícola, crianza de animales, lácteos y pequeñas agroindustrias. Para evitar intermediarios establecieron 280 puntos de venta, almacenes y mercados mayoristas, una extensa red de nodos de consumidores organizados, y realizan ferias y feriazos masivos que son espacios de encuentro con los consumidores inspirados en el comercio justo4.

En todas las ciudades de nuestro continente, y probablemente del mundo, existen huertos urbanos y ferias populares. En La Habana, la mitad de los alimentos frescos provienen de cultivos agroecológicos urbanos. En El Alto, Bolivia, a 4.000 metros de altura, existen más de cien huertos familiares agroecológicos gestionados en general por mujeres.

Muchas huertas urbanas comienzan en períodos de crisis profundas, tanto económicas como sociales, buscan atajar tanto la escasez y carestía de alimentos como la desarticulación del tejido social. Porque las huertas son a menudo espacios de confluencia de personas que en la vida cotidiana están aisladas o sufren problemas vinculados a las crisis, como depresiones, ansiedades y soledad.

Tres temas que están vinculados a la agricultura urbana merecen ser reflexionados en profundidad.

El primero es la necesaria alianza rural-urbana, así como la redefinición de lo urbano que debe ser complejizado. El concepto de “periurbano” pretende enriquecer la forma como miramos la ciudad, ya que buena parte de las huertas se encuentran en esos espacios, en los cinturones de las ciudades que no forman parte de la ciudad, pero tampoco son áreas rurales.

No se trata de situar las periferias en un lugar geográfico determinado, sino en un punto de intersección entre lo social, lo espacial y lo político. ¿Las favelas pueden ser consideradas ciudad, espacios periurbanos o periferias? Es evidente que no todas ellas pueden ser igualadas, ya que la forma de vida en algunas tiende a ser urbana, por el grado de integración a la ciudad y al mercado. Otras se parecen a pequeños pueblos de áreas rurales, ya que la vida en ellas discurre en base a fuertes vínculos comunitarios.

En todo caso, la alianza rural-urbana es clave para transitar a la autonomía alimentaria de los sectores populares, ya que las ciudades no pueden cosechar todo lo que la población necesita. Esa alianza es estratégica ya se está dando en los hechos, a través muchas experiencias de compra directa a los campesinos, como realizan las asambleas territoriales de Chile y el Mercado Popular de Subsistencia de Uruguay.

El segundo tema, es que sólo puede haber agricultura urbana si existen sujetos colectivos que la promueven, sostienen y comercializan sus productos. Una tendencia de fondo es que las huertas urbanas tienden a ser agroecológicas, porque las familias y personas involucradas no sólo quieren alimentarse, sino hacerlo de forma saludable. Consolidar esos sujetos y la tendencia hacia alimentos sanos, supone realizar procesos de formación y evaluación permanentes.

Por último, debe destacarse el papel de las mujeres en la agricultura urbana. Por un lado, ellas son la mayoría de quienes cultivan huertos familiares, comunitarios y colectivos en las ciudades, ya que son las que asumieron la responsabilidad por la alimentación de sus hijos e hijas. Por otro, esta agricultura forma parte de los cuidados en salud y alimentación, una característica del movimiento de mujeres que se manifiesta en su compromiso con la agricultura urbana.

1 Antonio Vradis, Christos Filippidis, Timo Bartholl y Minhocas Urbanas, “Favela, resistencia e a luta pela soberania alimentar”, Consequencia, 2021.

2 Fernando González, “Territorialidades indígenas en la Ciudad de México, Desinformemonos, 19 de diciembre de 2020.

3 Victoria Martínez y Carolina Acevedo, “La experiencia de Agricultura Urbana de Rosario: memoria campesina y el desafío en la ciudad”, Desinformémonos 9 de junio de 2021.

4 https://uniondetrabajadoresdelatierra.com.ar/

 

Raúl Zibechi

Periodista y educador popular; acompañante de las luchas de los pueblos de Amércia Latina.

 

 

 

El ex-asesor de Trump John Bolton admite haber “ayudado a planear golpes de Estado” en países extranjeros

 Jul. 2022

John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional del expresidente de Estados Unidos Donald Trump, dijo el martes que había ayudado a planear golpes de Estado en países extranjeros. Bolton le hizo el comentario a Jake Tapper, una de las estrellas de la cadena de noticias CNN, mientras hablaban sobre la insurrección del 6 de enero en el Capitolio de Washington D.C. y sobre si el expresidente Trump pudo planear de manera efectiva un golpe de Estado.

Jake Tapper: “Uno no tiene que ser brillante para intentar realizar un golpe de Estado”.

John Bolton: “No estoy de acuerdo con eso, lo digo como alguien que ha ayudado a planear golpes de Estado, no aquí, sino, ya sabes, en otros lugares. Requiere mucho trabajo”.

Según se informa, en 2004, cuando Bolton cumplía funciones en el Departamento de Estado, respaldó el golpe de Estado de Haití que destituyó al presidente democráticamente electo Jean-Bertrand Aristide. Bolton también promovió un cambio de régimen durante la ocupación estadounidense de Irak, y en 2018 dijo que Estados Unidos debería derrocar al gobierno de Irán.

Fuente: Boletín de Democracy Now! en Español <boletin@democracynow.org>

 

 

 

Panamá al borde de un estallido social

 

Gobierno de Panamá fracasa en su intento de sofocar protestas.
Las asociaciones ciudadanas rechazaron la mesa de diálogo con el Gobierno y sigue la tensión.

Protestas en Panamá: las asociaciones ciudadanas rechazaron la mesa de diálogo con el Gobierno y sigue la tensión
Los representantes de quienes están en las calles por la carestía y la corrupción consideran que los gestos de la administración de Laurentino Cortizo son insuficientes. Las protestas ya acumulan dos semanas

dw.com
Julio de 2022

Asociaciones ciudadanas, integradas por representantes de distintos sectores sociales de Panamá, rechazaron el jueves sentarse a la mesa con el Gobierno en medio de las protestas en el país por el mal uso de la finanzas públicas y el alto coste de vida.

La Alianza Nacional por los Derechos de los Pueblos Organizados (Anadepo) y la Alianza del Pueblo Unido por la Vida señalaron que no acudirán a la mesa de diálogo convocada por el Gobierno panameño en la Ciudad del Saber, barrio de negocios ubicado en Ciudad de Panamá.

De acuerdo con la Alianza del Pueblo Unido por la Vida, la convocatoria de la Administración que dirige el presidente panameño, Laurentino Cortizo, no es sincera y no quieren precondiciones ni mediación de la Iglesia Católica, que se ha ofrecido como puente para encontrar una solución a la crisis, según recogió el diario local La Prensa.
Miles de personas protestan en Panamá contra la subida de precios y la corrupción, protestas que llevaron al presidente del país, Laurentino Cortizo, a anunciar la congelación del precio de la gasolina y de varios productos de la canasta básica

“Exhortamos a la cordura para no afectar el diario convivir y evitar los daños a terceros, a la paz social y al proceso de recuperación económica. Este Gobierno ha optado siempre por el diálogo honesto y la tolerancia”, pidió la Iglesia Católica en un comunicado recogido por Radio Panamá.

Los manifestantes, que protestan desde hace dos semanas por los altos precios de los combustibles y los productos básicos, así como por el mal manejo de las finanzas públicas y la corrupción, han bloqueado calles y algunas de las principales vías de acceso a los núcleos urbanos.

Aunque se registran algunos enfrentamientos aislados, las protestas son pacíficas, incluso con música y bailes.

El descontento se produce en un escenario de 4,2% de inflación interanual registrado en mayo y una tasa de desempleo en torno al 10 por ciento. El precio del combustible se incrementó un 47% desde inicios de año, valiendo actualmente 5,17 dólares el galón de gasolina (3,78 litros).

La Asamblea Nacional de Panamá anunció este mismo miércoles un plan de austeridad de nueve puntos que contempla la suspensión de viajes y desplazamientos —tanto fuera como dentro de Panamá— de los miembros del Gobierno y de otros altos funcionarios.

Otras de las medidas son la congelación de aumentos salariales y nuevos nombramientos, de jornadas de capacitación, servicios de publicidad, así como de la compra de equipos y material para las instituciones.

Panamá experimenta así una de las mayores crisis sociales desde que en 1989 cayó la dictadura militar del general Manuel Antonio Noriega tras la invasión estadounidense.

En este país de más de 4 millones de habitantes, en torno al 20% de la población vive en condiciones de pobreza.

Pese a su economía dolarizada, altos índices de crecimiento económico y un canal interoceánico que aporta más de 2.000 millones de dólares anuales al tesoro nacional, el país presenta uno de los mayores índices de desigualdad del mundo y deficientes servicios públicos de sanidad y educación.

(Con información de EuropaPress y AFP)

Fuente: https://clajadep.lahaine.org/

 

 

 

 

 

Hay gente con hambre

La crisis internacional agudiza las problemáticas alrededor de la distribución de alimentos a nivel global: las infancias son las principales víctimas

hambre crisis alimentaria

El Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) informa que cada minuto una niña o niño es empujado al hambre en los quince países más devastados por la crisis alimentaria mundial. Doce de estos quince países están en África (desde Burkina Faso hasta Sudán), uno en el Caribe (Haití) y dos en Asia (Afganistán y Yemen). Las guerras sin fin han degradado la capacidad de las instituciones estatales de estos países para gestionar la seguidilla de crisis de la deuda, desempleo, inflación y pobreza. A los dos países asiáticos se suman los Estados que conforman la región africana del Sahel (especialmente Malí y Níger), donde los niveles de hambre están ya casi fuera de control. Por si la situación no fuera suficientemente grave, la semana pasada un terremoto sacudió Afganistán, causando la muerte de más de un millar de personas, lo que supone otro golpe devastador para una sociedad en la que el 93% de la población está sumida en el hambre.

“Aunque la guerra ha sido catastrófica para los precios mundiales de los alimentos, es un error considerar que es la causa de la subida. Los precios de los alimentos comenzaron a subir a nivel global hace unos veinte años”

En estos países azotados por la crisis, la ayuda alimentaria procede de los gobiernos y del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU. Millones de personas refugiadas en estos países dependen casi por completo de las agencias de la ONU. El PMA proporciona alimentos terapéuticos listos para usar, que son una pasta alimenticia hecha de mantequilla, cacahuetes, leche en polvo, azúcar, aceite vegetal y vitaminas. En los próximos seis meses, se prevé que el costo de estos ingredientes aumente hasta un 16%, por lo que el 20 de junio, el PMA anunció que reduciría las raciones en un 50%. Este recorte afectará a tres de cada cuatro refugiados en África Oriental, donde viven unos cinco millones de refugiados. «Ahora estamos viendo cómo el polvorín que ha creado las condiciones para que aumenten los niveles extremos de adelgazamiento pernicioso infantil comienza a incendiarse», dijo la Directora Ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell.

Es evidente que el aumento del hambre está relacionado con la inflación de los precios de los alimentos, que a su vez se ha visto exacerbada por el conflicto en Ucrania. Rusia y Ucrania son los principales exportadores mundiales de cebada, maíz, colza, semillas de girasol, aceite de girasol y trigo, así como de fertilizantes. Aunque la guerra ha sido catastrófica para los precios mundiales de los alimentos, es un error considerar que es la causa de la subida. Los precios de los alimentos comenzaron a subir a nivel global hace unos veinte años, y luego se descontrolaron en 2021 por una serie de razones, entre ellas:

  1. Durante la pandemia, los estrictos confinamientos dentro de los países y en sus fronteras provocaron importantes interrupciones en el movimiento de la mano de obra migrante. Ya está comprobado que la mano de obra migrante —incluidas las personas refugiadas y solicitantes de asilo— desempeña un papel fundamental en la producción agrícola. El sentimiento antiinmigrante y las cuarentenas han creado un problema a largo plazo en las grandes explotaciones agrícolas.
  2. Una consecuencia de la pandemia de COVID-19 fue la ruptura de la cadena de suministro. El hecho de que China —el epicentro de un volumen considerable de producción mundial— aplicara una política de cero COVID, puso en marcha una serie de problemas para el transporte marítimo internacional; con los confinamientos, los puertos cerraron y los barcos permanecieron en el mar durante meses. La vuelta a la normalidad del transporte marítimo internacional y el retorno de la producción industrial —incluidos los fertilizantes y los alimentos— han sido lentos. Las cadenas de suministro de alimentos se debilitaron debido a los problemas logísticos, pero también a la escasez de personal en las plantas de procesamiento.
  3. Los fenómenos meteorológicos extremos han desempeñado un papel importante en el caos del sistema alimentario. En la última década, entre el 80 y el 90% de las catástrofes naturales se han debido a sequías, inundaciones o fuertes tormentas. Mientras tanto, en los últimos cuarenta años, el planeta ha perdido 12 millones de hectáreas de tierra cultivable cada año debido a la sequía y la desertificación. Durante este periodo también hemos perdido un tercio de nuestra tierra cultivable a causa de la erosión o la contaminación.
  4. En los últimos cuarenta años, el consumo mundial de carne (sobre todo de aves de corral) ha aumentado de forma drástica, y se prevé que siga aumentando a pesar de algunos indicios de que hemos alcanzado el «máximo consumo de carne». La producción de carne tiene una enorme huella medioambiental: el 57% de las emisiones totales de la agricultura proceden de la carne, mientras que la producción ganadera ocupa el 77% de las tierras agrícolas del planeta (aunque la carne solo aporta el 18% del suministro mundial de calorías).

El mercado mundial de alimentos ya estaba estresado antes del conflicto en Ucrania, y los precios subieron durante la pandemia a niveles nunca vistos en muchos países. Sin embargo, la guerra prácticamente ha roto este debilitado sistema alimentario. El problema más importante está en el mercado mundial de fertilizantes, que resistió durante la pandemia pero que ahora está en crisis: Rusia y Ucrania exportan el 28% de los fertilizantes nitrogenados y fosforados, así como el 40% de las exportaciones mundiales de potasa, mientras que Rusia exporta por sí sola el 48% del nitrato de amonio y el 11% de la urea del mundo. Los recortes en el uso de fertilizantes por parte de los agricultores provocarán un menor rendimiento de las cosechas en el futuro, a menos que agricultores y empresas agrícolas estén dispuestos a cambiar a biofertilizantes. Debido a la incertidumbre del mercado alimentario, muchos países han establecido restricciones a la exportación, lo que agrava aún más la crisis del hambre en los países que no son autosuficientes en la producción de alimentos.

A pesar de todas las conversaciones sobre la autosuficiencia en la producción de alimentos, los estudios muestran que no se está tomando acción. Para finales del siglo XXI, nos dicen, 141 países del mundo no serán autosuficientes y la producción de alimentos no cubrirá las demandas nutricionales de 9.800 de los 15.600 millones de personas que se prevé que haya en el planeta. Solo el 14% de los Estados del mundo serán autosuficientes, con Rusia, Tailandia y Europa del Este como principales productores de grano para el mundo. Un pronóstico tan sombrío exige que transformemos radicalmente el sistema alimentario mundial. Un conjunto provisional de exigencias se recoge en Un plan para salvar el planeta, elaborado por el Instituto Tricontinental de Investigación Social y una Red de Institutos de Investigación.

A corto plazo, el Secretario General de la ONU, António Guterres, ha dejado claro que hay que poner fin al conflicto en Ucrania y a las sanciones contra Rusia para que estos productores clave de alimentos y fertilizantes puedan reanudar su producción para el mercado mundial.

Un reciente estudio realizado por la Red Brasileña de Investigación sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Rede Penssan) señala que casi el 60% de las familias brasileñas no tienen acceso a una alimentación adecuada. De los 212 millones de habitantes del país, el número de los que no tienen nada que comer ha saltado de 19 millones a 33,1 millones desde 2020. “Las políticas económicas elegidas por el gobierno y la gestión imprudente de la pandemia condujeron al aumento aún más escandaloso de la desigualdad social y el hambre en nuestro país», afirmó Ana Maria Segall, médica epidemióloga de la Red Penssan. Sin embargo, hace solo unos años, la ONU defendió los programas brasileños Fome Zero [Hambre Cero] y Bolsa Família, que redujeron drásticamente los índices de hambre y pobreza. Bajo el liderazgo de los ex presidentes Lula da Silva (2003-2010) y Dilma Rousseff (2011-2016), Brasil cumplió con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Los gobiernos que siguieron de Michel Temer (2016-2018) y Jair Bolsonaro (2019-actualidad) han revertido estos logros y han devuelto a Brasil a los peores días de hambre, cuando el poeta y cantante Solano Trindade cantaba «tem gente com fome»:

hay gente con hambre
hay gente con hambre
hay gente con hambre

(…)

si hay gente con hambre
dales de comer
si hay gente con hambre
dales de comer
si hay gente con hambre
dales de comer

 

Fuente: https://www.alai.info/

 

 

 

 

El calor y la sequía hornean el mundo. Gracias, Cambio Climático

EVA OTTENBERG

 

El canario de la mina de carbón está muerto. Murió de postración por calor. Junto con él, muchos humanos, mal protegidos del colapso climático: en India esta primavera en el suroeste, medio oeste y sur de Estados Unidos a fines de la primavera, en Xinjiang en China también en primavera, y en gran parte de África en este momento. Eso es antes de que el verano realmente se cocine. El verano pasado, el noroeste de Estados Unidos se calentó a 116 grados Fahrenheit [46.7 Celsius] durante días, y en lugares como la ciudad de Lytton en la Columbia Británica el mercurio alcanzó los 122 [50] grados, antes de que la ciudad se quemara espontáneamente hasta los cimientos. Este tueste, que antes se producía una vez en un milenio, ahora ocurre anualmente, en grandes extensiones del planeta, gracias al cambio climático inducido por el hombre. Los veranos en estos días en Reno, Nevada tienen un promedio de 10.9 [6] grados más calurosos que en 1970, mientras que países como Irak a veces cuentan con un calor de 120 grados. Y la mayoría de los iraquíes no tienen aire acondicionado.

Así que fue un poco difícil sentir pena por los europeos descontentos con las temperaturas en el rango de 104-109 grados, a mediados de junio. Eso fue cómodo en comparación con lo que soportan las personas sin hogar en la India y el gran Medio Oriente. Porque muchos europeos tienen aire acondicionado. No hay tal suerte para aquellos que duermen y, a menudo, expiran, sobre concreto caliente debajo de las carreteras del subcontinente.

Y, sin embargo, la calefacción europea batió récords, como parece ocurrir con cada nueva ola de calor en esta etapa temprana del colapso climático. Cataluña, España, alcanzó los 109 grados, una de las temperaturas más altas de su historia, mientras que las temperaturas de 104 grados en Francia fueron, según el Washington Post del 2 de junio, «las primeras temperaturas registradas en el país».

El calor extremo significa sequía, y la sequía significa que no hay comida. Así que muchos lugares están viendo el galope del hambre sobre sus tierras de cultivo marchitas. En Kenia, Somalia y Etiopía, la gente pasa hambre actualmente. El número es de 23 millones, según Oxfam, que criticó a los países del G7 el 28 de junio por hacer muy poco frente a este desastre, “por dejar que millones mueran de hambre y cocinar el planeta”. En todo el mundo, «323 millones de personas están al borde de la inanición… Casi mil millones de personas, se prevé que 950 millones pasarán hambre en 2022», criticó Oxfam a Estados Unidos y sus seguidores europeos.

Dado que las naciones occidentales, después de todo, quemaron la mayor parte del petróleo, el carbón y el gas que causaron estas sequías, Oxfam tiene razón: esos países deberían exhibir la buena voluntad de desembolsar suficiente dinero para alimentar a las personas que han aniquilado. Pero no. Los tacaños del G7 no lo creen así. Esta sequía africana, la peor en 40 años, es, según EE.UU. y sus vasallos, en gran medida un problema ajeno.

Así que los humanos tenemos un dilema creado por nosotros mismos. O más bien de la construcción de nuestro sistema económico-político, también conocido como capitalismo. Quemamos demasiado petróleo, carbón y gas, se sobrecalentó el planeta, pero parece que no podemos parar. Un factor que agrava la situación es la guerra en Ucrania. Si Occidente, el principal culpable del colapso climático hasta que China más recientemente entró en acción hubiera puesto en marcha una infraestructura renovable, robusta y vasta, o tal vez al menos en parte esa guerra habría sido una oportunidad para comenzar el cambio. Pero en lugar de proceder cuidadosa y metódicamente, nuestros gobernantes perdieron la cabeza. O mejor dicho, se pegaron un tiro en la cabeza sancionando la energía rusa en lugar del arduo trabajo de negociación, y luego comenzaron a correr como los proverbiales pollos sin cabeza en una carrera loca para encontrar más petróleo, carbón y gas. La preocupación por la quema de combustibles fósiles convirtiendo partes del planeta en infiernos, se arrojó por la ventana. La carrera para extraer más petróleo y encontrar más gas comenzó, incluso, a instancias de los llamados Verdes en Alemania (un grupo excesivamente sediento de sangre, ¿quién sabe?), para quemar más carbón. Es una carrera a la tumba.

Liderando la carga hacia el cementerio está el Partido Republicano Estadounidense, aunque últimamente Biden tampoco se ha quedado atrás en esta estampida suicida. Pero si los negacionistas de la ciencia del Partido Republicano obtienen el control de la mitad o la totalidad del Congreso, es de esperar que arrojen el discurso climático cuerdo a una zanja. Si retoman la Casa Blanca en dos años, es decir, si todos sobrevivimos a un posible apocalipsis atómico cortesía de Joe «Ruleta Rusa» Biden y sus neoconservadores, bueno, esas olas de calor supuestamente «extrañas» que hemos estado teniendo, ganarán. Ya se han vuelto no tan extraños, ya que los idiotas republicanos implementan políticas para convertir el planeta en lo que algunos han llamado acertadamente una cámara de gases de efecto invernadero. Desastrosamente, esos ataques de calor ya se han convertido en la norma de primavera, verano y otoño. ¿Qué hacemos si empiezan a ocurrir en invierno?

El planeta está ardiendo y los pirómanos están a cargo, como bromeó una vez la ecologista Naomi Klein. Algunos de los pirómanos más dedicados se sientan en la Corte Suprema. ¿Pruebas? La reciente neutralización por parte del tribunal de Koch de la Agencia de Protección Ambiental creada por Nixon. Con esa decisión imbécil, los llamados juristas bien podrían haber proclamado, “no creemos en nuestros sentidos ni en los mejores científicos del mundo. Creemos en la propaganda corporativa”. La obra de los pirómanos está a la vista de cualquiera que tenga los ojos abiertos. Pero los supremos son ideólogos partidistas, ciegos a la verdad y a la hermana de la verdad, la justicia, y están demasiado ocupados desechando precedentes y cumpliendo las órdenes de las mega corporaciones de combustibles fósiles para considerar que la Agencia de Protección Ambiental fue fundada para proteger el ambiente. En cuanto a por qué el ambiente pide a gritos esa protección:

Por ejemplo, actualmente el 90 por ciento del oeste americano se marchita en sequía. El lago Mead se secó en una sombra fangosa de lo que era antes. La lluvia y la capa de nieve desaparecieron y es posible que no regresen. A partir del 15 de junio, Phoenix experimentó temperaturas de más de 110 grados durante días seguidos. “Y, lo que es aún más preocupante”,  el 15 de junio “ha batido un récord de calor durante la noche de 90 grados F. Esta fue la primera vez que hacía tanto calor por la noche tan temprano en la temporada”. Entonces, incluso cuando el sol no brilla, es hora de un golpe de calor en Phoenix.

Mientras tanto, el mismo día, según el Washington Post, 165.000 residentes de Odessa, Texas, se quedaron sin agua durante un abrasador, luego de que se rompiera una tubería. Las temperaturas rondaron los 100 [37] grados. Cómo mantenerse fresco e hidratado (la vida o la muerte son importantes con tanto calor) sin agua corriente es un desafío.

Como si esto no fuera suficientemente malo, al día siguiente el Post publicó un titular: “El calor y la humedad extremos matan a miles de cabezas de ganado en Kansas”. Las vacas, verás, no pueden acostarse frente al aire acondicionado hasta que pase la ola de calor. “Se sabe que al menos 2000 cabezas de ganado han muerto hasta el [14 de junio]… Ese recuento se basó en la cantidad de solicitudes que recibió la agencia para ayudar a deshacerse de los cadáveres”. La cría de carne de vacuno arruina el clima, y por lo tanto debe reducirse. Pero este no era el método para hacerlo que la mayoría de los ambientalistas tenían en mente.

Estos espasmos de calor ahora rutinarios «fenómenos» de quondam significan que el termostato planetario está fuera de control. Puede que haya poco que podamos hacer al respecto: el daño ya está hecho. Pero seguro que podemos dejar de empeorar las cosas. Todo el mundo sabe cómo lo hacemos. Nos volvemos pandilleros instalando energía eólica y solar. Como lo hace China. Para eso necesitamos políticos que no se envuelvan en un pretzel como lo hizo Biden: guerra contra Rusia, no hay petróleo, tenemos que encontrar más petróleo pase lo que pase, porque ahora es una responsabilidad política titánica con precios vertiginosos en la bomba; en lugar de mantener la cabeza e instituir un programa para desarrollar energías renovables (no, los aranceles sobre la tecnología solar de China no son una buena política) que nos permitan reducir la quema de combustibles fósiles. Y ciertamente no necesitamos políticos como Trump, cuyo acercamiento con la antorcha a la tierra significa una tumba temprana para gran parte de nuestra especie. La congresista Marjorie Taylor Greene resumió el enfoque del Partido Republicano ante esta catástrofe cuando dijo que el cambio climático es bueno para nosotros, lo que la convirtió en la Dra. Kevorkian del homo sapiens. Si las personas así terminan dirigiendo el segundo mayor contaminador de carbono del mundo, significa que se avecinan tiempos letalmente calurosos, mientras los agricultores contemplan los cultivos muertos y millones se preguntan cuándo comerán su próxima comida.*

 

Eve Ottenberg es novelista y periodista. Su último libro es Hope Deferred .

Fuente : CounterPunch

Tomado de: https://n0estandificil.blogspot.com/

 

 

 

 

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