Revista de prensa ALTERNATIVAS – ⚡-N°.750

☆-  El extractivismo como cultura – Por Raúl Zibechi

 ☆- Pronóstico 2023: caída inminente

 ☆- Perú: racismo, criminalización y disciplinamiento como trasfondo de más de 60 muertes

 

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El extractivismo como cultura

Por Raúl Zibechi

 

 

El modelo extractivo es mucho más que una política económica. En el libro «No secarán la tierra», de la editorial Grito Manso, Raúl Zibechi afirma que la explotación de la naturaleza es reflejo de un modo de pensar y actuar que domina mentes, cuerpos y sociedades. Las diferencias con las luchas obreras del siglo XX y los actuales espacios que construyen alternativas.

Foto de portada: Nicolas Pousthomis / Subcoop

A medida que el extractivismo y los procesos políticos asentados en ese modelo comienzan a mostrar grietas, por la abrupta caída de los precios de las commodities, estamos en mejores condiciones para comprender sus características profundas y las limitaciones de los análisis anteriores. Una de ellas, y debemos asumir la autocrítica en primera persona, consiste en haber mirado primordialmente el costado ambiental y depredador de la naturaleza del modelo de conversión de los bienes comunes en mercancías.

Ahora podemos dar un paso más, algo que ya hicieron los zapatistas hace más de una década, cuando definieron el modelo como la «cuarta guerra mundial». El otro error de bulto fue considerar el extractivismo como modelo económico, siguiendo el concepto de «acumulación por desposesión» de David Harvey. En suma, al error de haber centrado las críticas —de modo casi excluyente— en lo ambiental se sumó el economicismo del que adolecemos muchos de los formados en Marx.

El capitalismo no es una economía sino un tipo de sociedad (o formación social), aunque evidentemente existe una economía capitalista. Con el extractivismo sucede algo similar. Si la economía capitalista es acumulación por extracción de plusvalor (reproducción ampliada del capital), la sociedad capitalista produjo la separación de la esfera económica de la política. La economía extractiva, de conquista, robo y pillaje, es apenas un aspecto de una sociedad extractiva, o una formación social extractiva, que es la característica del capitalismo en su fase de dominio del capital financiero.

Más allá de los términos, interesa subrayar que vivimos en una sociedad cuya cultura dominante es de apropiación y robo. ¿Por qué hacer hincapié en la existencia de una cultura extractivista diferente de la hegemónica en otros periodos del capitalismo? Porque nos ayuda a comprender de qué se trata el mundo en el que vivimos y las características del modelo contra el que nos rebelamos.

Para comprender mejor en qué consiste esa cultura, sería necesario compararla con la cultura hegemónica en periodos anteriores, por ejemplo, durante el predominio de la industria y el Estado desarrollista. En aquel lapso, los trabajadores manuales de la industria sentían orgullo por su oficio y por ser productores de riqueza social (aunque una parte sustancial fuera apropiada por el patrón). Ese orgullo tomaba forma de conciencia de clase cuando se identificaban los intereses propios mediante la resistencia a los explotadores.

No era el orgullo tonto de quien se cree superior, sino el resultado del lugar que tenían los obreros en la sociedad, lugar que no habían heredado sino construido en una larga y paciente lucha. Entre mediados del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX los obreros —y a veces las obreras— se formaron a la luz de la vela luego de extenuantes jornadas de doce horas de trabajo, crearon espacios propios de encuentro y ocio (ateneos, teatros, bibliotecas, cooperativas, sindicatos), instituyeron formas de vida con base en la ayuda mutua, crearon maravillas como la Comuna de París y la Revolución de Octubre, además de una larga decena de insurrecciones urbanas. Tenían motivos para la autoestima.

No secaran la tierra. Raul Zibechi
Imagen: Editorial Grito Manso

En la vida cotidiana la cultura obrera giraba en torno al trabajo, la austeridad por convicción, el ahorro como norma de vida y la solidaridad por religión. El mameluco de trabajo y la gorra eran señas de identidad con las que andaban por sus barrios, porque no querían vestirse como los patrones; todo en sus vidas, desde la vivienda hasta los modales, los diferenciaba de los explotadores. Esa cultura tenía sesgos opresores, como bien saben las mujeres y los hijos e hijas de los obreros industriales. Pero era una cultura propia, basada en el autocultivo de sí mismos, no en la imitación de los de arriba.

Este largo rodeo pretende llegar a un punto nodal: la cultura obrera podía conectar con la emancipación. La cultura extractivista va a contrapelo. Aunque portaba elementos opresivos, aquella cultura contenía aspectos valiosos, potencialmente anticapitalistas. La cultura extractivista es el resultado de la mutación generada por el neoliberalismo, a caballo del capital financiero. El trabajo no tiene el menor valor positivo, lugar que ocupan ahora el pillaje y sus contracaras, el consumismo y la ostentación. Donde antes había orgullo por hacer, la cultura gira ahora en torno al pavoneo de marcas y modas. Mientras los obreros de antaño condenaban el robo, por razones estrictamente éticas, hoy se festeja la apropiación, aun cuando la víctima sea vecina, amiga y hasta familia.

No toda la sociedad luce esta forma de vivir, ciertamente. Pero son modos que han ganado terreno en sociedades en las que los jóvenes no tienen empleo digno ni un lugar en la sociedad, ni la posibilidad de labrarse un oficio trabajando, ni conseguir un mínimo ascenso social luego de años de esfuerzos. Ni memoria de aquel pasado, que es lo más pernicioso, ya que atenta contra la dignidad.

El extractivismo ha evaporado los sujetos, porque en la llamada «producción» sencillamente no los hay. Incluso en la esfera de la reproducción el sistema se esfuerza por mercantilizarlo todo, desde los nacimientos hasta la alimentación, arremetiendo contra el papel central de las mujeres en esos espacios. De ahí la importancia de las microresistencias: el tianguis, el barrio, los territorios populares, los espacios colectivos del más diverso tipo. Ellas alimentan las grandes rebeliones. Si es cierto que la cultura hegemónica bajo el extractivismo obstruye los procesos emancipatorios, la organización y las resistencias estamos ante la necesidad imperiosa de trabajar a contrapelo de esa cultura. Los cimientos del mundo nuevo están ahí, en la vida cotidiana. Por eso el empeño en los trabajos colectivos, en todas las resistencias. Esos trabajos moldean una cultura nueva, que rescata lo mejor de la cultura obrera e intenta (no siempre) acotar las opresiones.

* El libro «No secarán la tierra» fue publicado por la editorial Grito Manso y es de libre circulación. Correo electrónico para solicitarlo: gritomansoeditorial@gmail.com

Fuente: Agencia Tierra Viva

 

 

 

 

Pronóstico 2023: caída inminente

 

Hay consenso entre los “pronosticadores” de que economía mundial tendrá una fuerte caída del PIB real y muchas economías importantes este año entrarán en recesión. Esto puede acarrear terribles consecuencias para el nivel de vida de muchísima gente.Al final de cada año, intento hacer un pronóstico de lo que sucederá en la economía mundial el siguiente año. Por supuesto, los pronósticos tienen en errores dadas las muchas variables involucradas que mueven a las economías. Pese a que los pronósticos meteorológicos son difíciles de hacer y los meteorólogos se ocupan de eventos físicos y no de acciones humanas ( al menos no directamente) hoy en día las previsiones con hasta tres días de antelación son bastante precisas. embargo. Incluso los pronósticos del cambio climático a más largo plazo se han visto confirmadas en las últimas décadas. Entonces, si consideramos que la economía es una ciencia (aunque una ciencia social), hacer predicciones es parte de probar teorías y evidencias, esta vez en el campo de la economía.

¿Cómo resultaron las predicciones que hice el año pasado para 2022?  

En 202, se esperaba que la economía mundial creciera alrededor del 3,5 a 4,0% y esto era una desaceleración significativa en comparación con 2021 (un 25% menos en ese índice). En realidad, 2022 parece ser peor que aquel pronóstico de consenso, habrá solo un crecimiento de un 3.2%.

Se esperaba que las economías capitalistas avanzadas crecieran cerca del 4%; ahora parece que estas economías sólo lograrán el 2,4%. Se esperaba que las llamadas economías emergentes lograran un aumento promedio del 4% –fue una aproximación demasiado optimista– el resultado más probable es de 3,7%. Como resultado, a las principales economías les fue mucho peor que en 2021, y peor que las previsiones de consenso. De hecho, la caída del crecimiento en 2022 en comparación con 2021 fue una de las más profundas registradas.

Mi propio pronóstico de crecimiento del PIB real para 2022 también fue demasiado alto. Pero, al menos reconocí la razones del por qué hubo tal retroceso económico. Sostuve que el gasto fiscal de los gobiernos y las enormes inyecciones de dinero crediticio por parte de los bancos centrales, se dio por terminadoante la fiebre del consumo acumulado ocurrido después de la pandemia.

Como sabemos, a mediados de 2022, los bancos centrales al aumentar las tasas de interés agrandaron drásticamente el costo de los préstamos para consumidores y empresas. Pasaron bruscamente de la flexibilización monetaria (QE) al endurecimiento crediticio (QT). La transición fue rápida y pronunciada debido al rápido aumento de la inflación de bienes, servicios y materias primas a nivel mundial.

He discutido las razones del pico inflacionario y la reacción de los bancos centrales en muchas publicaciones. Las economías débiles de baja productividad, los bloqueos de la cadena de suministro global por el COVID y la crisis energética, potenciada por el conflicto entre Rusia y Ucrania, fueron los impulsores de la inflación, no lo ha sido ni una ‘demanda excesiva’, como argumentaron los keynesianos; ni demasiado ‘dinero barato’, como argumentaban los monetaristas. Como resultado, los bancos centrales han sido impotentes para detener la inflación, pero han destruido ingresos, elevado los costos de la deuda e intensificado así la probabilidad de una caída total en las principales economías en 2023.

De hecho, el año pasado se esperaba que llegara una crisis de deuda global: “Tal era el tamaño de la deuda corporativa y la gran cantidad de las llamadas empresas zombis que estas ni siquiera estaban obteniendo suficientes ganancias para cubrir el servicio de sus deudas y podría producirse un colapso financiero”( a pesar de tasas de interés muy bajas en ese momento).

Eso no ha sucedido todavía en las economías capitalistas avanzadas, en parte debido a que la inflación ha reducido la carga ‘real’ de los costos del endeudamiento. La relación deuda/PIB global alcanzará el 352 % para fines de 2022, según el último Monitor de Deuda Global del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) con sede en Washington. Eso incluye la deuda del sector financiero, generalmente adeudada dentro del sector. Exceptuando este dato, la deuda global supera el 250% del PIB mundial según el BIS.

Pero, como pronostiqué, las llamadas economías emergentes se enfrentan a una gran crisis crediticia, con impagos de deuda que ya están ocurriendo en Sri Lanka, Zambia, Ghana y en países como Egipto y Pakistán, que están al borde de la insolvencia. El dólar, muy fuerte en 2022, ha hecho que el servicio de la deuda en dólares para muchos de los países pobres sea prácticamente imposible de pagar.

Según el BIS, hay unos 65 billones de dólares de deuda en dólares de entidades no bancarias en economías emergentes. Alrededor de la mitad de las economías de bajos ingresos (LIEs) ahora están en peligro de incumplimiento de pago. La deuda de los ‘mercados emergentes’ con respecto al PIB ha aumentado del 40 % al 60 %. Hay poco margen para aumentar el gasto público y aliviar el golpe.

Según un informe del Banco Mundial este año se espera que los países más pobres del mundo paguen un 35% más en intereses para cubrir los costos adicionales provocados por la pandemia y el aumento en el precio de las importaciones de alimentos.

América Latina enfrenta una ‘crisis prolongada’ tras la pandemia del COVID. Un informe de la ONU advierte que casi el 45 por ciento de los jóvenes de América Latina y el Caribe viven por debajo del nivel de pobreza. El informe de la CEPAL encontró que 56,5 millones de personas en la región se vieron afectadas por el hambre. Se estima que el 45,4 por ciento de las personas de 18 años o menos en América Latina viven en la pobreza. Comparemos este drama con las enormes ganancias obtenidas por los productores de energía en 2022. Las ganancias de las siete empresas petroleras más grandes se dispararon a casi $ 175 mil millones.

Dije en mi pronóstico que “este el 2022 podría ser el de un colapso financiero o al menos el de una corrección severa en el mercado de valores y en el precio de los bonos, en la medida que aumentaran las tasas de interés, lo que eventualmente llevaría a un sector de empresas zombis a la bancarrota”.  Bueno, todavía no se ha producido el colapso ni las quiebras, pero hemos tenido una severa corrección en los mercados financieros. Los mercados de acciones y bonos de las principales economías se han desplomado en línea con la fuerte reducción del crecimiento y el aumento de las tasas de interés.

Hubo dos bajas notables por el endurecimiento del crédito y la liquidez: la muerte de las criptomonedas, y la fuerte caída de las acciones de los “dioses” de la especulación «tecnológica» como Tesla y Meta. 2022 ha sido el año de la criptocatástrofe. Más de $ 2 billones en valor teórico se han desvanecido en el aire a medida que la capitalización total del mercado de tokens criptográficos se ha desplomado un 70 por ciento desde su punto máximo en noviembre de 2021.

La locura de las criptomonedas tipo Ponzi ha quedado al descubierto. Su desastre comenzó con el escándalo de Tether y terminó con el arresto, con cargos criminales, de Sam Bankman-Fried, el jefe supremo del imperio FTX. La especulación es inherente al capitalismo, pero aumenta, como otras actividades financieras, en épocas de malestar económico y crisis, es decir, cuando cae la rentabilidad en los sectores productivos y el capital emigra a sectores improductivos y financieros donde la tasa de ganancia es mayor. Esta es la razón del surgimiento y del auge del criptomercado.  Lo que ahora muestra la caída de este mercado es lo que sucede cuando los inversores comienzan a esperar una caída en las ganancias debido a una desaceleración inminente e incluso una recesión en la economía ‘real’.

Y luego está Tesla y su cabeza monstruosa, Elon Musk. El aumento del precio de las acciones de este aparentemente líder mundial en autos eléctricos convirtió a Musk en el multimillonario más rico del mundo. Pero su tensa compra de Twitter y la importante caída en la producción y ventas de Tesla han destruido casi la mitad de su riqueza sobre el papel. Tesla valía 1,2 billones de dólares en capitalización de mercado a principios de 2002, ahora el valor de Tesla ha caído a 400.000 millones de dólares, una caída equivalente a la capitalización de mercado de más de 80 de las empresas del índice S&P 500.

En mi pronóstico para 2022, calculé que “es probable que las altas tasas de inflación actuales sean ‘transitorias’ porque durante 2022 el crecimiento de la producción, la inversión y la productividad probablemente comenzará a retroceder a tasas de una ‘larga depresión’. Eso puede significar que la inflación también disminuirá, aunque seguirá siendo más alta que antes de la pandemia”.  Esto fue escrito antes de que realmente comenzara la crisis energética y comenzara el conflicto en Ucrania. Por lo tanto, las tasas de inflación no disminuyeron en 2022 y, por el contrario, continuaron aumentando hasta alcanzar niveles máximos en noviembre.

Pero las tasas generales de inflación ahora están comenzando a caer, a medida que disminuye el precio de la energía y los alimentos (aunque se mantienen en máximos históricos). Habiendo alcanzado más del 7 % como promedio en 2022, la inflación mundial podría reducirse a menos del 5 % en 2023, si bien aún es mucho más alta que el promedio del 3 % en la década de 2010. En ese sentido, la alta inflación resultará ‘transitoria’ en 2023 (pero, más alta que antes de la pandemia), aunque solo sea porque la economía mundial se dirige a una nueva recesión sólo tres años después de la recesión pandémica, que fue la más profunda en la historia del capitalismo (¡unos 200 años!).

Nunca se había esperado tanto una recesión inminente.

Tal vez esto no sucederá, ¡dado el historial de los principales pronosticadores económicos! Pero esta vez el consenso parece estar en lo correcto. Claro, hay algunos pronosticadores en los EE. UU. que continúan afirmando que esta economía con un mercado laboral ajustado, la desaceleración de la inflación y el dólar fuerte evitarán una caída. Pero eso no es lo que piensan todas las agencias de pronóstico internacionales.

Tomemos el FMI primero.  El Fondo calcula que el crecimiento del PIB real mundial será solo del 2,7% en 2023. Oficialmente, eso no es una recesión, «pero se sentirá como tal». El crecimiento de EE. UU. se desacelerará al 1%; el Reino Unido, junto con la Eurozona, al 05% , mientras que Alemania entrará en recesión al -0,3%. «Las perspectivas siguen siendo inusualmente a la baja». Y esto que la previsión del FMI es la más optimista.

La OCDE estima que el crecimiento global se desacelerará a 2,2% el próximo año.  “La economía mundial se enfrenta a importantes desafíos. El crecimiento ha perdido impulso, la alta inflación se ha extendido a todos los países y a todos los productos y está demostrando ser persistente. Los análisis están inclinados a la baja”. Luego, la UNCTAD, en su último informe sobre Comercio y Desarrollo, también proyecta que el crecimiento económico mundial caerá al 2,2 % en 2023. “La desaceleración mundial dejaría el PIB real aún por debajo de su tendencia previa a la pandemia, lo que le costaría al mundo más de $17 billones, cerca del 20 % de los ingresos mundiales”.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) se une a las demás agencias internacionales para pronosticar una recesión global.  “Se prevé que el comercio mundial de bienes se desacelere bruscamente el próximo año bajo el peso de los altos precios de la energía, el aumento de las tasas de interés y los obstáculos relacionados con la guerra, lo que aumenta el riesgo de una recesión mundial”. El pronóstico de la OMC  para en 2023 es del 2,3% y advierte una desaceleración aún mayor si los bancos centrales aumentan las tasas de interés demasiado en sus esfuerzos por controlar la alta inflación.

En el sector privado el Instituto Peterson pronostica una recesión para la Eurozona, los EE. UU., el Reino Unido y Brasil, con un crecimiento económico mundial cayendo a un mínimo del 1,8%. Y el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), un organismo de investigación financiado por las principales instituciones financieras internacionales, pronostica una caída aún más profunda.  “Pronosticamos una recesión global en 2023. El próximo año el crecimiento global será solo de +1,3 %. Eso es tan débil como en 2009, cuando el crecimiento general fue menor (+0,6 %), pero el remanente fue de -0,7 %. Otra “Gran Recesión”.

Por lo tanto, parece que la mayoría de las principales agencias internacionales están de acuerdo: se avecina una caída. Sin embargo, algunos economistas convencionales descartan este pronóstico con el argumento de que la economía mundial seguirá creciendo en 2023. “Mientras que la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y el Fondo Monetario Internacional  esperan que el crecimiento global se  desplome entre un 2,2 y un 2,7% en 2023 , desde el 6,1% en 2021, nuestros cálculos dejan a la economía mundial con pocas probabilidades de contraerse durante trimestres consecutivos”. ( Jeffrey Frankel ).

Sin embargo, Mr. Fankel no debería olvidar que si el PIB real mundial crece alrededor del 2 % el próximo año la tasa de crecimiento será tan baja como en la Gran Recesión de 2008-9.

¿Puede Estados Unidos escapar a una recesión?

En diciembre, la actividad empresarial se estaba contrayendo al ritmo más rápido desde la pandemia . El PMI compuesto que analiza la actividad empresarial cayó a 44,6 en diciembre desde 46,4 en noviembre. Ojo, cualquier valor por debajo de 50 significa contracción y cuanto más bajo sea, más rápida es la caída. Esta es una señal clara de que la economía estadounidense se dirige a una caída. Los economistas de JP Morgan informan que la producción manufacturera cayó en noviembre «a un nivel rara vez visto fuera de las recesiones». Esto apunta a un aterrizaje forzoso de la producción fabril mundial en 2023.

El BCE ahora reconoce que la economía de la eurozona ya está en recesión, con una contracción de la producción para el último trimestre de 2022 y para el primer trimestre de 2023. Pero espera que la recesión sea «relativamente breve y superficial».  Incluso si este fuera el caso yo lo dudo. Se anticipa que el crecimiento del PIB real de la zona euro sea de solo el 0,5% el próximo año y el crecimiento se mantendrá por debajo del 2% anual en el futuro previsible.

Si las principales economías entran en una recesión total en 2023 o simplemente la evitan, es sólo un tema de discusión para los economistas. De cualquier manera, la salud de la economía hoy tiene consecuencias nefastas para los medios de subsistencia de millones en el Norte Global y los miles de millones en el Sur Global.

The Financial Times del Reino Unido lo resumió así:

A medida que nos acercamos al final del año, es difícil argumentar que 2022 ha sido bueno para los trabajadores. La escasez de mano de obra ha persistido y el crecimiento de los salarios ha repuntado con bastante fuerza en algunos países como Estados Unidos y el Reino Unido. Pero los salarios NO se han mantenido al ritmo del aumento de los precios. Como resultado, los salarios globales cayeron en términos reales este año según la Organización Internacional del Trabajo (por primera vez desde que comenzaron los registros). La participación laboral en el ingreso global también ha disminuido, según los cálculos de la OIT, ya que el crecimiento de la productividad superó el crecimiento de los salarios por el mayor margen desde 1999. En el Reino Unido, una década de crecimiento salarial estancado antes de la pandemia ahora será seguida por una caída más pronunciada en los niveles de vida de los hogares en seis décadas, según las previsiones oficiales”.

En los EE. UU., la disminución promedio de los salarios reales fue de poco más del 2 por ciento interanual en el tercer trimestre de 2022. En Europa, Alemania y España experimentaron caídas aún más pronunciadas en el poder adquisitivo, con una caída de los ingresos reales de poco más del 4 y 5 por ciento, a nivel nacional. Los salarios reales en la eurozona han caído un 8 % desde el final de la pandemia en 2020. En Alemania, los ingresos reales se han desplomado un 5,7 % en el último año, la mayor pérdida de salarios reales desde que comenzaron las estadísticas.

La pregunta que debemos hacer es por qué las principales economías están cayendo nuevamente en una nueva depresión después de tan poco tiempo desde la caída de COVID. En artículos anteriores he destacado dos factores (dos hojas de ‘tijera’ que están a punto de cerrarse y recortar producción e inversión). Los dos factores son la desaceleración e incluso la caída de las ganancias y el aumento del costo del servicio de la deuda en niveles récord.

Los salarios no son los responsables de la inflación

Como he mostrado antes en publicaciones anteriores con cierto detalle, contrariamente a las afirmaciones de los principales políticos, gobernadores de bancos centrales y economistas, no existe una espiral de ‘salarios-precios’. Los salarios no están elevando los precios. De hecho, son las ganancias las que han aumentado considerablemente desde la pandemia. Pero a medida que nos acercamos a fines de 2022, el bajo crecimiento de la productividad, los precios aún crecientes –de materias primas y componentes– y el aumento de los costos laborales unitarios están afectando los márgenes de ganancias. La caída de los márgenes de ganancia conducirá eventualmente a una menor rentabilidad e incluso a una disminución de la masa de ganancias. Y la caída de las ganancias es la fórmula para una eventual caída de la inversión y la producción.

El crecimiento de la productividad sigue cayendo en EE.UU. El tercer trimestre de 2022 experimentó una caída interanual del -1,4 %, lo que supuso tres trimestres consecutivos de descenso interanual, el primero de este tipo desde la profunda caída de 1982. Entonces, aunque los salarios están aumentando poco más del 3 % en comparación con la inflación de más del 8 %, la caída de la productividad está comenzando a reducir las ganancias de las empresas, ya que los costos laborales por unidad de producción aumentaron más del 6% interanual.

En los Estados Unidos las ganancias corporativas cayeron en el tercer trimestre de 2022, según los últimos datos publicados. Los beneficios totales cayeron un 1,1% respecto al trimestre anterior. De hecho, los beneficios de las empresas no financieras cayeron casi un 7% en el trimestre. Los beneficios de las empresas no financieras se han desacelerado hasta el 6,4% interanual.

La contracción de las ganancias ha comenzado ya que los salarios, los precios de importación y el costo de los intereses ahora está aumentando más rápido que los precios de venta. Los márgenes de ganancia (por unidad de producción) han tocado techo (a un nivel alto) y los costos unitarios no laborales y los costos salariales por unidad están aumentando a medida que la productividad se estanca. La bonanza de ganancias pospandemia ha terminado.

Esta es una de las hojas de “la tijera de la depresión”. La otra cuchilla es el aumento del costo de los préstamos. Muchas corporaciones están cargadas de deudas y se encaminan hacia problemas a medida que aumentan los costos de endeudamiento y los bancos reducen la liquidez. En efecto, un gran número de las ‘empresas zombis’ no obtienen suficientes beneficios para cubrir ni siquiera sus compromisos de servicio de la deuda; y los “ángeles caídos”, aquellas empresas que se han endeudado demasiado para invertir en activos de riesgo ahora se enfrentan a un “reventón”. Tal vez las quiebras que se pospusieron en 2022 surgirán este 2023.

Si bien los bancos centrales y los gobiernos son reacios a admitir que se avecina una recesión, los inversores financieros no son tan optimistas. Otra señal fuerte y confiable de una recesión inminente ha sido la llamada curva de ‘rendimiento de bonos invertidos’. Una curva de rendimiento de “bonos invertidos” es cuando su rendimiento a largo plazo (10 años) es más bajo que las tasas de interés a corto plazo (3 meses o 1 año). Actualmente, la curva de rendimiento de los bonos estadounidenses está muy, muy invertida, lo que realmente predice una recesión. Las otras cuatro veces que esta curva se rompió por debajo de la línea cero, en poco tiempo se produjo una recesión.

Entonces, parece que el consenso entre los “pronosticadores” puede resultar correcto y la economía mundial tendrá una fuerte caída del PIB real y muchas economías importantes entrarán en recesión. Esto puede ocurrir con terribles consecuencias para el nivel de vida de muchísima gente. Después de ‘la crisis del costo de la vida’ vendrá la crisis de la vida.

Fuente: Observatorio de la crisis.

https://www.elviejotopo.com

 

 

 

Perú: racismo, criminalización y disciplinamiento como trasfondo de más de 60 muertes

Lavaca habló con dirigentes sociales y campesinas, que analizan la represión desatada tras la crisis institucional que dejó al menos 60 muertos, miles de heridos y centenares de detenidos, con imágenes de tanques entrando a la universidad pública incluidas. El rol del Congreso, la figura de Dina Boluarte, la raíz histórica, racista y clasista de la derecha peruana. La ligazón con la agenda extractivista con la desestabilización actual que busca criminalizar y disciplinar a las voces de comunidades y organizaciones sociales que denuncian la situación como «dictadura cívico-militar».  

 

Dina Boluarte tiene más muertos en Perú por la violencia institucional, que días de gestión.

Según la Defensoría del Pueblo de Perú al momento son al menos 56 los muertos por la represión, miles de heridos, y centenares de detenidos. Organizaciones sociales reportan, por su parte, más de 60 muertes. Todo ocurrió en menos de cincuenta días: desde que la vice Dina Boluarte asumió el Ejecutivo el 7 de diciembre de 2022, cuando fue detenido el entonces presidente Pedro Castillo.

Mientras tanto las calles siguen siendo un escenario de marchas y repudios contínuos: solamente el martes 24 de enero la Defensoría del Pueblo registró 85 cortes de rutas nacionales, además de movilizaciones y bloqueos en 39 vías provinciales.

¿Cómo interpretar lo que está ocurriendo?

Melania Canales es dirigenta social de la región de Ayacucho; diez de los muertos pertenecen a esa localidad. Además, es ex presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú. Sintetiza así para lavaca los reclamos sociales de los cuales además fue protagonista:

  • “Uno de los principales reclamos es que haya un referéndum para la Asamblea constituyente; existe hoy una Constitución de 1993, hecha por el dictador Fujimori, que ha privatizado todo en Perú: luz, agua, carreteras, pistas, empresas mineras. Esa es la Constitución que le da todo el poder al empresariado, es la peor Constitución de América Latina, el empresariado se lleva sus ganancias y no paga nada”.
  • ”Esta Constitución ha permitido que la salud y la educación sean un negocio. Prácticamente nos despoja de nuestros territorios colectivos de los pueblos y mujeres indígenas, y no nos permite la participación del pueblo organizado en espacios de poder de decisión. También nos criminaliza. Por eso exigimos referéndum y buscamos una nueva Constitución”.
  • “Pedimos también la renuncia de la traidora y asesina Dina Boluarte. Y la renuncia de la mesa directiva del Congreso”.
  • “Y exigimos paz. Una paz con justicia. Eso exigimos en el Perú”.

La Universidad atacada

A la cadena de violencia desde el gobierno se sumó la última semana la brutal represión en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) que incluyó el ingreso de 400 policías junto a fuerzas especiales con tanques que derribaron las puertas, disparos y gases lacrimógenos, y donde más de 205 estudiantes fueron detenidos.

Natali Durand es docente de antropología en la Universidad. Dos estudiantes de su clase fueron detenidos, y ella describe: “Ha sido un atropello a la autonomía de la Universidad. Los estudiantes habían abierto las puertas para alojar a las personas que estaban llegando de distintas regiones para marchar”.

Desde todo el país llegaban delegaciones a lo que se denominó la Nueva Marcha de los Cuatro Suyos, y la Universidad funcionaba como alojamiento y espacio de encuentro y logística. Pero cuando entró la policía, explica Natali “quedaban pocos manifestantes, eran más los alumnos que se encontraban dentro de la Universidad, algunos en la toma, otros en la residencia universitaria, eso es muy preocupante porque entraron a la residencia universitaria”. Desde entonces parte de los docentes y estudiantes piden la destitución de la actual rectora Jeri Ramón.

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) condenó la represión y expresó que “la entrada de la policía a la sede universitaria es una violación flagrante de la autonomía”. Además rechazó la “decisión del gobierno de recurrir a la violencia para enfrentar la crisis en el país”. Y remató: “La actitud del gobierno del Perú se coloca al margen del respeto a los Derechos Humanos”.

La traición de Dina

¿Dónde se encuentra la semilla del actual conflicto?

Responde Natalí Durand: “Para entender la semilla de esto podríamos irnos hasta 200 años atrás, pero creo que ahorita lo más grave ha sido la descomposición política que tuvimos desde 2016 cuando el partido de la señora Keiko Fujimori (hija del ex dictador) ganó la mayoría absoluta en el Congreso. Desde 2016 lo que se generó fue un desbalance de poder a favor del Ejecutivo”.

Sin embargo (o tal vez por eso mismo) el profesor y político Pedro Castillo, con el partido Perú Libre, ganó las elecciones en segunda vuelta a la misma Fujimori, y gobernó desde el 28 de julio de 2021 hasta la declaración de su “permanente incapacidad moral” por parte del Congerso, el 7 de diciembre de 2022. Castillo fue docente de escuela primaria, presidente del Comité de Lucha del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP) y encabezó la huelga docente de 2017.

El 7 de diciembre de 2022 Castillo fue detenido y destituido luego de 16 meses de gobierno. Horas antes había anunciado el cierre temporal del Congreso, pero ante esto sus propios ministros comenzaron a renunciar y a calificar la situación como un autogolpe. Con las fuerzas armadas y la policía en contra, el Congreso trató, una vez más, la moción de vacancia contra el entonces presidente bajo la acusación de “incapacidad moral”. Castillo fue detenido y destituido; juró entonces quien era su vicepresidenta, Dina Boluarte quien, entre otras cosas, tenía en el propio Congreso denuncias por presunta infracción constitucional que fueron rápidamente archivadas.

Dice Natalí Durand: “Si bien es legítima sucesora, se había dicho que iba a renunciar y pedir elecciones. A su asunción la gente la asume como una traición. A su vez, en la derecha no la ven como parte: en el momento en que no le sirva más la van a soltar. Ahora ella les sirve porque el presidente del Congreso no puede ejercer funciones de presidente, tiene que llamar a elecciones en un periodo de 3 a 9 meses como máximo. Ella no quiere renunciar porque sabe que, si renuncia, la van a dejar sola y le espera un proceso judicial fuertísimo”.

La actual presidenta no tiene bancada propia en el Congreso ni un partido que la apoye.

La pregunta entonces es quién tiene el poder hoy en Perú.

La voz desde las calles

Melania Canale, dirigenta social de la región de Ayacucho, remarca que la situación actual puso luz sobre el “racismo y el clasismo en nuestro país”. Sigue: “Perú ha sido el centro del colonialismo: cuando se creó la república peruana hace 200 años se hizo con los descendientes de los españoles, los ‘mistis’ y los criollos, y los pueblos indígenas y afro estuvimos ausentes. Entonces lo que vino fue una dominación de una clase media alta privilegiada. Hay una desigualdad grande, que se ha agudizado, los derechos se convirtieron en negocios, como la educación, la salud, y la participación política”.

Melania define a Pedro Castillo como el primer “marrón” (por el color de su piel) que llegó a la presidencia. Y define: “Hemos sentido que al marrón no lo aguantaban”. A la actual presidenta la llama “la usurpadora”. Dice: “En estos momentos, aunque ella ganó junto a Castillo, representa a la derecha. El Congreso ha sido un obstáculo que a Pedro Castillo no lo dejó gobernar, siempre estaba ahí promoviendo su vacancia. Dina tenía una denuncia, pero la archivaron en el Congreso. Realmente esto se veía venir. Acá, la derecha política del Perú es una derecha arrastrada, que siempre se entrega por completo a la oligarquía”

¿Tiene relación el problema con las agendas extractivistas? 

Está muy ligado. Hace poco una funcionaria de Estados Unidos ha dicho que en Sudamérica están el agua dulce, los minerales, el litio. Aquí están paralizadas varias mineras por los reclamos de las comunidades. Hay también contaminación de los ríos, de la tierra, mucha gente con metales pesados en la sangre, y además estos empresarios no dejan nada…

¿A qué atribuís la actual represión? 

Es una caza de brujas. En Ayacucho hay 8 detenidos dirigentes y dirigentas de organizaciones, los han llevado hasta Lima, acusados de terroristas. No somos asesinos, no somos terroristas. Están buscando descabezar a las organizaciones, meter miedo, criminalizar y perseguirnos, inventando fantasmas. No hay libertad en este país: por eso decimos que estamos viviendo una dictadura cívico militar.

Fuente: https://lavaca.org/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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